"Retrata los enigmas de la condición humana": Manuel Vicent nos enseña de qué va la vida en 'Mañana seré feliz'
Cuenta Manuel Vicent que lo que más odia en el mundo es la tuna y, después, Auschwitz. Lo tercero sería la tuna tocando en Auschwitz, lo cual, en un giro inesperado de los acontecimientos, le lleva a comparar semejante atrocidad con La Madrugá de la Semana Santa en Sevilla. Con esta reflexión arranca Mañana seré feliz, la película-conversación protagonizada por el escritor y periodista, bajo dirección de los cineastas Luis Alegre y David Trueba, que acaba de llegar a los cines y este 23 de abril se estrena en Movistar Plus+.
Una peculiar cinta que, siguiendo a su manera la estructura de La silla de Fernando (2006), que era básicamente una charla con Fernando Fernán Gómez igualmente guiada por estos dos directores, se centra en las reflexiones de Vicent sobre su propia vida como vehículo para contarnos a nosotros mismos como país a lo largo de los últimos 90 años. Desde el clima moral de su infancia de posguerra hasta las tertulias del Café Gijón, pasando por el amor, la pareja, los hijos, la amistad, el sexo, la religión, los curas, el éxito, el fracaso, el paso del tiempo, la vejez, la muerte o los misterios de la naturaleza humana.
Así es como cuenta también, entre otras muchas cosas, que en su juventud llegó a convencerse de que cada vez que se masturbaba en día de partido terminaba perdiendo el Valencia de sus amores (y como eso lo escribió en su popular novela Tranvía a la Malvarrosa, de 1994, los aficionados del club con los que se cruzaba terminaron pidiéndole que no se tocara a sí mismo si había jornada futbolera). Puede parecer una anécdota banal, pero marca el tono con el que Vicent mira atrás sin ira, ahora que todavía, no sin esfuerzos cada vez mayores, puede ponerse sus propios calcetines (cuando no pueda hacer solo este ejercicio cotidiano, confiesa, adiós).
Mañana seré feliz nace de la fascinación que a los directores les producía y les produce estar con el escritor y periodista, compartiendo "muchas horas de conversación en comidas, cenas y reuniones", tal y como resume a infoLibre Alegre: "Nos quedábamos tan deslumbrados por cómo hablaba, cómo se contaba a sí mismo y las cosas de la vida,que llegó un momento en que nos preguntamos si podríamos inmortalizar eso de alguna manera para que cualquiera que no sea su amigo, en cualquier momento, pueda disfrutarlo. El origen de esta película está en la necesidad de compartir con todo el mundo algo de lo que nos sentíamos completamente privilegiados".
Por eso es una "película-conversación", insiste el realizador, pues no es un documental al uso al no haber testimonios de otros ni seguir una estructura convencional del género. "No nos atrevemos a llamarlo documental, por eso nos inventamos este mini género donde fundamentalmente se retrata la magia de una persona súper dotada para la conversación y que tiene una manera de ver y de contar la vida muy seductora, llena de encanto, de sabiduría, de gracia y de lucidez. Nos enamora y embruja su manera de hablar, las cosas que cuenta y el tono y el estilo con el que lo hace", destaca.
El hilo conductor de Mañana seré feliz es Manuel Vicent sentado en una silla. Esa imagen se arropa y se enriquece con una banda sonora original—música de jazz compuesta por el ilustre pianista Ignasi Terraza— y con una selección de imágenes, incluidas fotografías del archivo personal del autor, fragmentos del NO-DO, películas y programas de televisión. Es casi como poner la cámara a grabar y dejar que Manuel Vicent fluya con total naturalidad, como fluimos todos en la intimidad. Solo que, en su caso, lo hace desde la perspectiva de alguien que ha exprimido la vida desde 1936 hasta el día de hoy. Y ya vamos por 2026.
La película está llena de claves que retratan a las personas, a un país, a varias generaciones y distintos ambientes sociales y culturales
"Este tipo de películas son mejores cuanta más edad tiene el protagonista, siempre que mantenga la lucidez. Porque cuanto mayor se hace alguien, sobre todo con esa inteligencia y sabiduría, menos filtros le quedan. Esto lo hicimos con Fernán Gómez con 80 y tantos y con Manuel con cerca de 90, y creo que si lo hubiéramos hecho en ambos casos 20 años antes no hubiera sido lo mismo, no tendría tanta fuerza lo que dicen, porque a esta edad están en paz consigo mismos y cuentan lo que de verdad tienen en la cabeza".
Partiendo de sus propias vivencias, nos cuenta el periodista y escritor a nosotros mismos. A todos. Se convierte así en un vehículo de memoria emocional colectiva que propicia que nos sintamos reconocidos en multitud de vivencias. "Depende de la edad de cada cual, puedes reconocer a la España de tus padres o tus abuelos", resume Alegre, quien todavía añade algo más concreto: "Cuando cuenta su infancia o la relación con sus padres, por ejemplo, dibuja ese clima moral y afectivo donde era tan complicado expresar los sentimientos o dar un beso a un hijo. Eso marcó a varias generaciones de españoles, las que vivieron la Guerra Civil y la posguerra, con ese marco religioso tan asfixiante".
"También retrata de una manera maravillosa el carácter valenciano, o el mundo de las tertulias literarias, de la noche y del juego. Igual pasa con sus opiniones de temas como los toros, su manera de entender el amor, los sentimientos, la amistad, la relación con las mujeres, su idea de lo que se supone que es ser inmortal, de los síntomas de la vejez o lo que significa perder a un hijo. La película está llena de claves que retratan a las personas, a un país, a varias generaciones y distintos ambientes sociales y culturales. Él relata con mucho encanto y finura intelectual los enigmas de la condición humana. Y no lo hace de forma solemne, ni siquiera cuando habla de los grandes temas, lo cual le da mucha genialidad a lo que cuenta", apunta el director.
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Y es que, en definitiva, Mañana seré feliz nos pone ante "alguien que sabe de lo que va la vida", resume Alegre. "Y no lo cuenta desde un lugar de superioridad intelectual o moral, sino desde una especie de transparencia, pero al mismo tiempo de profundidad, de dar en el clavo", apostilla. Un tipo que sabe que lo más importante en esta vida es tener swing, algo que se tiene o no se tiene, porque ni se compra ni se aprende. "Manuel es el colmo del swing. Una cosa que no es fácil de concretar, pero que se entiende. Una especie de elegancia natural que uno lleva incorporada, porque no hay nada de artificio ahí, ni de querer ser elegante, sino que está dentro de ti. Manuel tiene swing y, de hecho, le sobra", comenta divertido.
Hasta el título de esta cinta salió de modo natural, pues los directores barajaban varios que no terminaban de convencerles especialmente. "Pero un día le pedimos que se autorretratara, que se definiera a sí mismo, y llegó un momento en el que dijo 'siempre pienso que mañana seré feliz’. Una expresión tan potente, ambigua, poderosa y sugerente... porque claro, es la definición, por un lado, de esperanza y de ilusión, pero al mismo tiempo encubre un gran pesimismo, porque entiende que mañana será feliz, pero nunca hoy", explica Alegre, antes de rematar: "Nos parecía un título que retrata muy bien al propio Manuel".
Se convierte así este film en una reivindicación en sí misma de la conversación cara a cara como arte a defender en tiempos de intercambio constante de mensajes por escrito. Mucha conectividad, pero también demasiada soledad. "A David y a mí nos encanta conversar, nos encanta escuchar a gente que admiramos, esa manera de vivir a través de la palabra, de disfrutar intercambiando impresiones. Ahora, de alguna forma, el móvil y las redes sociales trituran o difuminan ese arte, y también hay en los medios de comunicación muchas tertulias, por supuesto no todas, de discusiones y gritos que son lo contrario a lo que nosotros admiramos, que tiene que ver más con el humor inteligente", termina.