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Los fertilizantes rusos se libran de las sanciones: España y Europa disparan su compra en plena guerra

Una máquina de fertilizantes del Grupo Fertiberia, en una imagen de archivo.

La lista de importaciones vetadas de Rusia ha crecido poco a poco desde que comenzó la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, pero un producto clave para la economía rusa ha pasado desapercibido, los fertilizantes. El acceso a gas barato, unido a unas reservas de minerales clave, sitúan a este país como el mayor exportador de abonos del mundo, y la Unión Europea necesita estos químicos baratos para producir alimentos baratos, por eso ha decidido dejarlos al margen pese a que son una enorme fuente de ingresos para el Kremlin. La compra de fertilizantes nitrogenados a empresas rusas decayó tras el inicio de la guerra, pero en 2024 aspira a recuperarse por completo. En España, los datos apuntan incluso a que este año podrían rozarse unas importaciones récord.

Los datos de la Comisión Europea desvelan que en los primeros seis meses de 2024 han repuntado las compras de fertilizantes a Rusia, con 2,59 millones de toneladas frente a los 1,73 millones de 2023, cifras que ya rozan las de 2022, el año en que se inició el conflicto. En España esa subida es todavía más intensa, con 163.433 toneladas entre enero y junio, la segunda cifra más alta de la década y solo superado por 2021, cuando se importaron en la primera mitad del año 155.382 toneladas de fertilizantes. Las cifras hasta abril están validadas por Eurostat, mientras que las de mayo y junio se estiman a partir de encuestas aduaneras de la Comisión Europea.

Los fabricantes de fertilizantes europeos han aprovechado el conflicto para presionar a Bruselas y reclamar que incluya a este sector entre sus sanciones en aduanas, donde ya no pueden pasar decenas de productos para limitar la capacidad del presidente Vladímir Putin de financiar su guerra a través de la recoleta de impuestos. La principal prohibición es a la entrada de productos petrolíferos y derivados por vía marítima, así como al carbón, al acero, al cemento, al asfalto y otras materias primas. El último en incorporarse a la lista es el gas natural que llega por barcos, el segundo mayor activo económico de Rusia, que desde hace unos días está parcialmente vetado. Dejar al margen de las sanciones a los fertilizantes no es un asunto menor porque es una de las principales partidas de exportación de Moscú y el tercer producto más importado en España desde Rusia, tras el gas natural y las legumbres, según los datos de comercio exterior del Gobierno español.

La patronal europea de productores de abono quiere que los fertilizantes se sumen a la lista para deshacerse así de su mayor competidor, que riega los campos europeos con químicos baratos. "A nosotros nos afecta el producto ruso no por la cantidad, sino por la diferencia de precios. Ellos no soportan los requisitos europeos de medioambiente, tienen un coste del gas subvencionado y disfrutan de ayudas estatales anticompetitivas. Además, esos beneficios podrían ayudar a financiar la guerra", señala Paloma Pérez, secretaria general de Anffe, la patronal española de los fertilizantes.

La asociación europea Fertilizers Europe realiza ahora una intensa campaña en Bruselas para frenar la entrada de químicos de Rusia con el argumento de que las importaciones crecen mientras el 10-20% de la industria del amoniaco europea está cerrada temporalmente por la inflación. También relacionan directamente los ingresos rusos por este producto con la invasión de Ucrania. Argumentan que el 1 de octubre de 2023 Rusia introdujo un arancel a la exportación de abonos de hasta el 10% con el objetivo específico de financiar su ejército. Además, el 1 de enero de 2024 entró en vigor en ese país un impuesto sobre los beneficios empresariales de 2021 y 2022 del 10%, lo que equivale a 600 millones de euros solo desde el sector de los fertilizantes. "Esto significa que cada tonelada de fertilizante exportada a la UE contribuye directamente a financiar la guerra en Ucrania", opina la patronal europea. Según Eurostat, el año pasado la UE pagó 1.680 millones de euros por esta mercancía a empresas rusas. Y en 2022, debido a la inflación, más de 3.200 millones.

España, menos dependiente que otros países

En España, los abonos rusos son indispensables para la agricultura, aunque no tienen tanto peso como en otros países vecinos. En toda Europa representaron en 2023 una quinta parte de la entrada de fertilizantes. En Países Bajos alcanzaron el 31% del total, en Polonia el 35%, y en Alemania el 77%, según Eurostat. Pero en España supusieron el 9,7% de las importaciones del año pasado. La razón es que España tiene una mayor diversidad de vendedores por su ubicación, y sus principales socios por tamaño son Egipto, Bélgica, Rusia, Portugal y Marruecos. De hecho, el sector químico español también se queja de que Egipto es un caso similar al de Rusia, ya que tiene acceso a gas barato y nula legislación ambiental. "Es imposible competir contra estos productos porque rompen el mercado", comenta Paloma Pérez.

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El dominio ruso del mercado europeo de fertilizantes proviene de su acceso a gas natural barato, puesto que es el segundo mayor productor del mundo de este combustible tras Estados Unidos. El gas es indispensable para fabricar los abonos nitrogenados, que son los más comunes en Europa, porque se combina con nitrógeno para producir amoniaco mediante el proceso químico Haber-Bosch. Ese amoniaco se emplea después para producir urea o nitrato de amonio, los abonos más comunes en Europa. Rusia es además uno de los grandes productores de potasio y fósforo, que son la base para los otros dos tipos de fertilizantes más usados. Egipto también es un importante productor de gas, mientras que Marruecos tiene las mayores reservas del mundo de fósforo.

En todo caso, Europa también produce abonos y es capaz de cubrir el 70% de la demanda de nitrogenados, el 32% de los fosfatados y el 15% de los potásicos. Francia, Alemania, Polonia y España son los principales productores. La Comisión Europea es además consciente del peligro de depender del abono ruso, y a finales de 2022 lanzó una recomendación para reducir su uso en el campo, con la promoción de prácticas como la agricultura ecológica, la rotación de cultivos o la plantación de leguminosas, que son plantas capaces de atrapar el nitrógeno del aire y no necesitan abonos externos. Sin embargo, en un comunicado publicado el pasado mes de marzo, el equipo delegado en este asunto de la Comisión reconoció que "Rusia sigue siendo un enorme exportador y su porcentaje sobre las importaciones de la UE se ha incrementado recientemente" pese a los intentos de buscar nuevos socios como Egipto, Marruecos o Argelia.

También hay una fuerte oposición dentro de Europa a los cambios en las importaciones porque supondría una subida de precios para los productores, al igual que sustituir la entrada de abonos por la producción interna encarecería los alimentos. Una alternativa es eliminar directamente los abonos en la producción agrícola europea mediante técnicas de agricultura ecológica, pero el sector primario y los partidos conservadores europeos son contrarios porque habría que transformar el sector de arriba a abajo. La estrategia Del campo a la mesa, el pilar agrícola del Pacto Verde Europeo, propuso en 2020 reducir un 50% el uso de abonos en 2030, pero la oposición frontal de los agricultores, del Partido Popular Europeo y de partidos de extrema derecha han paralizado este punto.

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