Los diablos azules

De 'La peste' a los cuentos por videollamada para los nietos

Portada de Vida económica de Tomi Sánchez, de Javier Sáez de Ibarra.

El fatídico marzo me llevó de cabeza a La peste, de Albert Camus, soy algo masoca, pero me orientó sobre las reacciones de la naturaleza humana en tiempos de pandemia. Pasado el susto, seguí con la Ilíada y la Odisea, la mejor manera de viajar estando encerrada, me sumergí en los Cuentos completos de Katherine Mansfield y volví a Puntos de luz en la noche, de Isabel Cienfuegos, un gran libro de relatos. Menciono también la antología de jóvenes-jóvenes (de trece a veintipocos años) Las cerezas también sangran, publicada por Evohé, porque me he invadido la esperanza de futuro al leerlos. En poesía, me sorprendió el libro de Sonia Aldama Sucede la noche, publicado en Enkuadres. He releído La señora Dalloway de Virginia Woolf. Dos grandes libros cayeron antes del verano: Los errantes, de Olga Tokarczuk y La claridad de Marcelo Luján, ganador del Premio Ribera del Duero. Después volví a Tormento, de Galdós, (me encanta leerlo en verano) que la tenía olvidada y la recordé por un comentario de Almudena Grandes (grande La novia de Frankenstein). Leí también el libro de Cristina Sánchez Andrade El niño que comía lana, ganador del premio Setenil 2020.

Compartí septiembre entre los Cuentos completos de Thomas Wolfe y Vida económica de Tomi Sánchez, de Javier Sáez de Ibarra, pasando por Una casa lejos de casa, de Clara Obligado, su primer ensayo; y también La vida difícil de SlawomirMrozek, porque en momentos de bajón me sube el ánimo. Ya al final del año, como un regalo de los dioses del Olimpo, me he sumergido en la antología Vindictas: descubrimientos de escritoras latinoamericanas del siglo XX, entre ellas, ante la que me descubro y me pongo de rodillas, Rosario Ferré. La Editorial Ménades ha sacado una antología de microrrelatos, Relatos nada sexis, que es muy divertida y puede ser un buen regalo, en especial para maridos, hermanos, amantes, amigos.

Ah, se me olvidaba: durante el confinamiento, he leído cuentos a los nietos vía Skype. Me ha gratificado comprobar que Gianni Rodari y Roald Dahl siguen siendo clásicos intergeneracionales. Han sido capaces de estarse quietos durante más de una hora, con tres y cinco años, mientras yo les leía y sus padres aprovechaban para el teletrabajo o la comida. Que no es poco.

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Carmen Peire es escritora y su último libro esCuestión de Tiempo (Menoscuarto)

'Vindictas', una defensa de las escritoras latinoamericanas contra el prejuicio machista

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