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El motor franco-alemán está gripado (pero no hay otro motor europeo)

El presidente francés Emmanuel Macron da la bienvenida al canciller alemán Olaf Scholz a su llegada para almorzar en el Palacio del Elíseo

Idafe Martín Pérez

Je t’aime, moi non plus. La historia dice que la Unión Europea apenas se mueve si Alemania y Francia no conducen en la misma dirección. Los últimos meses muestran que sus caminos divergen, que las relaciones de Emmanuel Macron con Olaf Scholz no son todavía las que tuvo con Angela Merkel y que en dossieres importantes la diplomacia francesa y la alemana no se ponen de acuerdo.

Macron intentó el miércoles pasado dar un primer paso para arrancar el motor. El fino mantel y la cocina del Elíseo, servida en el castillo de Fontainebleau para almorzar, no fueron suficiente como terapia de pareja. No hubo conferencia de prensa conjunta y el comunicado de la Presidencia francesa habló de una reunión “muy constructiva” y de la creación de grupos de trabajo. “Muy constructiva” en lenguaje diplomático significa que no hubo progresos, que la discusión fue recia y que los desacuerdos persisten.

Todavía se hablan, dicen los optimistas, como si hubiera forma de que un jefe de Gobierno alemán y un presidente francés dejaran de hablarse. Pero el roce es poco todavía para hacer el cariño y Macron se negó a celebrar una conferencia de prensa conjunta como Scholz se negó a que Macron le acompañe la próxima semana en su viaje empresarial a China.

Muchos asuntos separan París de Berlín, pero ninguno tanto como el ataque ruso a Ucrania. La diplomacia francesa estima que Scholz mira más a Estados Unidos, incluso a Polonia y España como contrapesos, que a Francia, sobre todo cuando se trata de políticas de seguridad y defensa. En Francia choca también que Scholz no rompa la promesa de cerrar las nucleares definitivamente el próximo abril.

A mediados de octubre empezó a hablarse del motor gripado franco-alemán cuando ambos gobiernos decidieron suspender el consejo de ministros conjunto que tenían para esta semana y aplazarlo hasta enero.

Durante la cumbre europea del 20 y 21 de octubre, Macron y Scholz mantuvieron una corta bilateral que acabó con un comunicado conjunto que decía que las dos partes “reafirman su ambición común en varios asuntos estratégicos de la relación bilateral”. Que es como no decir nada. La “pareja” (en terminología francesa) o “el tándem” (en la alemana) no funciona desde hace meses.

La bronca afecta a varios sectores. Francia querría que la Alemania de Scholz apoyara, como hizo la de Merkel, un gran fondo europeo para hacer frente a la crisis energética y a la inflación provocadas, entre otros factores, por la guerra. Berlín dijo NEIN y no se mueve. Mientras, Alemania anunció un fondo nacional de 200.000 millones de euros en subsidios para sus hogares pero principalmente para su industria.

Las alarmas se encendieron en París, en Roma, en Madrid pero también en Bruselas, donde se ve como un masivo paquete de ayudas de Estado que puede dopar a la industria alemana frente a sus competidores europeos. Alemania se defiende diciendo que cualquier país podría hacer lo mismo, como si todos tuvieran su capacidad financiera.

Alemania busca energía para sustituir sus masivas importaciones de gas ruso, pero no la busca en la nuclear francesa porque ya decidió que sus últimos tres reactores se apaguen el próximo abril. También prevé disparar su gasto militar (además del aumento presupuestario Scholz anunció un fondo extraordinario de 100.000 millones de euros para armamento), pero Berlín prevé gastarlo principalmente en la industria estadounidense, no en la europea (y por lo tanto francesa).

Alemania se sacó de la chistera en la última cumbre ministerial de la OTAN un proyecto para desarrollar un escudo antimisiles europeo independiente de la Alianza Atlántica, invitó a toda la Europa central y oriental pero no a Francia. París no lo necesita porque tiene sus propios instrumentos antiaéreos pero la falta de invitación no ayudó a poner parches a la relación.

Fuentes comunitarias relativizan. El motor está gripado pero no hay otro motor y las relaciones franco-germanas ya pasaron en las últimas décadas por múltiples fases de enfriamiento. Volverán a calentarse, creen esas mismas fuentes, porque va en el interés último de los dos o porque algún cambio de personalidades lo facilite.

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