Son algunas de las áreas naturales protegidas más valiosas y frágiles del planeta. La Gran Barrera de Coral en Australia, con sus peces multicolores. La Reserva de la Biosfera Maya en Guatemala —la selva tropical más grande de América Central—, hogar de jaguares, monos y cocodrilos. O los pantanos del Bajo Ogooué en Gabón, refugio de especies en peligro de extinción como elefantes e hipopótamos.
Estos santuarios de la biodiversidad tienen una cosa en común: aunque deberían permanecer libres de toda actividad industrial, en ellos hay infraestructuras petroleras y gasísticas. En total, 7.000 zonas de este tipo enfrentan este problema, según revela la investigación Fueling Ecocide, realizada por 13 medios de comunicación internacionales y coordinada por el colectivo de periodistas Environmental Investigative Forum (EIF) y la red de medios European Investigative Collaborations (EIC). Entre esos medios está infoLibre, que publica en exclusiva esta investigación en España.
En este proyecto de un año de duración, se han comparado 315.000 zonas incluidas en la Base de Datos Mundial de Áreas Protegidas (WDPA, por sus siglas en inglés) con datos geoespaciales de 15.000 licencias de petróleo y gas en 120 países, facilitados estos últimos por el proveedor industrial Mapstand. La investigación revela el verdadero alcance de la amenaza que las empresas petroleras y gasísticas, incluidas grandes empresas europeas como Shell, ENI y TotalEnergies, suponen para la biodiversidad en todo el mundo.
Una superficie más grande que España
Según el análisis, 3.164 permisos de producción y exploración de petróleo y gas invaden 7.021 áreas protegidas ubicadas en 99 países. Esto representa un total de 694.000 km² cedidos a las empresas petroleras, un área más grande que países enteros como España o Francia. En algunos casos, las superposiciones son parciales, pero la mitad de estas áreas protegidas están totalmente cubiertas por licencias de hidrocarburos.
Esta situación pone en peligro áreas cruciales para el futuro climático, como las selvas tropicales de Indonesia, el Amazonas o la cuenca del Congo o varias reservas de manglares repartidas por Tanzania, Guinea-Bissau o Malasia, así como áreas marinas clave, incluido el mar del Norte de Europa.
Aunque solo una pequeña parte de esos 690.000 km² que se solapan con áreas protegidas están realmente cubiertos por instalaciones de petróleo y gas sobre el terreno, todas estas licencias representan una amenaza real o potencial para la biodiversidad. Leave it in the Ground (LINGO), una ONG que ha publicado numerosos informes sobre el tema, pidió "la prohibición inmediata de la exploración y extracción de combustibles fósiles en áreas protegidas y conservadas a nivel mundial".
Las licencias de exploración cubren 387.000 km² de áreas protegidas, más que la superficie de Alemania. Estos permisos ya pueden incluir infraestructuras y pozos de exploración. En las áreas marinas protegidas se pueden utilizar tecnologías para cartografiar los yacimientos submarinos, lo que daña diversas formas de vida marina en el proceso.
Luego están los permisos cuyo estado no está disponible en los datos de Fueling Ecocide. Y, por último, las superposiciones de licencias de producción de petróleo y gas, las que crean el mayor riesgo, que siguen siendo de un tamaño considerable, cubriendo 74.000 km² de áreas protegidas, una superficie similar a la de Irlanda.
Por impresionantes que puedan parecer, estas cifras están subestimadas, ya que los datos de 16 países, entre ellos importantes productores de petróleo como Canadá, Irán y Venezuela, eran inconsistentes y no se han podido incluir en el análisis de la investigación.
Contaminación del aire, el suelo y el agua, deforestación, daños a especies en peligro de extinción: en muchos casos, la destrucción ya está en marcha, tal y como documentan las ONG y observan sobre el terreno los reporteros de Daraj e InfoCongo, medios parte del equipo de Fueling Ecocide.
En Túnez, el mar está contaminado por fugas de petróleo procedentes de plataformas marinas en la zona protegida de las islas Kerkennah, un humedal de importancia internacional protegido por la Convención de Ramsar. También conocida como 'La Convención sobre los Humedales', la Convención de Ramsar fue adoptada en 1971 por casi el 90% de los Estados miembros de la ONU, y proporciona el marco para la conservación y el uso racional de estas zonas y sus recursos.
En la República del Congo, parte de la reserva de Tchimpounga, un santuario para los chimpancés centroafricanos, se está transformando en una zona industrial debido a una mina de potasa y un pozo de petróleo perforado por empresas chinas. "El equilibrio ecológico está amenazado: la fauna silvestre se está retirando a zonas menos protegidas, el suelo se está degradando y las vías fluviales corren el riesgo de contaminarse", afirma Placide Kaya, ingeniero forestal y activista medioambiental congoleño.
En Irak, cinco yacimientos petrolíferos propiedad de grandes empresas como TotalEnergies, ENI, BP y CNPC están contribuyendo a la desecación y contaminación de los humedales protegidos y antaño exuberantes del sur del país. Esto ha tenido consecuencias dramáticas para el medio ambiente y la fauna silvestre, así como para la población local, que ya no puede ganarse la vida con la pesca y la ganadería. Según Daraj, la situación ha empeorado desde la llegada en 2023 de la petrolera china Geo-Jade, cuyas operaciones están invadiendo los humedales de Hawizeh, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Las zonas más afectadas son principalmente aquellas reconocidas internacionalmente como las más importantes para el planeta. El análisis de Fueling Ecocide muestra que dos tercios de la superficie global afectada se encuentra en áreas protegidas reconocidas internacionalmente: sitios de la UNESCO y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), humedales Ramsar, tierras indígenas y áreas Natura 2000 de la Unión Europea. Son alrededor de 6.300 áreas protegidas. El resto solo gozan de protección a nivel nacional.
La UICN y la UNESCO recomiendan prohibir las actividades petroleras y gasísticas en sus áreas protegidas. La UICN ha aprobado una resolución en la que se compromete a no autorizar actividades relacionadas con los hidrocarburos en las áreas protegidas de su lista, pero se trata de un acuerdo no vinculante jurídicamente. Un informe de la UNESCO de julio de 2025 muestra que hay actividades extractivas en el 24% de los sitios que esta agencia de las Naciones Unidas ha inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial.
"Los sitios del Patrimonio Mundial cubren menos del 1% de la superficie terrestre, pero albergan una quinta parte de la riqueza de especies del planeta", asegura un portavoz de la UNESCO a Fueling Ecocide. La producción de hidrocarburos en estas áreas podría provocar "daños ambientales irreversibles, socavar los medios de vida locales, erosionar las cualidades únicas que han valido a estos sitios el reconocimiento mundial [...] y poner en peligro los objetivos mundiales de biodiversidad", añade.
Los científicos advierten de que se está produciendo una "extinción masiva" de especies vivas. Y mientras los combustibles fósiles siguen siendo la principal fuerza impulsora del calentamiento global, la pérdida de biodiversidad también "exacerba los efectos del cambio climático", según el Consejo Científico de la COP15 sobre Biodiversidad.
De hecho, la extracción de petróleo en áreas protegidas contradice las ambiciones del Marco Mundial Kunming-Montreal de la Diversidad Biológica (GBF, por sus siglas en inglés) adoptado en la COP15 por 196 países en 2022. El GBF estableció el objetivo de proteger el 30% de la superficie del mar y la tierra del planeta para 2030, en comparación con el 17,6% y el 8,4%, respectivamente, que se da en la actualidad.
"El tratado del Marco Mundial de la Diversidad Biológica es legislación internacional. El gran fallo de este tratado es que no existe ningún mecanismo para garantizar su cumplimiento, a diferencia del Acuerdo de París [el tratado internacional destinado a combatir la crisis climática], que puede incluir multas. Esto es un gran problema para los ecosistemas", explica Stephen Woodley, ecólogo y consultor de la UICN. "La aplicación del derecho internacional en materia de medio ambiente sigue siendo débil: la responsabilidad recae en los distintos Estados", añade Antonio Tricarico, de la ONG ReCommon.
En este contexto, las empresas de hidrocarburos pueden eludir fácilmente sus responsabilidades medioambientales. "El valor mismo de las empresas petroleras se basa en su capacidad para asegurar los activos de producción futuros. Esta lógica de crecimiento es intrínsecamente incompatible con la transición ecológica", afirma Tricarico.
Grandes petroleras: promesas incumplidas
La investigación muestra que 763 empresas petroleras operan al menos un permiso que se superpone con un área protegida. Si tenemos en cuenta únicamente las licencias para producción, cuatro de las 10 primeras que más superficie de áreas protegidas ocupan son europeas. La anglo-holandesa Shell ocupa el tercer lugar, principalmente debido a sus yacimientos marinos situados en áreas protegidas del Mar del Norte. Las otras tres son las francesas Perenco y TotalEnergies —quinta y séptima— y la italiana ENI —novena—.
Varias de esas empresas, entre ellas Perenco, Energy Development Oman y la empresa emiratí Adnoc, no aplican ninguna política de "prohibición". En sus informes anuales, Shell, TotalEnergies y ENI solo se comprometen a no operar en sitios de la UNESCO, por lo que se permiten perforar en todas las demás áreas protegidas.
Ni siquiera esta mínima promesa se cumple siempre. Shell opera activos que se solapan con dos sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO: la Gran Barrera de Coral en Australia y el Mar de Wadden en los Países Bajos. La empresa se ha negado a hacer comentarios ante las preguntas de Fueling Ecocide.
TotalEnergies también tiene acciones en una planta de GNL en la Gran Barrera de Coral, mientras que ENI tiene una licencia de exploración ubicada dentro de una Reserva de la Biosfera de la UNESCO: el Área Marina Protegida de Marawah en los Emiratos Árabes Unidos, que cubre 4249 km². Este archipiélago de una docena de islas, rodeado de arrecifes de coral y salpicado de bosques de manglares, alberga la segunda colonia más grande del mundo de dugongos, un mamífero marino en peligro de extinción. La extracción comercial de gas aún no ha comenzado, pero la exploración de nuevos pozos ya está muy avanzada y ENI anunció el descubrimiento de un importante yacimiento en 2022.
La empresa petrolera nacional de los Emiratos Árabes Unidos, Adnoc, cuarta en la clasificación, opera tres licencias de petróleo y gas en la misma zona. Una de ellas, Gasha, uno de los mayores proyectos de hidrocarburos del mundo, abarca una cuarta parte de la reserva de Marawah. Actualmente en construcción, este enorme proyecto incluye 11 islas artificiales, pozos, oleoductos y muelles de embarque. "Operamos bajo estrictos controles medioambientales y contamos con un historial probado de protección de la naturaleza y la biodiversidad", respondió Adnoc a esta investigación.
Ninguna de las empresas publica datos geográficos que permitan verificar sus actividades en áreas protegidas. Las grandes empresas que cotizan en bolsa, Shell, ENI y TotalEnergies, publican una lista de los solapamientos de sus licencias con estos lugares. Aun así, para el caso de estas tres grandes empresas, Fueling Ecocide ha descubierto casos de solapamientos no declarados.
ENI, que solo informa de las licencias de explotación, enumera 32 solapamientos en su informe anual de 2024, mientras que nuestra investigación identificó 68 licencias de la empresa que se solapan con áreas protegidas.
TotalEnergies informa de 12 proyectos que se solapan con áreas protegidas, lo que corresponde a 28 licencias según nuestros cálculos, mientras que nuestro análisis identificó 69 de esas licencias solapándose con áreas protegidas.
La principal explicación de estas superposiciones que faltan es que las empresas no tienen en cuenta las licencias de exploración y solo informan de sus actividades situadas dentro de algunas áreas reconocidas internacionalmente, incluidas las categorías 1 a 4 de la UNESCO, Ramsar y la UICN, a pesar de que la UICN recomienda que no haya actividad industrial tampoco en las categorías 5 y 6, menos sensibles.
ENI respondió que parte de la diferencia se debe también a su metodología, que excluye las instalaciones de producción de hidrocarburos que no "se encuentran efectivamente dentro del área de intersección con un área protegida". Sin embargo, ENI reconoció implícitamente la ausencia de información detallada, señalando que "la norma ESRS E4 'Biodiversidad y ecosistemas' exige la comunicación de información a nivel agregado. Esto significa que los informes no requieren la descripción de cada activo o concesión individual".
Cuando se le preguntó sobre los solapamientos no comunicados, Shell volvió a negarse a hacer comentarios. TotalEnergies adoptó la misma metodología y respondió que nuestras cifras "no reflejan la realidad sobre el terreno", ya que corresponden a "las intersecciones teóricas de las licencias con las áreas protegidas, a pesar de que solo una pequeña parte de la superficie de estas licencias está cubierta por infraestructuras".
En Uganda, cerca de las orillas del lago Albert, TotalEnergies, su socio chino CNOOC y la compañía petrolera nacional de Uganda UNOC son propietarios de las licencias Tilenga y Kingfisher, un enorme proyecto petrolero asociado a un oleoducto de 1.443 kilómetros denominado EACOP. Las obras de construcción sobre el terreno están muy avanzadas y se prevé que la producción comience en 2026.
Tilenga, explotado por TotalEnergies, se encuentra en gran parte dentro del Parque Nacional de las Cataratas Murchison, un sitio excepcional de la UICN y Ramsar, que alberga más de 140 especies de mamíferos salvajes (antílopes, leones, elefantes, hipopótamos, jirafas, etc.), algunos de los cuales están en peligro de extinción. El proyecto es muy criticado por varias ONG ecologistas, que han demandado a TotalEnergies en Francia por supuestos daños ecológicos, algo que la empresa niega.
Según nuestros datos, las licencias de Tilenga cubren el 10% del Parque Nacional Murchison Falls, es decir, 373 km². TotalEnergies afirma que su infraestructura solo ocupa el 0,03% del área protegida, es decir, solo 1 km². El grupo afirma que tiene en cuenta "la huella física de las instalaciones y su área de influencia", pero se ha negado a explicarnos su metodología exacta.
El análisis de imágenes satelitales realizado para Fueling Ecocide por la ONG Earth Insight muestra que las cifras de TotalEnergies parecen corresponder solo a la superficie de las plataformas de perforación. Pero según Earth Insight, también se han construido 38 kilómetros de carreteras y 20 de infraestructuras de oleoductos dentro de Murchison Falls, dividiendo en dos la parte norte del parque nacional.
Los elefantes, perturbados por las vibraciones y el ruido de las obras de construcción, están destruyendo tierras de cultivo
Una investigación de campo, publicada en septiembre de 2024 por las ONG Afiego y Friends of the Earth, concluye que el impacto negativo del proyecto sobre la fauna silvestre supera con creces el perímetro inmediato de las instalaciones de TotalEnergies. El informe indica que los elefantes, perturbados por las vibraciones y el ruido de las obras de construcción, están "destruyendo tierras de cultivo" y han matado a cinco personas entre junio de 2023 y abril de 2024. Por otra parte, la contaminación lumínica de la plataforma de perforación, visible hasta a 14 kilómetros de distancia, tiene, según se informa, efectos negativos sobre los depredadores nocturnos, como leopardos, leones y hienas.
Preguntada por EIC, la ONG Lingo afirmó que las empresas petroleras solo tienen en cuenta la superficie de las infraestructuras en su metodología para "confundir y minimizar sus impactos negativos", ya que "parece que no están teniendo en cuenta la contaminación líquida, gaseosa y sólida que producen sus instalaciones y que llega a las zonas circundantes".
Lo mismo ocurre con las áreas marinas protegidas, donde los daños pueden extenderse mucho más allá de la pequeña superficie cubierta por las plataformas marinas. "Extraer petróleo y gas en estas áreas protegidas es una completa aberración", afirma Sara Labrousse, investigadora de ecología marina del CNRS, el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. "Tiene consecuencias muy perjudiciales, como los vertidos de petróleo, el ruido submarino y el tráfico marítimo, que perturban enormemente a las especies marinas".
Las empresas petroleras casi nunca dan detalles sobre el impacto de sus operaciones sobre el terreno. En sus informes anuales, Shell, ENI y TotalEnergies afirman que aplican planes de acción para la biodiversidad en las zonas protegidas, con el objetivo de "no perder nada" o incluso "ganar" en biodiversidad. Sin embargo, son ellas las que pagan a las consultoras que los redactan y estos documentos no se hacen públicos. En el caso de Tilenga, Mediapart reveló que TotalEnergies intervino para debilitar las medidas incluidas en el plan, que son insuficientes para proteger la biodiversidad.
Parques de papel: cómo los Gobiernos fallan en la protección
En sus respuestas a las preguntas que EIC les ha hecho llegar, Perenco y ENI señalan que es legal operar en áreas protegidas de conformidad con la normativa nacional. Esto es cierto y plantea la cuestión de la responsabilidad de los Estados que concedieron estos permisos. "Se trata del fenómeno de los denominados 'parques de papel': áreas que están designadas sobre el papel, pero que carecen de una protección efectiva en la práctica", comenta Francesco Maletto, abogado especializado en áreas protegidas marinas de la ONG ClientEarth.
El fenómeno de los denominados 'parques de papel': áreas que están designadas sobre el papel, pero que carecen de una protección efectiva en la práctica
Teniendo en cuenta únicamente las licencias de producción, el país más afectado del mundo es el Reino Unido. Ha expedido 120 permisos que invaden 46 áreas protegidas, lo que supone una superposición de más de 13.500 km², debido principalmente a la explotación marítima en el mar del Norte, donde operan TotalEnergies, Shell y Perenco. La mayoría de los permisos del Reino Unido se superponen con las áreas protegidas por OSPAR, un régimen de protección que permite la explotación de petróleo y gas.
Según las investigaciones realizadas en 2023 y 2024 por Unearthed y The Ferret, basadas en datos oficiales del Gobierno inglés, alrededor de 300 toneladas de petróleo de plataformas marinas se derramaron en áreas marinas protegidas británicas en la última década. A pesar de ello, el Gobierno del Reino Unido concedió 64 nuevas licencias en el Mar del Norte en octubre de 2023, 17 de las cuales se encontraban en áreas protegidas.
Si se tienen en cuenta todos los tipos de licencias —incluidas las de exploración— que se solapan con áreas protegidas a nivel internacional, los 10 países más afectados son, principalmente, del Sur Global, con la excepción de Rusia y Australia. Australia encabeza nuestra clasificación con unos solapamientos equivalentes a 115.400 km².
En Brasil, InfoAmazonia, medio parte de Fueling Ecocide, ha descubierto que el Gobierno ha concedido una licencia de exploración de gas que abarca el 75% del territorio indígena de Krenyê, en la sabana tropical biodiversa del estado de Maranhão, en la región administrativa de la Amazonia Legal. Según la información publicada por la empresa brasileña Eneva, se espera que las primeras perforaciones comiencen en 2026.
El permiso se expidió en 2017 a pesar de que el pueblo Krenyê había obtenido un acuerdo para la protección de estas tierras en 2016, tras años de lucha, según un documento que nos mostró su líder, el jefe Cu'tetet. La legislación brasileña prohíbe la extracción de combustibles fósiles en tierras indígenas y no se ha consultado al pueblo Krenyê sobre la concesión de la licencia.
Al ser contactada, Eneva afirma que respeta "los procedimientos legales establecidos por las autoridades competentes". La agencia nacional brasileña del petróleo nos informó de que la zona indígena no fue designada oficialmente como área protegida hasta enero de 2018, cuando ya se había concedido la concesión para la exploración de gas. El Instituto Brasileño del Medio Ambiente y los Recursos Naturales Renovables (Ibama), declaró a InfoAmazonia que la zona del bloque de gas que se solapa con el territorio indígena debe ser excluida.
Nuestra investigación también muestra que los países pobres, autocráticos y devastados por la guerra están dispuestos a ofrecer enormes territorios protegidos a las empresas petroleras. La República Centroafricana ocupa el sexto lugar en km² de superposiciones debido a dos permisos de exploración concedidos en 2013 por el antiguo dictador François Bozizé a PTIAL, una empresa petrolera controlada por Poly Technologies, una corporación armamentística propiedad del Gobierno chino. Según nuestros cálculos, estos permisos invaden 13.800 km² de siete áreas naturales protegidas de excepcional importancia ecológica, entre ellas el Parque Nacional de Bamingui Bangoran y el Parque Nacional de Manovo Gounda, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Durante la guerra civil que siguió al derrocamiento del presidente Bozizé en 2013, PTIAL financió a grupos armados para continuar con sus operaciones, según un panel de la ONU. La licencia fue renovada en 2018 por el nuevo presidente, Faustin-Archange Touadéra, quien consolidó su poder con la ayuda del Grupo Wagner, una organización paramilitar rusa a la que se ha definido como de ideología neonazi. Desde 2024, Poly Technologies, la empresa matriz de PTIAL, ha sido sancionada por Estados Unidos y luego por la Unión Europea por vender armas a Rusia tras la invasión de Ucrania.
No está claro si se han reanudado los trabajos preparatorios para la primera operación de perforación, que se detuvo en 2018 por "razones de seguridad". Poly Technologies y el Ministerio de Minas de la República Centroafricana no han respondieron a las solicitudes de comentarios de Fueling Ecocide.
La lista de ecosistemas amenazados sigue creciendo. En la República del Congo, séptimo país de nuestra clasificación, ya hay 20 permisos petroleros que invaden 13.600 km² de 13 áreas naturales protegidas internacionalmente. El autócrata Denis Sassou N'Guesso acaba de añadir uno nuevo: el permiso Niamba, concedido en abril de 2025 por decreto a la empresa china Oriental Energy en asociación con la Compañía Nacional de Petróleo del Congo (SNPC).
Las ONG congoleñas han condenado enérgicamente esta decisión, ya que la licencia invade una zona sensible del Parque Nacional Conkouati-Douli, un área con triple protección (UICN, UNESCO y Ramsar). Sus selvas tropicales albergan la mayor biodiversidad del país, incluyendo especies en peligro de extinción como monos, elefantes y tortugas marinas.
La producción de hidrocarburos en áreas protegidas es un problema político y económico global extremadamente delicado, ya que muchos de los puntos más ricos en biodiversidad del mundo se concentran de manera abrumadora en el Sur Global, en bosques tropicales, arrecifes de coral y sabanas, mientras que la expansión de la extracción de petróleo y gas está impulsada en gran medida por empresas con sede en el Norte Global y China.
Según el Global Oil and Gas Extraction Tracker, desde 2015, alrededor del 22% de los nuevos recursos de petróleo y gas se descubrieron en América Latina y el Caribe, casi el 26% en Asia y el 12% en África. El análisis de datos de InfoAmazonia muestra que la región amazónica alberga casi una quinta parte de las reservas mundiales identificadas entre 2022 y 2024, lo que establece una nueva frontera para la industria de los combustibles fósiles.
Esta asimetría geográfica plantea cuestiones apremiantes sobre la equidad y la responsabilidad, a la vez que el objetivo de proteger el 30% de los mares y tierras del mundo choca con la falta de aplicación de políticas y la insuficiencia de compromisos corporativos. Mientras tanto, la perforación continúa. Y la naturaleza y las especies en peligro de extinción están pagando el precio.