“Murcia no existe” es un concepto que ha recorrido España desde hace más tiempo del que se podría pensar. Esta sensación de vacío cultural en el espacio que se encuentra entre Andalucía y la Comunitat Valenciana arrastra una serie de consecuencias en el imaginario colectivo que provienen, en su mayoría, del clasismo contra una de las regiones históricamente más pobres del país. Esta sensación de inferioridad derivada de unas medidas especialmente punitivistas durante el franquismo, sigue revoloteando sobre la idea que se tiene de la Región de Murcia incluso de puertas para adentro.
Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La llamada “Huerta de Europa” ha visto cómo ha sido reconocido este año como Bien de Interés Cultural (BIC) el Bando Panocho, una composición literaria de la lengua murciana que se recita en fiestas populares de la Región, y cuyo reconocimiento favorece el acercamiento a este dialecto tan poco conocido. El murciano, una variedad del castellano del cual aún quedan vestigios, engloba los diferentes dialectos que existían en la comunidad y en algunas comarcas limítrofes, plasmando la riqueza cultural originaria. Esta variante la encontramos en diversas obras de hace menos de 100 años, algunas del alicantino Miguel Hernández, como Al verla muerta… o ¡En mi barraquica! En la actualidad también se sigue produciendo material escrito en este dialecto, como una traducción de El Principito.
El panocho, la variedad hablada en la capital y en el área de la huerta ha sido la más documentada. Se tiene constancia escrita desde finales del siglo XVIII, cuando en 1793 se publicaron unas seguidillas en el Correo Literario de Murcia, con una nota que decía: “La huerta de Murcia, Madre fecunda de todas hortalizas, no es menos fértil de ingenios admirables, cuyas Poesías, señaladamente, serán oídas con gusto en todo el Universo:
En 1851, Murcia celebró el primer desfile del Bando de la Huerta, la fiesta anual de primavera en la que los oriundos, vestidos con el traje regional, recuerdan la vida y tradiciones huertanas. Desde entonces se escriben los bandos panochos. Estos discursos anuales escritos y recitados por los panochistas suelen tener un tinte reivindicativo, y buscan llamar a la sociedad a concienciarse sobre algún asunto que ese año les haya perjudicado como ciudadanos. En 2026, Nueva York será también testigo de la tradición murciana, ya que otro desfile que acompaña estas fiestas, el Entierro de la Sardina, marchará por las calles de la ciudad estadounidense en el 175 aniversario de este festejo.
Reconocido académicamente
En Murcia hay asociaciones, como L’Ajuntaera, que se encargan de escarcullar y esturriar (investigar y esparcir) de forma académica este dialecto, en su caso desde 1987. Pese a que está académicamente demostrado que el murciano es una variedad del castellano, en el imaginario popular persiste la idea de que los vecinos de la Región de Murcia hablan incorrectamente. La Real Academia Española (RAE) acoge algunos “murcianismos”, tal y como aparecen clasificados, aunque hay constancia de algunos diccionarios completos en este dialecto. En 1932, el escritor y periodista Alberto Sevilla escribió Vocabulario murciano, de 216 páginas, donde se reflejan palabras que siguen estando vigentes entre los habitantes de la zona y que distan tanto del español convencional.
Algunos ejemplos podrían ser boria (niebla), charate (saltamontes), chinche (ombligo), crilla (patata), melsa (tranquilidad/parsimonia), etc.
La relación con el poder
El hecho de que esta región haya sufrido el estigma de la ignorancia no es casualidad, sino consecuencia de una campaña de represión que comenzó tras la instauración de la dictadura franquista. Murcia, de mayoría pobre y dedicada al campo, fue uno de los últimos bastiones de resistencia de la Segunda República, lo que marcó una política de represalias durante los siguientes 40 años de “carácter clasista, masivo y ejemplarizante”, asegura el historiador Antonio Martínez.
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Esta campaña de castigo y aislamiento consiguió que su riqueza cultural y lingüística fuera denostada hasta el día de hoy.
La oficialización del murciano sigue siendo una utopía. La Asamblea Regional es la responsable de blindar este tipo de aspectos culturales. En la revisión del Estatuto de Autonomía, se menciona explícitamente que hay que proteger, entre otros, los rasgos lingüísticos de la región, sin embargo, aún no ha sido aprobado. La Asamblea, con mayoría de PP y Vox, no financia la labor divulgativa de asociaciones como L'Ajuntaera, que entre otras actividades organiza anualmente un concurso literario en panocho cuyas obras plasman en su propia revista. Además, dan charlas en colegios para intentar promover un vocabulario tan rico como este entre los más jóvenes.
Es conocida en la cultura popular de la región una imagen que se representa como la Matrona de Murcia, algo así como la personificación de la “fisionomía espiritual” de la región, tal y como indicaba el escritor Diego Sánchez Jara en Intervención de Murcia en la Guerra de la Independencia. Se trata de una mujer junto a unos niños tallados sobre la fachada del Palacio Almudí de la capital. Sánchez dejó escrito: “Allí, como símbolo de su generosidad, en el lugar mismo donde se guarda el trigo de sus campos y de sus huertas, se encuentra la Matrona dando el pecho a unos niños forasteros, mientras los suyos demandan en vano su alimento. ¿Se puede decir más?”
“Murcia no existe” es un concepto que ha recorrido España desde hace más tiempo del que se podría pensar. Esta sensación de vacío cultural en el espacio que se encuentra entre Andalucía y la Comunitat Valenciana arrastra una serie de consecuencias en el imaginario colectivo que provienen, en su mayoría, del clasismo contra una de las regiones históricamente más pobres del país. Esta sensación de inferioridad derivada de unas medidas especialmente punitivistas durante el franquismo, sigue revoloteando sobre la idea que se tiene de la Región de Murcia incluso de puertas para adentro.