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Los diablos azules

Títulos espléndidos de una cosecha fértil en plena pandemia

Casas vacías, de Brenda Navarro.

Nuestras literaturas, sobre todo las excéntricas —es decir, hispanoamericanas e insulares—, han vivido la circunstancia de la pandemia como un nuevo e inesperado agravante en la larga crisis del libro, ahondada hace ya mucho por factores como la gran recesión o la torpeza de los gobiernos para lidiar con las trampas de internet, donde la bandera de una falsa libertad enriquece a unos pocos a costa del trabajo de los escritores y la ruina de sus editores.

A todo eso se añade un triste síntoma de nuestra era, y es que las pantallas, con tanta ciberbasura entronizada a golpe de likes, suponen un ruido tóxico en la comunicación de la literatura de calidad —la única que merece ese nombre, frente a tanta impostura circundante—, mientras cierta producción convencional y de consumo —literatura kleenex, de usar y olvidar— logra filtrarse hasta en editoriales de prestigio, aunque habrá que ver cuánto queda de eso cuando pase el tiempo. A los poderes ignotos que mueven los hilos de la economía y la política les vendrá muy bien ese bloqueo de la disidencia necesaria que es el arte, y es que esa banalidad narcótica opera como un modo de censura: abotarga o hechiza al lector con chismografías, vanidades y simplezas breves, lo adormece con el aburrido río de pantallazos del Facebook, o le enciende la adrenalina con agresivos tuits o bulos sin complejos, y actúa como un muro que esconde lo que de verdad importa.

Más allá de esas reflexiones y a pesar de ese panorama, la cosecha literaria del 2020 ha sido fértil, y destacaría algunos títulos espléndidos. Del lado latinoamericano, las novelas de Brenda NavarroCasas vacías (Sexto Piso) y Juan CárdenasElástico de sombra (Sexto Piso)—, con toda su originalidad, su riesgo y su frescura, y también la reedición de ese clásico deslumbrante que es El Señor Presidente (Alfaguara) del Nobel Miguel Ángel Asturias. De esta orilla, la novela Un amor (Anagrama) de Sara Mesa, así como el poemario Confía en la gracia (Tusquets) de Olvido García Valdés, ambas piezas de una soberbia depuración idiomática, cada una en su género.

Nombraría además la esencialidad poética de la que fuera última voz del 27, la polifacética Josefina de la Torre, disponible al fin para los lectores en la primera edición de su Poesía completa (Torremozas) y de Cuando ayer no puede ser mañana. Prosa breve reunida (La Bella Varsovia). Añadiría a la lista esa joya que es Un lugar llamado Antaño (Anagrama), de la Nobel polaca Olga Tokarczuk, y sumaría dos títulos por su valentía y buen hacer: Las malas (Tusquets) de Camila Sosa y Panza de burro (Barrett) de Andrea Abreu, con edición de Sabina Urraca. Y van ya diez libros estupendos para este extraño 2020. Lo importante es lo que queda.

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Selena Millares es escritora. Su último libro publicado es La isla del fin del mundo (Barataria).

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