"No seas ridícula": la respuesta del grupo editorial Malpaso a los colaboradores que reclaman sus deudas

Saila Marcos | Clara Morales

El pasado martes, la cuenta de Twitter de la editorial Libros del Lince, del grupo Malpaso, despertaba de un letargo de días para lanzar un mensaje. La destinataria: la traductora Ana Flecha, excolaboradora del sello a la que este adeuda unos 4.000 euros por trabajos realizados en 2017. El sello afeaba a esta profesional que se quejara de ello públicamente, y a esto se sumaba poco después personalmente Bernardo Domínguez, empresario mexicano propietario del grupo y los cinco sellos que lo conforman. Las deudas no eran, desde luego, una novedad: se acumulan desde 2016 y son públicas al menos desde el verano de 2018, cuando nació la campaña en redes #MalpasoPagaYa.

La mala reputación del grupo no venía solo por sus impagos. Domínguez fue detenido en julio de 2018, y posteriormente puesto en libertad con la retirada del pasaporte, para aclarar su presunta relación con el caso de blanqueo de capitales de los Pujol Ferrusola. Lo que resultaba novedoso era el tono de la estrategia comunicativa de la empresa. El propio Domínguez no dudaba en responder por Twitter a Flecha: “No seas ridícula! Se te deben poco menos de 4 mil euros”. Renovado fue también el enfado de los numerosos profesionales a la espera aún del pago de Malpaso, que recuperaron el hashtag y la protesta para hacer públicas las deudas del grupo, algunas de las cuales se encuentran ya en los tribunales. Todo esto coincide con el regreso al mercado de algunos de los sellos del grupo, inactivos desde finales del año pasado, y con su presencia con dos casetas en la Feria del Libro de Madrid.

El propio Domínguez asegura a este periódico que si tachó de “ridícula” a Flecha no fue por la deuda que esta reclama, sino por una intervención anterior de la traductora, en la que decía: “Yo tampoco puedo pagar a proveedores de servicios, y por eso no he montado una empresa, ni contrato trabajos que sé que no voy a poder pagar”. El empresario critica por correo electrónico —enviado días después de que este periódico se pusiera en contacto con la editorial para recabar su versión— que la afirmación de que Libros del Lince solicitó sus servicios a sabiendas de que no los pagaría es una “calumnia”. Asimismo, el presidente del grupo insiste en que la acusación de "ridícula" no la realiza Malpaso, sino él mismo a título personal.

El grupo Malpaso (formado por los sellos Malpaso, Libros del Lince, Biblioteca Nueva, Salto de Página y Dibbuks) hizo público un comunicado en la tarde del miércoles, firmado por el propio Domínguez, en el que abordaba la cuestión. Domínguez asegura que “a las empresas no les faltó capital”, sino “una estrategia adecuada”, y defiende que en julio se inició un proceso de reestructuración para afrontar los pagos. Promete abonar en los próximos cuatro meses el 100% de la deuda, más el 5% de interés, a los acreedores de menos de 2.000 euros. Para los acreedores a quienes se adeude más de esa cantidad, no se especifica plazo de pago, aunque se les promete el pago total de la deuda y el mismo 5% de intereses anuales si aceptan “el plan de garantía”. En el comunicado, Bernardo Domínguez insiste en que no es “el dueño” de Malpaso, sino “su presidente”, aunque también es el principal accionista del grupo. 

 

A excepción de los matices sobre las palabras de Domínguez, Malpaso ha declinado responder a las preguntas que le ha trasladado este medio sobre el volumen total de su deuda, el número de acreedores, los procesos judiciales abiertos por impago o la decisión de acudir a la Feria del Libro de Madrid. Desde el pasado mes de mayo, Malpaso ha dejado de publicar con su hasta entonces empresa matriz, Malpaso Ediciones SL, para hacerlo con Malpaso Holding SL: la editorial tampoco ha querido aclarar a este periódico el motivo del cambio.

A Ana Flecha le deben dos traducciones y un informe de lectura desde el año 2017, pero no es la única afectada, subraya en conversación con infoLibre. La traductora ya era una habitual colaboradora de Libros del Lince antes de que la empresa fuera comprada por el sello de Bernardo Domínguez en mayo de 2016. Cuando cambió de dueños, siguió colaborando: hizo dos traducciones cuya factura fue abonada y a partir de ahí empezaron los problemas. Reclamó la deuda por correo electrónico, por teléfono, presentándose en las oficinas de Malpaso, a través de un burofax… hasta terminar iniciando un proceso monitorio en el juzgado de primera instancia de Barcelona, todavía en proceso de resolución.

El caso de Flecha es muy similar al de la también traductora Silvia Moreno. En 2015 se encargó de la traducción de Solterona, de Kate Bolick, que “se pagó según los términos pactados en un contrato impuesto por la propia editorial”. Un año más tarde le pidieron un nuevo trabajo, pero a la hora del pago, la empresa hizo una interpretación diferente del cómputo de la remuneración de la traducción, según cuenta Moreno, con el objetivo de “pagarle menos”. “Tras retrasos en el pago y numerosas excusas, hablé con una trabajadora que me informó que ‘desde arriba habían dado la orden de que no se me pagase”, explica la traductora. Moreno presionó a través de los abogados de ACE Traductores y consiguieron que Malpaso finalmente asumiera la deuda, pero con matices: “Me pagaron lo que ellos consideraron, que no se correspondía con lo que había en mi factura ni con lo pactado”. Interpuso un procedimiento monitorio y el juzgado le dio la razón, pero a día de hoy, Moreno todavía sigue pendiente de que se le abone la diferencia de esa factura además de los derechos por la traducción de Solterona. En total, algo más de 900 euros.

 

La lista de agraviados es larga: en 2018, la periodista y escritora Laura Fernández contaba en El País que Malpaso nunca llegó a pagarle una traducción de una novela de Stephanie Butland que hizo para Lince Ediciones. Otro colaborador, un ilustrador que publicaba hace unos meses en uno de los sellos de Malpaso, aún está pendiente del pago de la factura, ya que desde la editorial le responden que tienen “problemas con el libro” y que el ingreso por su trabajo “va a tardar”. En Twitter, el escritor, traductor y corrector Antonio Rómar insistía en que Salto de Página le debía aún cuatro facturas por valor de 2.000 euros, una reclamación ya judicializada: “Si tan poca cosa son dos o cuatro mil euros, no entiendo cómo no podéis pagarlo”, afeaba a Bernardo Domínguez.

El pasado abril, la traductora Bea Galán denunciaba también a través de Twitter que Malpaso no le había pagado su traducción de Cuando te golpeo, un libro de Meena Kandasamy editado en mayo de 2018, a lo que la propia autora india contestaba que a ella tampoco le habían pagado sus derechos. El grupo editorial conocía las quejas de sus colaboradores desde mucho antes de que saltasen a las redes. Una antigua empleada de la editorial, que estuvo en plantilla durante seis meses en 2017, relata a infoLibre que ya entonces recibían “llamadas diarias a la empresa por parte de la gente a la que se debía dinero” y que ni siquiera los empleados sabían la fecha en la que iban a cobrar.

En un comunicado lanzado este miércoles, ACE Traductores, la sección autónoma de traductores de libros de la Asociación de Escritores de España, mostraba su apoyo tanto a Flecha como al resto de los afectados por los impagos de Malpaso, respaldo que también ha secundado la Asociación Profesional de Ilustradores de Madrid desde su cuenta de Twitter. “ACE Traductores rompió en diciembre de 2016 toda relación con el grupo Malpaso, debido a que ya en ese momento había tenido noticias de sus socios respecto a incumplimientos contractuales e impagos, y expulsó al grupo de la lista de editoriales firmantes de su contrato tipo”, explican. Tras mostrar su rechazo a “cualquier tipo de presión a quienes están haciendo denuncias públicas”, la asociación ha pedido al resto de actores del sector editorial que condenen estas prácticas “para no exponer a los profesionales a estas situaciones de indefensión”.

Todo esto coincide con el regreso al mercado de algunos sellos del grupo, dormidos desde finales del año pasadodormidos . Según la base de datos del ISBN y los datos de la asociación de gremios de libreros CEGAL, Malpaso no publicaba novedades desde ese noviembre, cuando Malpaso Ediciones SL, la empresa que lo sostiene, sacó a la venta el libro Grandes cócteles del mundo, de Ramón Úbeda. Pero este mes de mayo, la editorial ha reaparecido sorpresivamente con dos nuevos títulos: La biblia según Dios, del usuario de Twitter @diostuitero, y Yo soy Brian Wilson y tú no, del miembro de los Beach Boys. Había otra novedad: la empresa tras estos libros no era ya Malpaso Ediciones SL, sino Malpaso Holding SL. La dirección de esta nueva sociedad es la misma que ocupan los sellos del grupo, y la organización no explica este cambio de matriz, que llevará a cabo su actividad formalmente ajena a los litigios a los que hace frente su predecesora. Desde este mismo mayo, Malpaso se presenta ante las librerías con una nueva identidad empresarial, Malpaso y Cía, y las cuentas en redes sociales de las distintas filiales del grupo derivan al Twitter @MalpasoyCia para estar al tanto de sus novedades.

Los diferentes sellos del grupo han corrido distinta suerte. Biblioteca Nueva publicaba en enero Impresiones y paisajes, libro de viajes de Federico García Lorca, con edición de Jesús Ortega y Víctor Fernández e ilustraciones de Alfonso Zapico. Libros del Lince lanzó dos títulos en septiembre de 2018, Killing Eve, de Luke Jennings, y Ángel Negro, de Manuel Gago. Según la agencia del ISBN, Salto de Página no saca novedad desde julio de 2018, cuando publicó Umbral de la primera ola, de Jesús Díaz Armas. La única editorial del grupo que sigue publicando de manera regular es Dibbuks: Malpaso adquirió el 70% de la firma en 2016, pero la empresa ha mantenido desde entonces cierta independencia gracias a la intermediación de su editor, Ricardo Esteban, que conservaba el otro 30%. Desde que este anunció su salida para el pasado 30 de abril por “discrepancia societaria a ambos lados del accionariado”, el futuro del proyecto es incierto. "Los sellos seguirán publicando novedades y reimprimiendo títulos de las más de tres mil referencias que tenemos", asegura Bernardo Domínguez en el comunidado. 

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Una última decisión empresarial de Malpaso ha puesto la guinda al enfado de los acreedores: desde el pasado viernes y pese a las deudas acumuladas, el grupo mantiene abiertas dos casetas en la Feria del Libro de Madrid, una para Malpaso, Libros del Lince, Biblioteca Nueva y Salto de Página y otra para Dibbuks. Según cálculos de este periódico, esto implica un gasto mínimo de 8.900 euros y 11.800 euros: entre 3.282 y 4.285 euros por caseta, dependiendo del tamaño y según las estimaciones de la propia organización de la feria, y entre 1.200 y 1.600 euros aproximadamente por el salario de un librero por caseta a jornada completa. El reglamento de la Feria del Libro de Madrid recoge que estarán excluidos del evento los libreros, editores y distribuidores que “no se encuentren al corriente en cualesquiera obligaciones frente a las asociaciones o gremios”, lo que no es el caso de Malpaso según informaciones recabadas por este medio. El alquiler de las casetas se paga por adelantado, algo con lo que ha cumplido este grupo editorial.

*Esta información fue actualizada el lunes 10 de junio para incluir las aclaraciones de Bernardo Domínguez, presidente del grupo editorial Malpaso.

 

El pasado martes, la cuenta de Twitter de la editorial Libros del Lince, del grupo Malpaso, despertaba de un letargo de días para lanzar un mensaje. La destinataria: la traductora Ana Flecha, excolaboradora del sello a la que este adeuda unos 4.000 euros por trabajos realizados en 2017. El sello afeaba a esta profesional que se quejara de ello públicamente, y a esto se sumaba poco después personalmente Bernardo Domínguez, empresario mexicano propietario del grupo y los cinco sellos que lo conforman. Las deudas no eran, desde luego, una novedad: se acumulan desde 2016 y son públicas al menos desde el verano de 2018, cuando nació la campaña en redes #MalpasoPagaYa.

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