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Carlos Casares: primeras narraciones de un gran escritor

Viento herido

Carlos Casares (Traducción y posfacio de Cristina Sánchez—Andrade)

Impedimenta (Madrid, 2022)

 

Este libro de cuentos apareció en gallego en 1967. A su autor, Carlos Casares (1941—2002), se le considera uno de los mayores escritores de la segunda mitad del siglo XX en la literatura gallega. No fue sólo un excelente narrador, sino también un notable articulista (se inició en castellano, en La Región de Ourense, en 1968, pero desde 1972 los escribió en gallego), traductor y autor de literatura infantil. Lo recordamos también como un fascinante contador de historias orales. Desempeñó, además, una importante labor como editor de Galaxia, a partir de 1985, y como presidente del Consello de Cultura Galega. 

En los inicios de su trayectoria intelectual, sus principales referentes fueron Ramón Piñeiro y Vicente Risco, y uno de sus mayores valedores era el profesor y traductor Basilio Losada, aunque la formación literaria de Casares fue la propia de un autodidacta. En las décadas de los 50 y 60 se publican varios libros de cuentos notables en gallego, de Ánxel Fole, Eduardo Blanco—Amor, Xosé Luís Méndez Ferrín o Xosé Neira Vilas, obras que debió de conocer nuestro autor. Y algo semejante ocurría con la narrativa breve en castellano, la de la denominada generación del 50, e incluso alguno de sus antecesores, como fueron Francisco García Pavón, Miguel Delibes, Jesús Fernández Santos, Ignacio Aldecoa, Ana María Matute, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Daniel Sueiro, Juan García Hortelano, Juan Benet o Fernando Quiñones, autores de libros de cuentos significativos, de estéticas diferentes. Aunque Casares, cultivando un realismo social –digamos— enriquecido, se acercaba a la corriente neorrealista.

En suma, este primer libro de Carlos Casares aparece en un momento en que el relato, tanto en gallego como en castellano, vive un momento de auge. También se le ha incluido entre los denominados narradores del Noroeste, o del Noroeste mágico, el marbete es obra de Antonio Pereira, entre  los que podemos incluir, sin distinción de lenguas, a Valle—Inclán, Álvaro Cunqueiro, Ánxel Fole, Rafael Dieste, Eduardo Blanco Amor, José María Merino o Luis Mateo Díez, además del citado Pereira.

Los años sesenta, y sobre todo 1963, fueron importantes para la cultura gallega, pues se celebra por primera vez el Día das Letras Galegas, se inaugura la Fundación y biblioteca Penzol, se funda el Partido Socialista Galego, del que Casares formaría parte, y reaparece la revista Grial apoyada por la Editorial Galaxia. Además, en 1965 se celebraron en Barcelona la Jornadas de Confraternización Galaico—Catalanas, organizadas por el padre Silva. En esas fechas, cuando se publica su primer libro, Casares sufre una crisis personal, existencial. Por entonces, se muestra admirador tanto de la praxis marxista, como de la teología de la liberación y de la revolución cubana, representadas en las figuras de Camilo Torres, muerto en combate en 1966, y el Che Guevara.    

Viento herido, Vento ferido en gallego, se compone de doce cuentos breves, algunos de ellos divididos en partes, separadas por blancos. A este respecto, cuatro forman un solo bloque (Como lobos, Monólogo, La capoeira y Voy a quedarme ciego), otros tantos se componen de tres partes (El juego de la guerra, Cuando lleguen las lluvias, El Judas y El otro verano), mientras que el titulado Larga espera al sol aparece compuesto de nueve partes. En la presente edición han tenido el acierto de reproducir las ilustraciones de Xulio Maside que ya aparecían en la primera. Todos estos cuentos, con una única excepción, habían aparecido antes, a partir de 1965, en la revista Grial, al calor de lo que se llamó la Nova Narrativa Galega, tendencia que logró la renovación del panorama literario gallego.

El libro ha tenido ilustres traductores al castellano, como la poeta Luz Pozo Garza, que vertió Cando cheguen as chuvias, recogido en la antología de Cuentos gallegos (Diputación de Pontevedra, 2012), compilada por Magdalena Aguinaga. Pero el conjunto del libro se publicó por primera vez en castellano en la editorial Punto de Partida, 2010, con prólogo de Juan Cruz y versión de Mónica Álvarez. Y pronto apareció la Narrativa breve completa (Libros del Silencio, Barcelona, 2012), algunos de cuyos cuentos puso en castellano el propio autor y el resto, Xesús Rábade Paredes.

La cita inicial de Pavese, "Cualquiera que pase tiene un rostro y una historia", responde perfectamente al contenido del libro. Es necesario recordar la gran influencia que tuvo el poeta y narrador italiano en los escritores españoles del medio siglo, aunque cuando Casares publica su libro, no estaba traducido al gallego, lo que ocurrirá a partir de los años ochenta. Sin embargo, no debe olvidarse su querencia por autores como Pratolini y Pavese, me recuerda Dolores Vilavedra, pero también –los alude en El otro verano— por el cine italiano y por Mónica Vitti (páginas 101 y 103). Casares debió de conocer a Pavese en las versiones argentinas, las primeras en castellano, que datan de comienzos de los 50, pues en España no aparece hasta 1958 (La playa y otros relatos, Seix Barral. Traducción de Enrique Sordo). En cambio, El diablo en las colinas, que Salvat intentó editar en su popular Biblioteca básica, fue censurado en 1971. 

Pasemos a los cuentos. En El juego de la guerra se narra la venganza que se toma Rafael, un chico que parecía inocente, con el cabecilla de su panda, llamado el Rata, quien lo ha forzado para que torture a Zalo, por lo que Rafael acaba en un reformatorio. Cuando sale lleva a cabo su venganza, pues hace sufrir al Rata, aplicándole los mismos suplicios a los que sometía a las moscas. En Como lobos un narrador testigo innominado le advierte a Eduardo, el hermano del Rubio, a quien la Guardia Civil ha matado de un tiro en la cabeza, abandonando el cadáver en una cuneta, que debe resignarse y no intervenir porque podría ocurrirle lo mismo, pues, como le dice: "Hay que aguantar y dejar los derechos y las valentías de un lado" (página 26), y limitarse a formular las bravuconadas en privado, del tipo: "les muerdo el corazón", o "le como el hígado al desgraciado", tal y como afirman los amigos o el hermano de la víctima. Todo ello podría resumirse en la célebre sentencia de Hobbes, que aparece al final del relato en boca del narrador: "los hombres (…) somos como lobos unos para los otros" (página 28). Por este cuento intentaron secuestrar el libro, estamos en pleno franquismo, aunque una argucia del editor, lo evitó en cierta forma.

En Cuando lleguen las lluvias, título que proviene de una canción que se repite como un leitmotiv, se cuenta la muerte del Ruco, un provocador, y el camino que recorre Tino, el narrador, hasta la comisaría, tras asesinarlo de una puñalada. Monólogo está dedicado a Francisco Fernández del Riego, editor entonces de Galaxia, editorial que dirigiría Casares a partir de 1985. Se trata del monólogo de un maestro, del que podría hacerse una versión teatral, que se queja de su mujer porque le molesta que salga de noche con sus amigos. La Larga espera al sol se refiere a la que vive un anciano viudo, casi inútil tras una caída, a quien su nieto mayor, el señorito Milo, estudia medicina y tiene 20 años, por quien siente un aprecio especial, el día que cumple 80, no acude a visitarlo porque lo han invitado al cine. El caso es que el anciano se pasa los días en el balcón de su casa, tomando el sol y escuchando los ruidos que genera la ciudad. Podría decirse, por tanto, que se trata de un cuento sobre la soledad de un anciano, a pesar de que lo visita su hija, Luisa; sus nietos, entre ellos "la dulce Ana"; y lo atiende Susa, "la buena criada de siempre". El título de este otro cuento, La capoeira, es el de un baile. Se relata un encuentro entre dos viejos amigos, Gonzalo y Perucho. El primero es el narrador protagonista, quien  acababa de regresar de Brasil, donde se supone que emigró, y ahora recuerda el agravio que le hizo Perucho, maltratando a su burro, casi hasta matarlo. La historia se cierra con otra venganza, pues Gonzalo mata a Perucho clavándole una lezna en la ingle. Voy a quedarme ciego expresa el lamento, los temores, de Ramonciño, quien habla en el título, tras la pedrada que le propinó su amigo Camilo. El protagonista nos cuenta los indicios que tiene para tan rotunda afirmación (lo llevan de romería a Paredes, por Santa Lucía, no le regañan, se muestran amables con él…), las sensaciones que experimenta: "me entra una pena negra en el corazón y se me pone la sangre toda llenita de hormigas", en dos ocasiones, y la convicción de que es "un castigo por mis pecados" (páginas 67 y 68).

En La tronada un hombre se suicida y mata a su burro (se relata de forma tremendista en el desenlace) tras los truenos, relámpagos y piedras, pues la devastación que produce traerá la pobreza, el hambre. En la primera página, el narrador nos anticipa que "le dolía una pierna y sentía como un nido de avispas en el corazón" (página 73). Por lo que se refiere al estilo, llama la atención, sobre todo en la tercera parte del cuento, las frases cortas, tajantes. Sin embargo, no me parece que la tormenta, como afirma Cristina Sánchez—Andrade, sea "símbolo de la represión y de la devastación que tantos seres humanos fueron obligados a padecer" durante el franquismo; al menos, hoy esa lectura resulta forzada (página 128). En El Judas, con elementos que pueden resultar incoherentes, construye un gran cuento. Se trata de un relato en tercera persona, sustentado en el diálogo que se produce entre el personaje que da título al cuento, un pedigüeño que canta y baila cuando se lo piden, y el viejo Tomás, un zapatero al que querían mal por ser republicano, que le cuenta dos cuentos que el pedigüeño repite: el del cura y la gallina y el del niño tonto. Recuérdese el significado de tonto, en el sentido de raro y poco común, en las vanguardias históricas, tanto en el cine como en la literatura, y en los cuentos y microrrelatos de Ana María Matute. La acción transcurre durante el fin del verano, el viejo cree que va a morirse y la naturaleza se agita, pues truena, se levanta el viento y el Judas, que se cree un perro, se pone a ladrar. "La muchacha del circo" trata de una apuesta, de los amores adolescentes de un joven con la francesita Anne, trapecista de circo. El caso es que el día en que ella abandona la ciudad, lo castigan y no pueden despedirse.

En El otro verano una mujer, Mónica, regresa a casa de sus tíos para pasar el estío junto al mar, en la playa, que se nos presenta en contraste con "la ciudad lluviosa" de la que procede, y en la que quizá Mónica se ha prostituido, auspiciando el recuerdo de un amor del pasado, juvenil, con la "leve esperanza" de que aquel joven de 17 años reaparezca en el baile de la Alameda, algo que no llega a ocurrir. Así, ni el pasado vuelve, ni los primeros e inocentes amores llegan a repetirse. Por último, "Aparecerá por la esquina" trata de la tristeza que produce un amor perdido, del engaño y las promesas incumplidas por ella. Este cuento podría haberse incluido en la célebre Antología del cuento triste (1992), de Barbara Jacobs y Augusto Monterroso. Ahora podemos decir que el libro de Carlos Casares empieza con violencia, con una venganza, y concluye con un desengaño amoroso.

Y aunque me parece que vale más el conjunto, el libro, que las piezas individuales, siendo así que no se destaca ninguna en el título, fíjense en lo bien que titula Casares, los mejores cuentos o, al menos, los que me han gustado más son: El juego de la guerra, Cuando lleguen las lluvias, El Judas y El otro verano. En la Fundación Carlos Casares, lo cuentan Iolanda Galanes y Ana Luna Alonso en un artículo, se conservan dos manuscritos distintos del libro, autotraducido, que llevan por título, respectivamente: El juego de la guerra y otros cuentos y El cumpleaños feliz de Ricardo Romero. En estas versiones se añaden cinco relatos más.

Son microrrelatos de Manuel Longares

En suma, en varios de estos cuentos, como hemos visto, aparecen viejos atavismos, supersticiones, odios y venganzas, la violencia, incluso entre los pacíficos que acaban reaccionando ante los atropellos a que son sometidos, no solo por las fuerzas del orden, sino también por sus iguales. En algunos relatos aparecen ecos de los dramas rurales, de lo telúrico, y no falta el protagonismo de la naturaleza y de los animales, las moscas (aparecen en la cubierta de la edición de Punto de Partida, en el 2010), las tormentas, la lluvia, el sol y el viento. Se trata, en suma, de unos cuentos que, además de su valor histórico, siguen teniendo plena vigencia, si recordamos varias novelas, ensayos y películas actuales que han interesado a numerosos lectores y espectadores.

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Fernando Valls es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y crítico literario.

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