Los diarios de un escritor apacible

Diarios completos

Manuel Rico

Punto de vista editores (2022)

No sé si la publicación el año pasado de los Diarios de Chirbes y su buena acogida entre el público ha tenido algún efecto llamada para que se hayan publicado los de este escritor. Lo que sí parece es que los motivos que llevaron a escribir estos Diarios son en cierto modo distintos. El libro que se acaba de publicar recoge dos etapas, como bien explica Manuel Rico en el prólogo: el inicio de la primera etapa, allá por la segunda mitad de la década de los 80, los años de la transición, no tan modélica ni tan calmada, ni tan de la movida como puede decir el relato oficial, obedecen en principio a una necesidad de cultivar la prosa. Nos encontramos ante un poeta que quiere novelar y se da cuenta de que tiene que practicar y hacer pluma para que le sirva de aprendizaje. Y emprende estos diarios en 1985 hasta noviembre de 1991. La segunda etapa comienza en julio del 2000, nueve años después, una laguna que obedece, según él, a la falta de tiempo por estar metido de lleno en otras actividades. La segunda parte surge por una relectura de los primeros diarios y se vuelve a enganchar a ellos hasta el 2008. Esta etapa ya obedece a un escritor que ha conseguido sacar cabeza, que ha escrito varias novelas, libros de poemas y que ha pasado a dirigir, entre otras iniciativas, la colección de poesía de la Editorial Bartleby.

En la primera parte asistimos a los comienzos de un escritor que combina su afición poética con la militancia política y la vida en familia. Casado con E. y con una hija pequeña, Malva. Nos va dejando entrever diferentes líneas: la transición política y sus análisis relacionados con lo que está pasando, su afán por salir adelante en el mundo literario, sus lecturas, su vida en familia y la necesidad de vincularse a la naturaleza. Son seis años intensos, como lo fueron en el país, donde su pasión literaria va ganando terreno: "Escribir. Es algo más que una pasión. Es el eje de la batalla en la que me empeño cada día robando minutos a la jornada laboral, al tiempo de ocio, para ocuparlos en esbozar un apunte de poema, en atrapar, en una frase, una instantánea que no debe morir, para justificar mi lucha interior entre dos devociones: la política y la literatura".

Pero sigue asistiendo a la contradicción de cómo combinar todo ello con la vida en familia. Así en una de las entradas, el 2 de julio en el Puerto de Santa María escribe: "Inesperado paréntesis de cinco días. Vacaciones de regalo… Grato refugio este tras una agitada campaña electoral cuyos resultados no han hecho sino profundizar la dificilísima situación del partido. He perdido mi escaño de diputado regional. Mejor dicho: los ciudadanos han decidido que yo no debo seguir representándolos…. Bajo ningún concepto renunciaré a la literatura".

Al finalizar esta primera parte de los diarios, él mismo comenta que su hija Malva cumple cinco años, él treinta y seis y la Constitución diez. El tiempo avanza, la casa de Gargantilla —la que será su refugio y que está mucho más presente en la segunda parte— ya se está construyendo, aunque avance con lentitud. En la entrada del 9 de diciembre habla de la huelga general: "Huelga general de aquí a quince días. Una huelga que va a ser un éxito se ponga como se ponga el gobierno. La política neoliberal del ministro de Economía ha concitado agravios por doquier. Uno tiene la impresión de que los trabajadores estaban a la espera del acuerdo entre los dos sindicatos mayoritarios para respaldar la convocatoria…".

Pero él ya lo vive con distanciamiento, con cierto cansancio que deja paso a la literatura. Sorprende ver cómo cuesta a los autores publicar un libro. Yo pensaba que era algo que solo nos pasaba a los menos conocidos, pero parece ser que es una dinámica que viene ocurriendo en el mundo editorial desde hace años, no solo ahora. Puertas que se cierran, editores que rechazan el manuscrito, otros que mantienen silencio, pese a los premios literarios. Curioso al menos, si tenemos en cuenta que son los autores los que mantienen toda la industria editorial. Y no solo los que venden, también los demás.

Todo lo que nos cuenta Manuel Rico sobre la sociedad de estos años es lo que hemos vivido los de su generación. Aunque es odioso comparar, me gustaría hacer una referencia puntual. Si los Diarios de Chirbes, a los que he hecho alusión al principio, nos acercan a un Chirbes personal atormentado, indeciso, con pánico a la hoja en blanco, inseguro de su trabajo literario, aquí nos encontramos con una persona apacible, que observa los acontecimientos, la naturaleza y su trabajo político con calma, a veces como si no fuera con él, como si no le hiciera mella ni le afectara a su carácter. No son diarios tormentosos ni nos descubre su vida íntima más allá de E, Malva o su hijo, de sus atenciones, la crianza, los paseos por el campo o las lecturas. Él mismo dice en la segunda parte de los diarios lo siguiente: "La situación anímica es determinante en el proceso de escritura. En situaciones difíciles, de conflicto interior, me siento incapaz de escribir una línea. Por el contrario, en los momentos de calma, de propensión al optimismo si se quiere, la literatura acude casi por ensalmo".

Quiero destacar ahora, en estos días en que se multiplican los homenajes a Almudena Grandes, un párrafo que he encontrado en sus diarios: "Leo Los aires difíciles, la quinta novela de Almudena Grandes, con una pasión y un placer muy similares a los que, hace cuatro o cinco años, presidieron mi lectura de Malena es un nombre de tango. Llegué a Malena tras diversas recomendaciones, sobre todo por recomendación de E. En aquel tiempo yo desconfiaba de la literatura de Almudena Grandes. Quizá pesaba en aquella actitud el hecho de que su primera obra, Las edades de Lulú, tras obtener el Premio La sonrisa vertical, era considerada por parte de la crítica como una obra erótica o pseudopornográfica, sin otros valores literarios… Por ello, encontrarme ante una novela argumentalmente poderosa y magníficamente escrita, ante una novela que enlazaba con la condición decimonónica sin dejar de ser una obra cargada de modernidad que, además, hacía de la memoria (personal y colectiva) un elemento decisivo del relato, fue una sorpresa y también una celebración". 

Estos Diarios pueden servir de recordatorio a lo vivido, aunque personalmente no comparta algunas opiniones relacionadas con la crítica literaria, pero los libros son así, para gustos hay colores. Creo, además, que son unos Diarios que pueden venir muy bien para los calores veraniegos, pasar un buen rato con ellos y hacer un repaso por diferentes hechos, lecturas y acontecimientos sociales que nos han ido sucediendo a lo largo de estos años. Buen provecho.

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Carmen Peire es escritora. Su último libro es 'Cuestión de Tiempo' (Menoscuarto).

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