El resplandor, La semilla del diablo o La leyenda de la casa del infierno. Estos clásicos del cine cita el cineasta Miguel Ángel Lamata cuando habla de su nueva película, La ahorcada, un thriller sobrenatural protagonizado por Amaia Salamanca y Eduardo Noriega, que es a su vez una historia de amor tóxico, obsesivo y hasta letalmente destructivo, narrada en clave de terror psicológico y basada en la novela del mismo título de Mayte Navales (que ejerce aquí como guionista).
Una montaña rusa de emociones, giros argumentales y no pocas prospecciones en lo más profundo de la condición humana, pero no un "festival de sustos", tal y como aclara a infoLibre el director, pues más allá de eso, el cine de terror ayuda a "explorar" muchos sentimientos desde una perspectiva diferente, sin olvidar que "hay algo intrínsecamente divertido" en el género: "El miedo en la vida real no mola absolutamente nada, pero en la ficción es muy divertido".
"El susto tiene que ser parte de una peli de terror. Pero el susto por sí solo sería algo vacío y dejaría de tener interés", tercia Noriega, para quien lo importante en este film es que crea una "atmósfera" en la que el espectador se "sugestiona". "Es un desafío a la percepción de la realidad, porque al final estamos hablando del alma humana y de cómo un amor tóxico puede convertirse en algo muy destructivo", plantea el actor a infoLibre.
Lo que vemos en la pantalla, en mayor o menor medida, nos interpela a todos como humanos, pues retrata "miedos internos, no solo externos", según Noriega, mientras Lamata considera que "el miedo te define como individuo y nos define como sociedad". "Muchas veces es miedo a algo que no tiene por qué suceder. La sociedad está muy anclada en la ansiedad, nos dicen que pueden pasar un montón de cosas horribles que con frecuencia no suceden y, a veces, el cine de terror te vacuna un poco contra esto", reflexiona.
Vuelve a tomar la palabra Noriega para asegurar que el terror es un vehículo "fabuloso" para hablar de otros asuntos más terrenales y humanos que nos atañen a todos", mientras Salamanca asiente y añade a infoLibre que, en películas como La ahorcada, el valor de este género se engrandece al abordar "sentimientos universales" con los que se puede identificar cualquiera.
"El miedo te prepara, es un aliado del ser humano, es lo que hace que estés más alerta, que te prepares para enfrentarte a un peligro. Y como ahora no hay tantos peligros como otros tiempos pasados del ser humano, porque no todos los días tenemos miedo, el cine aparta algo en el acto de meterse en una sala y disfrutar de ese miedo", reflexiona el intérprete, al tiempo que apunta que esta cinta, más que el terror a perder la vida, muestra lo que se siente al "perder el amor o la vida soñada que los protagonistas se han construido".
Es ahí donde, precisamente, entra en acción la energía destructiva del amor tóxico, que según Salamanca comienza en realidad "con ese sentimiento universal del amor recíproco y esa obsesión que tienes cuando alguien no te lo devuelve". "Entonces, el enamoramiento acaba en venganza", resalta, antes de que Lamata apostille que es en ese enturbiamiento del amor cuando "el orgullo provoca un mecanismo de autodefensa que hace que no solamente odies a la persona que te rechaza, sino, a lo mejor, a ti mismo por haberte enamorado de ella". "En La ahorcada hablamos de ese modelo de relación, examinado a través del prisma de las claves del género del terror", resume.
Una de esas claves se encuentra también en la propia casa, convertida casi en un personaje más por su poder evocador y onírico en la creación de una ambientación tan desasosegante como necesaria para desarrollar todo lo anterior. "Es que las películas de casas encantadas, o directamente malditas, son mis favoritas dentro de los diferentes subgéneros del terror", confiesa el director.
"La presencia de la casa ahí como eje energético de cosas inesperadas es muy inquietante", continúa, citando al "gran maestro Stephen King" cuando dice que "las casas están vivas", porque "si escuchas con atención puedes oírlas respirar, susurrar". "Una casa encantada es una puerta a otras áreas no estrictamente reales que va a tener sus posesiones, presencias y fenómenos psicológicos", agrega, antes de admitir entre risas que le encantaría vivir en un lugar así: "He vivido en una un poco encantada, pero solo un poco".
Es en este punto por donde se cuelan esas fuerzas sobrenaturales "que supuestamente no tienen una forma física, pero no por ello son menos reales o temibles", lanza el cineasta, para quien "lo que nos causa más miedo es precisamente lo que define lo que somos". "Tuve que hablar bastante con Lamata, porque él sí es muy creyente en este tipo de cosas, pero yo en absoluto", admite una Salamanca totalmente alejada de su personaje, tan "esotérico" y "espiritual".
"Retrata los enigmas de la condición humana": Manuel Vicent nos enseña de qué va la vida en 'Mañana seré feliz'
Ver más
Y entra entonces Noriega: "La primera vez que me enfrenté a una peli de fantasmas fue con El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro. Él no es que creyera, es que me contaba cómo vio a un fantasma... Pero lo que sí me convenció fue la definición que me dio de lo que era un fantasma: una emoción atrapada en el tiempo o en un lugar. Por eso, si entras en un sitio donde ha habido mucho dolor, lo puedes sentir, esa energía sigue ahí. Y, sin que nadie te cuente nada, puedes percibir algo extraño que a lo mejor no identificas, ni eres capaz de descifrar. También creo que hay gente con una capacidad, con una intuición, más dotada para descifrar este tipo de energías".
Ese tipo de personas, no siempre, pero sí recurrentemente y, en este caso, a través de una estupenda Cosette Silguero, suelen ser niños o niñas. "Porque no están maleados y son bastante puros y se enfrentan a lo bueno y lo malo con cierta clarividencia al no estar todavía enturbiados por esto de vivir", afirma Lamata, quien tiene clarísima su aportación al género: "Una película de terror con niños es mejor que una sin niños".
"Los niños están más libres y están más abiertos a percibirlo. La gente que controla de esto, o los médiums, te dicen que de niños todos tenemos unas capacidades que vamos perdiendo a medida que nos vamos haciendo adultos, tenemos otras responsabilidades y buscamos causas racionales a todo lo que nos sucede", indica Noriega, dejando que Salamanca remate: "De ahí la conexión que en la película tengo con la hija pequeña, que es la llave para que yo pueda acceder a la casa".