MERCADO LABORAL

El abuso del empleo temporal hunde la productividad de los trabajos cualificados el doble que la de los más elementales

La hostelería mantiene un 37% de sus trabajadores con contratos temporales incluso en temporada baja.

Sindicatos, patronal y Gobierno mantienen estos días un feroz debate sobre las posibles soluciones al abuso del empleo temporal. Desde hace décadas, España encabeza imbatible la tasa de temporalidad laboral en la Unión Europea: un 26,3% de los asalariados tienen un contrato temporal. Un porcentaje sólo superado por Polonia. De hecho, el 90% de los 22,5 millones de contratos que se registran cada año en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) son temporales. Una constante que no han conseguido mover ni una décima ninguna de las reformas laborales que han intentado acabar con lo que nadie duda en tachar de lacra económica y social.

No se trata sólo de que las leyes laborales lo permitan, o incluso lo estimulen, o de que la peculiar estructura productiva española sea el caldo cultivo perfecto –sectores de poco valor añadido, actividades muy estacionales como el turismo–. Para explicar la permanencia y protagonismo del contrato temporal en España no queda más remedio que acudir a la “cultura de la temporalidad”: las empresas practican de manera sistemática el fraude de ley porque les resulta rentable y los trabajadores no reclaman ni denuncian porque el empleo temporal forma parte del paisaje. Para ambos.

Según un informe elaborado por CCOO, la temporalidad está extendida en todo el tejido productivo y en todas las estaciones del año. Es “permanente y generalizada”. Y duplica la que tienen los mismos sectores en otros países de la UE. En la hostelería alcanza el 36%, casi 10 puntos porcentuales por encima de la media europea. En la construcción es incluso superior, un 40,2%, casi 24 puntos mayor que la media comunitaria. En la agricultura se eleva al 56,5%, por lo que casi duplica la media europea. Pero también la dobla en sanidad, educación o el sector de la energía. En la industria, e incluso en la banca o el sector inmobiliario, es mucho mayor igualmente. En las administraciones públicas también la duplica. Según destaca el sindicato, “no hay ningún elemento estructural diferencial que explique estas importantes brechas”.

Es más, el estudio revela que, en los hoteles de la costa mediterránea, Canarias y Baleares, las zonas turísticas por excelencia, el empleo temporal nunca baja del 25% en todo el año. Es decir, hay siempre 63.000 asalariados con un contrato temporal. En los restaurantes el número es superior: 147.000 contratados temporales durante todo el año, un 37%. En la costa norte, los restaurantes mantienen un 35% de sus trabajadores temporales de forma permanente, 22.000 personas.

Tampoco advierte CCOO ninguna conexión entre el tamaño de la empresa y el número de empleados temporales. Da igual que sean grandes o pequeñas, todas ellas rondan el 30% de plantilla eventual. De hecho, si se trata de temporales con contrato a tiempo parcial, la fórmula más precaria de empleo, resulta que las mayores empresas, con más de 500 trabajadores, son las más adictas a este tipo de plantillas, con una tasa del 46,6%, cinco puntos por encima de la media.

A la cabeza de la OCDE en vigilantes y limpiadoras

Si sobre las causas y cómo encararlas persiste la discusión, sobre las consecuencias perjudiciales del abuso del empleo temporal no hay dudas. Una de ellas es su impacto en la productividad.

Por un lado, CCOO apunta a que permitir los contratos temporales sin que exista una causa legal –acumulación de tareas, puntas de producción, tareas acotadas en el tiempo, sustituciones–, como se han acostumbrado a hacer las empresas en España para cubrir puestos estructurales, ha incentivado la subcontratación de actividades de bajo valor añadido, “restando fuerza a actividades más productivas, donde se asumen más riesgos y se requiere mano de obra estable, inversión en formación, I+D e innovación, y donde la presión de la competencia internacional es mayor”.

Así, España es el país de la OCDE con mayor proporción de trabajadores de seguridad y servicios a edificios. En 1995 tenía un 35% de limpiadoras subcontratadas; en la actualidad ya es el 50%. Los vigilantes jurados empleados en subcontratas eran el 60% en 1995 y hoy se acercan al 70%. Son también los porcentajes más altos de toda la OCDE.

Además, el exceso de empleo temporal hunde la productividad de los trabajadores porque les priva de formación y de una mejor cualificación. El informe de CCOO destaca que impide el “aprendizaje orgánico de un oficio cualificado en el puesto de trabajo”. En la construcción, por ejemplo, el 31% de los trabajadores españoles dicen que han tenido que aprender por sí solos, frente al 18% de los europeos. Además, al permanecer un corto espacio de tiempo en la empresa, los empleados temporales no participan o participan mucho menos en los cursos de formación: el 77% de ellos aseguran que no han recibido ninguno.

Casi 11 puntos menos productivos que los alemanes

Pero el abuso del trabajo eventual puede tener otros efectos mucho menos previsibles. Pese a que estos contratos se asocian a los puestos menos especializados, la progresiva laxitud de las leyes laborales, con menor protección para los trabajadores, ha extendido el empleo temporal a todo tipo de profesiones y sectores. También se supone que, en las actividades que requieren una mayor cualificación, el uso de los contratos temporales servía preferentemente como mecanismo para seleccionar a los trabajadores más adecuados con un coste menor.

En España, además, las plantillas de temporales han sido utilizadas como una forma de responder a los shocks de demanda. Las empresas ajustaban los costes laborales deshaciéndose masivamente de sus eventuales. Así ocurrió en 2009, tras el estallido de la crisis financiera.

Sin embargo, un estudio elaborado por los profesores Miguel Ángel Malo, de la Universidad de Salamanca, y Domenico Lisi, de la Universidad de Catania, concluye con dos hallazgos. El primero, que el empleo temporal daña más la productividad de los sectores que requieren trabajadores con mayor cualificación que la de las actividades menos especializadas. El segundo, derivado del anterior, que los contratos temporales los utilizan las empresas más como una forma barata de empleo para ahorrar en salarios que como un sistema barato de selección de personal.

Los autores usaron datos de 10 sectores de actividad –agricultura, construcción, transporte, servicios sociales y electricidad como no cualificados y comercio, hostelería, industria, banca y actividades inmobiliarias como cualificados– en 13 países europeos, incluida España, entre 1992 y 2007. También incluyeron en su investigación desde los rasgos culturales y sociales de cada país –aprovechamiento escolar, calidad de gobierno– hasta el grado de protección proporcionado por sus respectivas legislaciones laborales. Según sus resultados, un aumento del 10% en la cuota de trabajadores temporales en un sector con mayor cualificación hace caer su productividad entre un 1% y un 1,5%, el doble de lo que la hunde en un sector con pocas exigencias formativas –entre un 0,5% y un 0,8%–.

Es decir, en una economía como la española donde la productividad sigue siendo baja, entre otros motivos por el elevado peso en el PIB de sectores intensivos en mano de obra y escasos en innovación –construcción, hostelería–, el abuso del empleo temporal incluso en los que requieren mayor cualificación y son más productivos es un lastre añadido. En España, la productividad real del trabajo era en 2019 de 31,85 euros por hora trabajada, frente a los 42,78 euros de Alemania. Desde 2009, la productividad española ha crecido 2,89 puntos, mientras que la alemana ha aumentado 4,34 puntos, según las cifras de Eurostat, la oficina estadística de la UE. Entre 2014 y 2019, los años de la recuperación tras la crisis financiera y del ladrillo, la productividad real del trabajo sólo mejoró en España 0,63 puntos porcentuales, menos de la mitad de lo que lo hizo la alemana, 1,44 puntos.

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