La ciudad de Timişoara, segunda o tercera aglomeración urbana del país con cerca de 400.000 habitantes, está mejor situada que la mayoría de las localidades de Rumanía. Pero incluso en esta región del suroeste del país, cerca de las fronteras con Serbia y Hungría, las dificultades y el descontento son palpables en el mercado de la ciudad.
“¡Pfff, es la crisis económica!”, exclama con evidentes motivos Niculae, de 67 años y cuarenta de experiencia en el mercado, cuando se le pregunta cómo van los negocios. “La gente ya no lleva dinero en el bolsillo, así que eso nos afecta inevitablemente. He vendido por 10 lei [2 euros, ndr] durante todo el día. ¡Y tengo que pagar 637 lei [125 euros, ndr] al mes por este pequeño puesto!”. Tras dudar, una mujer se marcha sin comprarle ni perejil ni un tarro de miel a 5 lei.
El responsable de esta caída, el que materializa el descontento popular, es Nicușor Dan, el exalcalde liberal de Bucarest elegido presidente de la República en mayo de 2025, tras unas elecciones anuladas en diciembre de 2024 por sospechas de injerencia rusa. Robó su título de economista en la Sorbona, asegura Niculae entre andanadas de insultos, retomando el mensaje de moda difundido por la extrema derecha, el autoproclamado bando “soberanista” contra los “globalistas”.
¿Ha estado Rumanía alguna vez mejor? “¡Sí, con Ceaușescu! El mercado llegaba hasta allá”, señala con el dedo, “el dinero tenía valor, había trabajo, comida, se podía ir de vacaciones a la montaña y al mar, y si tenías dos hijos, te daban vivienda.”
Aparición de la extrema derecha
“Tres décadas de trabajo se han ido al traste en un año”, resume Nicolae Popa, geógrafo de la Universidad del Oeste. “Hace solo dos años, la extrema derecha era prácticamente inexistente en Rumanía, en comparación con la mayoría de los países europeos. Ahora tengo alumnos que dicen que Ceaușescu no era tan malo y que Rusia es nuestra amiga”, dice con pena.
La región de Timişoara, el Banat, más diversa y abierta a Europa que el resto del país, con sus fuertes minorías alemana, serbia o húngara, no se ha librado. “Las elecciones fueron un shock enorme”, afirma la antropóloga Smaranda Vultur. “Vivíamos con la nostalgia de un multiculturalismo que pensábamos que nos protegería de la extrema derecha... No ha sido así”.
Nicolae Popa tiene algunas explicaciones. En primer lugar, el pequeño milagro económico rumano, que ha dejado atrás a toda una parte de la población, especialmente en el sur y el este del país. Miles de empresas han quebrado o han pasado a manos de multinacionales. “El PIB ha crecido de forma extraordinaria, pero una parte importante de la población no se ha beneficiado. En los pueblos, en particular, cuesta ver los bondades de la UE.”
Millones de rumanos de la diáspora, frustrados por ser tratados como subordinados en su país de acogida, se han sentido menospreciados incluso en su propio país, que se ha desarrollado mucho en su ausencia durante la década de 2010. Su apoyo a la extrema derecha ha sido notable. El pesado legado de la Guardia de Hierro, el movimiento fascista de entreguerras, tras haber sido ocultado, les ofrece un refugio en estos tiempos turbulentos.
Tras la crisis financiera de 2008-2009, que hundió la economía, Rumanía experimentó una gran mejora en la década de 2010, pero luego sufrió los consecutivos impactos de la pandemia y la guerra en la vecina Ucrania, según relatan Luiza y Andreea, dos amigas que trabajan por cuenta propia en el sector cultural local.
“Acaban de aprobar una disposición de emergencia para suprimir el reembolso del primer día de baja por enfermedad. Es cierto que había fraudes, pero esto penaliza a todo el mundo”, dice esta última, que regresó tras pasar unos años en Marsella y se dio cuenta de que la vida es más cara aquí.
La apuesta forzada de una “gran coalición”
Las elecciones presidenciales de diciembre de 2024 fueron anuladas después de que un outsider, Călin Georgescu, saliera victorioso en la primera vuelta tras una campaña llevada a cabo únicamente en las redes sociales y la activación repentina de miles de cuentas, al tiempo que declaraba cero euros de gastos de campaña. Un año después, se identificaron vínculos entre Rusia y dos empresas que hicieron campaña a favor de Georgescu, pero hasta la fecha no hay pruebas de una injerencia directa de Rusia.
Georgescu salió en cierto modo ganador de una serie de circunstancias, explica Ciprian Cucu, profesor de Ciencias de la Información y experto en desinformación al servicio de ONG. Cuando la candidata de extrema derecha Diana Șoșoacă, que había sido eliminada, decidió transferir sus votos a Georgescu, “se abrió una ventana de oportunidad” por la que se colaron todos los revanchistas del Estado, exejecutivos perdedores con la integración euroatlántica del país.
“Ahí es donde entraron en juego los rusos”, añade Ciprian Cucu. “Pero Georgescu no es una creación de Rusia y es imposible que no se haya beneficiado de la complicidad de los servicios de seguridad. Ya estaba ahí, simplemente bajo radar.” Desde entonces, George Simion, del partido Alianza para la Unidad de los Rumanos (AUR), es la esperanza de venganza del autoproclamado bando “soberanista”, a pesar de su derrota por 46-54% frente a Nicușor Dan en las elecciones repetidas en mayo de 2025.
Estamos en un momento delicado, pero hacemos todo lo posible para evitar a la gente una cura de austeridad aún mayor
Vlad Șendroiu, de 29 años, fue elegido en diciembre de 2024 diputado por el partido Unión Salvad a Rumanía (USR), que se presentaba como una alternativa liberal y proeuropea al establishment, es decir, al duopolio de socialdemócratas y conservadores, el PSD y el PNL, que se han repartido el poder desde la década de 1990. Pero ahora se encuentra en una gran coalición contra la extrema derecha.
“Nos sentíamos realmente amenazados por la AUR. Lo hemos hecho por sentido de la responsabilidad, con dos objetivos: reformar el sistema y mantener al país dentro de los límites de la Unión Europea. Hoy en día, la línea divisoria se encuentra entre los proeuropeos y los populistas”, afirma Sendroiu para explicar este cambio de rumbo. Su partido está llevando a cabo reformas a toda velocidad para reducir el gasto público y absorber el déficit presupuestario más alto de Europa (8,5 % a finales de 2025). Aunque pueda llegar a encarnar el “sistema” y convertirse en el chivo expiatorio de una población escarmentada.
“Esperemos que la gente vea que somos reformistas, que hacemos que las cosas cambien, que comprendan que, hasta hace dos años, vivíamos en una enorme mentira y que eso no podía seguir así. En este comienzo de año, la gente empieza a notar las nuevas subidas de impuestos. Estamos en un momento delicado, pero hacemos todo lo posible para ahorrarles una cura de austeridad aún mayor”, afirma el diputado.
Activismo contra las “elecciones robadas”
El 1 de enero entró en vigor un segundo paquete de medidas de austeridad que aumenta los impuestos locales. Es una bendición para la extrema derecha y su buque insignia, la AUR, que las encuestas de opinión sitúan en un nivel récord de popularidad.
“Cualquier estudiante de secundaria te dirá que, cuando hay una crisis económica, no se suben los impuestos ni el IVA, ni se castiga a la gente que ya está sufriendo”, explica Ciprian Titi Stoica, senador de la AUR por el departamento de Timiş. “Hace años que los salarios, las pensiones y las prestaciones familiares ya no se indexan a la inflación, como exige la ley.” Y rechaza en bloque a una clase política “sin visión”, que habría malvendido los intereses nacionales y empujado a la emigración de 8 millones de rumanos desde 1990, “¡y todo ello sin que haya guerra!”.
Su partido aún no ha superado las “elecciones robadas” de diciembre de 2024. “El Tribunal Constitucional no tenía prerrogativas para anular las elecciones. Yo lo llamo un golpe de Estado administrativo”, afirma Titi Stoica. Desde hace cinco días, su partido organiza una petición y debates parlamentarios porque “en toda democracia debería ser lo normal un debate abierto con las instituciones y el público”: “Esperamos respuestas”. “La única forma de volver a la democracia y al Estado de derecho” sería, en su opinión, celebrar elecciones legislativas anticipadas, para que un nuevo Parlamento dominado por la AUR pueda destituir al presidente.
Quizás los Estados Unidos de Donald Trump les ayuden a poner en marcha ese escenario ideal. El senador acaba de regresar de un viaje a Washington con una nutrida delegación de 40 parlamentarios para aprovechar la solicitud mostrada por el vicepresidente J. D. Vance, quien, durante la conferencia de Múnich en febrero de 2025, esgrimió la anulación de las elecciones rumanas como ejemplo de los errores democráticos de una Europa liberal.
Mientras tanto, la extrema derecha se aprovecha de los sucesos para alimentar la confusión. El lunes 26 de enero, la eurodiputada Diana Șoșoacă, su cara más icónica, visitó el lugar donde un joven fue asesinado por un chaval de 13 años, en un pueblo de la región de Timişoara. El martes 27, después de clase, varios cientos de estudiantes de secundaria se reunieron en la plaza de la Ópera, el lugar exacto donde comenzó la revolución en 1989, a los pies de la gran catedral ortodoxa.
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Ante las cámaras de la televisión nacional y los medios de comunicación locales, gritaban: “¡Justicia para Mario!”. Indira y Melissa, de 18 años, dijeron a Mediapart que querían un endurecimiento del Código Penal, ya que habían visto en Instagram y Facebook que el asesino seguía en libertad. “¡Nicușor Dan, dimisión!”, gritaba un hombre al margen de la concentración. En una Rumanía afectada por la austeridad, la desinformación está por todas partes y la sombra de la extrema derecha se cierne más que nunca.
Tradución de Miguel López
La ciudad de Timişoara, segunda o tercera aglomeración urbana del país con cerca de 400.000 habitantes, está mejor situada que la mayoría de las localidades de Rumanía. Pero incluso en esta región del suroeste del país, cerca de las fronteras con Serbia y Hungría, las dificultades y el descontento son palpables en el mercado de la ciudad.