Ousman Umar (Fiaso, Ghana, 1988) estaba jugando al fútbol con sus amigos cuando miró al cielo y vio un avión sobrevolando su aldea. ¿Dónde iba? ¿Quién iba dentro? ¿Cómo era posible que ese cacharro enorme pudiera volar tan alto? Podría haber seguido con su vida en su comunidad, pero nunca pudo sacarse esas preguntas de la cabeza y, en contra de la voluntad de su padre, el chamán del pueblo, emprendió con apenas 10 años una travesía incierta sin destino conocido.
Cruzó el Sáhara a pie, atravesó el Mediterráneo en patera y vio morir a la mayoría de sus compañeros por el camino. Recorrió más de 20.000 kilómetros y atravesó ocho países africanos antes de llegar a Fuerteventura, parada intermedia antes de alcanzar la meta en Barcelona, colofón de un trayecto que le llevó cinco largos años de penurias encadenadas. Después de meses durmiendo en la calle, fue acogido por una familia catalana y, a pesar de ser analfabeto, comenzó sus estudios y estudió dos carreras y un máster. En 2012, con sus primeros ahorros, fundó la ONG NASCO Feeding Minds con el objetivo de mejorar la educación en su país de origen.
Esta epopeya imposible de comprender en toda su magnitud desde suelo europeo ya la contó el propio Ousman hace un lustro en un libro superventas, que ahora se convierte en película con el mismo título, Viaje al país de los blancos, y que llegará a los cines el viernes 26 de junio con dirección de Dani Sancho. Una historia real que parece mentira por la cantidad incontable de dificultades que su protagonista fue capaz de superar. Un pequeño gran milagro protagonizado por un superviviente nato que, a esa concatenación de hitos y victorias que jalonan su biografía, suma ahora la de verse a sí mismo en la pantalla gigante de las salas de cine.
"Es un sueño hecho realidad, jamás imaginé que llegaría este momento", confiesa Umar a infoLibre orgulloso y risueño. "Eso sí, mi propósito de vida era seguir contando esta historia hasta que no hubiera más historias que contar", continúa. "Es verdad que las vivencias concretas me pertenecen a mí, pero las torturas acumuladas y la crueldad del camino pertenecen a cientos de miles de personas", apostilla.
Contando su historia, ya sea en libro o en película, Umar quiere contribuir a que las nuevas generaciones tengan la información que él no tuvo antes de emprender una peligrosa travesía en la que perfectamente podría haber perdido la vida, como tantos otros. Ayudar a educar, en definitiva, como ya hace, por ejemplo, enviando equipos informáticos para las escuelas de su ONG en Ghana, por las que han pasado más de 30.000 alumnos.
"La película narra el camino que nos trae hasta aquí y, sobre todo, quiere arrojar luz a la oscuridad, porque muchas veces nos quedamos solamente en el titular", apunta Umar, quien reconoce que, a pesar de lo duro del camino, quizás llegó a su destino por haber sido capaz de mantener "un espíritu positivo fuera de lo común". "Y ahora siento la responsabilidad de contribuir al mundo que me ha acogido, aunque en su momento me rechazó", apostilla.
Ese es también, en esencia, el objetivo último de Viaje al país de los blancos, un film con el que Sancho, pretende "arrojar un poco de empatía y de luz", así como "remover conciencias". "Esta es la historia de muchos, de manera que sentía una gran responsabilidad el intentar usar la película como altavoz", destaca a infoLibre el director, amigo de Umar desde hace una década: "Eso ha ayudado a que el proceso haya sido respetuoso, con mucho diálogo, porque no queríamos hacer nada con lo que él se sintiera cómodo".
Encantado con el resultado, aprovecha Umar para difundir el discurso de convivencia que defiende en todas sus intervenciones públicas. "Es importante reconocer que nuestras diferencias son a la vez nuestra fuerza como seres humanos", afirma en un momento dado, antes de asegurar que "todos tenemos algo que aportar" para hacer del mundo un lugar, al menos, un poquito más habitable.
"Estamos hablando de personas que vienen de diferentes culturas. Si se nos diera la oportunidad de poder integrarnos, sería una gran riqueza. Lo que hace esta película es demostrar que hay mucho que aprender y reconocer", recalca, para luego apostillar: "También hay, sobre todo, esperanza. Porque esas personas no vienen a hacer daño, como dicen los titulares que a veces nos ponen".
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Él mismo es el ejemplo perfecto de esa integración, pues ha sabido aprovechar al máximo el giro que el destino le tenía preparado cuando fue acogido por una familia que decidió marcar la diferencia y hacer lo que casi nadie hace. "Eso marca una gran diferencia en mi historia", admite Umar, para quien el mundo lo cambian las pequeñas acciones: "Muchas veces pensamos que un problema es demasiado grande y no somos capaces de hacer nada, pero no, todos podemos aportar y hacer algo. No se trata de cambiar el mundo, solo cambiar la vida de una persona ya merece la pena".
Por su mensaje integrador, Viaje al país de los blancos es también una herramienta para desmontar el discurso de la ultraderecha en favor de la 'prioridad nacional'. Así lo ve también Umar, para quien "esta película transmite una esperanza alternativa" que nos dice que "es posible la convivencia", y que nos recuerda, al mismo tiempo, que los que nos hacen pelear entre nosotros nos engañan. "Cuando tú rascas esta piel negra, debajo hay plasma. Da igual que vengas del norte, del sur, del centro. Da igual de qué punto del planeta vengas, lo que hay debajo es sangre. Por eso, hay que hablar de prioridad humana", argumenta.
Es por todo esto que Sancho admite que con esta cinta quieren "remover" al espectador para que vea "las cosas de una manera un poco distinta" e intenta abrirse más a los demás. "Nos encantaría que la película ayudara a empatizar", remarca, convencido de que la puede ver todo el mundo, "independientemente de su ideología política", puesto que, en esencia, es una historia que habla de ambiciones y de amor, que son cuestiones "universales". "Queremos que Viaje al país de los blancos cumpla esa función y llegue al gran público", apostilla el director, mientras Umar añade que es también una película de "esperanza, que arroja luz, da soluciones y demuestra que la convivencia es posible".
Ousman Umar (Fiaso, Ghana, 1988) estaba jugando al fútbol con sus amigos cuando miró al cielo y vio un avión sobrevolando su aldea. ¿Dónde iba? ¿Quién iba dentro? ¿Cómo era posible que ese cacharro enorme pudiera volar tan alto? Podría haber seguido con su vida en su comunidad, pero nunca pudo sacarse esas preguntas de la cabeza y, en contra de la voluntad de su padre, el chamán del pueblo, emprendió con apenas 10 años una travesía incierta sin destino conocido.