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Viaje a cuatro bastiones ultra: la extrema derecha avanza en la Europa rural explotando la sensación de abandono

Alexia Barakou

Lorenzo Buzzoni, Marta Portocarrero, Paulo Pena (IE)

A primera vista, São Vicente e Ventosa es un escenario improbable para la agitación política. Un pueblo tranquilo con edificios encalados y tejados de arcilla que, como la mayor parte del Portugal rural, tiene una población envejecida y una economía basada en la agricultura. Sin embargo, se ha convertido en un ejemplo del auge del apoyo a la extrema derecha entre el electorado luso.

Casi la mitad de sus 730 electores votaron al partido de extrema derecha Chega en las elecciones generales de marzo. En el municipio de Elvas, una zona cercana a la frontera española famosa por su historia militar, el porcentaje fue del 36%. A nivel nacional, Chega obtuvo el 18% y un número récord de 50 escaños.

El alcalde del pueblo, João Charruada, es socialista, pero ni siquiera a él le sorprende el rechazo de la zona a la política establecida. "La gente está disgustada con el Gobierno central", afirma este hombre de 38 años, que comparte edificio con la oficina de correos y el centro comunitario. “Aquí, en una zona agrícola, no hay las mismas condiciones de vida que en Lisboa", señala.

En toda Europa abundan sentimientos similares, que ceban a partidos de la familia política de Vox. El análisis de los resultados de las últimas elecciones estatales en 11 países realizado por Investigate Europe (IE), red de medios de investigación a la que pertenece infoLibre, revela que los partidos de extrema derecha obtuvieron su mayor porcentaje de votos en distritos rurales. Los reporteros de IE han viajado a cuatro de estas localidades para entender qué lleva a los votantes a apoyar a partidos de extrema derecha. Se trata de una tendencia que probablemente continuará, ya que se prevé que el Parlamento Europeo dé un giro a la derecha en las elecciones de junio.

"La geografía del descontento"

"Una amplia 'geografía del descontento' va en aumento en regiones de Europa en declive desde hace mucho tiempo, así como en muchas ciudades pequeñas, pueblos y zonas rurales", sostiene un informe entregado a la Comisión Europea en febrero por un grupo de académicos, políticos y activistas. "La sensación de desesperación no se limita a las dificultades económicas, sino que se expande a un sentimiento de estar políticamente privado de derechos y socialmente alienado".

Este sentimiento de aislamiento, tanto geográfico como político, no es exclusivo de las zonas rurales, pero a menudo se amplifica en ellas. Chega, Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), el PVV holandés, la Agrupación Nacional francesa y otros partidos similares han aprovechado estos temores para lanzar políticas populistas, más allá de las posturas radicales sobre migración y cuestiones sociales.

La extrema derecha europea se ha visto favorecida por varios factores. Ya sea por la erosión del apoyo a los partidos políticos mayoritarios y la disminución de la influencia de los movimientos de izquierda, aún marcados por las crisis financieras del pasado, o por un panorama mediático que cada vez les resulta más favorable y su capacidad para explotar los temas polarizadores de la guerra cultural.

"Vivir en zonas rurales no está asociado con el voto a la derecha radical porque los individuos se sientan más desfavorecidos económicamente o tengan opiniones socialmente más conservadoras", afirma el politólogo Pedro Magalhães, coautor el año pasado de un estudio sobre los hábitos de voto en Portugal. "En cambio, sí se asocia con la sensación de que la zona donde uno vive está desatendida por el gobierno y sus políticas públicas, y eso, a su vez, es lo que impulsa el apoyo a la derecha radical".

Este malestar, según el informe enviado a la Comisión de la UE, "no es un mero telón de fondo, sino un motor fundamental del creciente apoyo a ideologías que buscan socavar la UE o, en su forma más radical, abogan por su desaparición".

"La pesadilla de la UE"

Uno de esos políticos es el holandés Geert Wilders, el euroescéptico descrito en algún medio como "la peor pesadilla de la UE". Su Partido por la Libertad (PVV), de extrema derecha, fue el más votado en las elecciones generales de noviembre, con un 25%, y se espera que sea el mayor partido holandés en Bruselas el próximo mes de junio.

Denunciado por muchos por su retórica incendiaria y sus anteriores políticas antiislamistas, Wilders consiguió atraer a millones de votantes, muchos de ellos en zonas rurales, aprovechando las preocupaciones cotidianas y el sentimiento antiinmigración. Uno de esos lugares es Sint Willebrord, una tranquila localidad de 9.300 habitantes cercana a la frontera belga, donde pastan ovejas y caballos y las calles están bordeadas de casitas con cuidados jardines. Aquí, casi tres cuartas partes de los votantes eligieron su papeleta. Sint Willebrord pertenece al distrito de Rucphen, donde la extrema derecha obtuvo el 53%, el mayor porcentaje en todo el país.

"Somos una comunidad cerrada, formada por trabajadores, constructores y empresarios", dice Jan Roks, mecánico en el pueblo desde hace 40 años. "No voté al PVV, pero entiendo por qué la gente apoya a Wilders".

Manuela Lambrechts, propietaria de una panadería de productos sin gluten, dice que parte de la popularidad de Wilders entre los lugareños se debe a que "es una persona normal" y "una persona como nosotros". La preocupación por la vivienda y los servicios públicos también fueron temas centrales. "Los jóvenes holandeses no pueden irse de casa porque no hay viviendas disponibles, y las pocas que hay son demasiado caras. Wilders quiere luchar contra la falta de vivienda frenando la inmigración", cree Lambrechts.

"Una historia que la gente quiere creer"

En Países Bajos, la migración neta superó las 220.000 personas en 2022, multiplicándose por 10 en dos décadas. El tema dominó la campaña electoral y fue una de las razones por las que el pensionista Geert Lambregts dio su voto a Wilders. Lambregts subraya que quienes han votado a Wilders no son racistas, sino que creen que "hay que controlar la inmigración y que sólo deben entrar en Países Bajos quienes huyen de la guerra", argumenta durante un descanso de una partida de billar en el bar de la calle principal.

Incluso en un lugar como Sint Willebrord, donde el número de inmigrantes es bajo, logran credibilidad las afirmaciones de Wilders de que reducir drásticamente la inmigración transformaría el país. "La narrativa de la extrema derecha habla de 'recuperar el control, migración cero', prometiendo que eso va a resolver todos los problemas, lo cual es mentira. Sabemos que es mentira, pero es una historia fácil. Una historia que la gente quiere creer", explica Tom Theuns, profesor de política de la Universidad de Leiden.

En Portugal, el rápido ascenso de Chega, partido formado en 2019, se basó en promesas igualmente populistas de recortar impuestos y luchar contra la corrupción. Su líder, André Ventura, también ha avivado los temores entre las minorías con comentarios incendiarios sobre la comunidad gitana y los migrantes.

En zonas rurales como Elvas, una ciudad cuyas fortificaciones están en la lista del patrimonio cultural de la Unesco y que ha sufrido económicamente desde el cierre de su base militar en 2006, los votos a favor de Chega duplicaron los que obtuvo en las elecciones de 2022. "Explico el crecimiento de la extrema derecha en Elvas por el populismo político", señala Almerindo Prudêncio, mediador cultural que trabaja en escuelas para mejorar las relaciones con los jóvenes gitanos. "Por desgracia, la gente ha sido educada con un estigma sobre los gitanos. Y esta construcción, esta narrativa, la usa el populismo de extrema derecha, sin ningún pudor", añade.

La importancia de los servicios públicos

Sin embargo, algunos expertos creen que la suposición de que los votantes de distritos rurales son partidarios de políticas antiinmigración o nacionalistas es errónea. "La propensión a votar a un partido de extrema derecha disminuye con una mayor oferta de servicios públicos y una mayor proporción de inmigrantes", escribió Jonna Rickardsson, académica sueca y autora del estudio La brecha rural-urbana en el apoyo populista a la derecha radical. "Es probable que los individuos de zonas en declive con menor acceso a los servicios públicos respondan al deterioro de su ubicación votando a la extrema derecha", indica.

En el interior del edificio del ayuntamiento de São Vicente e Ventosa, un grupo de hombres del sur de Asia que han venido a recoger aceitunas están ultimando sus trámites. No hace mucho, recuerda con orgullo el personal, el pueblo ayudó a jornaleros agrícolas marroquíes que habían sido engañados por su patrón, recogiendo ropa y comida para ellos. El alcalde, João Charruadas, insiste en que el éxito de Chega no se debe a la xenofobia, sino a la esperanza de que un cambio en la política mejore la vida cotidiana, incluidos sus desatendidos servicios públicos.

"Sólo hay un autobús a Elvas [a 10 kilómetros] por la mañana y otro por la tarde, y la gente que necesita asistencia sanitaria tiene que ir allí a menudo". Para alguien de Elvas es más rápido llega en tren a Madrid, a más de 400 kilómetros, que a Lisboa, que está a 200. La maternidad de Elvas cerró hace unos 20 años y la más cercana está ahora en Badajoz.

En Francia, la Agrupación Nacional está conquistando este mismo tipo de voto. El partido de Marine Le Pen es uno de los favoritos para las elecciones europeas de junio y ha prometido hacer frente a la burocracia "autoritaria" de Bruselas. Podría resultar una táctica oportuna, ya que los grupos de extrema derecha pretenden abrirse paso en la Europa rural captando el apoyo de los agricultores que protestan, enfadados a su vez con la burocracia de la UE.

El economista Thomas Piketty defiende que ha surgido "un nuevo conflicto de clases" en el que “no sólo desempeñan un papel importante los ingresos o la clase social, sino también el lugar de residencia". Esta sensación de "desigualdad" está llevando a los votantes de las zonas rurales a juzgar la calidad de las infraestructuras públicas, "cosas como el acceso a universidades y hospitales de vanguardia", en un momento en el que la inversión escasea. "Los votantes de estas regiones se han visto mucho más afectados por la aceleración de la globalización, pero también por la integración europea", concluye.

"No tienen ni idea de cómo vivo aquí"

El malestar rural ha ayudado a los partidos antisistema a captar votantes que se sienten olvidados por los responsables políticos en casa y en Bruselas. Alternativa para Alemania, otro partido euroescéptico y antiinmigración, se perfila como favorito en las elecciones europeas de junio. Ha ganado apoyo en todo el país, pero en ninguna ciudad tanto como en Görlitz, una zona rural próxima a la frontera polaca donde obtuvo el 32,5% de los votos, su mayor porcentaje en las elecciones federales de 2021. 

Frank Seibel, un antiguo reportero de prensa que ahora dirige una sinagoga convertida en centro cultural en Görlitz, afirma que el AfD ha aprovechado el descontento local con las autoridades. "Existe la percepción de que hay personas sentadas en Berlín que deciden cuestiones que influyen en mi vida cotidiana y que no tienen ni idea de cómo vivo aquí, ni de lo que es importante para mí. Creo que eso sin duda influye", reflexiona.

El amplio apoyo al AfD es "una mezcla variopinta, en parte protesta, en parte cosas concretas que han frustrado a los ciudadanos a lo largo de las décadas", dice Octavian Ursu, un músico clásico reconvertido en político que lleva casi cinco años como alcalde. Como en todas partes, la burocracia y los problemas de los servicios públicos fueron factores determinantes. Ursu, nacido en Rumanía, cita la autopista inacabada y una línea de ferrocarril sin electrificar como ejemplos de por qué los residentes "no tienen la sensación de que exista realmente la voluntad de finalizar estas conexiones de transporte".

La percepción de declive

El auge de la extrema derecha se está produciendo en Austria, Bélgica, República Checa, Hungría, Suecia y en casi todo el resto de la la UE. En 2022 tuvo lugar un momento crucial con la elección de Giorgia Meloni como primera dirigente italiana de extrema derecha desde la Segunda Guerra Mundial. Su partido, Hermanos de Italia, consiguió un enorme apoyo, en gran parte gracias a sus radicales propuestas contra la inmigración y al atractivo antisistema de la propia Meloni.

El municipio septentrional de Verona dio casi el 30% de sus votos a Meloni, y en la ciudad de Salizzole la cifra fue de casi el 50%, un máximo nacional. Salizzole, una pequeña ciudad envejecida y construida en torno a un castillo del siglo XII, ha votado a la extrema derecha durante décadas.

En 2022, el apoyo creció por la preocupación con la inmigración y la percepción de declive a largo plazo de la zona. El cierre de sus fábricas de muebles ha dejado una economía que depende en gran medida de la producción de tabaco, arroz y verduras, y cada vez más de los trabajadores inmigrantes.

"Los jóvenes ya no están dispuestos a hacer ciertos trabajos, así que los extranjeros son indispensables... Muchos trabajan duro, otros no trabajan y son mantenidos por el Estado italiano, y esto no es bueno", afirma Filippo Scioni, antiguo concejal de Salizzole.

El respaldo a Hermanos de Italia, que hunde sus raíces en el neofascismo (la propia Meloni fue militante de las Juventudes del MSI), resulta llamativo en una zona con su propia y larga historia de emigración. Miles de emigrantes partieron a Sudamérica en el siglo XIX para escapar de la pobreza. Aunque en la actualidad la región puede considerarse próspera, las fuerzas cada vez más poderosas de la globalización han hecho temer que una nueva oleada de privaciones económicas pueda estar a la vuelta de la esquina. Andrea Castagna, presidente regional de la antifascista Asociación Nacional de Partisanos de Italia, cree que estas preocupaciones son parte de la razón por la que los votantes "buscan seguridad y estabilidad en la narrativa de la extrema derecha".

"La ultraderecha gana porque la memoria se desvanece"

El éxito de Meloni en un lugar cuya historia ha estado marcada por la ocupación nazi y el enorme movimiento de resistencia que le siguió es una triste realidad para Castagna. "La ultraderecha gana porque la memoria se desvanece", lamenta, mostrando la medalla al valor militar por la liberación concedida a Vestenanova, una pequeña localidad de montaña en la zona de Verona. "Debería saber que en este pueblo, arrasado dos veces por los fascistas nazis, en las últimas elecciones Hermanos de Italia sacó el mayor porcentaje de votos de Italia, sólo superado por Salizzole", afirma.

Para Debora, propietaria de una papelería en Salizzole, la razón por la que votó a Meloni es sencilla: "Sinceramente, no sé por qué he votado a Hermanos de Italia. Lo único que puedo decirte es que como con la mano derecha, escribo con la mano derecha, y en esta zona siempre hemos votado a la derecha".

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Información adicional: Nico Schmidt.

Edición: Chris Matthews.

Este artículo forma parte de la serie "La UE bajo presión", en la que Investigate Europe examina asuntos clave de cara a las elecciones del próximo mes de junio. Puedes leer aquí y aquí los anteriores artículos de la serie.

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