Republicanas

Republicanas. Revolución, guerra y exilio de nueve diputadas - Miguel Ángel Villena

Tusquets. 2026

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¡Qué importante es, a veces, cambiar el foco a la hora de escribir!

Aún más si es sobre nuestra historia reciente, la que abarca la dictadura de Primo de Rivera, la República, la guerra, la derrota, el exilio, la dictadura y el retorno a la democracia.

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Y qué significativo y enriquecedor supone analizar los hechos desde el punto de vista de las mujeres. Esta es la apuesta de Republicanas, el exhaustivo libro escrito por Miguel Ángel Villena y publicado por Tusquets, en el que, centrándose en las nueve diputadas republicanas que hubo, las únicas hasta ahora, porque las demás ya han sido bajo la monarquía, nos describe cómo fueron las mujeres de aquel entonces, no solo ellas, también las mujeres anónimas, las que sufrieron las peores consecuencias de la guerra, las que se enfrentaron, dieron luz a hijos que luego perdieron, o las que decidieron permanecer solas y solteras para poder realizar sus carreras.

Puede parecer un libro más sobre la República, pero no lo es. Todavía no se ha escrito lo suficiente sobre lo que nos pasó, todavía necesitamos descubrir más historias de cómo fue el hachazo sangrante de aquel golpe de Estado y de una dictadura tan larga. Mientras haya temas pendientes, mientras haya muertos en las cunetas o fosas comunes, ese tema estará ahí, insistiendo, pidiendo paso, buscando un hueco en el relato literario.

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Bienvenido sea un nuevo libro, pero sobre todo, bienvenido sea el cambio de foco que aporta. Porque muy poco se ha escrito desde el punto de vista de las mujeres, las grandes olvidadas en los conflictos y guerras, también en la nuestra.

Este periodista e historiador, que fue Premio Comillas en el 2021 por su libro sobre Berlanga (Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente), ha sabido reescribir nuestra Historia haciéndola asequible, e inspirándose, como él mismo comenta en el último capítulo de su libro, en su propia abuela materna, Teodora Yagüe Requena, que, pese a ser del bando vencido, habló de la guerra, inculcó a su familia las ideas republicanas, contó historias de mujeres y consiguió que su nieto, mucho tiempo después, adoptara ese punto de vista.

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A lo largo de sus páginas aparecen las tres primeras diputadas de 1931: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken, para hablar a lo largo del libro, no solo de ellas, sino de las restantes que fueron entrando en las siguientes elecciones: María Lejárraga, Julia Álvarez Resano, Matilde de la Torre, Veneranda García Manzano, Dolores Ibárruri y Francisca Bohigas, la única diputada de la derecha, por el partido de la CEDA.

Así se convierte en un libro esclarecedor en el que, por mucho que se haya leído sobre esa época, los personajes aparecen de otro modo: Azaña con toda su misoginia, los diputados que recelaban de las tres diputadas iniciales, incluso en su propio partido; la polémica sobre el voto femenino, visto desde el punto de vista de Victoria Kent y Clara Campoamor como algo que recorre el libro hasta el final, centrado en la importancia o no del voto de la mujer, algo que, a la luz actual, cuando parece que el voto más progresista parece ser el femenino, ilumina la polémica dándole la razón a Clara Campoamor, una diputada moderada. El capítulo en cuestión donde se centra en ello se titula El voto, entre el tacticismo y los principios. ¿Se imaginan ustedes que las mujeres planteáramos en la actualidad retirar el voto masculino porque al parecer se está escorando a la ultraderecha? La de gritos en el cielo que escucharíamos. Pero en ese capítulo se habla no solo de los diputados a favor y en contra, también de dos cuestiones esenciales para la época: la ley del divorcio y el tema de la abolición o no de la prostitución.

Como opina el autor del libro, “en el momento en que cambias el foco, ves cómo los hombres ponen especial acento en el desprecio. Fueron muy pocos hombres de la época los que tuvieron visión de futuro y sentimiento de la igualdad en aquel momento, como Fernando de los Ríos, o Luis Jiménez de Asúa. Tanto Campoamor como la Kent consideraban a este último como un maestro. Pero fueron la excepción.”

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El índice ya va marcando lo que nos quiere contar. Desde el primero, titulado La vergüenza de unas burguesas ilustradas, hasta el último, titulado Hola, democracia; adiós, República, nos va contando los avatares de esas nueve mujeres, sus ilusiones y esperanzas, lo que hicieron durante la guerra, el exilio de todas ellas menos Francisca Bohigas, que no necesitó exiliarse y pasó a formar parte de las filas de la Sección Femenina;  la hospitalidad mexicana, la traición de Francia, la Pasionaria en Moscú, el regreso de algunas de ellas y la muerte en el exilio de la mayoría.

Es un libro que se lee muy bien y tiene capítulos que emocionan, sobre todo si se piensa en ellas, en lo que supuso para esas mujeres reiniciar sus vidas exiliadas empezando de cero, con el amargo sabor de haber visto cómo entraron en sus casas y las despojaron no solo de sus pertenencias, también de lo que representaron, o en el caso de María Lejárraga hasta de sus derechos de autor. O en el caso de Matilde de la Torre, Julia Álvarez Resano y Veneranda Manzano, verse también expulsadas del partido socialista por ser partidarias de la línea de Negrín, de prolongar la resistencia unos meses más y formar parte de la alianza internacional contra el fascismo, con los tambores de guerra en Europa. Claro que, pasados los años, desde la perspectiva histórica, los hechos se analizan de modo distinto a cuando estás inmerso en ellos.

Según cuenta Miguel Ángel Villena, “hay en la actualidad una ola de memoria democrática y de reivindicación” y con este libro quiso poner el acento en las mujeres, precisamente por su abuela materna “una anónima mujer republicana, que vivía con nosotros y que estuvo en la cárcel por la denuncia de una vecina”. En su familia hubo una transmisión oral por parte de la abuela, pero a él le impresionó mucho desde niño que eso no se contara; en su casa lo hacían, pero con el compromiso de no hablarlo fuera del hogar. Pero gracias a esa abuela materna, uno de sus empeños ha sido intentar comprender cómo fueron los acontecimientos que las condicionaron.

Las nueve diputadas están en primer plano, en tanto que en un segundo plano hay cuarenta o cincuenta mujeres pioneras, unas menos conocidas, otras más, como María Moliner, Margarita Xirgú, María de Maeztu o Maruja Mallo. Pero en el fondo de todo hay todo un abanico de mujeres. Y es lo que el autor quería contar: esa generación republicana. Había escrito con anterioridad una biografía sobre Victoria Kent, porque su abuela la admiraba mucho.  “En la primera etapa de la República Victoria Kent era muy popular, casi más que Clara Campoamor o Pasionaria, cuyo prestigio fue posterior”. Ha escrito también otra biografía sobre Manuel Azaña y pensó inicialmente escribir un libro sobre las pioneras republicanas, maestras, médicas, pilotos de aviación etc., pero le resultó inabarcable. Él mismo dice “fui viendo que de las nueve republicanas había algunas muy poco conocidas y me daba para hablar no solo de las dirigentes sino también de todas las demás. El motor, de todos modos, ha sido sentimental, el de mi abuela, unido a todos mis años como periodista, de conocer y entrevistar gente”.

Sobre los capítulos, el autor comenta que huyó de dedicar un capítulo a cada una de ellas porque “sus vidas están entrelazadas y quería hacer un retrato de grupo y del contexto social”. En el momento en que se pone el foco en las mujeres, hay que referirse, inevitablemente, a cómo las veían los hombres, o cómo las veían otras mujeres, que se trasluce en el famoso debate del voto femenino. Fue un debate que rompió al movimiento feminista de entonces y a las republicanas de base. “Mi abuela, con ochenta años seguía diciendo: en mala hora se nos dio el voto. Evidentemente era un argumento falso, como luego se demostró en las elecciones del 36, cuando gana el Frente Popular.”

Siempre que ha escrito una biografía, el autor se ha esmerado en que no perder el contexto social, pero en este caso expresa que “lo que me ha preocupado en este libro es hacer unas biografías asequibles para todo el mundo, no para una minoría de personas aficionadas a la Historia. He procurado hacerlo de forma rigurosa, sobre un fondo bibliográfico muy extenso, pero está escrito con la pluma periodística, porque quiero que llegue al público general. Si no se saca el contexto y el panorama social no ocurre”.

Hablando del tema de las mujeres y la evolución que ha habido, el autor considera que “el siglo XXI está siendo el siglo de las mujeres y por eso hay una resistencia de la derecha y la ultraderecha, porque les asusta. Pero es un cambio, en relación con el momento republicano, muy positivo. Es el gran avance de las últimas décadas y eso asusta.”

“De las nueve diputadas, es sobre Francisca Bohigas, la diputada de derechas, la que menos información hay. He tenido que remover cielo y tierra. Solo encontré una tesis doctoral de una profesora en la Universidad de León, donde ella se fue a vivir. Fue la única que no se exilió, aunque fue una mujer independiente, pedagoga e ilustrada, con arraigo en León. La CEDA la presenta en 1933 y sale elegida. Luego no se vuelve a presentar.” Después de la guerra entra en la Sección Femenina, donde escribe manuales sobre las mujeres.

De las demás diputadas republicanas, al autor le preocupó mucho “qué les paso, donde fueron, qué cambios profesionales, sentimentales o familiares tuvieron. Lo estudié mucho con Azaña y Victoria Kent. Me preocupaba contarlo porque fue un drama para todas; incluso para Kent, que tuvo un exilio agradable, fue un desgarro porque tuvo que rehacer su vida. Margarita Nelken y Matilde de la Torre mueren casi en la indigencia, viviendo de la ayuda de otros refugiados. Consiguen trabajo donde van, porque son muy brillantes, pero lo pasan mal en lo material y en lo afectivo. Clara Campoamor intenta volver durante el franquismo dos o tres veces, porque no resiste vivir fuera del país, pero no lo consigue, incluso haciendo gestiones con personas del régimen franquista. Lo mismo le pasó a Pasionaria, pese a un exilio dorado. Su obsesión era volver a España. De las nueve solo tres sobrevivieron a Franco”.

“Pasionaria vuelve arropada por el partido comunista. Sí que tuvo un reconocimiento posterior, en tanto que las demás no. Victoria Kent cuando vuelve gobierna la UCD. El director general de prisiones entonces era Carlos García Valdés, que era liberal y un admirador de la antigua directora de prisiones. La recibe en nombre del gobierno, le prepara un homenaje y la lleva a su antiguo despacho. Pero fue la excepción. Para la mayoría del público fue una absoluta desconocida”.

Miguel Ángel Villena cuenta una anécdota muy significativa que le ocurrió cuando estaba preparando el libro sobre Victoria Kent. Un buen día se presentó en el edificio de Madrid donde la Kent vivió, Marqués de Riscal 5.  Le comentó al portero el trabajo de investigación que estaba realizando sobre esa mujer y éste le comentó que había una señora muy mayor en el edificio que seguro la había conocido. Por casualidad, la mujer en cuestión salía en ese momento a la calle y entablaron conversación. Aquella señora le dijo: “doña Victoria, lo que quisimos a esa mujer, sacó a mi padre de la cárcel, porque era de derechas y las primeras semanas de la guerra se lo llevaron. Fue ella quien lo salvó”.  El periodista le comentó si le podía dar su número de teléfono porque le interesaba mucho ver la casa, a lo que la mujer consintió. Aquella mujer vivía en la misma casa donde había vivido Victoria Kent. Al cabo de unos días llamó, se puso el marido, y el marido le dio largas. Volvió a llamar y el marido le dijo finalmente que no tenían ningún interés en que fuera a visitarles ni que viera la casa. “Yo le expliqué que era solo un momento, para hacerme una idea, y el tajantemente, no. Yo aún no había conocido al sobrino-nieto de Victoria Kent y, cuando entré en contacto con él, le conté lo que me había pasado y fue él quien me lo aclaró: esa casa se la confiscaron a Victoria Kent. Los vecinos del rellano, los mismos con los que habló, fueron los que se quedaron con ella. Por eso no querían que fuera, máxime cuando les dije que era un periodista de 'El País'”.

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Cuántas historias similares a ésta han ocurrido y qué poco se habla de todo lo que confiscaron a tantas personas, incluso a las que confiscaron la vida. Pese a ello, el libro se cierra con un epílogo en honor a la abuela materna del periodista que solía decir: Perdonar, sí; olvidar, no.

Por tanto, no se olviden de comprar este libro y leer la historia de lo que les pasó a las nueve mujeres diputadas y a toda una generación republicana. Unas mujeres de las que todas y todos somos deudores. Sin ellas, aunque vieran truncadas sus esperanzas, no tendríamos en la actualidad los derechos que tenemos. Que no se nos olvide. Y gracias, Miguel Ángel Villena, por escribir Republicanas.

*Carmen Peire es escritora. Su último libro es 'Mapas de asfalto' (Menoscuarto).

Republicanas. Revolución, guerra y exilio de nueve diputadas - Miguel Ángel Villena

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