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Christine Berry: "El 'corbynismo' debe sobrevivir a Corbyn"

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, saluda a sus seguidores durante un acto de campaña en Nelson.

"Ambos crecimos en Gran Bretaña a la sombra del thatcherismo, una sombra que ha continuado extendiéndose monstruosamente. Vean este libro como nuestra pequeña venganza”. Así comienza un conmovedor ensayo publicado a principios de este año, People Get Ready! (editorial OR Books, no disponible en español), considerado por The Guardian como uno de los mejores libros de política del año.

Sus coautores, Christine Berry y Joe Guinan, quieren preparar el terreno para un gobierno dirigido por Jeremy Corbyn. “Sería coherente que Gran Bretaña, la primera economía industrial avanzada que sirvió de laboratorio a las políticas neoliberales, se convirtiera en el primer país en el que se ponga en marcha una alternativa”, escriben. Pero estos defensores de la izquierda del Partido Laborista creen que la formación no está preparada para gobernar.

Porque el programa laborista, defendido en las elecciones legislativas de 2017, y especialmente su versión más radical en 2019, no es sólo una cuestión de renacionalización –de los ferrocarriles o de correos– y de reinversión en servicios públicos venidos a menos –como la sanidad–. Se trata de un proyecto más ambicioso, a los ojos de sus simpatizantes, que tendrá que hacer frente a muchos detractores, empezando por la City de Londres. ¿Cómo podemos evitar, se preguntan los autores, una futura Syriza del laborismo dentro de

unos años? 

"Frente a las críticas de sus detractores, que lo ven sólo como un retorno a un modelo de socialismo de Estado, el corbynismo propone poner en marcha un nuevo modelo, que transforme la propiedad, sin

simplemente transferir el poder de las élites privadas a las públicas. Se trata de una agenda que quiere dar poder y medios a la gente corriente a través de nuevas formas de propiedad en el ámbito de la comunidad, en el plano local”, quieren creer Berry y Guinan, quienes lo interpretan como “una respuesta a la economía extractiva fruto del neoliberalismo, donde las élites confiscan la riqueza y el poder”.

En vísperas de las elecciones parlamentarias del 12 de diciembre, se dice que el Partido Laborista lucha por recuperar el impulso de las anteriores elecciones de 2017. Christine Berry, quien fuera una de las líderes de la New Economic Foundation, un think tank de izquierdas fundado en los años 80, regresa, en esta entrevista con Mediapart, socio editorial de infoLibre, a los debates estratégicos que impulsan el partido. Está convencida de que la ventana de oportunidad abierta a raíz de la crisis financiera para formar un Gobierno de izquierdas radical en el Reino Unido no se cerrará tras la votación del jueves. Con independencia del resultado obtenido por el Partido Laborista.

PREGUNTA: En el libro, ¿por qué se remonta a los años de Thatcher (1979-1990) para reflexionar sobre el corbynismo hoy?corbynismo

RESPUESTA: El Gobierno de Thatcher es el último, en la historia reciente del Reino Unido, que se comprometió a revertir el status quo heredado de la posguerra y a defender una nueva forma de dirigir la economía, en torno a las virtudes del mercado. Desde entonces, independientemente del partido en el ejecutivo, este consenso no se ha cuestionado. Con Tony Blair y el New Labour (1997-2007), el marco seguía siendo thatcheriano. La única diferencia es cómo se pueden redistribuir los beneficios, por ejemplo, subiendo un poco más los gravámenes, para financiar mejor determinados servicios sociales.

Después de la crisis financiera, esta ideología se reforzó, con políticas de austeridad cada vez más estrictas. Hoy, el Partido Laborista se propone aplicar un cambio sistémico, un cambio de paradigma, a tal escala que sólo se conozca un cambio por generación. El estudio de los años de Thatcher nos permite sacar lecciones de estrategia; debemos analizar en detalle cómo hizo Thatcher para que este cambio fuera un éxito.

P: Thatcher introdujo el "derecho a comprar", en 1980, que permitió a millones de familias residentes en viviendas sociales comprarlas a un precio reducido. ¿Es ésta la clase de medida emblemática de la que carece el Partido Laborista de Corbyn?R:

Esta medida tuvo una doble finalidad. En primer lugar, en lo que se refiere al relato, dice algo sobre el país que se quiere construir, en este caso, un país de propietarios individuales. Después, funcionó como un incentivo financiero para que millones de personas tuvieran interés en mantener el sistema en funcionamiento. Esto dio como resultado una masa crítica de personas que apoyan el proceso.

P: ¿Y el Partido Laborista no lleva una medida equivalente en su programa?R:

Todavía no hemos encontrado la medida que tenga una fuerza de arrastre equivalente. Hoy en día, en la izquierda, se habla mucho de la creación de los fondos de propiedad inclusiva [un mecanismo para la socialización gradual del capital en empresas con más de 250 empleados, siguiendo el modelo practicado en Suecia en los años 70]. Algunos lo han comparado precisamente con el “derecho a comprar” de Thatcher, porque también cuenta una historia: se trata de dar nuevos poderes a la gente corriente. Y esto también va acompañado de un beneficio económico concreto para los trabajadores.

Pero no me convence la analogía. Los beneficios previstos a medio plazo siguen siendo modestos. Y este mecanismo es bastante complejo; la idea puede funcionar con un público de fanáticos de las políticas públicas, incluido yo misma, pero no necesariamente con gente que nos podemos encontrar en la calle. Otra medida, que actualmente se está debatiendo en el Partido Laborista, me parece que tiene más potencial: la semana de cuatro días (remunerada como la de cinco días). Aunque los medios de comunicación se burlen de nosotros en este tema, es muy fácil de explicar. Todavía tenemos que convencer a los votantes de que esta medida es factible.

P: ¿Cómo?R:

Este es el problema número uno para el laborismo de hoy, el nivel de cinismo en el país hacia la clase política es inmenso. Prácticamente cada vez que se propone una medida para un cambio radical, se ve inmediatamente desacreditada por personas que ya no creen en ella. Esto es el resultado de 40 años de neoliberalismo, pero también de las mentiras desencadenadas por la campaña de Brexit.

P: ¿Cuál es la solución?R:

Destacar los ejemplos locales en los que se están concretando estas alternativas. Estoy pensando en Preston, una ciudad del norte de Inglaterra donde el alcalde Matthew Brown está haciendo un trabajo ejemplar para repensar la forma en que funcionan las instituciones públicas.

La confrontación con la City

P: La última experiencia de un gobierno de izquierdas radical que llegó al poder en Europa, Syriza en Grecia, de 2015 a 2019, decepcionó a los militantes desde el principio. ¿Qué lección saca de ello para el laborismo?R:

Syriza se hizo el harakiri a sí misma al decir no de entrada a ciertas opciones, como la salida del euro, lo que le habría permitido un mayor margen de negociación frente a un adversario tan poderoso como la Troika [FMI, Comisión Europea, BCE].

El gobierno de Aléxis Tsípras hizo todo lo posible por aparecer como un socio fiable en las negociaciones. Pero creo que el Eurogrupo nunca deseó una relación constructiva con Syriza. Sólo querían dictar medidas sancionadoras y convertir a Grecia en un ejemplo para otros países tentados a votar un Ejecutivo similar.

P: Pero, ¿qué lección saca de ello?R:

Saco dos conclusiones. Hay una analogía entre la Troika, en su caso, y la City de Londres, en el nuestro. Desde este punto de vista, no creo que baste con decirnos a nosotros mismos, como John McDonnell [mano derecha de Jeremy Corbyn en asuntos económicos], que podemos convencer a la gente de la City de los beneficios de nuestras políticas para la economía británica en su conjunto. En el libro, defendemos la confrontación [mediante medidas más estrictas para “desfinanciarizar" la economía].

Esto no significa que haya que estar encima el primer día de un gobierno laborista. Thatcher, una vez más, dijo que no tiene sentido participar en una batalla si no se está razonablemente seguro de que la victoria. No se enfrentó con los menos poderosos el primer día de su mandato. Primero, debilitó el poder de los sindicatos, fortaleció la capacidad de la Policía para intervenir en caso de conflicto social, acumuló reservas de carbón para mantener la economía en marcha durante la huelga... Lo mismo debería hacerse con la City.

P: ¿Y la otra lección de la derrota de Syriza?

R: El fracaso de Syriza aparentemente causó una profunda desesperanza entre los militantes griegos, equivalente a la esperanza creada por su victoria en enero de 2015. Esto nos obliga a pensar en cómo algunas personas ponen todas su energías en el partido, mientras que los movimientos sociales también deben seguir siendo fuertes.

Tengo la impresión de que en el Reino Unido está surgiendo un ciclo algo similar: los jóvenes activistas ponen todo la energía, a diario, en reuniones puerta a puerta y corren el riesgo de agotarse. Debemos reflexionar sobre la sostenibilidad del movimiento, más allá de los ciclos electorales.

P: ¿La ventana de oportunidad para un gobierno de izquierda radical, abierta con la crisis financiera y la ira por la austeridad, no se cierra con estas elecciones?

R: No lo creo en absoluto. Piense en ejemplos pasados. El paralelismo más obvio es 1929. Al crash de la Bolsa le siguió una década de recesión y, luego, la Segunda Guerra Mundial. No fue hasta 1945 cuando se estableció el Gobierno de Clement Attlee [laborista en el poder de 1945 a 1951, partidario de las políticas keynesianas].

Estamos en pleno proceso. Ya en las elecciones de 2010 [la derrota de Gordon Brown contra David Cameron], algunas personas dijeron que habíamos perdido una oportunidad histórica. Pero cuanto más miro hacia atrás, más pienso que las cosas se mueven lentamente, que el cambio generacional lleva tiempo. Estoy convencida de que la gente sigue pidiendo un cambio radical.

P: Un "cambio radical" también puede significar la transformación de Inglaterra en un paraíso fiscal en la línea de Singapur, como aspiran personas del entorno de Boris Johnson...

R: Sí, y estamos en ese punto. No creo que la mayoría quiera el escenario que describe. Espero que los conservadores no obtengan una mayoría absoluta este jueves. Pero el debate público sobre las políticas propuestas es de muy baja intensidad durante la presente campaña y los conservadores están haciendo todo lo que pueden para no hablar de lo esencial. Ellos simplemente hacen promesas sobre la materialización del Brexit...

P: ¿Puede existir el corbynismo que defiende sin Corbyn?corbynismo

R: El corbynismo siempre ha superado a la persona de Jeremy Corbyn. Cuando Corbyn se convirtió en el líder laborista en 2015, no se lo esperaba. Se había presentado con el objetivo de influir en el debate interno del partido. Pero hubo una oleada, entre los miembros del partido, que instaban al cambio, que querían redescubrir los valores socialistas del trabajo y adaptarlos al siglo XXI.

Muchos de ellos, procedentes de movimientos sociales, apoyaron por primera vez a un partido en ese momento. Así que es mucho más que la historia de una persona. Pero, por supuesto, hay voluntad por parte de la derecha y del centro de reducir este movimiento colectivo a la persona de Corbyn solamente y, luego, desacreditar a esa persona, debilitar el movimiento.

El corbynismo puede y debe sobrevivir en Corbyn. No veo ninguna otra tendencia dentro del partido que haya empezado a pensar seriamente en cómo responder a las crisis sociales y medioambientales.

  La entrevista se realizó el 6 de diciembre, en Manchester.

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