Dos años y medio después de su primer disco, regresan Pipiolas con un álbum homónimo en el que Adriana Ubani Álvarez (Las Palmas de Gran Canaria, 1997) y Paula Reyes Morillas (Alcorcón, 1995) reflexionan sobre quiénes son desde un lugar más adulto, convertidas ya por derecho en uno de los nombres más prometedores del pop independiente español. Hablamos con ellas de su momento vital y musical.
¿Qué es Pipiolas?
PAULA: Somos dos amigas que formaron un grupo sin pretensiones y que ahora están encontrando su personalidad.
ADRIANA: Y estamos viendo cómo esto, que nace sin ningún tipo de pretensión, de repente se profesionaliza. Hay un punto ahí entre cómo conviertes algo que ha empezado como una especie de hobby en algo que es parte de tu trabajo. Llevamos ya tiempo, pero no tanto, así que estamos buscando ese punto medio.
Este es solo vuestro segundo disco, pero ya se ve una madurez.
P: Realmente empezamos de una forma tardía, porque hay otros grupos que empiezan con 15 o 16 años tocando en el garaje de su casa, y nosotras ya nos hemos conocido de una forma profesional en el escenario, que es nuestro medio natural. Partimos de una madurez personal y artística, pero el proyecto en sí es un neonato.
A: Claro, pero las personas que estamos detrás no somos nuevas. Hay madurez, pero no la madurez final a la que se pretende llegar. Al final todo va cambiando y por lo tanto madurando, pero sí, hay un cambio desde el principio hasta ahora, es algo que va evolucionando porque es lo que hacemos las personas en general y, si tienes un proyecto, obviamente se ve afectado.
¿Se madura más rápido dedicándose a la cultura en general y a la industria de la música en particular?
A: Como hay una parte que es de exposición, hay un momento en el que madurar es la consecuencia de querer hacer las cosas más cuidadas. Estar todo el rato expuesto a una mirada externa te obliga a ir haciendo esos ajustes porque te das cuenta de lo que quieres hacer.
P: Es extraño porque te expones constantemente. Confluyen cosas que no sé si te hacen madurar, pero sí te hacen enfrentarte a cosas que no tendrías que enfrentar de forma normal.
Hay veces que te están pasando cosas buenas, todo está bien en tu vida, pero tú no estás bien
Musicalmente, este disco es totalmente pop ochentero, pero vosotras no crecisteis en los ochenta.
A: Pero en España los ochenta fueron muy importantes y para Paula tienen muchas referencias.
P: No crecí en los ochenta, pero la música que se oía en mi casa era de los ochenta. Tampoco es que Pipiolas sea ochentero, a nosotras nos gusta ser eclécticas y en este disco hemos tirado por aquí porque nos apetecía, pero, por ejemplo, en el disco acaban diluyéndose los sintes y van entrando las guitarras al final. El disco anterior era mucho más guitarrero, pero nosotras somos pop, eso seguro, y el pop tiene muchas aristas y nos gusta jugar con ellas.
A: Es que al final la música de los ochenta fuerte en España también era muy pop. Hemos gravitado hacia eso de manera natural. Si no hubiera sido en este disco, sería en el siguiente, porque es algo que Paula ha mamado mucho, sobre todo en su casa, y pega con nuestra identidad.
P: Tampoco es lo mismo Loquillo que Mecano, o Alaska en todas sus facetas, desde Dinarama hasta Fangoria. Al final la idea es no quedarnos solo en una cosa.
¿Es No tocar una canción dedicada a un tipo de hombre tóxico y abusador en particular?
P: No buscamos una reivindicación directa todo el rato. Al final, hablas de cosas que te pasan y eso, en sí, es la propia reivindicación. Al componer No tocar queríamos hacer música, no una canción política, esa no es la pretensión. lo que pasa es que a las mujeres que hablan de cosas en la industria de la música ya enseguida se nos pone la etiqueta de reivindicativas. A mí me empieza a cargar un poco esto porque quita el foco de la música, que es a lo que nos dedicamos. La política está en todo, lo defendemos y tenemos este discurso, pero con No tocar lo importante es la música.
A: Una canción de una temática similar en un grupo de tíos sería a lo mejor una canción de desamor, no una canción reivindicativa, política, de queja, de denuncia social. En ningún momento se atribuirían esas características a una canción que hubieran compuesto hombres. Estamos todavía muy acostumbrados a que todo lo que hacemos las mujeres tiene una razón como de queja detrás. La hay, pero de manera natural. Obviamente, si tengo una mala experiencia con un tío y escribimos una canción sobre eso, hay una parte en la que me estoy quejando de que este tío ha sido un gilipollas.
P: Pero no es una canción sobre las agresiones sexuales, no tiene nada que ver.
A: No estamos todo el rato pensando en tener que estar con la voz en alto por una queja, a veces las mujeres también simplemente hablamos de cosas que nos pasan sin una pretensión más allá. Y lo que nos pasa es universal, pero todavía cuesta entender que lo que hablamos las mujeres sea universal. En este caso, hablamos de una persona que te miente y ya está, pero no te está violando. La pretensión es hacer música y hablar de lo que nos pasa, que también le puede pasar a los hombres. Nosotras también queremos hacer música, ocupar los mismos espacios y ya está.
No hay que estigmatizar que la gente no esté feliz todo el tiempo
Mostrar esa universalidad es tarea también para los periodistas, porque preguntar a estas alturas cómo es ser mujeres en la música es machista en sí mismo.
P: Y quita espacio de algo más genérico como '¿qué música hacéis?' Me parece súper interesante que los periodistas, más siendo hombres, se den cuenta. Y no hay un enfado con la gente que no lo vea, porque todos somos víctimas de una estructura. Cuando hablamos con periodistas hombres hay un punto de dialogarlo para que se haga la reflexión y con eso hacer una sociedad mejor poco a poco. Pregúntale a Sorogoyen, por ejemplo, qué le parece que haya pocas mujeres en la industria del cine. A él no se le pregunta sobre eso y no se le quita espacio de hablar sobre su proyecto, pero con nosotras es rellenar entrevistas sobre eso.
¿Por qué donáis los derechos de la canción Menores a la Asociación de Mujeres en la Industria de la Música (MiM)?
P: Esta sí es una denuncia.
A: Esta canción sí lo tiene porque, sin entrar en detalles, habla de algo que sí que nos pasa a todas las mujeres y, sin duda alguna, sabemos con toda certeza que les pasa a todas las mujeres en la música.
P: Es un hecho que se sabe que existe, pero de algunos se habla y de otros no. Esta canción tira abajo esta cosa de 'qué horrible lo pasan los hombres, que con una denuncia pueden joderles la vida', cuando en realidad están en el privilegio y en esa torre de marfil. Desde ahí arriba las consecuencias son que llenas dos WiZink Center, la realidad es que no afecta a tu vida, a las que afecta es a las víctimas. Y no puede ser que ese lugar de poder que es tener fans sirva para usar la admiración como arma de abuso. Reivindicamos eso y por eso lo donamos a la Asociación MiM.
Hablemos de otra canción: NaNaNa. ¿Todos los sentimientos acaban en el cementerio?
P: Todos los sentimientos acaban en el cementerio, igual que las propias vidas (risas).
A: Esta canción es también decir que muchas veces la gente cree que tiene más poder sobre ti del que realmente tiene, cuando a lo mejor lo que pasó solo es que durante un mes me obsesioné contigo, pero no tienes tanta importancia. Yo no estoy en mi casa diciendo 'por qué no aprovechó aquel tiempo'. Pero que no, amor, que esto es solo un rato porque me aburro y cuando se me pase el aburrimiento se me pasará lo tuyo (risas).
¿Hasta donde se pudo habla del imperativo social de alcanzar un determinado tipo de felicidad máxima y cómo eso termina haciéndonos infelices?
P: No hay que estigmatizar que la gente no esté feliz todo el tiempo. Está bien hablar sobre la muerte, sobre las depresiones, sobre el suicidio. Recuerdo el caso de la eutanasia de Noelia y creo que no pasa nada porque alguien decida que no quiere estar aquí. Se trata de decir ‘fui feliz hasta donde se pudo de la forma en la que pude’. Obviamente, no es una apología del suicidio, pero sí es cómo sonaría una carta de suicidio en la que no todo tiene que ser tristeza. Reflexionar sobre la propia existencia y qué hacemos aquí.
A: Aunque no sea una apología del suicidio, sí recuerda que hay una parte en la que tienes control sobre lo que haces. Nadie decide que quiere estar vivo, a nadie le preguntan si quiere nacer, y hay una parte casi de justicia poética de que esa decisión final tendría que ser nuestra, no tendría que ser una decisión moral ni eso de ‘Dios tiene los tiempos para cada uno’. Y volviendo a lo de ser feliz, es que hay veces que te están pasando cosas buenas, todo está bien en tu vida, pero tú no estás bien. Y, además de no estar bien, estás sintiendo el sentimiento de culpa porque tendrías que estar feliz y agradecida porque te están pasando esas cosas que no le pasan a todo el mundo. La vida no es lineal, tiene picos, y está bien así. Al intentar que no sea con esos picos es cuando entran las depresiones y las ansiedades, parece que todo tiene que estar zen todo el tiempo.
P: Esta es una carta de suicidio con música. Volviendo con la eutanasia, ha sido horrible todo el circo mediático que se ha montado alrededor y ver cómo la gente se puede sentir con derecho sobre una vida por sus valores religiosos. Yo es que soy fuertemente antiteísta, con eso ya te digo todo.
A: Y es que esa chica tomó esa decisión porque unos hombres no le habían dejado decidir sobre su cuerpo. Y después otro hombre más, su padre, quería seguir decidiendo sobre su cuerpo.
P: Ella tomó su decisión, dejadla libre. Los de Abogados Cristianos, una vez la salvaran, no iban a volver a saber nada de esa persona. ¿Por qué es relevante para ti tener el control sobre según qué vidas?
Otra canción: Feria Cañete. Un recuerdo de tiempos felices de la infancia. ¿Siempre nos damos cuenta tarde de que estamos en un momento bonito? ¿Estamos demasiado proyectados al futuro y recordando el pasado en lugar de vivir el presente?
P: Y es una putada (risas).
A: Hay que hacer el ejercicio de estar en el presente en ese momento que está siendo bueno.
P: Pero a veces, aunque hagas ese ejercicio, es que no es fácil conectar con ello, y de repente te viene como una epifanía de darte cuenta de que igual dentro de 30 años vas a decir 'ojalá volver a aquel momento'. Es algo catártico. La clave de la felicidad es estar en el presente del aquí y el ahora, pero eso es lo más complicado.
A: De ahí lo de hacer el ejercicio de estar en el presente del momento que luego sabes que vas a añorar.
¿Qué es el éxito para Pipiolas en 2026?
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A: Como Pipiolas era algo que no tenía una pretensión clara, era solo ir viendo a dónde nos iba llevando, y nos ha llevado a sitios muy buenos, potentes e importantes. Ahora mismo, el éxito es que el disco tenga el recorrido y el reconocimiento que se merece de manera real, porque no veo claro ahora mismo que vaya a tener el que de verdad considero que merece.
P: Dejar de ser precarias.
A: Claro, va de la mano. Creo que este disco es, a lo mejor, un poco más complicado en según qué aspectos para un público más general, pero creo que tiene lo que tiene que tener. Y nosotras somos jóvenes y pacientes (risas).
Dos años y medio después de su primer disco, regresan Pipiolas con un álbum homónimo en el que Adriana Ubani Álvarez (Las Palmas de Gran Canaria, 1997) y Paula Reyes Morillas (Alcorcón, 1995) reflexionan sobre quiénes son desde un lugar más adulto, convertidas ya por derecho en uno de los nombres más prometedores del pop independiente español. Hablamos con ellas de su momento vital y musical.