Barcelona reflexiona sobre migraciones, vivienda y memoria: “La democracia se hace de abajo arriba”

En el barrio barcelonés del Born, el Museo de Historia de Barcelona acogió el martes el encuentro ‘Barcelona: de las migraciones a los nuevos derechos’, organizado por infoLibre con el apoyo del Comisionado de los 50 años de ‘España en Libertad’.

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Dentro del ciclo La memoria que somos: voces, lugares y generaciones, el evento (retransmitido en directo por YouTube y X) reunió a expertos y activistas para trazar el recorrido que va desde las migraciones internas del franquismo hasta los debates actuales sobre vivienda digna, antirracismo y lengua compartida.

Jesús Maraña, director editorial de infoLibre, subió al escenario tras la actuación de Erxart Casas, compositora catalana que interpretó A la deriva, un tema inspirado en el trabajo de Open Arms. Maraña, que definió el museo como un “lugar ideal para conectar pasado y presente incierto”, recordó las migraciones de los años cincuenta y sesenta desde Andalucía, Extremadura, Castilla y Galicia. Las describió como “movimientos obreros antifranquistas que terminaron convirtiéndose en luchas vecinales, exigiendo agua, luz y transporte; germen de la Transición”.

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A lo largo del encuentro se proyectó una serie de vídeos con testimonios a pie de calle recogidos por la periodista Maria Bouabdellah en los que un grupo heterogéneo de vecinos de Barcelona ponían voz a algunas de las tensiones actuales de la ciudad: la turistificación que transforma barrios como Camp de l’Arpa o Gràcia con “comercios pensados para el ocio, no para los vecinos”, la saturación de la movilidad urbana y una acogida percibida como desigual (“del norte de Europa, bienvenida; de Latinoamérica, rechazo”). Entre los más jóvenes, se repetía una idea resignada: “Nos mentalizamos para no vivir en Barcelona”.

En diálogo con Maraña, la comisionada e historiadora Carmina Gustrán situó el foco en las grandes migraciones internas del franquismo. Recordó que entre 1945 y 1975 unos tres millones de personas se desplazaron hacia Cataluña, País Vasco y Madrid (según datos del INE), impulsando lo que se conoció como el “milagro económico” del régimen. Aquellos movimientos, explicó, estuvieron marcados por la pobreza rural y la represión de la posguerra: “Renunciaron a lengua y cultura propias, vistas con desprecio y caricaturizadas como ‘Paco Martínez Soria’”.

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A este flujo interno se sumó la emigración de otro millón de españoles hacia Europa (especialmente Alemania y Suiza), cuyas remesas también contribuyeron al desarrollo económico. En paralelo, los movimientos vecinales heredados en parte de expropiados republicanos protagonizaron 17.000 huelgas en 1976, pese a la ilegalidad. En este punto, Maraña explicó, como hizo en la presentación del evento cuando comentó que "la historia democrática se construye desde abajo, pero suele contarse desde arriba", que "en la reivindicación de la memoria democrática, esos movimientos de abajo arriba han sido fundamentales". Sobre lo que Gustrán subrayó que fueron “luchas de a pie” que quedaron silenciadas frente a los relatos dominantes de las élites políticas.

También defendió la vigencia de las movilizaciones actuales (como las regularizaciones o los sindicatos de inquilinos), aunque apuntó a su fragmentación por el “individualismo neoliberal”: “Existe gente organizada, pero prima el consumo sobre la ciudadanía”. Y llamó a reconectar con los jóvenes desde otro lugar: “No imponer nuestra forma, sino escuchar, acompañar y crear espacios comunes. Hay que desmontar la idea de que uno de cada cuatro jóvenes es antidemocrático: tres de cada cuatro no lo son, y hay que hacerlos partícipes”.

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Mesa redonda: tensiones vivas en la ciudad-memoria

Marta Gesto, directora general de infoLibre, condujo a continuación un debate ágil, que alternaba castellano y catalán, con la participación de Irene Escorihuela (directora del Observatori DESCA), Imma Boj (directora del Museu d’Història de la Immigració de Catalunya - MhiC), Saoka Kingolo (activista congoleño y exconseller de distrito) y Camila Opazo-Sepúlveda (investigadora en memoria y migraciones). Gesto enmarcó la conversación con una idea central: Barcelona como ciudad “construida por oleadas migratorias y luchas por la vivienda digna”.

Escorihuela recordó que las ciudades “se construyen en conflicto”, citando el derecho a la ciudad de Lefebvre, y conectó su historia familiar con la migración aragonesa. También mencionó la película El 47 (2024) como un relato emocionalmente significativo. Opazo-Sepúlveda puso el acento en las luchas invisibilizadas fuera de la ciudadanía formal y en la necesidad de nuevas herramientas para nombrar las memorias coloniales y raciales. Kingolo, llegado a Barcelona en 1988, reconoció avances en convivencia, pero también “asignaturas pendientes”. Boj insistió en que la historia de la ciudad la cuentan quienes la habitan en contextos de tensión migratoria, algo habitual en las ciudades capitalistas.

Boj lamentó que los currículos escolares apenas profundicen en las migraciones, pese a que las aulas son “biología viva de la diversidad”. Escorihuela destacó la tradición del movimiento vecinal (desde Sants hasta la PAH o el Sindicato de Inquilinas) como un antídoto frente al racismo, al generar luchas compartidas por la vivienda o la educación.

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El debate lingüístico ocupó buena parte de la mesa. Kingolo defendió que la lengua no es solo comunicación, sino cultura y reivindicó su derecho a que se le hable en catalán, defendiendo su aprendizaje como una herramienta de integración. Opazo-Sepúlveda, por su parte, expresó su apoyo a la autodeterminación lingüística, pero rechazó su uso como filtro en el ámbito educativo o laboral, aunque explicó que la aprende por vínculo afectivo con su entorno familiar. Boj recordó el papel cohesionador de la normalización lingüística tras la Transición, aunque alertó de su uso actual como elemento excluyente.

Opazo-Sepúlveda denunció la existencia de racismo inmobiliario, donde el acento o el origen condicionan el acceso a la vivienda. Escorihuela situó la vivienda como eje del arraigo, en una ciudad donde el turismo masivo (con decenas de miles de visitantes diarios) tensiona la vida vecinal y acelera la expulsión de residentes. Boj destacó la importancia del tejido vecinal como respuesta adaptativa a la aceleración urbana. Kingolo, por su parte, contrastó la Barcelona solidaria de finales de los ochenta con una actualidad más marcada por la superficialidad tecnológica y la pérdida de memoria.

En el barrio barcelonés del Born, el Museo de Historia de Barcelona acogió el martes el encuentro ‘Barcelona: de las migraciones a los nuevos derechos’, organizado por infoLibre con el apoyo del Comisionado de los 50 años de ‘España en Libertad’.

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