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¿Cómo hacen los alemanes para tener menos muertos?

¿Cómo hacen los alemanes para tener menos muertos?

Thomas Schnee (Mediapart)

¿Cómo hacen los alemanes para tener menos muertos? El miércoles por la mañana, como todos los días, el Instituto Epidemiológico Robert Koch (RKI) ha publicado las estadísticas nacionales con un recuento de 67.366 personas contagiadas y 732 muertes, es decir, una tasa de mortalidad de 1,08%. Francia cuenta con un resultado mucho más fuerte con “solo” 44.550 casos comprobados pero 3.523 muertos.

Para luchar eficazmente contra la enfermedad, tiene sentido analizar el método alemán. Sobre todo porque nuestros vecinos están solamente en confinamiento parcial. Berlín y los Lánder apuestan por “el control del contacto más que del desplazamiento” y no controlan ni las veces ni la duración de las salidas mientras se hagan solos, con personas que compartan el confinamiento o como mucho de dos en dos manteniendo una distancia.

Para el microbiólogo berlinés Olfert Landt, presidente de TIB Molbiol, la principal empresa alemana de fabricación de tests de detección viral, la respuesta está sin duda en una reacción temprana, una política intensa de detecciones y estructuras sanitarias que aguantan el tirón: “Hacemos muchos tests y hemos empezado muy pronto. En el mes de enero ya tuvimos señales de alarma con el contagio de una decena de personas en la empresa Webasto, en Baviera. Los laboratorios alemanes hicieron los pedidos suficientemente a tiempo y así estuvieron en condiciones de proponer hacer tests rápidamente”.

Olfert Landt, que ya produjo los primeros tests para la pandemia del SARS-CoV en 2003, continuó con los de la gripe aviar (H5N1) en 2006 y la gripe A (H1N1) y la del MERS-CoV en 2012, confiesa que ha pasado los primeros días de este año 2020 poniendo a punto un protocolo de test para el Covid-19. A mediados de enero, en Baviera se detectó un posible caso que fue confirmado unos días después. Era un directivo del fabricante de equipamiento del automóvil Webasto que se contagió, con otros catorce colegas, durante un viaje a China donde la empresa obtiene una gran parte de sus ingresos.

Este anuncio aparece ahora que la economía china está en plena ralentización. En este momento los sectores de la automoción y de la máquina-herramienta, claves en la industria alemana, están en máxima alerta. Están pasando dificultades por el peso de la transición eléctrica y la guerra comercial sino-americana. ¡Y ahora aparece una catástrofe que está neutralizando uno de sus mercados más expansivos, China!

Los responsables económicos y políticos alemanes, y este es un dato explicativo importante, entraron ya en alerta roja incluso antes de que la pandemia afectara oficialmente al país. Cuando Webasto comunicó, a finales de febrero, el contagio de sus colaboradores, esa información apareció en las portadas de los periódicos alemanes y todo el mundo fue consciente del alcance. En ese momento, La Caridad de Berlín, el hospital alemán más grande y uno de los principales centros de investigación médica de Alemania, envía test del Covid-19 a todos los laboratorios. La producción de TIB Molbiol se dispara y multiplica por cinco su régimen normal.

El profesor Christian Dorster, director del Instituto de Virología de la Caridad de Berlín, explica a Die Zeit el 20 de marzo que “yo creo que Alemania fue rápidamente consciente del inicio de la epidemia. Lo hemos hecho dos o tres semanas antes que algunos de nuestros vecinos. Lo hemos conseguido porque hemos hecho muchos tests y muchas detecciones”. Alemania optó por hacer tests desde que aparecieron varios síntomas, incluso en forma benigna, y después por aislar y/o hospitalizar. Con sus 300.000 camas de hospital y 28.000 camas de cuidados intensivos, de las cuales 20.000 de reanimación, el país puede permitírselo.

Alemania está siguiendo la ya famosa “estrategia surcoreana”, que consiste en rastrear metódicamente y en aislar y tratar lo más rapido posible a las personas contagiadas, lo que explica a fin de cuentas por qué no solo hay menos muertes en Alemania en términos absolutos, sino también por qué es tan baja la relación entre muertes y número de personas que han dado positivo. Seguro que las cifras en Francia, y aún más en Italia, donde no se hace la prueba más que en casos graves, deja oculto un número elevado de personas contagiadas no contabilizadas.

A finales del mes de marzo, el Ministerio federal de Sanidad, que se basa en las cifras del Instituto Robert Koch, anunciaba la realización de al menos 300.000 tests por semana. Por su parte, el profesor Dorsten hacía mención a una capacidad semanal de 500.000 test. Entre esas dos cifras, Alemania está llegando por momentos a una capacidad diaria de entre 42.800 y 71.500 tests. Para comparar, el ministro de Sanidad francés, Olivier Véran, anunció el sábado 28 de marzo que la capacidad de test en Francia pasará de 12.000 a 30.000 diarios de aquí a ”una buena semana”, para alcanzar los 50.000 a finales de abril.

El Gobierno de Angela Merkel no va a quedarse ahí: un documento del Ministerio del Interior, revelado este fin de semana por varios medios, describe una estrategia inspirada en la de Corea del Sur, de al menos 200.000 test por día. Serían probados a partir de ahora todos aquellos que se crea estén afectados por el Covid-19, además de todas las personas que puedan haber estado en contacto con un enfermo, según estipula el documento. Hasta ahora se están haciendo test a personas a la vez enfermas y que hayan estado en contacto con quienes han dado positivo.

El documento cita además la geolocalización, herramienta utilizada en Seúl, algo “inevitable a largo plazo” para permitir a la población conocer los lugares donde se encuentran las personas que han dado positivo. El operador Deutsche Telekom ya ha autorizado ceder ciertos datos anónimos de las personas contagiadas para que el Instituto Robert Koch pueda rastrear las formas y lugares de contagio.

Evidentemente, la implantación de un sistema de detección y prevención sobre una base de datos mucho más amplia, como han dicho algunos políticos, ha abierto un animado debate sobre los límites democráticos de la lucha contra la pandemia. “La vigilancia por medio de los datos del móvil sería un grave ataque a los derechos del individuo”, recuerda la ministra de Justicia, la socialdemócrata Christine Lambrecht, quien sin embargo no excluye tal proyecto sobre una base voluntaria y controlada.

Traducción de Miguel López.

Texto original en francés.

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