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Alexandria Ocasio-Cortez, la 'milenial' de la política de EEUU

La diputada electa demócrata en la Cámara de Representantes por Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez.

Una semana antes de Navidad, Alexandria Ocasio-Cortez grabó un vídeo desde su sofá neoyorquino: la nueva musa de la izquierda norteamericana anunciaba en la red social Instagram que se tomaba un descanso después de dos años de campaña casi ininterrumpida. Incluso pidió a sus millones de seguidores “consejos” para descansar.

Acto seguido, AOC, como se la conoce, publicaba una foto de una maleta con un cepillo de pelo, cuadernos, un altavoz y libros –incluido Leadership in Turbulent Times, una biografía de los presidentes Lincoln, Johnson y de los dos Roosevelt. La decisión estaba tomada: “Ha decidido ir al norte del Estado de Nueva York y pasar unos días en mitad de la nada”.

En este vídeo story mañanero, la joven congresista se presenta tal y como hacen a diario en la red social millones de adolescentes o jóvenes adultos. Sonríe a la cámara, se ríe de sí misma, sitúa en el punto de mira a los políticos que nunca se cansan, “que fingen ser perfectos”. Le recuerda a su público cuáles son las señales de agotamiento, lamenta haber dejado de practicar yoga y lo perjudicial que es para la salud la comida rápida engullida apresuradamente durante la campaña.

Cuidarse a sí mismo es “un acto político en sí para los trabajadores, los inmigrantes y los pobres”, recordaba el mismo día en Twitter la nueva musa de la izquierda estadounidense, originaria de Puerto Rico y criada en el barrio popular del Bronx. Habla de la “vergüenza que se hará pasar a una persona que se permite una máscara facial cuando padece penurias económicas”.

Alexandria Ocasio-Cortez, desconocida hasta hace seis meses, nunca pierde una oportunidad, ni siquiera la más aparentemente anodina, para hacer política. Endeudada como 44 millones de estadounidenses por haber cursado estudios, trabajó como camarera para mantener a su familia cuando su padre murió y ahora comparte escaño con el icono Bernie Sanders, quien, como senador por Vermont, muy pronto puede anunciar de nuevo su candidatura de cara a las presidenciales.

A los 29 años, la militantes del Partido Socialista Americano (DSA), en guerra contra las desigualdades sociales pero también contra la dependencia de los representantes democráticos de los donantes ricos y del dinero de las multinacionales, se convertía este 3 de enero de 2019 en la mujer más joven elegida en el Congreso de Estados Unidos.

Es demasiado joven para presentarse a las elecciones presidenciales de 2020, pero será una voz poderosa de la nueva mayoría demócrata que asume el cargo a principios de este año, abriendo una nueva secuencia política en medio del mandato de Donald Trump.

Las razones de esta carrera fulgurante son varias. En primer lugar, políticas: en junio, Ocasio-Cortez, ignorada por los medios de comunicación, se imponía en las primarias a un barón demócrata de Nueva York, “el rey de la máquina democrática de Queens”, según la revista socialista Jacobin, reelegido sin rival durante veinte años.

Su inesperado éxito se interpretó como un trueno político y, para la izquierda, ha sido la primera piedra, que hacía prever futuras victorias.

Su juventud, su fotogenia, su aura y su oratoria también han tenido que ver: Ocasio-Cortez es literalmente la nueva cara de la izquierda americana. En pocos meses, se ha convertido en una estrella, a la vez glamurosa, badass... y radical: defiende la seguridad social universal, el fin de la Policía de Inmigración que aterroriza a los inmigrantes indocumentados, el derecho a la vivienda, el salario mínimo de 15 dólares o la prohibición de las prisiones privadas. Propuestas perfectamente iconoclastas hace tan solo unos años en Estados Unidos y que ahora están ganando terreno.

En el país del hipercapitalismo, donde el socialismo y la intervención estatal no tienen buena reputación, tiene el innegable mérito de hacer que su programa completamente de izquierdas resulte sensato.

“A menudo me definen como radical porque no creo que la vida de los niños deba estar determinada por circunstancias fuera de su control”, escribió recientemente en Instagram. Los niños del Bronx no eligieron tener asma por la contaminación del aire. Los hijos de Flint [en Michigan] no eligieron tener problemas neurológicos por el plomo presente en el agua. Alguien, en algún lugar, una persona poderosa –pública o privada– ha decidido que lo que no es aceptable para sus hijos es aceptable para los demás. Nunca, jamás creeré que este es un posible compromiso. Así que sí, llamadme radical”.

Su campaña, que contó con el apoyo de muchos voluntarios, fue un ejemplo de movilización sobre el terreno. Y su presencia continua en las redes sociales ha contribuido significativamente a su notoriedad. En la era de la información ininterrumpida y del dominio de las redes sociales, Ocasio-Cortez está construyendo metódicamente su propio espacio. En Twitter, defiende su programa, se enfrenta a los medios conservadores que la presentan como una roja con un cuchillo entre los dientes.... o critican su ropa.

En Instagram, su registro es más intimista, pero igual de político. Tres días después de su elección como congresista, respondió en directo a las preguntas políticas de sus seguidores, cocinando un plato de macarrones con queso en Q.U.E.E.N, de Janelle Monae.

Este verano, sentada en el alféizar de su ventana, narró en un vídeo su paso de un mundo social a otro... “La gente me pregunta cómo me siento. No hay problema. La parte difícil es que se supone que eres perfecto todo el tiempo. Si queremos ver a norteamericanos de clase obrera presentándose a las elecciones, y no a estos robots, debemos aceptar las imperfecciones y la humanidad de nuestros dirigentes. He aprendido que muchas personas crecen con conciencia política, con conciencia de clase a su alrededor. Yo crecí limpiando baños con mi madre”.

También anima a aquellos que quieran seguir su ejemplo: “He ido comprendiendo las cosas con el tiempo, a diferencia de algunas personas que tienen una comprensión más académica”, continúa. “Como mujer negra, he aprendido que para algunas nunca eres lo suficientemente buena, experimentada y sólida y que otras simplemente no quieren ver a personas como tú presentándose a las elecciones. Por eso aceptarse a uno mismo es tan radical. Sé que muchas mujeres, personas de color, trabajadoras, no se presentan a las elecciones porque no creen que sean lo suficientemente perfectas ni lo suficientemente buenas. Quería deciros que sois lo suficientemente buenos para hacer lo que queráis”.

“No es un juego”

Joven hispana, muy de izquierdas, optimista: en todos los niveles, AOC es más o menos la antítesis perfecta del reaccionario septuagenario Trump.

Pero al igual que la exestrella de la telerrealidad que se convirtió en presidente, cuyo capital político se basa en gran medida en su capacidad para cautivar a una audiencia, ella comprendió la necesidad, en la era de la información ininterrumpida, de dominar su mensaje en sí mismo, con el fin de imponer mejor sus temas en el debate público. La mayoría de las veces, ignorando a los medios de comunicación tradicionales, que son considerados hostiles.

En noviembre y diciembre, Ocasio-Cortez, cual documentalista, se sirvió de Instagram para describir sus primeros pasos en el Congreso. Estas dos secuencias, que ella llamó “Congress Camp”, una referencia a los campamentos de verano para jóvenes estudiantes, son un modelo de comunicación política y de interacción con su público.

La primera comienza con una sesión en la lavandería, seguida de la apertura de una bolsa que contiene su portátil y su tableta. “¡Una bolsa regalo!”, decía divertida. Vemos a la joven congresista descubrir los famosos túneles subterráneos del Congreso, hojear el manual para nuevos parlamentarios y aprender sobre la complejidad de las normas presupuestarias. De su mano, visitamos el edificio del Capitolio de Washington.

Al final del vídeo, agradece el apoyo. “No lo hago para llamar la atención, para hacerme un nombre, un título, sino para asegurarnos de que salvamos nuestro planeta, de que creamos puestos de trabajo, de que las madres solteras reciban apoyo, de que los maestros no paguen el material escolar. Todos sabemos que estos problemas son importantes, debemos hacerlos urgentes”.

Dos semanas después, la segunda secuencia comienza con una visita a la bonita estación de tren de Washington (“vale la pena invertir en infraestructura, ¿no?”), continúa a la caza de los despachos de los nuevos diputados y termina con una pausa para tomar un café  Ghetto superstar de Mya y Wyclef Jean.

Ocasio-Cortez también muestra su proximidad a su “brigada”, otras mujeres de color y muy progresistas: la socialista Rashida Tlaib, elegida por Detroit (Michigan), e Ilhan Omar (Minnesota), las dos primeras mujeres musulmanas en llegar al Congreso de Estados Unidos; Ayanna Pressley, como ella una figura demócrata y la primera mujer negra elegida al Congreso por el estado de Massachusetts, y Deb Haaland, la primera mujer indígena estadounidense en el Congreso.

A menudo objeto de crítica (como Ilhan Omar, blanco de la derecha conservadora porque lleva hijab), se responden entre ellas y amplifican sus voces en las redes sociales.

“No estamos aquí para jugar”, comenta AOC en una foto de grupo en blanco y negro en la que se le ve posando con la mano sobre la cadera, con aire decidido.

En las últimas semanas, Ocasio-Cortez nunca se ha olvidado de hacer política a pesar de que su mandato no había comenzado. Junto con los jóvenes activistas climáticos de Sunrise, ocupó el despacho de la líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, para exigir un ambicioso New Deal verdeNew Deal, ahora respaldado por 47 parlamentarios demócratas. La comisión sobre la crisis climática que se creará en enero dista mucho de ser tan ambiciosa como Ocasio-Cortez habría podido esperar, lo que la representante lamentó.

Ocasio-Cortez también habló de sus dificultades para encontrar vivienda en Washington con sus ingresos actuales. Denunció a los muchos miembros demócratas de la Cámara de Representantes que no pagan a los becarios y anunció que pagaría 15 dólares a la hora, el salario mínimo en Washington, lo que ha provocado muchas movilizaciones en Estados Unidos.

También ha liderado la protesta contra la futura instalación de la segunda sede de Amazon en el distrito de Queens, en Nueva York, que subirá los precios y amenazará a las clases trabajadoras con el desalojo progresivo.

Como coautora de un importante estudio sociológico sobre los milenials, los 80 millones de jóvenes estadounidenses nacidos entre 1980 y finales de la década de 1990, la académica Ashley Ross considera que la estrategia de Ocasio-Cortez probablemente los conecte con la política.

“Los milenials se han convertido en el mayor segmento de adultos. Su potencial político ahora es enorme. Si votan, cambiarán la política estadounidense”, dice la investigadora de la Universidad A&M de Texas.

Ocasio-Cortez, afirma, “se hace eco de los valores compartidos por esta generación nacida con la tecnología digital, a menudo más cómoda con la diversidad racial o sexual, más sensible a la justicia social y a las cuestiones climáticas, más abierta a otras culturas”. Muy clara en su mensaje político, pero también auténtica en su comunicación, la joven neoyorquina atrae a una “generación desvinculada de la política tradicional y de su división habitual entre demócratas y republicanos, que quieren políticos más representativos, honestos, concretos y que rindan cuentas”.

Durante su campaña, la política del Bronx, a la vez que defendía una agenda muy izquierdista, puso gran énfasis en las acciones de campo, en la necesidad de resolver los problemas de las clases media y trabajadora. Ha adoptado voluntariamente un código de colores violeta y amarillo, diferente de la paleta tradicional (azul para los demócratas; rojo para los republicanos). El símbolo, según su diseñador gráfico Scott Starrett, de un “nuevo partido que emerge, preocupado por los intereses de todos” –la idea ha sido emulada hasta Francia, donde el líder comunista en las elecciones europeas, Ian Brossat, reconocer haber copiado el “1.000%” de la tipografía y los colores para su propia campaña.

Ocasio-Cortez se adapta a las redes sociales, es fotogénica, sabe llegar a su público y construye una comunidad, con un fuerte mensaje político, el de una mujer que se ha hecho a sí misma, que señala la falta de representación de las minorías en el campo político. El hecho de que ella ganara las primarias sin que los medios de comunicación la siguiesen es en sí mismo un golpe de fuerza”, dice Jennifer Grygiel de la Universidad de Syracusa.

Especialista en el uso político de las redes sociales, Grygiel, coautora de un libro sobre cómo los tuits de Donald Trump captan la atención del mundo, está preocupada por el proceso de estrellización de los políticos a través de las redes sociales. No es un fenómeno nuevo, pero su magnitud conlleva el riesgo, opina Grygiel, de pasar por alto totalmente a la prensa tradicional.

“Ocasio-Cortez quizás sea la mejor política del mundo, pero debemos desconfiar cuando nuestros representantes, sea cual sea su mensaje o agenda, son capaces de comunicarse tan directamente con nosotros. El riesgo es que estos prescindan de los medios de comunicación y se reduzcan su capacidad de informar, de criticar sus políticas o de rendir cuentas. Y esta influencia siempre puede convertirse en un abuso”.

Grygiel admite que el ecosistema mediático “es más suave con los que tienen poder y dinero” y que las primarias de junio tuvo “muy poca cobertura”… pero también se preocupa por cómo Ocasio-Cortez a veces mantiene a raya a la prensa.

Sin embargo, esto podría cambiar ya que tiene que maniobrar en el tortuoso universo del Congreso de los Estados Unidos. “Es probable que tenga que diversificar sus canales de comunicación y que busque contactos más tradicionales con la prensa”, opina Grygiel.

Directora ejecutiva de Our Revolution, el movimiento creado por Bernie Sanders, Heather Gautney no simpatiza con el actual Partido Demócrata, centrista y neoliberal; incluso escribió un libro que invita a “destruirlo” en su forma actual.

Gautney, parlamentario, que trabajó en el Senado junto a Bernie Sanders y que utilizó su escaño como senador para popularizar su famosa demanda de seguridad social universal, sabe la importancia de que los cargos electos se conviertan en activistas en el Congreso. “Sigue siendo importante demostrarle a los centristas del partido que se tiene la energía militante de tu lado”, asegura a Mediapart (socio editorial de infoLibre).

En la Cámara de Representantes donde Ocasio-Cortez contará con voz y voto, la situación será diferente, advierte Gautney. “Los demócratas tendrán la mayoría. El activismo de los congresistas tendrá que ser muy estratégico para evitar fracturar el partido hasta ese punto antes de las elecciones presidenciales de 2020, lo que dejaría la puerta abierta a los republicanos”.

Será interesante ver hasta qué punto Ocasio-Cortez, deseoso por afirmar su diferencia y su autenticidad política, va a compartir este punto de vista conciliador.

Traducción: Mariola Moreno

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