Diez años de la tragedia de Lampedusa: 28.000 muertes en el Mediterráneo y la UE mirando hacia otro lado

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Sofía Henales

Una enorme barcaza zarpó hace una década desde las costas libias con más de 500 pasajeros a bordo, entre ellos menores y mujeres embarazadas. ¿Su objetivo? Llegar a Europa. Casi lo consiguen, pero el 3 de octubre de 2013, la embarcación naufragó muy cerca de Lampedusa, una pequeña isla al sur de Sicilia. Este minúsculo territorio en el extremo sur de Europa ya no es, una década después, un paradisíaco lugar famoso por sus aguas cristalinas y su colorida vida marina, sino por haberse convertido en un cementerio bajo el mar.

En total, 368 personas murieron en aquel naufragio que marcó un antes y un después en la mente de los europeos. Las autoridades italianas calificaron la tragedia como “inadmisible”, y decidieron poner en marcha la operación Mare Nostrum, un plan de búsqueda y salvamento. El proyecto se desarrolló correctamente, según indica la organización Médicos Sin Fronteras (MSF). Sin embargo, solo duró un año, así que, a su término, se sucedieron decenas de naufragios mortales. Uno de ellos en febrero de este mismo año en Cutro, donde se registraron más de 90 víctimas.

Los naufragios son muy frecuentes en esta región, pero ningún país del Mediterráneo Central está exento de sufrirlos. En total, desde 2014 se han contabilizado más de 28.000 fallecidos o desaparecidos en este mar, alrededor de 3.000 por año, según Médicos sin Fronteras. Sin ir más lejos, Pylos llegó al corazón de miles de ciudadanos. Este era el nombre de la localidad griega frente a la que se hundió otra barcaza el pasado junio y que dejó centenares de cadáveres. Algunas fuentes hablaron de hasta 700 desaparecidos. Por cierto, ha sido el naufragio más mortífero desde el registrado hace una década en Lampedusa. Mientras, se buscaba a los cinco millonarios que viajaban en el submarino Titán para visitar los restos del Titanic en los fondos del Atlántico.

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Por todo ello, el director de programas de MSF en Italia, Marco Bertotto, ha denunciado este lunes la inacción de los gobiernos europeos: “Desde el final de Mare Nostrum, las autoridades italianas y europeas no han tomado ni una sola medida para reforzar las operaciones de salvamento en el mar ni para limitar de forma concreta y eficaz la sucesión de tragedias”. En lo que llevamos de año, se han ahogado “al menos 2.356 personas. Por eso, actuar ahora es necesario, indispensable y urgente”, ha detallado.

Es difícil que los estados miembros se pongan de acuerdo, más aún si uno de los principales implicados, Italia, impulsa polémicas políticas antinmigración. Las políticas ultraderechistas de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, con su nueva ley sobre la gestión de flujos migratorios (15/2023) obstaculiza la labor de las organizaciones humanitarias que están activas en el Mediterráneo, han asegurado desde MSF.

Ante esta coyuntura, el responsable de las operaciones de búsqueda y rescate en el mar de la ONG, Matías Gil, se pregunta: “¿Cuántas personas más tienen que ahogarse para que alguien haga algo en la dirección adecuada?”. Gil lo tiene claro: “Cualquier persona que se encuentre en el mar en peligro de muerte debe ser rescatada y considerada como persona antes que como migrante”. 

Una enorme barcaza zarpó hace una década desde las costas libias con más de 500 pasajeros a bordo, entre ellos menores y mujeres embarazadas. ¿Su objetivo? Llegar a Europa. Casi lo consiguen, pero el 3 de octubre de 2013, la embarcación naufragó muy cerca de Lampedusa, una pequeña isla al sur de Sicilia. Este minúsculo territorio en el extremo sur de Europa ya no es, una década después, un paradisíaco lugar famoso por sus aguas cristalinas y su colorida vida marina, sino por haberse convertido en un cementerio bajo el mar.

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