Sarah Santaolalla y seguimos con el armario Beatriz Gimeno
Es un ejemplo de esas cosas y actitudes que mi madre llamaba “del género tonto”, pero sirve para explicar por dónde va la cosa: hace cuatro días, mientras se celebra en Barcelona una cumbre de presidentes, en Madrid el líder de la oposición monta un sarao con María Corina Machado y la define como la auténtica vencedora de las últimas elecciones en Venezuela: “Porque tú las ganaste”, le dice. Eso será en Feijóolandia, porque en el mundo real esa mujer, gemela política suya que tampoco ha logrado el poder y lo persigue a cualquier precio —aunque sea el de hacer el ridículo entregándole su discutible Nobel de la Paz a Trump—, ni ganó ni perdió, porque lo cierto es que no se presentó, no la dejó Maduro El Extraído, y el candidato fue Edmundo González. ¿El jefe del PP lo sabe y miente o lo ignora y falta a la verdad? Me parece a mí que aquí huele más a embustes que a despistes, que una mitad de ellos tiene como fin justificar su abrazo con el oso de la ultraderecha y la otra esconder sus casos de corrupción de ayer y de hoy.
Uno de esos asuntos turbios, la trama Kitchen, está siendo juzgado ahora y por eso, a modo de cortina de humo, la portavoz de los antiguos conservadores, que no podrán volver a llamarse así hasta que no se suelten de la mano de la extrema derecha, le pregunta a Pedro Sánchez, que es presidente porque puede, si está pensando usar al ejército contra sus adversarios. Es un brindis al sol de un cinismo escandaloso, ya que fue su partido el que usó la policía, a algunos dóciles jueces y el ministerio del Interior para espiar a sus rivales, fabricar pruebas falsas o robarlas, para así poderlas destruir como al famoso ordenador comprometedor de su tesorero, que apagaron pulsando la secuencia control-martillazo. Unos artistas.
El verdadero problema de Extremadura (...) no son los inmigrantes que vienen, sino las personas que se van
En las sesiones del proceso, el entonces señor de La Moncloa, Mariano Rajoy —que debía de dormir con su esposa en el colchón de Zapatero y señora y puede que ni cambiase las sábanas, para ahorrar, ya que Feijóo acusa a Sánchez de haber comprado otro colchón en cuanto llegó al palacio—, se ha ido transformando en un ser etéreo, que existe al borde de lo inmaterial y a estas alturas ya no es nadie, ni el barbas, ni el asturiano, ni siquiera M. Rajoy, así que ese personaje debemos adjudicárselo el reino de lo invisible y la ciencia-ficción, que rima con García Castellón, que archivó, por lo que sea, doscientas setenta y cinco causas contra el PP.
Feijóo, al que dentro de poco va a haber que añadirle en el apellido una tercera o, porque necesitará más aros por los que hacer pasar a tanta gente que vota contra sus intereses al hacerlo por formaciones que van a limitar sus derechos y sus libertades, se está poniendo hasta a la derecha de Ayuso, que considera —no se sabe si por convicción o para hacerse ver y marcar las distancias— que en Extremadura se han pasado un poco y María Guardiola, máxima estrella del donde-dije-digo-digo-Diego nacional, se lo ha vendido todo al diablo, ha firmado desde la limitación al mínimo de la atención sanitaria a los inmigrantes hasta la loa a una cruz de los caídos franquista. El verdadero problema de Extremadura, la región que presenta la menor densidad de población de España y la más profunda despoblación rural, no son los inmigrantes que vienen, sino las personas que se van. Pero eso ya lo saben y no les importa. Y tengan por seguro que ellos no van a ir allí a sembrar nada. Ni tampoco en ninguna otra parte.
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