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Europa

Falsa calma chicha en Europa

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, ofrece una rueda de prensa en Bruselas.

Martine Orange (Mediapart)

Ha sido un bonito verano. Por primera vez en cuatro años no se ha gobernado Europa en modo pánicoen modo. No se han celebrado reuniones a horas intempestivas, ni cumbres agitadas destinadas a tratar de apagar de forma precipitada el incendio, en un extremo u otro de la zona euro.

En primavera, los dirigentes europeos se pusieron de acuerdo para posponer las cuestiones europeas más incómodas: nada debía incomodar ni perturbar las elecciones alemanas, que han otorgado nuevamente la victoria a Angela Merkel. Gracias a la ayuda de los bancos centrales, que han velado por otorgar al sistema financiero la liquidez deseada, las tensiones se han apaciguado momentáneamente. Los miedos a los mercados se han conjurado en parte mientras que los mercados bursátiles van de récord a récord.

En un extenso artículo publicado el 17 de septiembre en el Financial Times, el ministro alemán de las Finanzas, Wolfgan Schäuble, se felicitaba de esta vuelta a la calma, que interpretaba como el éxito de la política de austeridad dictada por Europa e inspirado por Berlín. “Ignoren los malos augurios, Europa está recuperándose”, ha dicho. “El mundo debería alegrarse de los signos positivos enviados casi a diario por la eurozona. Aunque la crisis continúe, la zona euro está restableciéndose claramente de manera estructural y cíclica al mismo tiempo. Lo que está sucediendo se corresponde exactamente a lo que los dirigentes europeos que mantenían la cabeza fría habían predicho. El trabajo de reparación fiscal y estructural está pagándose, se están estableciendo los cimientos para iniciar un crecimiento sostenible”, ha asegurado.

Siempre a remolque, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, se apresuraba al día siguiente a abundar en la línea de lo manifestado por Wolfgang Schäuble. “Lo peor de la crisis europea ha pasado”, porfiaba. Incluso “Grecia comienza a ver por fin la luz al final del túnel”.

Los dirigentes analizan las cifras en este mismo sentido. La zona euro ha salido de la recesión en el segundo trimestre. La actividad y los índices de confianza remontan al alza. Incluso los países que se encuentran en una situación más crítica, comienzan a ver la luz: Irlanda está saliendo de la recesión después de dos años y medio, el paro en España y en Grecia, por primera vez desde hace tres años, empieza a estabilizarse, gracias al empleo temporal.

En cambio, algunos analistas hacen hincapié en el hecho de que se olvida que el fondo del cuadro europeo sigue siendo sombrío. La actividad económica, si no vuelve a hundirse, permanece estancada, el crecimiento se mide en décimas, el paro alcanza niveles estratosféricos –12,2% en el conjunto de la zona euro, más del 27% en España y en Grecia– y amenaza sobre todo a los jóvenes, hasta el punto de que se habla de una generación perdida, y la política de austeridad ha arrasado literalmente las economías de la Europa del Sur.

Algunos responsables financieros no están mucho más tranquilos. La calma que ha conocido Europa estos últimos meses podría no durar, advierten. Los problemas que los dirigentes europeos han decidido esconder bajo la alfombra van a volver a salir ahora que han pasado las elecciones alemanas, según ellos.

En Grecia será de forma inmediata. Al día siguiente de los comicios, los miembros de la troika -FMI, BCE y Comisión Europea- volvieron a Atenas para revisar el programa de austeridad impuesto por los acreedores internacionales. Su llegada se produce tras una semana de huelgas y de manifestaciones de los funcionarios, de los médicos, de los profesores, que denuncian la miseria y la indigencia a la que se ven abocados. Se oponen a la supresión de 25.000 puestos en la función pública de aquí a final de año, al que se ha comprometido el Gobierno griego y todo ello para responder a las exigencias de la troika. Sin embargo, la evolución de la crisis griega ha sufrido un nuevo revés tras el asesinato de Pavlos Fyssas, un rapero griego de extrema izquierda, asesinado el miércoles en Atenas por un miembro del partido neonazi Amanecer dorado. Las manifestaciones antifascistas se suceden en todo el país para denunciar la violencia del partido de extrema derecha, cuyos simpatizantes no dejan de aumentar desde el comienzo de la crisis. El Gobierno dice estar estudiando la ilegalización del movimiento Amanecer dorado. Los riesgos de la progresión de la extrema derecha, así como la tendencia a la toma de decisiones políticas de forma irreflexiva ya habían sido predichos hace tiempo por numerosos observadores, a medida que se producía el hundimiento económico. Desgraciadamente tenían razón.

Esta nueva amenaza política, ¿supondrá un punto de inflexión en el trato impuesto por la troika en Grecia? Desde hace varios meses, los responsables europeos saben que su política ha llevado al país a un callejón sin salida. El PIB griego ha disminuido más de un cuarto de su valor desde 2007, sin que se vea ningún signo de estabilización. Aunque el programa de la troika prevea un ligero crecimiento -del orden del 0,5%- en 2014, la economía griega continúa hundiéndose y el paro sigue en aumento. El endeudamiento público, pese a una primera reestructuración de la deuda en 2012, alcanza más del 160% del PIB. Las cuentas públicas no mejoran. Y se sabe ya que los ingresos obtenidos de las privatizaciones, que tenían que alcanzar 5.000 millones de euros, no se van a conseguir.

Un informe interno del FMI de junio recogía un balance abrumador relativo al plan de rescate de Grecia. “Hay fracasos notables. La confianza de los mercados no se ha recuperado, el sistema bancario ha perdido un 30% de sus depósitos y la economía sufre una recesión más profunda de lo prevista con una tasa de paro excepcionalmente elevada. La deuda pública es muy alta y tendrá que ser eventualmente reestructurada”, recogía entonces dicho informe. “La crisis y la recesión han acarreado consecuencias terribles para Grecia en términos de paro y han provocado un malestar creciente en la sociedad, los partidos extremos ganan cada vez más peso”, continuaba, antes de concluir que una nueva reestructuración, en otros términos, una nueva bancarrota del país, era inevitable. En julio, el FMI abundaba en este sentido al subrayar que faltaban al menos 11.000 millones de euros de financiación en el programa de rescate. Subrayaba que era necesario, cuanto antes mejor, la renuncia de los países europeos a al menos 7.800 millones de euros de créditos.

El hartazgo de la austeridad

Todos los dirigentes europeos se han puesto de acuerdo a la hora de guardar silencio con relación a la constatación del FMI. Ya habrá tiempo después de las elecciones alemanas de reconocer el fracaso griego y de pedir a los contribuyentes europeos que paguen. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, reconoció a principios de agosto que sin duda será necesaria una nueva ayuda europea. Sin embargo, el Gobierno griego, ha avisado Schäuble, debía dar en primer lugar pruebas de su seriedad y de sus esfuerzos de recuperación.

Como viene siendo habitual, los dirigentes europeos tratan de posponer sus decisiones, con la esperanza de que la situación termine por arreglarse. Esta estrategia podría hacerse insostenible. Grecia no puede alcanzar hasta 2014. Necesita con urgencia nuevos créditos de aquí a noviembre y sobre todo precisa otras perspectivas. El aumento del extremismo de derecha y una nueva advertencia a los dirigentes europeos. Podría llegar un momento en que la situación, en Atenas, escape a todo control.

Otro asunto urgente espera a los dirigentes europeos: Portugal. Presentado en un momento como alumno modelo de la política de austeridad europea, este se debate en una crisis política, social y económica que no deja de agravarse. La semana pasada, los miembros de la troika se desplazaron a Lisboa para pasar revista a la recuperación del país. Nada va según lo previsto. La recesión y el paro se han adueñado de la economía. El déficit público se elevará este año al 5,3% del PIB en lugar del 4,5% previsto. Las tasas de interés de la deuda portuguesa han aumentado por encima del 7%, como en los momentos peores de la crisis europea de la deuda, lo que hace imposible la vuelta de Portugal a los mercados en 2014, como contemplaba el plan de rescate. Las agencias de rating vuelven a entrar en juego. Standard & Poor's sitúa a Portugal bajo vigilancia negativa, al estimar que el país corría el riesgo de no poder hacer frente a sus obligaciones.

“Se ha apoderado de Portugal una sensación de enorme hartazgo”, subraya el economista Nouriel Roubini, que alude a la crisis política y a la oposición del Tribunal Constitucional a diferentes medidas de austeridad. Tras la amenaza de ruptura de la coalición gubernamental, Paulo Portas, hombre fuerte de la coalición, ha logrado convertirse en el único interlocutor de la troika. Tras las primeras reuniones, ha pedido que los acreedores internacionales revisen sus exigencias. Al estimar los objetivos fijados como inalcanzables, ha reclamado que el déficit público para 2014 se fije en el 4,5% del PIB, en lugar del 4%.

Las conversaciones han sido suspendidas, a la espera del resultado de las elecciones municipales celebradas el pasado 29 de septiembre. La coalición gubernamental corre el riesgo de salir debilitada de las urnas. Las negociaciones con la troika corren el riesgo de verse complicadas y los acreedores europeos se muestran en estos momentos intransigentes. En vista de la evolución de Portugal, los analistas piensan que sin duda hará falta un segundo plan de rescate y quizás incluso una reestructuración de su deuda.

A día de hoy, Portugal no figura en los radares de los dirigentes europeos. Todos aparentan creer que en Lisboa todo ocurre según lo previsto. También en este caso puede ocurrir alguna sorpresa.

El fracaso de las políticas de austeridad también es evidente en España y en Italia. A pesar de los ajustes aprobados por la Comisión Europea, a la hora de dar más tiempo a los Gobiernos para mejorar las cuentas públicas, los Ejecutivos españoles e italiano no logran volver a hacerse con el control. La recesión continua: el gobierno italiano reconoció la semana pasada que la caída del PIB será del 1,7% este año, en lugar del 1,3% previsto.

La crisis económica va acompañada de una crisis política lancinante. En Madrid, el Gobierno de derecha se ve salpicado por asuntos de corrupción, mientras que en Roma, la coalición de Gobierno, instalada no sin dificultades en primavera, pende de un hilo, a la espera de la suerte que Silvio Berlusconi corra en octubre en el Senado. Entre bambalinas, los representantes europeos tratan de mantener la ficción de una aparente solidez gubernamental en los dos países para evitar sobre todo volver a las urnas. “La inestabilidad política sería desastrosa para el plan de recuperación y de la consolidación europea y lo único que haría sería inquietar a los mercados”, explican los responsables europeos.

Mientras que el proyecto de unión bancaria que ha hecho saltar las divergencias entre los países europeos parece que duerme el sueño de los justos, la estrategia de despiste de los responsables europeos sobre los problemas de la zona euro parece bastante arriesgada. Todo el mundo ha esperado a Alemania, pero Berlín no tiene nada nuevo que proponer y no quiere reconocer que su política ha llevado a la zona euro a un callejón sin salida. Una vez más, Europa vive bajo la amenaza de estar a la merced de los acontecimientos y de los mercados.

Traducción: Mariola Moreno

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