Estado de desecho Beatriz Gimeno
Cuando este artículo salga yo estaré de viaje lejos de España. Cuando lo entregue, puede que se haya quedado viejo, pero… he querido ordenar algunas impresiones básicas que creo que no caducarán tan rápido.
1. El 15M identificó muy bien que las puertas giratorias son una forma de corrupción sistémica y las llamadas consultorías no le andan lejos. No debería ser normal que alguien que se ha dedicado a la política acabe siendo millonario. Sí, es legal, pero para muchas personas de izquierdas no es ético. Por eso supuso un pequeño escándalo el anuncio de Alberto Garzón de que iría a trabajar a la consultoría de Pepe Blanco. Lo cierto es que muchas de las consultorías donde terminan la mayoría de quienes han sido altos cargos de la Administración son un engendro capitalista que no aporta ningún valor real; son montajes que sirven para el enriquecimiento de algunos y para aumentar la capacidad de influencia de quienes les contratan. A ello se dedican la mayoría de los expresidentes y altos cargos. Lo que venden son sus contactos, su agenda; nadie lo ha cuestionado y mucho menos investigado. Hasta ahora, hasta Zapatero.
2. Zapatero se convirtió en un referente moral porque planteó una idea de España que rompía en parte con la que se sostenía desde la transición: una España verdaderamente plurinacional, que reconociera la memoria histórica y que avanzara en derechos sociales.
Pueden ser un referente en lo que tiene que ver con Palestina pero no puede abordar de ninguna manera el problema de la vivienda
Como activista feminista y LGTBI podría contar mis experiencias con los anteriores dirigentes del PSOE, capaces de hacer chistes homófobos y machistas en nuestra presencia. Sé muy bien que Zapatero se plegó a la Troika, que aumentó la edad de jubilación, que abrió la era de los recortes, que modificó la Constitución… Zapatero nos libró de la caspa, no del capitalismo. Allá quien pensara que en cuestiones económicas el PSOE era otra cosa que un partido social liberal dispuesto a hacer lo que fuera por salvar el capitalismo financiero. Por eso, hoy pueden ser un referente en lo que tiene que ver con Palestina, pero no puede abordar de ninguna manera el problema de la vivienda. Una cosa no quita valor a la otra.
3. Pero… el mundo ha cambiado desde que gobernaba Zapatero y hoy hay una ofensiva muy diferente a otras que hemos vivido. Ya no se trata de hacer recortes y acabar con los restos de la socialdemocracia, sino con la propia democracia. Los tecnooligarcas no están dispuestos a permitir que nada pueda poner límite a su poder, ningún límite a la destrucción del planeta, a la privatización de todos los servicios públicos, a la implantación de las inteligencias de la vigilancia, etcétera. Utilizan la crueldad, la represión, la fuerza, el desprecio por la ley y el conocimiento etc. Es fascismo (llámalo X) y da miedo.
4. Trump y el genocidio palestino han sacudido el tablero. En Palestina se juega el futuro ético de Europa y de la humanidad. Cualquiera que manifieste la más ligera oposición es un enemigo declarado. El papel de Sánchez en esta cuestión ha sido muy importante. No discuto si se han dejado de vender armas a Israel o no, puede que su oposición al genocidio haya sido simbólica pero lo simbólico es fundamental en un mundo que quiere negar que la matanza de palestinos se esté produciendo, que busca encarcelar y multar a quien pronuncie la palabra “genocidio”. Pronunciarse contra el genocidio y a favor de la legalidad internacional es ponerse en la diana de Israel, de EE. UU y de todos sus entramados de Inteligencia. A nadie se le escapa que EE. UU e Israel harán cualquier cosa para que España vuelva a ponerse incondicionalmente del lado de Israel. Esto no es ser conspiranoico, es política real. Quizá de todo lo que nos va a pasar si gana el PP/VOX esto sea lo que más me duele.
La trama montada en el PSOE parece cosa de unos cuantos, pero también parece algo de Mortadelo y Filemón
5. Todo lo que sabemos del sumario contra Zapatero es que no hay una sola prueba del delito de tráfico de influencias y que, si este no está, tampoco están los otros dos delitos de los que se le acusa. El juez Calama se ha limitado a copiar el informe de la UDEF que está lleno de errores y de alguna mentira. Lo hace destrozando una de las razones de ser de los jueces de instrucción, que debería ser la de ejercer cierto control sobre las investigaciones policiales. A estas alturas tenemos ejemplos claros de que la UDEF ha hecho antes informes falsos (hay altos cargos de la UDEF y de la UCO imputados por delitos varios) Sabemos que con estos indicios ningún otro presidente hubiera sido imputado (ni ningún cargo del PP). También parece evidente que hay un ataque mediático coordinado (incluido, a estas alturas, PRISA) para acabar con Sánchez.
6- Cuando lo de Zapatero parecía lo peor que le podía pasar al PSOE, aparece otra trama vinculada a la interna en la que se supone que diversos personajes parece que buscaban influir en (“desestabilizar”) los procesos judiciales. Más allá de que estas personas (Leire Díaz, Santos Cerdán…) ya están imputadas e investigadas, y si han cometido un delito que a nadie le quepa duda de que les van a condenar, la capacidad del PSOE para influir en la marcha de estos procesos (véase Begoña Gomez o David Sánchez) es nula por la propia naturaleza de lo verdaderamente existente: una judicatura cooptada en gran parte por la derecha y que considera que su papel es corregir la anomalía de que pueda gobernar la izquierda. La trama montada en el PSOE parece cosa de unos cuantos, pero también parece algo de Mortadelo y Filemón y más bien da cuenta de su incapacidad real para abordar uno de los problemas de esta democracia: la corrupción judicial.
7- En mi opinión, se equivocan quienes pretenden equiparar todos los comportamientos con apelaciones genéricas a la defensa de la democracia que no hacen sino abonar la idea de que todos son iguales. Repetir como un mantra que hay que confiar en la justicia no va a hacer que la justicia española sea más confiable. Cualquiera sabe a estas alturas que no se puede confiar en esta justicia. Llevamos muchos años comprobando que una parte de la justicia está corrupta, así como una parte de la policía. Negar esto es ridículo y es hacer el juego a los corruptos. Y esta es una de las grandes limitaciones del PSOE para poder salir vivo de esto. No está genéticamente preparado para convertirse en antisistema. Recordemos que el PP ya dio un golpe en la Comunidad de Madrid con el Tamayazo y que el PSOE se lo tragó. Ahora Esperanza Aguirre, que nunca fue imputada, se permite encabezar manifestaciones contra la corrupción. Recordemos también que cuando se ha perseguido judicialmente a otros partidos con informes evidentemente falsos, el PSOE no lo ha denunciado, sino que ha declarado esa confianza en la justicia; esa misma justicia que ahora se lo va a tragar. Y se lo va a tragar entre otras cosas porque pienso que una parte del PSOE estaría contenta de volver al bipartidismo y a la oposición, a sus escaños tranquilos en los que esperar a que cuando el PP y Vox se lo hayan cargado todo se les llame de nuevo a sus políticas moderadas, ya sin nadie a su izquierda. Hay una parte del PSOE que desea que acabe ya esta aventura.
Creo que la izquierda que está a la izquierda del PSOE hace mal en tratar de sacar rédito de la situación porque lo que está en juego es mucho más grande que las próximas elecciones
8. Pero también creo que la izquierda que está a la izquierda del PSOE hace mal en tratar de sacar rédito de la situación porque lo que está en juego es mucho más grande que las próximas elecciones. Que hace mal en acogerse a esa falsa confianza en una justicia en la que no creemos. Aunque ahora le toque al PSOE que quiso sepultarnos, ya es hora de denunciar abiertamente que todo esto es un absoluto escándalo y que está en juego la democracia. Es un escándalo la imputación de Begoña Gómez y el juicio de David Sánchez; es un escándalo que Rajoy y Cospedal no estén imputados. Es un escándalo que haya audios de Villarejo hablando de que tiene al juez Pedraz, y no se sepa nada del asunto; que tampoco sepamos nada de Montoro; que Zaplana, qué tenía una enfermedad terminal, esté cada día más moreno por sus paseos por la playa; que Ayuso, su novio, su hermano y su madre se hayan hecho millonarios ante nuestras narices y las de los jueces. Comienzo a creer que no hay gran cosa en el caso “mascarillas” contra Ábalos y Koldo. Es un escándalo que el Tribunal Supremo dé crédito a un corrupto mentiroso como Aldama, y que este esté libre y, al parecer, también millonario. Escandaloso es que esté pasando mediáticamente desapercibido el mayor escándalo de corrupción política de la democracia española que es la Kitchen, que se haya programado un ruido atronador que no permite escuchar las grabaciones que se están ofreciendo (a puerta cerrada) en el juicio. Es un escándalo mayúsculo la condena a Álvaro García Ortiz, la madre de todos los escándalos, y que no fue más que la demostración de hasta dónde están dispuestos a llegar. Tenemos razones de sobra para poder afirmar que no tenemos por qué creernos nada de lo que dicen o hacen determinados jueces; que todo es una trama para tapar la corrupción del PP, para que este partido vuelva al poder como sea y para que la izquierda no vuelva a gobernar en 20 años. Cualquiera que ahora siga diciendo que confía en la justicia me parece o cómplice de la situación o muy ingenuo.
Recojo este párrafo en el que Siri Husvedt se refiere a lo que pensaría Paul Auster de la victoria de Donald Trump: “¿Y si las instituciones estuvieran hechas de jabón y no de granito? Entonces bastaría con abrir las mangueras y todo desaparecería”. Y eso es exactamente lo que está pasando ante nuestras narices, que el Estado de derecho está roto, es un desecho y lo están barriendo. A lo mejor es el momento de una contundente reacción ciudadana.
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Beatriz Gimeno es exdirectora del Instituto de las Mujeres.
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