Cultura

Un aullido interminable

Un pasajero observa su móvil en un tren de la Estación María Zambrano de Málaga.
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¿No tienen, lectores, la sensación de que se escribe y se publica más poesía que nunca? ¿No les llama la atención que, en estos tiempos tan poco líricos, se registre un auge poético entre los más jóvenes? Con lo poco líricos que son estos tiempos…

"No creo, en primer lugar, que estemos viviendo tiempos poco líricos". La primera, en la frente. "Estamos en un período capaz de tensionar especialmente los límites del lenguaje y las fronteras de la verosimilitud, y de reformular además las relaciones con la naturaleza, con la política y los afectos". Rosa Berbel, que es quien habla, cree que "la poesía ocupa en estas transformaciones un lugar privilegiado, así que entiendo que su proliferación no es en ningún caso contradictoria con su contexto".

Berbel, nacida en 1997, es poeta. Tiene, a pesar de su juventud, una notable obra publicada. Y está en redes, es el signo de los tiempos, pero no hace poesía en ellas… "Intento saturar lo menos posible mis redes sociales con las tareas de autopromoción". Es muy consciente de que, con frecuencia, no es posible escapar de ellas y se convierten en la vía principal para llegar a los lectores, más aún en estos meses en los que convivimos principalmente en el entorno virtual. "Pero justamente por eso me resisto a hacer de community manager en mis espacios personales de interacción con el otro. También, supongo, por cierto pudor en mi carácter y desde luego por un rechazo a esa economía de la atención de la que hablamos tanto últimamente, y que nos exige estar presentes, visibles y disponibles de forma permanente".

El caso de Hank es distinto. Acaba de publicar un libro, Mi línea de flotación, pero puedes leer su obra en Instagram. "En la época de las redes sociales como escaparate, el ser directo creo que gusta y que impacta más en la gente de esta generación. Es adaptar un poco la poesía al entorno en el que nos movemos actualmente". Se confiesa "absolutamente encantado" con toda la gente que le sigue y lee a diario, su cuenta le da inmediatez, el poder llegar al lector sin pasar filtros, el tener la respuesta de muchos y sentir su calor. Pero… "las redes sociales pueden ser el escaparate y también la cárcel porque, aunque haya crecido gracias a ellas, al final necesitas salir un poco de ese entorno y volverte un poco real, de a pie de calle". Eso sí te lo da el papel…

Un papel al que se aferra María Codes, novelista que publicó recientemente su primer poemario. Menciona, además del papel de las redes, el fenómeno de las lecturas poéticas, que "pueden llegar a ser actos multitudinarios, e incluso performances con música y efectos sonoros. La poesía siempre ha sido ambiciosa y sigue ampliando sus límites. Es fabuloso". Sí, hay proliferación de poetas, pero también de narradores, de periodistas culturales, de opinadores… Gente joven y no tan joven, con talento y sin él. "También conozco a gente de la vieja escuela que descalifica por sistema a jóvenes poetas por el hecho de ser influencers en redes sociales, como si fuese algo incompatible. Generalizar es injusto".

Sin embargo, se atreve a pronunciar un "siempre": como siempre, "la poesía sigue siendo un 'aullido', como aquel de Ginsberg –de queja, protesta, rabia, dolor o amor–, y el mundo digital permite compartirlo y llegar a más gente".

El camino trillado

El editor de Codes es Álvaro Díaz Huici, director de Trea. "Yo creo que esa 'floración lírica' no es propia de este tiempo, siempre abundaron 'poetas', siempre hubo como mucha facilidad para la poesía, lo que ocurre es que ahora los medios (redes, etc) permiten una mayor visibilidad. Otra cosa es el interés real de la mayoría de cuanto circula por ahí".

Asegura que no buscan autores en Internet, eligen entre lo que les proponen. Una vía de selección poco propicia para los autores de poca edad, que sin embargo pueden llamar a otras puertas. Jesús Munárriz, de Hiperión, explica que entre los concursos de poesía de los que publican los libros ganadores hay cuatro destinados expresamente a los jóvenes, uno de ellos, el Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal, que en 2018 nos descubrió a Rosa Berbel. "Así que son muchos los poetas jóvenes que cada año se presentan a estos premios y, además de publicar a los ganadores, esto nos permite conocer lo que están escribiendo otros aspirantes, valiosos, aunque no ganen".

Metidos en harina, vuelvo con él la vista hacia algo sucedido hace unos meses, cuando Rafael Cabaliere se alzó con el premio EspasaEsPoesía. "El enigma del poeta con 900.000 seguidores", tituló algún medio. "Debo confesarte que este tipo de fenómenos parapoéticos o seudopoéticos o infrapoéticos me resultan tan ajenos que no les dedico ni un minuto ―me dice Munárriz―. La poesía, si lo es, resalta por sí misma. La que pretende serlo sin serlo también resalta, pero por su inanidad. Así que ni caso, que disfruten de ella los que les guste".

El otro Jesús del gran poder en la edición poética española, Jesús García Sánchez, más conocido como Chus Visor, confiesa que aun ahora no entiende muy bien lo que ha ocurrido con ese galardón. "Me cuesta trabajo creer que se concede un premio a quien más seguidores tiene en las redes, o porque tiene más seguidores que otros. Yo no puedo comprender que la calidad de un libro se pueda juzgar con ese baremo. Solo puedo decir que esa manera de entender los merecimientos literarios que se exigen en los premios, está muy alejada de lo que nosotros entendemos".

La banalización de la poesia

¿Hay una banalización de la poesía? Incluso: los poetas jóvenes, exitosos, ¿son más ligeros, tienen que serlo? Pregunto a Munárriz: "El llamado 'éxito' no es una vara de medir que sirva para la poesía. Ni tampoco la ligereza. La verdadera poesía permanece, perdura, sigue viva cuando toda la farfolla ha desaparecido. Y, como el oro, pesa".

Visor sostiene que los consumidores de poesía, en líneas generales, son los más exigentes, los menos conformistas; está claro que son menos numerosos que los de otros géneros, pero sin duda son mejores lectores, tradicionalmente. "Los nuevos poetas, casi en su totalidad salidos de las redes que están siendo más exitosos escriben para su público, para un nuevo público que también está, o proceden de las redes sociales; ellos usan un lenguaje y tocan unos temas diferentes, que ofrecen una sensibilidad que es precisamente la que les piden sus seguidores: poesía directa, sencilla, sentimental, personalista y sobre todo comprensible".

Hay que tener cuidado con los prejuicios que se les carga, afirma, y mucho menos ser intransigentes con ellos, "porque la generalización no es conveniente, y algunos hay que no son desdeñables. Y sería un error mucho más grave desconocer que hay en España una nueva generación de jóvenes poetas, sin ninguna relación con los grupos de los que estamos hablando, que solo se asemejan en la edad y que algunos han publicado sin contar aún los 30 años libros estupendos y en los que dejan ver un futuro muy prometedor. Y no son pocos".

En ese ramillete de escogidos está Rosa Berbel, y ella quiere creer que en el auge de la poesía joven influye este reconocimiento de las posibilidades radicales del ejercicio poético en el presente, "así como la certeza de que no todo ha sido dicho y de que quedan muchos cauces expresivos por transitar". Los jóvenes se benefician de todo un paisaje de editoriales, premios y festivales enfocados en visibilizar y promocionar la creación joven, que no es exactamente reciente pero que se ha consolidado en los últimos años. Los jóvenes siempre han escrito poesía, pero este tejido favorece extraordinariamente su difusión. Y también, desde luego, la forma en que las redes sociales han trastocado los lugares en la creación poética, incluso en aquellas propuestas que se creen más alejadas y desvinculadas de lo virtual.

Entonces, ¿no son malos tiempos para la lírica? María Codes cree que no, y que Brecht lo demostró en su poema. "Cualquier tiempo, por aterrador que sea, es propicio para la poesía", asegura; otra cosa son los movimientos que han surgido, a consecuencia de la precariedad y la inestabilidad social que vivimos, en un mundo conectado virtualmente.

Pero no, la poesía no está reñida con los malos tiempos. Y Munárriz recuerda, para demostrarlo, los muchos buenos poemas a que dio lugar nuestra guerra civil. "Y es un género que goza y ha gozado siempre de gran prestigio. Y como los poemas suelen ser breves y es más fácil escribir un poemario que una novela o que un ensayo, al menos en cuanto al tamaño, esto anima a muchos". Cierto, en la poesía parece caber todo, o sea cualquier cosa, con que las líneas no lleguen al margen derecho de la página, ya hay quien cree que son versos. "Y esto anima a escribir sin ton ni son. Pese a ello, también surgen poetas excelentes, preparados, que han leído mucho y que tienen cosas nuevas, distintas, originales que decir y saben cómo decirlas. Siempre ha sido así. Versos los escriben muchos; poesía, pocos".

¿Y tú me lo preguntas? 

No resisto la tentación de terminar este texto preguntando a Berbel qué es poesía… "Siempre es difícil contestar a esta pregunta. Diría que la poesía es un ejercicio creativo que exige una mirada muy específica hacia el lenguaje, y en el que convergen y coinciden la producción de pensamiento, la puesta en duda del conocimiento y la radicalidad política de la emoción".

Sea.

De viva voz

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