Club de lectura

Esperar, esperar, esperar

El escritor Antonio Muñoz Molina.

Begoña Curiel (El libro durmiente)

Los clubes de lectura forman un tejido muy importante en la vida cultural. Les dejamos esta sala para que comenten sus lecturas y nos ayuden a componer nuestra biblioteca. Si formas parte de un club de lectura, puedes escribirnos a contacta@infolibre.es para contarnos vuestra historia y hacernos llegar vuestras recomendaciones.contacta@infolibre.es

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El libro durmiente comenzó su andadura como club de lectura en junio de 2003. Su nombre hace referencia a la necesidad de rescatar los valores y principios que duermen en el seno de los libros. El libro durmiente se define como una entidad creada sin fin de lucro. Nuestra acción adquiere la condición de voluntariado cultural. Desde el año 2012, correspondiendo con el período lectivo, impartimos los talleres de escritura creativa en dos niveles: básico y avanzado. Finalmente, la invitación a los autores para presentar sus obras o impartir clases magistrales sobre las técnicas de escritura ha dado lugar a la creación de un foro literario donde confluyen los lectores, libros y escritores, compartiendo ideas e inquietudes en pro de la cultura.

Tus pasos en la escalera

Antonio Muñoz Molina

Seix Barral

Barcelona

2020

Una mudanza, dos ciudades y un hombre esperando a su mujer en el que será su nuevo hogar: Antonio Muñoz Molina conecta estos elementos para construir su novela con la seguridad que da su conocimiento del oficio. Tus pasos en la escaleraparece una obra sencilla y, sin embargo, tiene la complejidad del terremoto que se intuye. Con sinceridad: de no haber sido Muñoz Molina el autor, dudo que hubiera tenido paciencia para terminarla.

No sabemos hasta el final el nombre del narrador pero no es necesario. "Me he instalado en esta ciudad para esperar el fin del mundo", esa es su primera frase, enigmática y reveladora de lo que queda por leer. Prepara su nueva casa en Lisboa al gusto de Cecilia, su mujer, científica que investiga mecanismos neuronales que tanto menciona su marido. Cambian de hogar y de vida del Nueva York presentado como contraposición a la tranquilidad y armonía que, en principio, podrá ofrecerles la hermosa capital portuguesa.

Volaráde un lado al otro en su mente entre los recuerdos del pasado –encontraremos la pesadilla del 11S–  y el futuro en el que tantas esperanzas deposita el narrador. Exprime al detalle similitudes en el paisaje y la disposición de la nueva casa con el anterior entorno neoyorquino. Pero claro, hay tantos parecidos como diferencias absolutas entre ambos lugares. A su manera, esta novela es una guía maravillosa por las ciudades con el cuidado exquisito, pero también con sus excesos, de la escritura de Muñoz Molina.

Salvo la perrita que le acompaña, la mujer que limpia su casa y el hombre que se encarga de reformas y todo lo necesario para que haga de ella un hogar, el protagonista es un solitario que espera. ¿Cuánto? Es difícil reseñar Tus pasos en la escalera porque la pregunta es clave y centro absoluto de la novela. Decir algo más implicaría un destrozo imperdonable de la obra y para el lector.

Si esperan movimiento, giros narrativos, palpitaciones y respiración entrecortada no lo busquen en esta lectura. El reposo y el ritmo pausado son la esencia de Tus pasos en la escalera. El esposo cuenta pero sobre todo piensa en su particular silencio repleto de palabras y reflexiones.

En la escucha de sus divagaciones, Muñoz Molina invitará al lector a que se forme una opinión sobre el protagonista y su vida, la de su mujer, la que comparten, los escasos secundarios, para llegar a sus propias conclusiones. Es un fastidio no compartirlas pero esta novela lo pide.

Muñoz Molina es magnífico recreando la atmósfera que envuelve en una burbuja al actor principal. Otra cuestión es que el camino resulte reiterativo, en un runrún machacón sobre asuntos concretos, como es el caso de la disposición de la casa y paralelismos entre elementos arquitectónicos o circunstancias entre esta y la que dejaron en Nueva York.

Quien haya leído a Muñoz Molina sabe que es concienzudo, trabajador minucioso de la palabra y eso, aun siendo un placer para el lector que lo aprecia, puede resultar cansado si esperas algo más, si no te llena lo que te están contando. Por eso la novela tiene dos caras: la buena y la mala, o la no tan buena.

Hace años que no leía a este autor y me ha gustado regresar a él, dejarme enredar (gracias a Susana Torrejón por el préstamo) por su estilo personal –incluidas las pegas– pero no puedo evitar echar de menos al Muñoz Molina que descubrí en Plenilunio (cuando los thrillers no se escribían como rosquillas) y con la sublime El jinete polaco. Sé que cada obra es distinta, que los autores deben ofrecer nuevos productos, variar, pero...

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