El plan anticrisis que ultima el Gobierno mira a los sectores clave para la cesta de la compra y a la vivienda

Los conflictos geopolíticos han llevado a la economía de un estado de incertidumbre a uno de alerta permanente. Desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a bombardear Irán hace dos semanas, las expectativas de crisis se acentúan día a día. Sin apenas tregua tras la ofensiva arancelaria, el epicentro es ahora el estrecho de Ormuz y la interrupción del 20% del flujo de petróleo mundial que atravesaba ese paso a diario y ha dejado de hacerlo.

Tras una semana de contactos entre el Gobierno y los diferentes ministerios con los sectores potencialmente afectados, el ministro de Consumo ha señalado que las primeras medidas del escudo social se aprobarán este viernes en un Consejo de Ministros extraordinario. Por su parte, el Ministerio de Economía tiene puesto el foco en los sectores más expuestos a las subidas de los combustibles y que mayor peso pueden tener en la cesta de la compra: los transportes y el agro (agricultura y pesca). Carlos Cuerpo, titular de Economía, insistió a lo largo de la semana pasada en “medidas específicas” y "esencialmente fiscales" para el sector agrario y el transporte por carretera. Por otro lado, su homólogo del Ministerio de Consumo quiso poner el acento en la necesidad de vigilar que esas ayudas no se transformen en beneficios empresariales: “Cualquier medida fiscal debe ir acompañada de una intervención del mercado para impedir que se produzcan márgenes excesivos”, señaló Pablo Bustinduy. 

"Los agricultores no pueden repercutir directamente el incremento de costes porque los precios suelen variar por la abundancia o escasez de las cosechas, pero el encarecimiento de los combustibles y de los fertilizantes puede afectar tanto al sector como a la producción", explica Javier San Martín, especialista en mercados y profesor de OBS Business School. En cuanto a los transportes, el economista explica que sí podrían repercutir los precios con más facilidad, ya que muchos cuentan con cláusulas para hacerlo en caso de aumento de costes.

"Aquí además hay que sumar el efecto inflacionario de la inflación. Es decir, si piensas que las cosas van a subir de forma sostenida, reflejas esa subida de forma anticipada", explica. Es lo que ha ocurrido, apunta, con las empresas de distribución de combustibles: "A los tres días de empezar la guerra ya habían empezado a subir los precios, cuando se supone que tienen muchas existencias almacenadas y, además, cada gasolinera ofertaba un precio distinto", remarca.

Con estos mimbres se está diseñando un paquete de medidas del que aún se desconocen los detalles. Aunque el titular de Consumo dio algunas pistas: "En primer lugar, un nuevo escudo energético que proteja de manera reforzada a los consumidores más vulnerables. En segundo lugar, medidas de vivienda para poder proteger a las familias trabajadoras en España”, enumeró.  Sobre esta segunda pata, cabe recordar que las medidas antidesahucios decayeron el pasado mes de febrero, después de que no se ampliase el escudo social por la negativa de PP, Vox y Junts.

Hasta el momento, el mayor choque para los bolsillos por el conflicto en Irán proviene de la energía y los combustibles, pero otros indicadores como el euríbor –índice de referencia para las hipotecas– dieron señales de alerta al sufrir el martes pasado su mayor repunte diario en 18 años. Además, el comportamiento de los precios, la inflación y las decisiones que los bancos centrales tomen sobre los tipos de interés son variables que los analistas siguen de cerca y que aún no arrojan demasiadas certezas.

“Un encarecimiento sostenido de la energía puede empujar al alza la inflación en el corto plazo. Pero, al mismo tiempo, también reduce la renta disponible de los consumidores y puede frenar la demanda. Dicho de otra forma, puede presionar los precios, pero también enfriar la economía”, recoge Javier Molina, analista de mercados de la plataforma de inversión eToro. “La sensación es de un mercado que se mueve entre fuerzas contrapuestas”, concluía el experto. 

Por otro lado, este lunes, BBVA Research congelaba las previsiones de crecimiento para la economía española en el 2,4%. Un pronóstico que habría crecido en dos décimas de no ser por el encarecimiento de la energía y las turbulencias que ha provocado el conflicto en Oriente Medio. "Habrá que vigilar muy de cerca las disrupciones en las cadenas mundiales de producción y el canal financiero global", advierte el documento.

Del combustible a la cesta de la compra

En las estaciones de servicio, el precio de la gasolina ha pasado de 1,493 euros por litro el 27 de febrero, hasta los 1,739 euros que marcaba este lunes: un 16% más. En cuanto al gasóleo, pasa de los 1,447 euros, hasta los 1,866 euros, un 29% más. Es aquí donde comienza un ciclo que puede extenderse al resto de la economía con consecuencias para los bolsillos de los consumidores. Para los analistas, el tiempo que dure el conflicto será clave en la profundidad y el alcance, y han pasado de escenarios optimistas a previsiones más cautas. “Si bien una pronta resolución del conflicto es ciertamente posible, consideramos que su extensión hasta el segundo trimestre es igualmente probable, y no se puede descartar una guerra más prolongada”, recoge un informe del Bank of América que advierte sobre los posibles efectos negativos que se “podrían estar infravalorando” en esta crisis. 

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Los representantes de las asociaciones agrarias señalan que solo el encarecimiento del gasóleo agrícola y de los fertilizantes “supone más de 41 millones de euros adicionales cada semana para el sector, lo que equivale a casi 6 millones de euros diarios que salen del bolsillo de los productores”, explican desde la asociación agraria ASAJA. Para ellos, además del precio de los combustibles, los fertilizantes también se han convertido en un gasto adicional, ya que alrededor de un tercio de ellos pasan por el estrecho de Ormuz. También lo hacen componentes de estos como la urea, el azufre o el fosfato diamónico.

Javier San Martín explica que en el caso de la agricultura no es tanto el golpe en los costes como el hecho de que "llueve sobre mojado" porque ya trabaja con márgenes ajustados. "En la guerra de Ucrania, los fertilizantes llegaron a triplicar su precio, los presupuestos de la Política Agraria Comunitaria (PAC) han cambiado y también están las protestas por el tratado Mercosur, enumera. Además, los países árabes eran grandes clientes para las exportaciones en el sector del cereal, que se verá afectado por las interrupciones en la cadena de suministros. "Casi toda la alfalfa que se produce en España es para venderla en países árabes, pero ahora es muy difícil que llegue a su destino", apunta el economista de OBS. Lo que sí puede llegar con facilidad al consumidor final serían las consecuencias de una menor producción, derivada del encarecimiento de los fertilizantes o de los eventuales ceses de actividad que restringirían más la oferta.

En cuanto al transporte, el repunte de los costes que se deriva ya del aumento de precio de los combustibles, llegaría mucho más rápido al consumidor final, aunque está por ver cómo se aplican esta vez las medidas para contener los efectos de una crisis en la que, por ahora, la incertidumbre sigue gobernando el ánimo de los mercados.

Los conflictos geopolíticos han llevado a la economía de un estado de incertidumbre a uno de alerta permanente. Desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a bombardear Irán hace dos semanas, las expectativas de crisis se acentúan día a día. Sin apenas tregua tras la ofensiva arancelaria, el epicentro es ahora el estrecho de Ormuz y la interrupción del 20% del flujo de petróleo mundial que atravesaba ese paso a diario y ha dejado de hacerlo.

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