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Cine

Una fotografía privada de la crisis económica

Fotograma de 'Retratos de familia'.

En julio de 1997, la economía asiática enfermó. El baht (la moneda tailandesa) cayó y arrastró con ella al resto de divisas. Y llegaron los síntomas que conoce bien el lector español: aumento de la deuda pública y privada, caída de los salarios, subida del desempleo. El final del llamado “milagro asiático” no tuvo reflejo solo en los grandes números. En algún lugar de Singapur, el pequeño Anthony Chen presenciaba cómo su padre perdía su trabajo, cómo los ingresos de su hogar de clase media disminuían y cómo Terry, su niñera filipina, se quedaba a su vez en el paro y se veía obligada a volver a su país. Retratos de familia (Ilo Ilo)Retratos de familiaIlo Ilo es el relato íntimo de aquellos años, contado por un Chen convertido en director y premiado con la Caméra d'Or al mejor debut en la edición de 2013 del festival de Cannes. Una instantánea de la pérdida que no refleja la macroeconomía.

“Es interesante. La historia siempre se repite. Cuando tocas tu propia vida de forma honesta, tiende a ser universal. Me sorprendió mucho que la audiencia europea conectara con los personajes debido a la crisis”, reflexiona Chen (Singapur, 1984) por teléfono desde Londres, donde vive desde hace siete años. Cuando comenzó a armar su ópera prima, estrenada el pasado viernes en España, solo pensaba en retratar su infancia y el gran hito que la marcó: la llegada y partida de Teresita Sajonia, la niñera filipina que le cuidó durante años. Fue más tarde, asegura, cuando se dio cuenta de que su relato privado estaba unido al de miles de singapurenses. La crisis económica se había colado en las vivencias de todos ellos.

El aumento del poder adquisitivo y la incorporación de la mujer al trabajo, cuenta, hizo que las familias contrataran como internas a mujeres provenientes de Tailandia o Filipinas. “En Occidente, tener una criada es de clase alta, pero no en Singapur”, explica el director. El ficticio Jiale (Koh Jialer), alter ego de Chen, se encuentra ante una presencia extraña que acaba ejerciendo un rol maternal. Cuando la familia empieza a ver disminuir sus ingresos, la niñera Terry (Angeli Bayani) debe volver a casa. “Es doloroso ver la separación, porque los niños sufren las consecuencias de lo que ocurre en el mundo, pero las decisiones solo las toman los adultos”, reflexiona Chen.

Pese a que la historia nace de las vivencias personales de Chen, el realizador no deja de reconocer un trasfondo político en su retrato. En primer lugar, a través del fenómeno migratorio que hace que Terry “deje a sus hijos atrás para cuidar a los hijos de otros con más dinero”. En segundo lugar, con la desintegración del núcleo familiar: un padre en paro que se rinde al alcoholismo, una madre embarazada aterrorizada por el futuro. Hay un interés expreso en este retrato descarnado de la clase media: "La clase media no se refleja de manera real en el cine. O solo de manera complaciente. Pero la clase media está luchando contra el aplastamiento de la clase media, por pagar la hipoteca, los préstamos, mantener la educación de sus hijos. Solo porque tiene ciertas posesiones materiales no significa que no tenga problemas". 

Fotograma de 'Retratos de familia', de Anthony Chen.

Las penurias de la familia Lim tenían todas las papeletas para convertirse en un melodrama. Si lo ha evitado, explica Chen, es por su distancia física de Singapur, el país de cinco millones de habitantes que fue paisaje de su infancia y que abandonó para estudiar cine en Reino Unido. Siente por él la fascinación del expatriado. No piensa dejar de visitarlo, al menos artísticamente, y ambientará allí su próxima película, que todavía se encuentra en fase de escritura

Pero si hay un país que le haya dado satisfacciones en los últimos dos años, ese es Filipinas, "por encima de la atención y de los premio [una docena en distintos festivales internacionales]". Los medios acogieron con espectación esa extraña película sobre una criada compatriota y que tanto éxito parecía tener en Europa. Y comenzaron la búsqueda de la verdadera Terry, la que Chen vio partir a los 12 años. "Pensé que era imposible encontrarla. No sabíamos su apellido y lo único que recordaba era la región de la que provenía", cuenta Chen. Ilo Ilo, la localización mítificada que había dado título al filme. La foto de Teresita apareció en televisión, las radios daban sus señas. "Dos semanas más tarde, recibí un e-mail: 'La encontramose-mail". Su hermano y él viajaron a Filipinas por primera vez a encontrarse con una mujer envejecida y extraña. "En mi cabeza, ella no había envejecido. No sabía cómo sentirme. Hay tanta gente que pasa por tu vida y ni siquiera la recuerdas, tanta gente que condiciona quién eres...", balbucea Chen. Vidas forjadas por un puñado de personas y por alguna crisis económica. 

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