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Economía

Trabajar menos, la inesperada herramienta para luchar contra la baja productividad endémica en España

Una mujer ficha al comienzo de su jornada laboral

La fortaleza de la economía se ha impuesto en mitad del ruido político. El Banco de España prevé perspectivas de crecimiento hasta 2026 “relativamente favorables”, si bien ha avisado de que la capacidad de crecimiento en los próximos años “se verá muy condicionada por un conjunto de retos estructurales de gran envergadura” entre los que incluye impulsar la productividad.

En su Informe anual 2023, el regulador achaca el “escaso vigor de la productividad en la economía española” entre 2000 y 2022 a múltiples factores “que interactúan entre sí y sobre los que convendría actuar simultáneamente”. Entre ellos destaca “todos aquellos aspectos que condicionan el tamaño y la demografía empresarial, así como la reasignación de los recursos productivos entre sectores y empresas; el nivel de capital humano en la población; el stock de capital tecnológico y los determinantes de la inversión en innovación; o el marco regulatorio e institucional”.

“Son múltiples los estudios en los que se apunta a la productividad como un mal endémico de la economía española desde hace años”, aseguran fuentes del ámbito empresarial, que añaden: “Es un motor estropeado que puede acabar afectando al vuelo del cohete”, en alusión a la afirmación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de que la economía va como tal.

En concreto en el informe del Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo, proyecto en el que participan Fedea, BBVA Research y Sagardoy Abogados, elaborado a partir de información disponible hasta el primer trimestre de este año, se asevera que el déficit de productividad laboral de España en comparación con la Unión Económica y Monetaria (UEM) europea es crónico y “se ha agravado en la última década”. Si la productividad laboral por hora trabajada se elevó un 4,2% en España entre 2013 y 2023, frente a un 5,5% en la eurozona; la productividad por ocupado apenas cambió, se ha movido un 0,7%, mientras que en la UEM creció un 3,2%. De hecho, el valor agregado bruto (VAB) por hora trabajada en España en 2023 era similar al que tenía la Unión en 1998, hace 25 años, a la luz de lo reflejado en ese informe. 

Con todo, además de constatar el diferencial entre España y la zona del euro en esta materia, los autores de ese trabajo del Observatorio anotan que la productividad laboral ha registrado una evolución más favorable en el país que en la UE desde 2022. Tanto el valor agregado bruto por hora trabajada como por ocupado “han crecido más en España desde 2022” ¿Hay entonces razones para el optimismo?

“Llevar un par de años donde estamos mejor siempre es una buena noticia, pero la cuestión fundamental es que la productividad tiene muchas aristas o muchas formas de medirla y uno se puede quedar en el PIB por trabajador, por hora trabajada… Si se miran las distintas definiciones de productividad, aunque son buenos datos los de estos últimos dos años, no hay mucho motivo para la esperanza porque están basados en cuestiones que no son muy consolidables a largo plazo como una evolución del sector turístico muy grande, un menor impacto de los problemas energéticos en nuestra economía que en otras, un tiempo más alargado para recuperarnos de la pandemia…”, defiende José Emilio Bosca, investigador asociado de Fedea y catedrático de Economía de la Universidad de Valencia. "Estamos viendo alguna luz en algún sitio -apostilla-, pero no un panorama general que invite a pensar que es un cambio estructural. Llevamos tantos años con el problema, mínimo 20, en los que nos hemos ido separando de Europa, y si esta se separaba de Estados Unidos, nosotros con ella; que no soy demasiado optimista", reconoce.  

¿Qué se puede hacer?

A la pregunta de qué medidas habría que tomar para revertir la situación, Bosca aporta una hilera: "Las administraciones públicas en general funcionan muy mal y esto incluye todo lo que tiene que ver con la sanidad y la educación, que son competencias autonómicas. En general hace falta un cambio radical y una reforma de la administración porque no se están dando bien los servicios y nadie habla de mejorar la eficiencia pública", dice para arrancar. Y encadena: "También una reforma fiscal porque tenemos un tipo de imposición en España que no es el más adecuado para propiciar un entorno empresarial, de creación de empleo, de eficiencia en la producción razonable. Le damos excesivo peso en el lado de los ingresos a cuestiones de redistribución, de si esto es progresivo o regresivo, y muy poco a tener una imposición que sea eficiente y poco distorsionadora con la producción". Quiere dejar claro que no se refiere a que "no haya que tener en cuanta a la población vulnerable y tener políticas redistributivas", pero cree que "es mucho más eficiente hacerlas por el lado del gasto".

Y, a su juicio, hay otra reforma más pendiente: "La de la universidad, porque no se ve un impulso razonable para que el sistema universitario español permita más investigación, por ejemplo". Anima, asimismo, a hacer cambios "en el sistema educativo" en conjunto y, respecto al mercado interior, advierte de que "la economía española se está convirtiendo en una economía de reinos de Taifas donde cada comunidad autónoma reglamenta. Deberíamos buscar una unidad de mercado un poco más sólida para que las empresas compitan mejor", apuesta. Para rematar con la necesidad de implementar otra "serie de medidas de configuración de los mercados, de defensa de la competencia…". "Aunque son bienvenidas las cifras positivas de los últimos años, el problema de la economía española es que cuando nos va bien lo hacemos muy bien, pero que cuando hay una crisis importante, lo hacemos peor que otros y nos cuesta recuperarnos. Es muy ciclotímica en ese sentido", argumenta.

No obstante, indica que la productividad "no es sólo un problema de España, es general" y alerta de que "la demasiada polarización que hay en el entorno político no ayuda" a mejorarla, ya que para hacerlo "se necesitarían acuerdos transversales al menos entre las fuerzas políticas mayoritarias, el centro izquierda y la centro derecha". "En la productividad hay que poner las luces largas, mientras que en política ahora todo parece tratarse de vender cosas que son muy de corto plazo", lamenta.

Y cierra: "Hace mucho tiempo que sabemos cuáles son los males, el problema estructural de bajo crecimiento potencial, que es lo que nos lleva a los bajos salarios y a una economía con desigualdades, lo tenemos sobre diagnosticado. Pero hay un conformismo respecto al mercado de trabajo que nos lleva a aceptar cosas como que se demande cierto tipo de mano de obra porque se quiere colocar en sectores de baja productividad, mientras no somos capaces de atraer el talento de vuelta que compense al que se va y hemos formado".

De su lado, Fernando Luján, vicesecretario general de Política Sindical de UGT,  recuerda que, "ya en los años 80, los economistas hablaban del 'salario de eficiencia', aquel que hace que la persona trabajadora esté contenta en su empresa y no quiera cambiar ni perder el puesto de trabajo, lo que les hace ser muy productivos. Luego, el incremento de los salarios hace que la producción suba, lo que genera un circulo virtuoso", lanza. "Si los trabajadores reciben un salario relativamente más alto, pueden ser más leales, laboriosos y trabajarán más duro para conservar su puesto", remarca.

Y hay otro elemento, muy de actualidad, que favorecería la productividad: la reducción de la jornada laboral. "Está demostrado el beneficio de la jornada de 32 horas, cuatro días a la semana, en una prueba en el Reino Unido en la que participaron 61 empresas. Según un reciente informe de los investigadores al cargo, uno de los efectos más notorios de su éxito es que, al menos el 89% de esas empresas aún tienen su jornada reducida y el 51% la han hecho permanente", relata. Y hay más: "Esa prueba como otra que se desarrolló en Valencia, como las de otros muchos países, arrojan resultados positivos que coinciden en mejoras en el bienestar de los empleados, en la reactivación económica del sector del ocio y la salud, así como un incremento en la productividad para las empresas", resume. Para terminar, considera necesario "invertir en tecnología, en medios para la realización de la actividad", lo que, admite, "es más fácil según aumenta el tamaño de las empresas".

Lejos de Estados Unidos o China

Para Rafael Pampillón, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU San Pablo, es "urgente" que no sólo España, el global de Europa, "cierre la brecha de productividad con Estados Unidos" o "correrá el riesgo" de tener "un crecimiento económico muy lento a medio y largo plazo". Maneja algunos datos: "Desde el 2000, la productividad, medida como producción real por hora trabajada, ha aumentado en la Eurozona un 20%; en cambio, en EEUU se ha disparado hasta un 60%". "Desgraciadamente, desde la crisis financiera global de 2008 y hasta hoy", ni la UE "ni los países escandinavos" han sabido "aplicar las políticas económicas necesarias para aumentar más rápidamente su productividad", manifiesta.

"EEUU está a la cabeza, junto con China, en todo lo relativo a la Inteligencia Artificial (IA). Tienen una potente capacidad de producir innovaciones, mucho más que Europa, y muchos europeos se van a trabajar allí porque se les trata muy bien, mientras nosotros no somos capaces de atraer y retener el talento", traslada a infoLibre. En su opinión, para corregir el desfase, "Europa tiene que pegar un cambio radical para apostar por las nuevas tecnologías, por la investigación y el desarrollo, por la mejora del capital humano, por la reducción de la burocracia y la creación de empresas". A ello suma la conveniencia de dar un viraje en temas como "los costes fiscales y laborales que repercuten" en las entidades empresariales. "Y en el caso de España más, porque tenemos muchas pequeñas. Sólo 5.000 empresas son grandes y éstas son las que contratan mano de obra más cualificada, tienen empleo duradero a largo plazo, exportan, innovan, pagan más impuestos, atraen talento…", enumera. 

De hecho, declara que la economía española se ha acrecentado más que las de otros estados europeos los últimos años "no por inversión en capital, maquinaria o bienes de equipo, ni por un mayor nivel tecnológico o de capital humano, sino porque cada año se ha empleado a mucha gente en sectores de baja productividad. Pero, la productividad a la larga es fundamental para una economía", finaliza. En palabras del premio Nobel Paul Krugman: "La productividad no lo es todo, pero, a largo plazo, lo es casi todo”.

En ese sentido, en el análisis La competitividad de la Unión Europea frente a Estados Unidos: la brecha se agranda, los investigadores del Real Instituto Elcano Judith Arnal y Enrique Feás previenen de que, "aunque la competitividad puede variar sin que varíe la productividad —una vía, la depreciación de la moneda—, a la larga la capacidad de las empresas para permanecer en el mercado depende en gran medida de un uso eficiente de los factores y la tecnología, es decir, la productividad". Y "la posición de la UE no es buena: en las dos últimas décadas la productividad por hora trabajada" en el mapa de la Unión "ha sido sustancialmente inferior a la estadounidense, no tanto por grandes diferencias en el capital por hora trabajada como por una menor productividad total de los factores", completan.

Las fuentes sondeadas confían en que la creación del Consejo Nacional de Productividad por parte del Ministerio de Economía pueda ser un foro en el que "de verdad se impulsen de una vez la productividad y la competitividad económica" y dejen de ser "la eterna asignatura pendiente".

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