Pregúntale a Sarah Connor (Calaverita Records, 2026) es el nuevo disco de Nat Simons (Madrid, 1989). A través de la figura de la protagonista de las películas de Terminator, que nos avisaba de un mundo dominado por las máquinas sin que nadie la hiciera ni caso, el álbum se convierte en un alegato por la humanidad, la creatividad y la pasión en tiempos de algoritmos, sobreinformación e inteligencias artificiales. También en un viaje a la nostalgia por la época en que crecimos, la decepción ante un presente distópico y la incertidumbre ante un futuro precario. Todo ello con el pulso de un rock clásico con gusto por las melodías como venido de otra época, cuando las cosas se hacían de otra manera. Muchos asuntos que tratar, vamos allá.
¿Cómo se pasa de un trabajo como Felinas (2024), de reivindicación de las mujeres en el rock, a Sarah Connor intentando salvar el mundo?
En Felinas había una reivindicación de la mujer en el rock y la resistencia, y Sarah Connor aúna muchas cosas porque es un icono femenino. Pero el mensaje de este disco va mucho más allá, sobre todo para una generación que hemos vivido lo orgánico y una serie de cosas que ya no existen y que tenemos un poco de nostalgia o añoranza de aquellos años. Además, yo venía de una etapa más electrónica, pero a mí me gusta mucho el rock clásico y de los setenta, y este es un disco totalmente orgánico, tocado y atemporal, con lo cual también es un poco reivindicativo en ese sentido.
Porque crear algo tan orgánico es casi una rareza en este mundo tan artificial.
Y por eso cobra más sentido hablar ahora de la figura de Sarah Connor y Terminator que si lo hubiera hecho antes de toda esta revolución de la inteligencia artificial (IA). Ahora estamos en una época en la que de repente parece que vivimos en ese futuro distópico del que hablaban las películas de los ochenta. Yo, por ejemplo, estuve muy enganchada hace años a la serie de Black Mirror, que son futuros no muy lejanos que dan un poco de miedo, y eso también me hizo pensar bastante y reflexionar hacia dónde vamos. Me parecía interesante cómo Sarah Connor aunaba un montón de discursos que tiene el disco, como el pasado, el presente, el futuro, la distopía, la resistencia, el sentirse también un poco incomprendido haciendo rock. Porque Sarah Connor, aparte de ser una heroína, es una incomprendida porque nadie la creía. Y digo yo: ¿qué hay más incomprendido que hacer rock? (risas).
Hay chavales que, sin haberlos vivido, echan de menos los años en que no había nada digital
Entonces, ¿Sarah Connor tenía razón cuando nos avisaba de las máquinas que iban a dominar el mundo?
Tenía razón. Porque además, claro, esa es la gracia del asunto, que yo lo uso como ironía y causa risa, pero a ver hacia dónde vamos y si es verdad esto de que al final es como nuestra extinción. De hecho, recuerdo una película, Ex Machina (2014), que habla de cómo el humano crea una máquina que es más inteligente que él. ¿Pero cómo podemos hacer esto? Es absurdo, es como tirar piedras sobre nuestro propio tejado.
¿Acabará la IA con la creatividad humana?
Creo que no, tengo esperanza. De hecho, veo un poco un retroceso e incluso hay chavales que echan de menos los años cuando no había nada digital sin haberlos vivido. Eso es curioso, pero es que el humano necesita lo físico. El otro día pasé por una gran tienda del centro y estaba llena de chavales de 18 o 20 años comprando vinilos, y es que al final estamos hechos para tocar, oler y esas cosas. Sí que es verdad que la IA se puede usar como una herramienta, pero como nos sustituya es cuando estamos jodidos porque nos convertimos en Terminator. Sería como extinguirnos por nosotros mismos.
Parece que vivimos en ese futuro distópico del que hablaban las películas de los 80
¿De ahí la canción Especie en extinción?
Esa la escribí pensando que somos una generación que hemos vivido una cosa y ahora estamos de alguna manera en un estado extraño de incertidumbre, de que lo que nos prometieron no es lo que es. Es algo generacional, que puede verse un poco referido a los músicos porque en el videoclip se muestra mucho nuestro día a día, de que el concierto es la punta del iceberg pero por debajo hay ensayos, viajes, palizas y esfuerzo económico físico y emocional. Quería también mostrar esa parte de la pasión, porque muchas veces veo que las nuevas generaciones están como agotadas, se han dado por vencidas y ya no tienen esa cosa pasional. Porque mi generación se encontró de frente con todas estas crisis, pero hemos sabido reconducirnos y todavía guardamos un puntito de ilusión de que de repente vaya a cambiar la cosa, pero a las nuevas generaciones las veo como que ya se han dado por vencidas porque 'esto es lo que hay'. Eso me da pena y creo que en la música al final también somos de resistir, de vivir con incertidumbre constantemente, y justo por eso me tomo en positivo ser una especie en extinción.
El álbum se abre con Delorean, una canción que, claro, es un viaje al pasado, un regreso al futuro. ¿La nostalgia nos hace bien?
Nosotros sufrimos de nostalgia, es una cosa que tenemos ya intrínseca. Echar de menos cosas que han desaparecido es lo que se siente a mi edad. Es verdad que éramos pequeños cuando vivíamos en aquella época, así que es un poco engañoso, porque era una época maravillosa porque no tenías responsabilidades, aunque yo no sé cómo vivía en los años ochenta o noventa alguien de treinta, pero yo la recuerdo como una época casi mágica de llamarse al telefonillo, mandarse cartas, postales, comprar discos en las tiendas... ojalá volviéramos a esa época. Creo que nos pasa un poco a todos, aunque sea engañoso y aunque seguramente esta época también tenga algo muy especial que no estamos viendo en el momento. Estamos siempre viendo lo negativo pero también hay cosas bonitas, y seguramente dentro de veinte años echemos de menos 2026. Por eso, he aprendido a no ser nostálgica, aunque lo haga en las canciones porque es mi naturaleza, pero al mismo tiempo intento ser más positiva en mi día a día y no estar diciendo todo el rato 'guau, el pasado era mejor'. Era mejor, pero intento ver que este presente también mola, porque si no te hundes en la miseria, no puedes estar todo el rato diciendo 'no me gusta nada la música de ahora', también tienes que pensar en lo bueno.
¿Las canciones son la forma más poderosa de viajar en el tiempo?
Sí. Además, el oído es muy poderoso, el otro día leí que es lo último que se pierde cuando te mueres. Incluso hay gente con Alzheimer que a lo mejor no se acuerda de nada, pero le pones una canción y la recuerda. Eso me parece tan poderoso que alucino. A mí me pasa también con los perfumes, cuando de repente un olor te lleva a un momento, a una persona, a la mejor incluso hasta la guardería. Pues con las canciones me pasa lo mismo y por eso Delorean tiene ese simbolismo de que una canción es como un Delorean que te puede llevar a cualquier época.
¿Están perdiendo las canciones ese poder por tenerlas tan a mano en el móvil, por este bombardeo de lanzamientos que nos pasa por encima y hace que no seamos capaces de prestarles la atención de antaño? A lo mejor nuestra propia memoria se resiente por estos tiempos fugaces.
Eso es verdad, y ya no solo por el agobio y el bombardeo constante de información. Es imposible escuchar todo lo que sale a diario, yo personalmente no puedo dedicarle ese tiempo, incluso hay veces que me envían algo y me da pereza. Yo compro vinilos porque me digo 'voy a comprarme este y escucharlo', pero estar constantemente intentando descubrir música en streaming me satura mucho. Y, desde la otra parte, para los artistas también es muy malo, porque estar obligada a sacar canciones cada poco tiempo te mata la creatividad. Es como tener que estar metiendo moneditas a una máquina todo el tiempo para que funcione y eso a nivel creativo es muy negativo porque te obliga a crear canciones como churros.
Se trata de producir y producir, que es justo lo contrario a lo que tiene que ser la creación.
¿Por qué antiguamente la gente grababa discos tan buenos? Hombre, nos ha jodido, porque tenían tiempo (risas). Pero es que ahora te exigen estar constantemente sacando cosas, y por eso la gente saca, efectivamente, cualquier cosa, y no le presta tanta atención a la calidad o a hacer un disco artesanalmente dedicándole tiempo y cariño. Eso se está perdiendo. Dentro de lo que cabe, yo lo hago de una manera que es casi imposible, porque intento pensar que no vivo en esta época, que estoy en otra, saco discos de vinilo y que son económicamente inviables hasta el punto de que nunca me va a retornar esa inversión. Soy consciente de que lo hago como si fuera otra época y sé que la gente no está por la labor de hacer algo así, pero es que a mí al final la música que me gusta se hace así, con cariño, con una banda en directo, en un estudio, cuando ahora normalmente la gente coge un estudio casero donde se lo graba todo porque quieren una canción detrás de otra. Y eso nos está matando poco a poco la creatividad, haciendo canciones como si fueran churros, hamburguesas del McDonald's, y no creo que eso sea nada bueno.
Estar obligada a sacar canciones como churros cada poco tiempo mata la creatividad
Este disco es todo lo contrario, está grabado en Nashville, con todo lo que eso significa.
Y eso es un capricho porque es caro, pero es también una pasada. Yo creo en esta manera de hacer las cosas porque a mí me gusta consumir la música así y creo que a la gente que me sigue también le gusta de esta manera. Es como vivir en una burbuja, pero es que también mola hacer las cosas diferentes, no ir con lo que te diga el sistema. Creo que es bonito, es romántico, es amor por la música. Y hay mucha gente que ama la música, yo lo veo yendo a salas pequeñitas de provincias que lleva gente que podría abrir cualquier otro negocio pero lo hace por un amor a la música que no se puede extinguir de ninguna manera para que no acabe siendo todo un producto total como cualquier otro.
Nos decía hace unos días Rodrigo Cuevas que "las cosas bellas son las que no se monetizan".
Efectivamente. Muchas obras de arte al principio eran incomprendidas y luego son las que han perdurado, las que han cambiado la historia porque alguien creó algo nuevo. Las vanguardias nunca suelen ser comerciales al principio, hasta que de repente un montón de gente hace eso y pierden el sentido.
Cambio de tercio: Alain Delon va, con humor, contra los clichés de la estrella del rock 'castigadora' desde la perspectiva de una mujer harta de ellos.
Me estaba quedando un disco muy serio y necesitaba ese tipo de canción, que también es muy de mi personalidad, en la que usar la ironía y el sarcasmo. En primera persona, además, porque todo este álbum es bastante así, y este es un cliché real que yo he conocido porque he dado con este tipo de gente. Bueno, yo creo que todo el mundo conoce un Alain Delon (risas).
A partir de esta canción, que denuncia el patriarcado en la música, en lugar de preguntarte sobre el machismo quiero preguntarte si cansan las preguntas sobre el machismo en el mundillo musical, pues las mujeres lo habéis denunciado mil veces.
Yo siempre voy a hablar de lo que me preocupa, ya no solo del machismo, sino de un montón de asuntos que tocan a cualquiera con un poco de conciencia social. Pero sí que es verdad que me fastidia por qué los periodistas no entrevistan a los programadores o a los que organizan los festivales. Sería más interesante preguntarles a ellos que a nosotras: 'Oye, ¿y por qué no hay más mujeres en este cartel?' Porque está claro que nosotras queremos trabajar igual que nuestros compañeros, puesto que vivimos de ello todos, con lo que obviamente yo también quiero estar en los festivales, quiero tocar y no solo en marzo, que es como el mes de mujeres, porque yo como todo el año. Por eso, me gustaría que se dirigieran más las preguntas hacia otro lado, ya que al final es hacer la pregunta adecuada a la persona adecuada. Aquí hablamos de preguntarle a Sarah Connor, que es lo adecuado, y no de preguntar tanto a ChatGPT, y esto es lo mismo, pregúntale a la persona que no está haciendo que esto se solucione. Aparte, no me gusta tampoco cuando se aprovecha esa pregunta para el titular, que eso también pasa, y hay periodistas a los que les gusta ahondar en eso para que sueltes algo comprometido, que luego se puede sacar de contexto en las redes sociales, donde la gente opina sin leer la entrevista. Y solo un mal titular sacado de contexto te puede fastidiar la carrera artística. En cualquier caso, este es un tema del que hay que seguir hablando, pero creo que también deberían hablar otros aparte de nosotras.
También tendríamos que dejar de comparar a las mujeres solo con otras mujeres.
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Nos gusta meter ciertas cosas en sacos, y es absurdo hacer que el género sea como un estilo musical. Cuando yo empezaba, no entendía por qué me comparaban con tías de aquí que no conocía de nada, cuando a lo mejor me estaba fijando en Bob Dylan o en el folk americano. Me llamaba poderosamente la atención cómo me metían en el saco de tías que tocaban la guitarra o folk en inglés, cuando lo mío era más country rock. Es una cosa a estudiar.
¿Qué es el éxito para Nat Simons en 2026 comparando con lo que soñaba en su habitación escuchando vinilos tres décadas atrás?
Me olvidé hace ya tiempo de eso de tener metas en plan 'hasta que no haga esto no me voy a quedar contenta'. Creo que si hay un secreto de la vida, sinceramente, hasta el día de hoy te puedo decir que es disfrutar del camino que estás haciendo. Con sus más y sus menos, claro, porque yo he tenido altibajos, no todo el tiempo he podido vivir de la música desahogadamente. Pero lo bonito es vivir ese camino, con todas las experiencias que conllevan y los pequeños éxitos, como que alguien se te acerque y te diga que una canción tuya le ha ayudado en algo. Más que el éxito como algo global, son los pequeños detalles del día a día, el no perder la ilusión, mantener esa juventud que nos da hacer algo que nos gusta. A mí me dicen de pequeña que voy a vivir de la música y no me lo creo, sinceramente. Es que imagínate que te dicen 'vas a llenar el WiZink Center pero va a ser un camino de mierda'. ¿Eso de qué te vale?
Pregúntale a Sarah Connor (Calaverita Records, 2026) es el nuevo disco de Nat Simons (Madrid, 1989). A través de la figura de la protagonista de las películas de Terminator, que nos avisaba de un mundo dominado por las máquinas sin que nadie la hiciera ni caso, el álbum se convierte en un alegato por la humanidad, la creatividad y la pasión en tiempos de algoritmos, sobreinformación e inteligencias artificiales. También en un viaje a la nostalgia por la época en que crecimos, la decepción ante un presente distópico y la incertidumbre ante un futuro precario. Todo ello con el pulso de un rock clásico con gusto por las melodías como venido de otra época, cuando las cosas se hacían de otra manera. Muchos asuntos que tratar, vamos allá.