En diciembre de 1995 se firmó en Madrid el inicio del diálogo para construir el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) para formar la mayor zona de libre comercio del mundo, con 720 millones de habitantes y una quinta parte del PIB global. Después de tres décadas de conversaciones, la semana pasada el Consejo Europeo avaló la firma de este pacto histórico, que se ratificará este sábado en Paraguay y eliminará los aranceles para aproximadamente el 90% de los productos. Los más sonados han sido los agrícolas, que han provocado importantes protestas en toda Europa, también en España, con cortes de carretera en Cataluña o Galicia.
¿Qué está pasando?
Aunque el acuerdo comercial abarca numerosas industrias, el sector primario europeo ha sido el más beligerante con el pacto porque abre la puerta a que entren masivamente alimentos (vegetales y animales) cultivados y producidos en gigantes agrícolas como Brasil o Argentina que podrían sobreponerse a las empresas europeas con sus precios más bajos. No obstante, se han establecido una serie de salvaguardas agresivas para evitar que el mercado se rompa.
A cambio, Europa podrá exportar sus bienes sin aranceles a Mercosur, principalmente coches, productos industriales, químicos y medicinas, eliminando cada año 4.000 millones de euros en costes de aduanas para las 60.000 empresas europeas que venden allí. Pese a que la esencia del tratado es eliminar barreras arancelarias, los expertos matizan que algunos artículos no tienen hoy aranceles, pero que gracias al tratado se afianzan los lazos entre las dos regiones.
"La soja ya entra sin arancel, pero estos lazos comerciales ayudan a que no se vaya a lugares como China", opina Pablo Resco, analista de mercados agrícolas en Plataforma Tierra Cajamar. "Hace cinco años quizás no era tan importante, pero en el mundo de hoy tener socios y evitar la incertidumbre es un éxito", afirma.
Por otra parte, Víctor Burguete, investigador del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), cree que el pacto llega tarde para los sectores industriales. "El acuerdo es en general positivo para Europa, pero hace diez años hubiera permitido establecer al mercado automovilístico en Latinoamérica, donde ahora hay un gran dominio chino", señala.
¿Cómo funciona?
El acuerdo ha sido aprobado por el Consejo Europeo, será firmado este fin de semana y entrará en vigor de manera provisional. Sin embargo, debe ser ratificado por el Parlamento Europeo la próxima semana, un paso que podría alargarse incluso dos años si los países críticos –encabezados por Francia– logran llevarlo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, como están tratando de hacer.
El mecanismo reduce a cero los aranceles de millones de productos en las dos direcciones, impulsando el comercio de artículos españoles clave como el vino (actualmente tiene un arancel del 35%), el aceite de oliva (10%), la maquinaria automovilística (35%) o los medicamentos (14%). No obstante, el efecto no será inmediato, ya que algunos bienes tardarán más de una década en perder sus impuestos aduaneros para que la transición sea suave.
¿Qué consecuencias tiene?
La idea original del tratado, según Burguete, era "cambiar alimentos por coches", pero la situación geopolítica ha cambiado tanto en el último año que los expertos destacan más la importancia de tener nuevos socios en un mundo cambiante. La Comisión Europea calcula, en todo caso, que las exportaciones europeas crecerán en 35.000 millones de euros al año hacia Mercosur gracias al tratado, aunque habrá muchos ganadores y unos pocos perdedores.
El centro del debate –y la razón de que se haya tardado tres décadas en formalizar el pacto– está en los productos agrícolas europeos, como los cárnicos, que podrían perder cuota de mercado frente a la competencia de Sudamérica. Para suavizar el impacto, en el caso de la carne de vaca, de cerdo y de pollo, solo se reducirán los aranceles en una cantidad limitada de toneladas del alimento, inferior al 2% de la producción total de la UE.
El bloque de Mercosur, por su parte, también se arriesga a que la gran industria automovilística europea se coma a los fabricantes de coches de Brasil, por ejemplo, de manera que en los dos lados del océano habrá víctimas colaterales.
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Francia es el país que más oposición política ha ejercido en Bruselas contra el pacto, y casi logra una mayoría suficiente para frenar el acuerdo en el Consejo Europeo junto a Irlanda, Polonia, Austria y Hungría, pero el cambio de opinión de última hora de Italia permitió sacarlo adelante.
Tomás García Azcárate, doctor en Economía Agraria, explica que el campo francés tiene mucho poder político y el Gobierno teme una fuga de votos hacia la extrema derecha, a lo que se suma la decadencia de su industria agrícola. "En 2026, Francia podría registrar una balanza comercial agraria negativa por primera vez en la historia reciente del país", apunta el analista.
José María Castillo, delegado en Bruselas de la organización agrícola española Asaja, destaca que mejoras que se han logrado en la última semana mejoran la opinión del pacto entre los agricultores, aunque no es suficiente. Por ejemplo, se permitirá destinar más dinero a la Política Agraria Común –hasta 45.000 millones de euros– y se introducirá una salvaguarda en el acuerdo UE-Mercosur que dicta que si un producto varía un 5% o más su precio o su stock en el mercado, se abriría una investigación que podría recuperar los aranceles para evitar un impacto en el sector.
En diciembre de 1995 se firmó en Madrid el inicio del diálogo para construir el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) para formar la mayor zona de libre comercio del mundo, con 720 millones de habitantes y una quinta parte del PIB global. Después de tres décadas de conversaciones, la semana pasada el Consejo Europeo avaló la firma de este pacto histórico, que se ratificará este sábado en Paraguay y eliminará los aranceles para aproximadamente el 90% de los productos. Los más sonados han sido los agrícolas, que han provocado importantes protestas en toda Europa, también en España, con cortes de carretera en Cataluña o Galicia.