Hace unos días leí Los colores del incendio, de Pierre Lemaitre. De ahí extraje este párrafo que resume buena parte de los discursos que oímos de los partidarios de volver al pasado sin aprender nada de él.
Veamos: Pierre Lemaitre sitúa la acción en los años treinta del siglo pasado en Francia, y un personaje de la novela dice:
“Los banqueros suizos son personas muy serviciales: vienen hasta territorio nacional para ayudar a nuestros conciudadanos a defraudar a Hacienda (…)
... No puede negarse que el contribuyente es el blanco permanente de los responsables del despilfarro del gobierno pero, por el amor de Dios...
… La primera lista de los defraudadores, más de mil, ofrece un buen muestrario de la decadencia nacional. El caso más edificante es el del presidente de la comisión parlamentaria encargada de la lucha contra la evasión fiscal.
Después de eso, ¿es de extrañar que el país exija instituciones más firmes, dirigentes más honestos y leyes más claras y justas? ¿Y que reclame a alguien capaz de poner un poco de orden?”
La desfachatez de la retórica del personaje oculta que este alegato contra la evasión fiscal es de hecho un alegato contra la democracia.
Primero. Critica a grandes corporaciones financieras. No son de la propia nación, son de una extrajera.
Segundo. Critica al fisco del país. Es un fisco ladrón.
Tercero. Critica el derroche del dinero público.
Cuarto. Habla de decadencia nacional. Ofrece la lista de los defraudadores. Sin olvidar mencionar al miembro de la comisión gubernamental que estaba al frente de la lucha contra el fraude.
Quinto. Reclama un gobierno que ponga orden.
Cuando, ante una noticia, cualquiera que sea su importancia o naturaleza, si la estructura de la misma es la anterior, pues estamos ante una que no persigue lo que denuncia, sino ante una noticia que pretende ocultar o justificar, como en este caso, la necesidad de un gobierno que ponga orden; es decir, fuerte, autoritario.
Primero. La noticia soslaya que las corporaciones financieras nacionales actúan del mismo modo que las extranjeras; es decir, no critica el poder del que disponen las corporaciones financieras. Y su enorme influencia en todos los ámbitos económicos y sociales. Con la alternativa que propone de un gobierno fuerte, ¿acaso desaparecerían? Sin duda la respuesta es que no, ya que ni se atreven a criticarlas. ¿Son peores los banqueros extranjeros que los nacionales?
Segundo. El fisco, dicen, es ladrón, Es decir, hay que eliminarlo o suprimirlo. Así no habrá defraudadores, sin Hacienda pública, evidentemente no los hay; eso es lo mismo que decir que sin ley no hay delincuentes. Eso es lo que promueven estos pasquines panfletarios.
Tercero. Critica el derroche del dinero público, pero se olvida de decir dónde y en qué. No lo dicen porque tienen que callar que las carreteras, las conducciones de agua, gas, colegios, hospitales y demás servicios públicos se financian con dinero público.
Cuarto. Aparece la palabra decadencia nacional, no hay noticia antidemocrática que no se precie de mencionar la deriva descendente a la que conduce un gobierno democrático. Ofrece como muestra de todo lo anterior la lista de los defraudadores. Personaliza los delitos, pero no critica su comisión, critica al fisco.
Quinto. Y al final, como la guinda del pastel... ofrece la solución: un gobierno fuerte que ponga orden. Ese orden lo imponen unilateralmente, lo que conlleva la necesidad de aceptarlo incondicionalmente, pues sin esta aceptación no podría mantenerse el orden. Digamos que es un orden bajo mandato único, es decir dictatorial.
Sexto. Concluyen: Con nosotros esto no pasará. Se olvidan de mencionar las desigualdades crecientes y la restricción de las libertades individuales y colectivas, marca y seña de las sociedades dictatoriales. Por eso, y solamente por eso, están muy pendientes de promover una revisión de la historia, y muy en especial de la reciente, y evitar que la memoria democrática se asiente en la ciudadanía.
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José Amella es socio de infoLibre.
Hace unos días leí Los colores del incendio, de Pierre Lemaitre. De ahí extraje este párrafo que resume buena parte de los discursos que oímos de los partidarios de volver al pasado sin aprender nada de él.