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De la cama al trabajo, y del trabajo... a la tumba

Un fotograma de 'Come, duerme, muere'.

Pensar en Suecia implica casi en la absoluta mayoría de los casos imaginar un país cívico, donde las diferencias sociales son mínimas, un lugar donde participar, tener una voz. Un gélido y blanco paraíso socialdemocráta. “¡Mentiras!”, dice la cineasta Gabriela Pichler. “Cuando la identidad no cambia, y no debatimos sobre lo que pasa aquí… malo”. Su golpe de mano se ha materializado en forma de película: Come, duerme, muere, una oda a los inmigrantes y a los olvidados del país escandinavo personificados en la figura de Rasa, una chica de origen musulman fuerte y descarada que, como tantos otros, pierde su trabajo con la crisis y debe intentar, sin apoyos ni simpatías, reconducir la senda de su vida.

 

“Esta es una imagen muy poco común de Suecia, y es muy inquietante que las películas suecas nunca la muestren”, afirma Pichler, que ha rubricado con esta película, de estreno en cines este viernes 25, su ópera prima. “Cuando empecé a escribir el guion era 2009, y la crisis estaba haciendo que mucha gente perdiera sus empleos. Las noticias hablaban de eso: de cientos de personas, de grupos de personas. Y yo me preguntaba por los individuos, qué es lo que ocurría con ellos; intentaba comprender cómo iban a aprender a tener un nuevo trabajo”. Como hija de inmigrantes –su madre es bosnia y su padre, austriaco- la realidad de las fábricas y las cadenas de montaje, también la del aislamiento y el rechazo, es una imagen que conoce desde la primera persona. “Hay inmigrantes que viven en Suecia desde hace generaciones, pero que todavía no son considerados suecos”. 

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Ese es el caso de Rasa, la protagonista: aunque nacida en Montenegro, se trasladó a vivir a Suecia con su padre, ahora enfermo y dependiente de su sueldo, cuando solo tenía un año. Con su pelo negro, sus formas redondas y su condición de musulmana, no le es fácil integrarse. Vivaz y siempre energética, trabaja empaquetando ensaladas con más vigor que nadie, aunque su esfuerzo le sirve de poco cuando llega el momento del reajuste de la plantilla. “Como mujer joven y musulmana ella tiene que luchar con más obstáculos que cualquier otro, pero lo lleva con mucha entereza y fuerza, es una luchadora. Quería representarla como la Rocky Balboa sueca”, cuenta divertida la directora. “En muchas películas los personajes femeninos son una fantasía masculina, y yo quería alejarme de eso y dibujar a una mujer fuerte”.

Como Rasa, todos los personajes de la película están interpretados por actores no profesionales, incluida la madre de la directora, que tiene un pequeño papel, y un viejo amigo de la familia. La decisión de optar por amateurs -con extraordinario resultado, fresco y luminoso-, se debe a diversos factores. “Quería que hablaran de un modo no articulado, que hablaran como mis padres, que mostraran su pasado obrero. Y quería que lo hicieran de modo natural, no tener que enseñar a un actor a hacerlo así. Además, los actores suecos suelen ser de clase media, y rostros como los de los personajes de mi película no los encuentras entre esos actores”, explica Pichler, que asegura que le “encantaría” que a partir de ahora el elenco pudiera tener futuro en la interpretación. “Espero que sea así, porque son brillantes. Pero en Suecia es un problema cuando eres inmigrante, es difícil que te den un papel en una película, así que espero que sea yo quien vuelva a trabajar con ellos”.

Arrasando allá por donde ha pasado –se alzó con el Giraldillo de Oro en el Festival de Sevilla, ganó en la Semana de la Crítica en Venecia, se llevó casi todo en los 'oscar suecos'…- Come, duerme, muere tiene ahora por delante el mayor reto, al ser la cinta nominada para representar a Suecia en los Oscar. “Nunca hubiera esperado que la película tuviera esta repercusión”, dice la cineasta, que ya está trabajando en su segundo título. “Pensaba que estaba haciendo un filme muy local, que no se iba a entender fuera de Suecia y quizá tampoco dentro. Pero ha resultado que, precisamente por ser tan local, es universal”. Aunque más que los reconocimientos o los galardones, Pichler asegura que lo mejor que le ha procurado este trabajo es haber abierto una brecha en la sociedad de su país. “Quería actualizar la visión de Suecia. Me lo tomé como mi misión”, se ríe. “Llegué a pensar que a lo mejor la gente incluso se ofendía, pero en realidad ha sido como una llamada de atención, porque esta imagen de la pobreza era nueva para la gente. Creo que la película ha tenido influencia en el debate sobre las clases sociales, y ha puesto de relevancia la crisis de identidad del país”.

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