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8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES

El feminismo vuelve a llenar las calles contra la extrema derecha y la reacción machista

Manifestación convocada por la Comisión 8M bajo el lema 'Patriarcado, Genocidio, Privilegios #SeAcabó', este viernes en Madrid.

Es viernes 8 de marzo y las feministas cuentan los minutos para salir a las calles. El debate en torno a la amnistía concede una tregua y algunos líderes políticos apuestan por poner el foco, aunque sólo sea por un día, en la brecha salarial, en los cuidados y en la doble jornada. Una mujer envía por whatsapp la imagen de un pañuelo morado con el lema "Palestina tiene nombre de mujer" y otra de sus compañeras decide apostar por el humor: "Chupito por cada vez que nos digan eso de: ¿y el día del hombre qué?", comparte. Probablemente no esperaba que la sátira estuviera adelantándose a la realidad política.

Atocha comienza a teñirse de morado al filo de las 19 horas. Otro año más, quienes quieren salir a la calle tienen que decidir qué rumbo seguir: si el marcado por la Comisión 8M, o aquel que ha decidido trazar el Movimiento Feminista de Madrid. Hay una suerte de resignación ante la brecha. Si hace unos años la división era motivo de alarma, hoy buena parte lo asume ya como lo normal.

Los debates son los mismos, pero el paso del tiempo ha terminado por enquistarlos y no parece existir un frente conciliador. La libre determinación del género y los derechos del colectivo trans colisionan, según advierten ciertas voces, con el fraude de ley y la sombra de la amenaza a las mujeres. Trabajo sexual o explotación, consentimiento, libertad sexual, pornografía. Lo que podría haber sido simple objeto de disenso, se ha convertido en una batalla que ha servido para consumar la brecha de un feminismo que se sabe dividido.

Desde Atocha ha partido la ministra de Igualdad, Ana Redondo, acompañada por parte de su equipo. A su lado, Elma Saiz (Ministerio de Inclusión) y Fernando Grande-Marlaska (Ministerio del Interior). "Hay mucho camino por delante", clama la responsable de Igualdad. "Es fundamental que se sigan dando pasos. Hay un problema real, que es la extrema derecha. Sus políticas pretenden retrotraer los derechos de las mujeres a unas posiciones que creíamos haber resuelto, por eso estamos aquí avanzando en derechos".

La extrema derecha y el negacionismo que ha conseguido colarse en las instituciones preocupa especialmente a Cuncun, quien con una mano sostiene el brazo de su compañera y con la otra agarra la bandera morada que no deja de ondear. A sus 72 años, presume de haber "corrido delante de los grises" y por eso los ecos de la extrema derecha le dan escalofríos. Ha salido a la calle, afirma, porque "los derechos se adquieren reivindicándolos" y todavía "hace mucha falta que las feministas estén presentes".

Por eso lamenta la división, producto de "la polarización dichosa y de la guerra abierta contra la anterior ministra [presente, por cierto, en la misma manifestación]", opina. "Lo inteligente es ir juntas", precisamente para combatir discursos como el de Isabel Díaz Ayuso, dice sin salir de su asombro por las palabras que la mañana del viernes ha vertido la presidenta madrileña demandando "un día del hombre". "Me parece pésimo, fatal, a mí no me representa", quiere dejar claro. Reconoce preocupación por el calado de estos discursos entre los más jóvenes, aunque mira con esperanza a las muchas chicas que sí han decidido salir y que hoy se hacen hueco entre la muchedumbre.

Son ellas, las más jóvenes, quienes han heredado las pancartas con el lema "Hermana yo sí te creo" que hoy se erigen entre las 500.000 personas que se han manifestado, en cifras de la Comisión 8M. La Delegación del Gobierno rebaja el entusiasmo, con unos cálculos que sitúan la participación en 30.000 personas –el año pasado, los números oficiales cifraron la asistencia en 17.000–. Alejandra y Silvia son dos de esas chicas jóvenes que participan en la marcha de Madrid. Es su segundo año consecutivo, dicen orgullosas. Cada poco, detienen la conversación para atender a las prioridades: "¡Abajo el patriarcado que va a caer, arriba el feminismo que va a vencer!", rugen junto a sus compañeras cuando el grupo las demanda. "Mucha gente sigue creyendo que no es importante estar aquí hoy, por eso tenemos que hacer visible que sí lo es", dicen algo nerviosas, pero con determinación.

Aquello de la reacción machista entre sus compañeros es para ellas mucho más que una estadística: "No conozco a ningún hombre feminista", lamenta una. Especialmente en un momento en el que las redes sociales están plagadas de "hombres defendiendo sus privilegios". Y también, dicen con cierto pesar, algunas chicas que rechazan el feminismo "para buscar validación masculina y no ser canceladas" por los hombres que tienen al lado.

Quizá la cosa esté mucho más clara entre las más pequeñas. A pocos pasos de las adolescentes, un grupo de niñas salta enérgicamente. La más pequeña tiene nueve, la más mayor no llega a los once. En sus mejillas, el símbolo femenino dibujado en trazos violetas. Preguntadas por los motivos que las llevan a manifestarse, las pequeñas responden con otro interrogante: "¿No es obvio? ¡Porque es 8M!". Para ellas, no hay otra alternativa que echarse a las calles. No es la primera vez que salen, presumen bajo la mirada orgullosa de sus madres, para ellas es ya una suerte de tradición.

"Queremos que vivan la unión entre las mujeres e inculcarles los valores que representa esto", sonríe una de las madres, Ainhoa. Precisamente porque la división hace que la lección sea mucho más difícil, lamenta que este viernes Madrid esté atravesada por dos marchas. Pero no tiene dudas al elegir bando: "Estoy aquí porque es la que más me mueve y porque estoy a favor de la ley trans".

Un año más, el trabajo minucioso y continuado de las organizadoras ha tenido impacto en una marcha organizada por bloques. Al frente, los colectivos feministas portan las pancartas y los megáfonos. Después, partidos, sindicatos y otras organizaciones, cada una con su propia reivindicación. Brisna Zaragoza, vocera de la Comisión 8M de Madrid, se pone ante los micrófonos para hacer del #SeAcabó el gran lema feminista de este año. "Decimos se acabó al patriarcado, a la negación de las violencias, a la impunidad, el silencio, a la complicidad", clama la activista, "a no poder acceder a un aborto seguro en los hospitales públicos".

La lucha por la vivienda es también una lucha feminista, recuerda Angelines. En su camiseta morada luce estampado el logo de Stop Desahucios. "Cada vez echan a más mujeres con hijos a la calle, la vivienda siempre ha sido un terreno patriarcal y las mujeres han tenido que cargar con ese peso", asiente.

A pocos metros, una niña sobrevuela la marcha a hombros de su padre, con una vista privilegiada y asumiendo la tarea de sostener un cartel que reza "Juntas podemos".

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Entre Cibeles y Plaza de España, la marcha convocada por el Movimiento Feminista de Madrid reunió a unas 4.000 personas según las cifras oficiales. Su agenda es clara: abolición de la prostitución y de la pornografía, además de una oposición firme a la libre determinación del género, origen del "borrado de las mujeres y la idea reaccionaria del cuerpo equivocado", insisten.

Madrid no es la única ciudad donde el feminismo marcha escindido: la misma situación se ha reproducido desde Santiago de Compostela hasta Murcia.

Bajo el lema "Mujeres, lesbianas y trans juntas contra las precariedades, las fronteras y los genocidios", Barcelona también ha quedado teñida por una marea violeta, en una movilización que según la Guardia Urbana ha reunido a unas 40.000 personas y que, esta vez sí, ha salido unida. En Bilbao, en torno a 20.000 manifestantes han exigido al unísono un sistema público de cuidados, como ya hicieran en la huelga general feminista convocada el pasado 30 de noviembre. En A Coruña, miles de mujeres han salido "unidas por un objetivo común" y en Santander, más de 8.000 manifestantes lo han dejado claro: "Nos sobran los motivos, porque nuestros derechos siempre están amenazados".

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