El doble juego de Trump en Cuba: ahogar al régimen y eliminar rivales económicos de terceros países
¿Cómo sería hoy La Habana de no haber triunfado la Revolución en 1959? Esta pregunta se la hacía en 2006 el arquitecto cubano Mario Coyula en un artículo publicado en la revista Temas: “Quizás no muy diferente a como la proyectaba el plan maestro de Sert y Wiener en 1956-58: una ciudad de cuatro millones de habitantes (…) con un Malecón bloqueado por una pared casi continua de edificios altos y una isla artificial al frente”. Un skyline muy del gusto de los jefes de la mafia norteamericana que habían celebrado, a cara descubierta, una cumbre en 1946 en el emblemático Hotel Nacional de la capital cubana. “La Habana –se lamentaba Coyula– estaría inundada de turistas estadounidenses, con un cinturón indefinido de barrios insalubres adonde irían a parar los excluidos de antes y de siempre”.
Seguramente Donald Trump no sepa nada del plan maestro de Sert y Wiener. O tal vez sí, tal vez su secretario de Estado, Marco Rubio (de padres cubanos), le haya susurrado al oído que ya hubo un proyecto de urbanismo salvaje para esa Habana en la que nunca vivió, una ciudad que puede convertirse en poco tiempo en una nueva meca turística para Estados Unidos.
La Orden Ejecutiva 14404 de la Administración Trump que entró en vigor el viernes podría ser la piedra angular de esa nueva Cuba que aspira a dominar el magnate republicano. La orden se despliega en una doble dirección: impone sanciones a las Fuerzas Armadas y su conglomerado empresarial –GAESA– y también a aquellas empresas o personas extranjeras que realicen transacciones económicas o comerciales con el grupo y que verían congelados sus activos en Estados Unidos. Las empresas turísticas españolas se encuentran entre las más afectadas. Iberostar y Meliá ya han anunciado que dejarán de operar en parte de su actividad hotelera en la isla. Y días antes ya había dado ese paso Blue Diamond, una compañía hotelera canadiense. Aunque las empresas alegan las pésimas expectativas turísticas en Cuba para explicar por qué están plegando velas, lo cierto es que sobre ellas se cierne la amenaza de las sanciones por sus acuerdos de gestión con Gaviota, la filial turística de GAESA.
Rubio lanzó los dardos contra GAESA hace un par de semanas, coincidiendo con la imputación del expresidente cubano Raúl Castro, anunciada a bombo y platillo en Miami, por su presunta implicación en el derribo de dos avionetas de la organización anticastrista Hermanos al Rescate y la muerte de sus cuatro tripulantes, un incidente ocurrido hace 30 años. “Cuba no está controlada por ninguna revolución, Cuba está controlada por GAESA, un Estado dentro del Estado que no rinde cuentas a nadie y acapara las ganancias de sus negocios para beneficio de una pequeña élite”, dijo Rubio en una alocución grabada en español.
GAESA, capitalismo de Estado
El Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA) fue impulsado por Raúl Castro (cuando era ministro de Defensa) a mediados de la década de los 90 para dinamizar la economía tras el colapso de la Unión Soviética. Poco a poco fue convirtiéndose en una suerte de holding estatal bajo cuyo paraguas se concentró la industria turística, el comercio mayorista, el negocio inmobiliario, los servicios financieros y muchos otros sectores, desde los puertos a la red de gasolineras. Washington calcula que GAESA controla más del 40% de la economía cubana. Castro acabaría situando al frente de la compañía a su yerno, el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, fallecido en 2022. Su hijo Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como El Cangrejo, es hoy el principal interlocutor entre La Habana y Washington. Con su estrategia, Raúl Castro le otorgaba a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) un inmenso poder que ahora Trump y Rubio pretenden socavar. Pero el órdago lanzado contra GAESA es, en realidad, un nuevo intento de la Casa Blanca para torcerle el brazo al gobierno de Miguel Díaz-Canel. Las FAR constituyen el corazón del régimen y algunos de sus mandos son también miembros del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, como lo era el propio general Rodríguez.
Con la entrada en vigor de la Orden Ejecutiva 14404, Trump erosionará aún más la economía cubana. El turismo, principal fuente de ingresos del país en su momento más esplendoroso, agoniza ya sin necesidad de nuevas sanciones. La espantada de las empresas hoteleras extranjeras le dará la puntilla a la ya maltrecha economía cubana y a los miles de puestos de trabajo directos e indirectos que dependen de esta actividad. Tras el bloqueo petrolero impuesto por Washington a finales de enero y que ha dejado a la isla sin combustible y con apagones diarios interminables, la ofensiva de la Casa Blanca pretende forzar a La Habana a una negociación exprés y con poco margen de maniobra.
En la apuesta de Trump contra Cuba subyace también un objetivo que ya quedó definido en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre de 2025. El “corolario Trump” a la doctrina Monroe o “doctrina Donroe”, como fue etiquetado, revela las intenciones de Estados Unidos respecto a lo que denomina el hemisferio occidental. En ese documento, que atenta contra el Derecho Internacional, el Departamento de Estado expresaba claramente que hará todo lo que esté en su mano para detentar el control militar, económico y comercial en la región frente a competidores “no hemisféricos”. Aunque el mensaje iba dirigido principalmente a China y Rusia, cualquier otro país que pretenda competir en su patio trasero será susceptible de ser considerado una amenaza para su seguridad nacional.
En el caso de Cuba, Washington no esconde sus intereses en el potencial turístico que atesora la isla, pero tampoco pierde de vista otros sectores estratégicos. La empresa minera canadiense Sherritt, establecida hace décadas en la isla para gestionar la explotación de yacimientos de níquel y cobalto, acaba de dar un paso atrás en sus operaciones tras el anuncio de las sanciones.
Más presiones
Para acorralar aún más a La Habana, el Departamento del Tesoro anunció el jueves nuevas sanciones de bloqueo financiero contra Díaz-Canel, Alejandro Castro Espín (hijo de Raúl Castro), el Ministerio de las FAR y los Comités de Defensa de la Revolución (los ojos y oídos del régimen en cada esquina), entre otros. “Bancos extranjeros y otras compañías que presten servicios a estos organismos deben congelar sus actividades”, advirtió Rubio a través de su cuenta de X. Y lanzó más leña al fuego en un tono incendiario: “La Administración Trump ya no tolerará regímenes marxistas radicales en nuestro hemisferio que amenacen la seguridad de Estados Unidos y traten de exportar su revolución venenosa y maligna”. Al mismo tiempo y desde el Despacho Oval, el presidente estadounidense insistió en su idea de ocuparse de la isla una vez que resuelva el conflicto con Irán: “De regreso haremos una pequeña y breve parada en Cuba. Nos encargaremos de ello (…) Creo que saben que tenemos que deshacernos del régimen”.
El Palacio de la Revolución no tardó en reaccionar: “La agresividad y perversión del gobierno yanqui chocarán con nuestra decisión de enfrentar los peores escenarios y resistir la arremetida imperial”, contraatacó Díaz-Canel en un mensaje publicado en X y en el diario Granma. La isla soporta desde 1962 un bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington, una medida que ha empobrecido a varias generaciones de cubanos pero no ha logrado tumbar al régimen.
Las empresas españolas, en retirada
Antes de la entrada en vigor de la orden ejecutiva de Trump, Iberostar anunció que dejaba de operar en 12 de los 18 hoteles que gestiona en la isla y, acto seguido, Meliá hizo lo propio en 15 de los 34 establecimientos que llevan su marca. Se trata de los hoteles de estas compañías que mantienen contratos con GAESA. En Cuba operan además otras siete cadenas hoteleras españolas (Barceló, NH, Roc, Valentín, Blau, Axel y Sirenis). En total, cuentan con 70 contratos de gestión (la propiedad de los activos pertenece al Estado cubano). El paso que han dado las empresas extranjeras tras las amenazas estadounidenses podría tener consecuencias legales si las autoridades cubanas presentan demandas por incumplimiento de contrato.
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La inversión española en la isla ha ido cayendo paulatinamente en los últimos años. Según la Oficina de Información Diplomática, que recoge datos oficiales cubanos, hasta finales del año pasado existían algo más de 60 inversiones españolas, además de los 70 contratos de gestión hotelera. Las inversiones se concentran en el turismo (34%) la industria del tabaco, con Altadis como principal inversor en Cuba (29%), el comercio al por mayor (24%) y los servicios financieros (8%). La mayoría de las más de 250 empresas registradas en la Asociación de Empresas Españolas en Cuba son pymes. La deuda cubana con estas empresas se estima en 255 millones de euros, según datos del Instituto de Comercio Exterior (ICEX), a los que habría que sumar los fondos que no pueden retirar del país y que elevan la cifra final por encima de los 300 millones de euros.
La nueva andanada de Estados Unidos agudizará el desplome del turismo en Cuba. Esta actividad sufrió una caída de cerca del 18% en 2025 respecto del año precedente, según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) de Cuba. La isla recibió menos de dos millones de visitantes y este año las perspectivas son aún peores. Una decena de compañías aéreas, entre ellas Iberia, han cancelado vuelos a Cuba. Air Europa mantiene de momento las conexiones pero el cierre de hoteles y la falta de combustible harán cada día más difícil operar vuelos con origen y destino al país caribeño.
El arquitecto Coyula, fallecido en 2014, no llegó a imaginar que los hijos de la Revolución perpetrarían un auténtico atentado urbanístico contra la ciudad: la construcción de la Torre K, un hotel de 42 plantas, 155 metros de altura y 600 habitaciones. Inaugurado en 2025 en el barrio del Vedado, el mayor rascacielos de la capital cubana presta su sombra a iconos habaneros como la heladería Coppelia o el cine Yara. Los gerifaltes de GAESA debieron de pensar que sería una buena idea dejarse seducir por la filosofía del plan de Sert y Wiener antes de que lo hicieran otros. El Iberostar Selection Habana, nombre de la mole arquitectónica, es uno de los doce establecimientos que la empresa española ha dejado de gestionar en Cuba desde hace unos días.