De alguna manera parecía que iban los Oscar de este año de blues del Misisipi y raves en el desierto africano, pero nos estábamos olvidando de la que ha resultado ser la gran triunfadora. La cosa es que finalmente ha sido Una batalla tras otra la que algo así como a la chita callando queda como gran vencedora de los 98 Oscar de la Academia, por encima de Sinners (Los pecadores), la película más disparatadamente nominada de la historia con 16 posibles (para tanto no era, pues, o quizás sí, eso ya cada cual). Y Sirat, la nuestra, la española, se ha quedado con las ganas de las dos opciones que tenía.
Vayamos por partes. Se refrenda en esta velada de alguna manera el 'blockbuster de autor' de Paul Thomas Anderson, que ha ganado nada menos que seis premios de trece posibles: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guion Adaptado, Mejor Actor de Reparto para Sean Penn —que no estaba en la gala, tenía cosas más importantes que hacer el perpetuo chico malo—, Mejor Montaje y Mejor Casting —categoría presente por vez primera—. La locura enorme de las 16 nominaciones con las que llegaba Sinners, convertida así en la película de antemano más reconocida de la historia (que se dice pronto semejante logro), nos tenía a todos convencidos de por donde irían los tiros del blues de los vampiros, pero no.
Seis de trece para Una batalla tras otra, entonces. Y cuatro de 16 para Sinners, que se queda definitivamente con Mejor Actor (MIchael B. Jordan), Mejor Guion Original, Mejor Fotografía y Mejor Banda Sonora. No está nada mal, pero las expectativas eran tan altas que hay cierta sensación de derrota en el ambiente de las colinas de Hollywood —ahora se les pasa de fiesta en fiesta, que esto, al final, como tantas otras cosas de la vida, así también se soluciona—. En medio de este reparto de galardones entre las dos grandes cintas del año, Jessie Buckley se ha llevado el de Mejor Actriz por Hamnet y Amy Madigan el de Mejor Actriz de Reparto por Weapons.
Nuestra peli, Sirat, que es nuestra como representante española, llegaba del brazo de Óliver Laxe —quien lució en la alfombra roja un pin en forma de sandía, en solidaridad con el pueblo palestino— con aspiraciones razonables y la furgoneta derrapando a por dos galardones, pero la rave se quedó gripada en la última curva a punto de llegar al escenario del Teatro Dolby, para desde allí ver cómo se cumplían las previsiones de los mentideros y la noruega Valor sentimental se convertía en la Mejor Película de Habla no inglesa. No pudo ser tampoco el Oscar a Mejor Sonido, que acabó quemando rueda de manera un tanto previsible gracias a la espectacularidad de F1: La película.
Si algo marcó esta 98 edición de los Premios Óscar fue el amplio dispositivo de seguridad. En pleno conflicto de Estados Unidos contra Irán, la Academia quiso proteger el evento ante posibles ataques. El clima no era en Los Ángeles, convengamos, el más propicio para una velada de grandes proclamas, fueran del tipo que fueran. Es por ello que la gala no fue ni especialmente reivindicativa y mantuvo un silencio generalizado.
El "No a la guerra" y "Palestina libre" de Javier Bardem
Un acuerdo tácito en realidad, roto por nuestro Javier Bardem, quien justo antes de anunciar los nominados y entregar el galardón a Mejor Película de habla no inglesa (no resultó su elección ser un guiño a Sirat), lanzó un "No a la guerra" y "Palestina libre'. Ya antes, en la alfombra roja, el actor español, integrante del reparto de F1: La película, no se cortó para nada al asegurar que había que hablar de las "cosas que importan", para acto seguido calificar de "guerra ilegal" el ataque de Estados Unidos contra Irán.
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"Hay que celebrar el cine, pero también hay que aprovechar este altavoz para las cosas que han creado tanto dolor en el mundo", dijo Bardem a EFE en la alfombra roja del Teatro Dolby de Los Ángeles. El intérprete, que portaba este domingo la misma pegatina de 'No a la guerra' que usó en 2003 por la guerra de Irak, dijo que el actual conflicto en Oriente Medio es ilegal porque está "basado en mentiras". Y fue de los pocos, por no decir el único, que aprovechó su altavoz para denunciar la política bélica de la administración Trump.
Nos queda en este repaso de ganadores mencionar al Frankenstein de Guillermo del Toro (y el actor español Jacob Elordi), que se vuelve para casa con tres distinciones técnicas en Mejor diseño de vestuario, Mejor maquillaje y peluquería y Mejor dirección de producción. Mención aparte para Las guerreras K-pop, refrendada esta noche (porque cualquiera con pequeños en casa ya lo intuía, aunque sea solo por la turra) como Mejor película de animación y Mejor canción.
La gala de este año, comandada por el cómico Conan O'Brien, fluyó con naturalidad sin salirse de los raíles, perfectamente controlada dentro de la normalidad. Sin momentos altisonantes, era cuestión de dejar que las cosas sencillamente fueran ocurriendo. No pasará a la historia la ceremonia, por tanto, lo cual no es ni bueno ni malo, pero también más bueno que malo, pues deja así suficiente espacio para que sean las películas premiadas las que copen los titulares y, a partir de este lunes, las conversaciones desde primera hora en los desayunos en los bares.
De alguna manera parecía que iban los Oscar de este año de blues del Misisipi y raves en el desierto africano, pero nos estábamos olvidando de la que ha resultado ser la gran triunfadora. La cosa es que finalmente ha sido Una batalla tras otra la que algo así como a la chita callando queda como gran vencedora de los 98 Oscar de la Academia, por encima de Sinners (Los pecadores), la película más disparatadamente nominada de la historia con 16 posibles (para tanto no era, pues, o quizás sí, eso ya cada cual). Y Sirat, la nuestra, la española, se ha quedado con las ganas de las dos opciones que tenía.