La economía española burla las previsiones de sesgo neoliberal y lidera en 2023 el crecimiento en la UE

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No ha parado en seco ni ha entrado en la recesión que auguraban ya antes del verano desde la oposición y ciertos sectores económicos. España se confirmó al cierre de 2023 como la economía de la Eurozona que mayor crecimiento anotó en el conjunto del pasado ejercicio. Lo hizo superando todas las previsiones, incluidas las del propio Gobierno que había apuntado a una décima menos, y gracias a que el último trimestre del año registró un avance del 0,6%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que ha elevado al 0,5% la expansión del segundo trimestre y al 0,4% la del tercero. El valor del PIB a precios corrientes para el global del año se situó en 1.462.070 millones de euros, un 8,6% superior al de 2022.

Mientras el Producto Interior Bruto (PIB) de España progresó un 2,5%, el de Francia tuvo que conformarse con un alza del 0,9%, el de Italia fue de un 0,1% y la economía alemana, antes locomotora de la UE, registró una contracción del 0,3%, según referencias de sus institutos estatales de estadística, aún sujetas a revisiones.

“El consumo público ha tirado mucho del carro y el privado aguanta”, aseveran fuentes del ámbito económico, para cimentar el dato del 2,5%, que son, con todo, 3,3 puntos menos que en 2022. De hecho, la demanda nacional, el consumo y la inversión, contribuyó con 1,7 puntos al desarrollo del PIB español y la demanda externa, exportaciones menos importaciones, aportó 0,8 puntos, ello, pese a que, “a priori, no se apostaba, en un contexto geopolítico internacional complejo y de incertidumbre por las exportaciones”.

Tanto desde la esfera económica como desde la del Ejecutivo achacan el porcentaje “sorpresivo” para algunos además a la viveza del mercado laboral. “Se han creado 780.000 puestos de trabajo”, repiten, y que en los cuatro últimos trimestres "cuatro de cada diez empleos de la UE se han creado en suelo español". Junto a ellos celebran la resistencia del consumo de los hogares, incluso en un entorno de escalada de los tipos de interés.

Para Jorge Fabra, presidente de Economistas Frente a la Crisis (EFC), “lo que ha pasado no es extraño, es lo que ocurre cuando hay una política equilibrada, de naturaleza expansiva, basada en la inversión pública y en la preservación del consumo, a través de la preservación del empleo, incluso arrastrando un aumento de la población activa, lo cual quiere decir que los trabajadores potenciales perciben una economía dinámica y se incorporan al mercado de trabajo”, argumenta. A su juicio, “el salario mínimo y el Ingreso Mínimo Vital también han permitido que el consumo se mantenga en niveles aceptables, que no se derrumbe a pesar de la inflación”. Más allá de ellos, de acuerdo a la información difundida por el INE, por el lado de las rentas, la remuneración de los asalariados subió el 1% trimestral, mientras el excedente de explotación bruto, asimilable al margen de las empresas, se acrecentó un 8,5%. Las horas efectivamente trabajadas se amplificaron un 0,7%, la misma tasa a la que llegaron los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo. De vuelta a los salarios, el nominal se amplió un 5,4% en el último año en el Estado, hasta los 1.920 euros mensuales, lo que significó un máximo histórico y la continuidad de un proceso de recuperación que incluye 11 trimestres seguidos con alargamientos interanuales en todas las autonomías, a la luz del Monitor Adecco de Oportunidades y Satisfacción en el Empleo.

Lo que ha pasado es lo que un estudiante de Económicas, por lo menos del plan de estudios que yo hice, esperaba”, insiste Fabra. ¿Por qué entonces fallaron las previsiones? “Los modelos económicos de previsión que se utilizan no escapan a los principios de las escuelas económicas que los alimentan”, arranca. Y encadena: “Todos oímos que el nivel de deuda de España es una catástrofe, pero no lo es. La inversión pública es necesaria para mantener la actividad y producir crecimiento del PIB, que es aumento de la riqueza de todos los individuos. Seguro que hay un problema de distribución que exigirá una reflexión sobre el modelo fiscal o tributario que tenemos, pero se está poniendo de manifiesto que la inversión pública y el consumo son condiciones necesarias para el crecimiento de la economía y para el bienestar y esto choca con determinados principios que se han afirmado”. Cree que la crisis de 2008 se “agudizó” hasta 2012 “por políticas de austeridad que empeoraron las cosas” y defiende que, “en esta ocasión, se ha hecho lo contrario y los resultados están ahí”. El presidente de Economistas Frente a la Crisis sostiene que “hay una caída completa de los paradigmas neoliberales en este país y en el mundo, pero las ideologías son muy resistentes y se niegan a admitir los fracasos de las políticas que se pusieron en marcha a partir de los 90 y que después de la pandemia se están hundiendo”. En su opinión, lo sucedido con la economía española en 2023 “es reflejo de eso”. “Han cambiado las políticas económicas y, a pesar de la inflación, ha seguido teniendo comportamientos muy aceptables”, asevera, para concluir que la realidad demuestra, asimismo, que “los modelos de previsión y de prospectiva económicas están sesgados, se alimentan de manera sesgada, igual que pasa con muchas encuestas” en la órbita de la política. “Por qué han fallado las previsiones de los organismos, incluso los de la UE, pues porque con toda seguridad hay sesgo en los análisis y los modelos de previsión no escapan a ellos”, cierra.

Una "sorpresa positiva", pero "conviene ser prudentes"

Para el director de Kreab Research, Daniel Fuentes, “el PIB ha crecido en el último trimestre de 2023 bastante más de lo esperado, y lo ha hecho en un contexto de estancamiento o incluso recesión en las grandes economías europeas. No vamos a fruncir el ceño por una sorpresa positiva, pero conviene ser prudentes con la interpretación de este dato”, avisa. A su entender, “la composición del crecimiento señala una caída de la inversión, compensada con creces por un fuerte un aumento de las existencias, y del consumo de los hogares bastante modesto. Estas señales podrían estar anticipando la moderación del crecimiento en próximos trimestres", analiza. Para abrochar: "Bien el sector exterior, dado el contexto internacional”.

Javier Ferri, catedrático de Economía de la Universidad de Valencia e investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), vuelve a poner la lupa en la inversión, en “el pobre desempeño” de ésta que, según la información que maneja, “sucede desde hace dos décadas en España y es grave porque es uno de los motores del crecimiento, mucho más que el consumo y las exportaciones”. Embasta que se debe prestar atención a que “en España tenga una tendencia tan débil, comparado con otras economías” del entorno. “Nuestra inversión per cápita está más de un 5% por debajo de la que teníamos en el 2000", mientras que la media de la UE se ha agigantado "más de un 30%". "Hay una disparidad muy grande y es un problema importante para el crecimiento futuro, porque entre otras cosas afecta a la productividad, que también se está comportando mal”, manifiesta. Las cifras actualizadas del INE muestran que la productividad por puesto de trabajo retrocedió el 0,1% en el último trimestre de 2023, enlazando tres en negativo.

Ferri comparte el análisis de que el dato del 2,5% se ha apuntalado en buena medida en el empleo, pero suma otra idea: “Y en un crecimiento de la población basado en la inmigración”. “Ha habido un flujo muy grande de inmigrantes que ha sido absorbido por el mercado de trabajo, pero si descuentas el crecimiento de la población del del PIB del 2,5%, lo reduce casi un punto. El PIB per cápita es de aproximadamente el 1,5% y no es para tirar cohetes”, desliza. “Ha sido mejor de lo previsto, eso es verdad”, hilvana, “pero el PIB per cápita, que mide mejor el bienestar, cayó mucho y ha tardado más en recuperarse después de la pandemia que el de la mayoría de los países europeos, por lo que entra dentro de lo esperable que una economía que ha caído mucho, intente recuperar parte”. El investigador de Fedea abre el foco para indicar que, “si se mira lo que ha pasado en las dos últimas décadas, se ve que de tener un PIB per cápita en 2006 que se acercaba al 95% de la media europea, es decir, sólo nos separaba un 5%, ahora estamos al 83% de la media. Tenemos una brecha del 17%. Países del este nos han pasado y el panorama que se observa es poco esperanzador”, vaticina.

No piensa lo mismo el ministro del ramo, Carlos Cuerpo, quien asegura que el hecho de que en el último trimestre de 2023 la economía haya conservado el buen pulso con un avance del 0,6% coloca a España "en un punto de partida ventajoso" para conseguir “cumplir el objetivo” del 2% previsto por el Ejecutivo que lidera Pedro Sánchez para este 2024. De momento, la lectura estadística del rastro de la economía ha convertido las previsiones de ese ministerio en las más acertadas de 2023.

No ha parado en seco ni ha entrado en la recesión que auguraban ya antes del verano desde la oposición y ciertos sectores económicos. España se confirmó al cierre de 2023 como la economía de la Eurozona que mayor crecimiento anotó en el conjunto del pasado ejercicio. Lo hizo superando todas las previsiones, incluidas las del propio Gobierno que había apuntado a una décima menos, y gracias a que el último trimestre del año registró un avance del 0,6%, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que ha elevado al 0,5% la expansión del segundo trimestre y al 0,4% la del tercero. El valor del PIB a precios corrientes para el global del año se situó en 1.462.070 millones de euros, un 8,6% superior al de 2022.

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