Los economistas llevan una semana discutiendo sobre si el mundo está ya sumido en una nueva crisis energética, la cuarta de los últimos cincuenta años. Hasta este fin de semana pesaba más la idea de que este desastre era temporal porque los precios de la energía estaban lejos de los peores días de 2022, pero los acontecimientos del fin de semana llevaron el lunes a un subidón del petróleo y el gas. Sin embargo, tan rápido como se disparó, su precio volvió a desplomarse después de que Donald Trump anunciase en televisión que la guerra "está prácticamente terminada".
El barril de petróleo superó este lunes el umbral psicológico de los 100 dólares por barril y rozó por momentos los 120 dólares, casi el doble de su coste antes de la guerra. Para después caer incluso por debajo del precio del viernes, hasta alrededor de los 90 dólares. Está por ver si la bajada continúa en los próximos días y si se traslada al precio del combustible. Las gasolineras de España marcaban este lunes una subida del diésel de más del 21% y de la gasolina de alrededor de un 10%.
El gas natural también comenzó la jornada descontrolado en los mercados y en Europa superó el lunes los 60 dólares, el doble que hace dos semanas, aunque cerró el día en 55 dólares. Su precio habitual suele estar entre 30 y 35 euros. Trasladar ese pico al recibo del gas es más complicado, pero en la factura eléctrica el golpe se nota entre los hogares con una tarifa regulada (conocida como PVPC). La subasta eléctrica de este martes se ha disparado un 380% respecto a la semana pasada hasta su nivel más alto en un año, aunque el precio que captura el consumidor no ha subido tanto, un 40%.
Gonzalo Escribano, experto en energía y geopolítica del Real Instituto Elcano, participó este lunes en un encuentro de la patronal gasista española y dibujó un futuro enormemente pesimista. "Cuando valoramos los diferentes escenarios posibles, estamos en el peor de los peores. Estamos en una escalada descontrolada, con ataques a infraestructuras energéticas y un recién nombrado líder cercano a la Guardia Revolucionaria que complicará la desescalada", valoró Escribano.
En ese momento ningún analista valoraba lo que el presidente de Estados Unidos anunciaría horas después, que al III Guerra del Golfo está cerca de terminar, o al menos eso es lo que dijo Donald Trump. Según explicó a una periodista del canal CBS por teléfono, Irán "no tienen armada, ni comunicaciones, ni fuerza aérea". Y añadió que Estados Unidos está "muy por delante" de su planificación original, que estimaba una campaña de cuatro o cinco semanas.
Ataques contra desaladoras
Hasta ese momento, los expertos valoraban un escenario realmente negro. Irán anunció que Mojtaba Jamenei, hijo del recientemente asesinado Alí Jamenei, será el nuevo líder del país, una decisión que se había interpretado como un desafío a Estados Unidos. Coincidiendo con este nombramiento, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, dijo este domingo que el conflicto entra "en una nueva y peligrosa fase". El sábado, Estados Unidos bombardeó por primera vez una planta desaladora iraní, según denunció este país, y el domingo Irán hizo lo mismo con una desaladora en Bahréin. Esta era otra línea roja que preocupaba a los expertos porque abre la puerta a migraciones masivas en la región si se pone en riesgo el acceso al agua.
Aunque el gas y el petróleo alcanzaron precios extremadamente preocupantes el lunes, a lo largo del día esos números se suavizaron de forma parcial después de que las grandes potencias emitieran un comunicado para calmar la situación. Los ministros de economía del G-7 publicaron, tras una reunión, que están preparados para liberar petróleo de los almacenes de emergencia si la situación empeora. "Estamos preparados para tomar las medidas necesarias, incluyendo el apoyo al suministro mundial de energía con la liberación de reservas", aseguraron. Esas reservas equivalen al menos a 90 días de importaciones.
El optimismo de Trump y la decisión del G-7 fueron indispensables para calmar a los mercados, pero está por ver que eso se traslade a la realidad porque la situación es extremadamente volátil. Por ejemplo, este lunes la OTAN interceptó un misil balístico procedente de Irán que tenía como objetivo a Turquía, un país miembro de la Alianza Atlántica. Baréin también declaró este lunes el cese de sus exportaciones de energía después de sufrir un ataque en una de sus refinerías, mientras que Arabia Saudí logró interceptar un ataque de drones sobre su campo petrolífero de Shaybah.
Del Estrecho de Ormuz a la inflación
A medida que pasan los días también se ven afectadas otras ramas de la economía global, no solo la energía. El famoso Estrecho de Ormuz, que lleva una semana prácticamente cerrado, también sirve para que los países del Golfo exporten diferentes materias primas, como fertilizantes, al resto del planeta, y la interrupción de este transporte aumenta todavía más la probabilidad de una recesión económica global por la inflación.
En una llamada con periodistas este lunes en la que participó infoLibre, Gerard Reid, experto en finanzas y energía, alertó de este problema: "Hablamos del petróleo y del gas, pero también es el el sulfuro de las baterías, el sulfuro de los fertilizantes, el aluminio… Esto es muy serio y cada día que pasa va a peor".
En esa conversación también intervino Janek Steitz, director de Clima y Energía de Dezernat Zukunft, una consultora económica alemana. Según un análisis que acaban de elaborar, si el conflicto se alarga y Ormuz permanece cerrado dos meses, la zona euro sufriría una inflación durante el próximo semestre de entre el 1% y el 2%. En el peor escenario, en el que Ormuz permanece asediado durante seis meses, la inflación superaría el 3%.
Los economistas llevan una semana discutiendo sobre si el mundo está ya sumido en una nueva crisis energética, la cuarta de los últimos cincuenta años. Hasta este fin de semana pesaba más la idea de que este desastre era temporal porque los precios de la energía estaban lejos de los peores días de 2022, pero los acontecimientos del fin de semana llevaron el lunes a un subidón del petróleo y el gas. Sin embargo, tan rápido como se disparó, su precio volvió a desplomarse después de que Donald Trump anunciase en televisión que la guerra "está prácticamente terminada".