Los gigantes europeos de armamento duplican su presupuesto para hacer 'lobby' en el último lustro

La industria armamentística sabe a la perfección que su mejor escenario a la hora de maximizar beneficios es aquel en el que impera la sensación de inseguridad e inestabilidad. Y en Europa, ambos factores cotizan al alza. El terrorismo internacional, la salida del Reino Unido de la UE y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca han abierto de par en par la tan esperada ventana de oportunidad hacia una Europa militar. Y los gigantes europeos del sector de la defensa quieren evitar que vuelva a cerrarse. Para que esto no suceda, las diez firmas comunitarias más potentes de la industria armamentística han duplicado en el último lustro el presupuesto que dedican a actividades lobbistas, que ha pasado de los 2,84 millones de euros en 2012 a los 5,65 millones en 2016, según se desprende del informe How the arms lobby is hijacking Europe's defence policy, elaborado por la organización belga VredesActie. 

De todo el sector, que entre 2010 y 2015 ha visto cómo su facturación se ha disparado de los 94.000 millones a los 102.000 millones, la aeroespacial Airbus es, según el estudio, la que más euros ha destinado a ejercer presión sobre las instituciones comunitarias: casi dos millones en 2016. Le sigue de cerca la británica Rolls Royce, uno de los principales productores de motores aeronáuticos, que dedicó el año pasado millón y medio a actividades lobbistas. Con unos 500.000 euros, el informe sitúa a Safran, la multinacional francesa de alta tecnología, mientras que con 300.000 euros coloca a Thales –firma electrónica que desarrolla sistemas de información y servicios–, Leonardo –aeroespacial italiana–, Rheinmetall –mayor fabricante de armas alemán– y Saab –aeroespacial sueca–.

Cierran el listado el grupo naval francés DCNS, la aeronáutica británica BAE Systems y el fabricante de misiles MBDA. Las dos primeras, con una inversión que rozó los 300.000 euros en 2016. La tercera, con poco menos de 50.000 a cierre de año. A pesar de las abultadas cifras, el informe de la organización pacifista belga, que está basado en los datos que aportan estas empresas al Registro de Transparencia de la UE en el que están inscritas, recuerda que "es probable que el presupuesto total" que destinan a estas actividades esté por encima del que reconocen a las autoridades comunitarias: "Los estudios han señalado que los datos registrados a menudo no son fiables", sostiene el investigador Bram Vranken.

Sin embargo, VredesActie no se detiene sólo en las grandes firmas, sino que también pone el foco sobre organizaciones europeas que aglutinan a la mayor parte de las empresas del sector. Es el caso, por ejemplo, de AeroSpace and Defence Industries Association of Europe (ASD), que "desempeña un papel clave en el cabildeo de la Unión Europea en cuestiones aeroespaciales y de defensa". La asociación, creada en 1950 e integrada por más de una decena de multinacionales armamentísticas, dedicó casi 300.000 euros para actividades de presión en 2016. Prácticamente la misma cantidad destinó la Organización Europea para la Seguridad (EOS), que ha jugado un papel relevante, recuerda el colectivo belga, "en la configuración de las fronteras" y en las "políticas de seguridad" comunitarias.

Casi 200 reuniones y 33 'lobbistas' acreditados

Las conexiones entre la industria de la defensa y la Unión Europea llevan años bajo la lupa de grupos activistas como VredesActie o el Corporate Europe Observatory (CEO). Sin embargo, apostilla la organización, las "duras críticas" que esto ha generado no han llevado ni a las instituciones comunitarias ni tampoco a las grandes firmas del sector a romper lazos. De hecho, denuncia el colectivo, las relaciones "se han vuelto cada vez más cercanas". Sólo en los últimos cinco años, las diez principales compañías armamentísticas del Viejo Continente han mantenido 184 reuniones con la Comisión Europea. La lista la encabeza Airbus, con 112 encuentros, seguido muy de lejos por Thales –que ha mantenido 18–, Leonardo y Rolls Royce –con 12 cada uno–, según se desprende del informe.

Los gigantes de la defensa, además, tienen acreditadas a 33 personas ante el Parlamento Europeo. Todos estos lobbistas están obligados, según recoge el código de conducta de la Eurocámara, a "declarar el interés o intereses que representan en sus contactos con los eurodiputados, el personal que trabaja para ellos o los funcionarios de la institución". Sin embargo, al igual que sucede en el caso de los fondos destinados a ejercer presión, la organización belga pone en duda las cifras oficiales: "El número real es probablemente mucho mayor", sostiene. De nuevo, Airbus lidera el ranking con 13 acreditados, seguido por Safran y Thales, con 6 y 4, respectivamente. Resulta curioso el caso de BAE Systems, que con casi 200.000 euros invertidos en hacer lobby no tienen a nadie acreditado en el Parlamento Europeo.

Nace el Fondo de Defensa Europeo

La creación de un programa de investigación militar en el seno de la Unión Europea siempre ha sido uno de los objetivos del sector armamentístico europeo. "Debemos seguir atrayendo importantes fondos de la UE para actividades de investigación", sostuvo en un discurso pronunciado en octubre de 2010 el que fuera presidente de la ASD, Domingo Ureña-Raso. Siete años después de aquellas palabras, el Ejecutivo comunitario ha puesto en marcha el tan esperado Fondo Europeo de Defensa. "Europa tiene que convertirse en un proveedor de seguridad. (...) Supondrá un punto de inflexión para la autonomía estratégica de la UE y la competitividad de la industria europea de la defensa", celebró el pasado mes de junio la comisaria de Mercado Interior e Industria, Elżbieta Bieńkowska.

El fondo común, que es una de las medidas que la Comisión incluyó en su Plan de Acción Europeo de Defensa (PAED), tiene dos ramas: investigación y desarrollo. En el caso de la primera vertiente, a través de la que se concederán subvenciones para la investigación colaborativa en tecnologías y productos de defensa innovadores, la financiación será de 90 millones de euros hasta 2020 –para este año ya han sido asignados los primeros 25 millones– y de 500 millones de euros anuales a partir de 2020. Para la rama del desarrollo de proyectos, el Ejecutivo comunitario sitúa la financiación en 2019 y 2020 en los 500 millones anuales. A partir de 2021, las estimacioneselevan el montante anual para el desarrollo hasta los 5.000 millones: 4.000 los pondrían los Estados y 1.000 correrían a cargo del presupuesto comunitario.

"El Plan de Acción Europeo de Defensa se inspiró en las propuestas de la industria", sostiene VredesActie en el informe. Con el objetivo de demostrarlo, la organización belga realiza una comparación entre el documento de posicionamiento de la ASD de julio de 2016 y el PAED presentado en noviembre de 2016. Así, a modo de ejemplo, si en el primer escrito se decía que el Programa de Investigación en Defensa tendría que ser de "alrededor de 500 millones de euros", en el presentado por la Comisión cuatro meses después se establecía esa misma cantidad como el presupuesto anual necesario. Lo mismo ocurrió en relación con el Banco Europeo de Inversiones (BEI). La ASD pidió eliminar "la defensa y la vigilancia" de la lista de actividades excluidas del órgano financiero de la UE. Y el Ejecutivo comunitario, el pasado mes de noviembre, anunció que apoyaría "la adaptación de los criterios de préstamo del BEI al sector de la defensa".

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Grupo de Personalidades sobre la Investigación de la Defensa

"La red de legisladores, empresas de defensa, grupos lobbistas y think tanks tienen el poder no solo para marcar la agenda, sino también para diseñar nuevas políticas", lamenta el colectivo belga. Y el mejor instrumento utilizado por la industria armamentística europea para hacer que el viento sople a uno u otro lado ha sido, según denuncia VredesActie en su estudio, el Grupo de Personalidades (GoP) sobre la Investigación de la Defensa. Puesto en marcha en 2015, los colectivos pacifistas lo consideran el ejemplo perfecto del grado de penetración del sector militar en las instituciones comunitarias. La organización critica que de los 16 miembros que lo integraban, siete pertenecían a firmas del sector de la defensa y dos trabajaban para instituciones de investigación privada "que podrían beneficiarse de un programa europeo de investigación militar".

"Apenas hubo voces independientes representadas, y mucho menos críticas, como grupos pacifistas u organizaciones en defensa de los derechos humanos. El único diputado del Parlamento Europeo integrado, Michael Gahler, es conocido por sus puntos de vista pro-militaristas", explica el estudio. El colectivo belga, además, apunta que el GoP, que ha jugado un papel fundamental en el desarrollo del Plan de Acción Europeo de Defensa, "parece haberse utilizado deliberadamente para evadir incluso niveles básicos de transparencia". El informe señala que "no estaba registrado como grupo de expertos", lo que le permitió esquivar las normas de transparencia que estos órganos están obligados a cumplir a rajatabla –por ejemplo, publicar las fechas de las reuniones, agendas y actas de las mismas–. El asunto ha llegado incluso al Defensor del Pueblo Europeo, que ha abierto una investigación para aclarar si se cometieron irregularidades.

La industria armamentística sabe a la perfección que su mejor escenario a la hora de maximizar beneficios es aquel en el que impera la sensación de inseguridad e inestabilidad. Y en Europa, ambos factores cotizan al alza. El terrorismo internacional, la salida del Reino Unido de la UE y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca han abierto de par en par la tan esperada ventana de oportunidad hacia una Europa militar. Y los gigantes europeos del sector de la defensa quieren evitar que vuelva a cerrarse. Para que esto no suceda, las diez firmas comunitarias más potentes de la industria armamentística han duplicado en el último lustro el presupuesto que dedican a actividades lobbistas, que ha pasado de los 2,84 millones de euros en 2012 a los 5,65 millones en 2016, según se desprende del informe How the arms lobby is hijacking Europe's defence policy, elaborado por la organización belga VredesActie. 

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