En octubre de 2017 se propagó la onda expansiva #MeToo provocada por el caso Weinstein, llamado así por el productor acusado de múltiples agresiones sexuales en el mundo del cine. Unos meses más tarde, uno de sus amigos, el financiero Jeffrey Epstein, compartió por email con varios de sus contactos un artículo del Daily Beast.
Se trataba de él: “¿Cómo se libró Jeffrey Epstein, cercano a Trump y Clinton, del movimiento #MeToo?”, se preguntaba la web de noticias estadounidense, y añadía: “Sería una especie de Weinstein 1.0: este multimillonario, rodeado de famosos (Kevin Spacey, Woody Allen), era un pervertido que abusó de su poder e influencia para manipular y abusar de adolescentes”.
No se sabe qué tenía en mente el multimillonario pederasta en ese momento, en junio de 2018, más de un año antes de su detención y encarcelamiento en Nueva York, pero envía un segundo email a Kathryn Ruemmler, exasesora jurídica de la Casa Blanca durante la Administración Obama, en el que añade lacónicamente: “Signo de los tiempos”. La jurista, que entonces trabajaba como abogada en Goldman Sachs, le respondió compartiendo su opinión sobre el artículo: “Dios mío. Una telenovela que recicla tonterías”.
Connivencia y complicidad
La gran cantidad de documentos relacionados con el caso Epstein permite comprender las reacciones de cierto entorno, y no solo las de hombres poderosos y ricos como él, sino también las de mujeres, como se ve en el caso de Kathryn Ruemmler, ante el movimiento de emancipación que sacude entonces a Estados Unidos y luego al mundo entero. En la correspondencia de Epstein se perfila una constelación de anti #MeToo, de la que el financiero es una de las estrellas oscuras.
Entre connivencia y complicidad, se intercambian muchos artículos sobre este tema en su buzón de correo electrónico. Así, una de las conocidas del neoyorquino, la empresaria emiratí Aziza al-Ahmadi, le informa de un artículo del diario británico The Guardian titulado “Tras el movimiento #MeToo, ¿necesitamos más que nunca universidades solo para mujeres?”. Lo acompaña con el siguiente comentario: “¡Os parecéis cada vez más a los saudíes, y los saudíes se parecen cada vez más a Occidente!”. Se añade un emoticono de sonrisa.
Todo lo que pueda denigrar el movimiento es bienvenido. En febrero de 2019, la joven bielorrusa compañera de Epstein, Karyna Shuliak, le envía un artículo de opinión de una periodista canadiense que sostiene que “unas pocas mujeres ‘tóxicas’ y hostiles hacia los hombres desacreditan el movimiento #MeToo”.
El #MeToo ha ido demasiado lejos
A principios de 2018, uno de sus amigos más cercanos, Woody Allen, se encuentra de nuevo en la tormenta. Surgen de nuevo las acusaciones de agresión sexual a su hija adoptiva Dylan, que tenía 7 años en el momento de los hechos. Su esposa Soon-Yi Previn, hija adoptiva de su anterior compañera Mia Farrow, envía un email a Epstein: “[#MeToo] ha ido demasiado lejos”. “Espero que Woody tenga un plan antes de los Óscar”, le responde Epstein.
En otro email, al mes siguiente, ella le señala un artículo del New York Times sobre un caso de acoso sexual y se regocija: "Es la primera vez que un hombre no ha sido despedido inmediatamente por el movimiento #MeToo. La primera vez que una cadena, tras una investigación, ha decidido confiar en su investigación y en el hombre en lugar de en la mujer".
Ya en octubre de 2017, la conversación se había centrado en el caso Weinstein, a partir de las revelaciones del New Yorker, que Soon-Yi Previn envió por email a Epstein. Un año antes, también había comentado con el financiero la condena del exrepresentante demócrata Anthony Weiner por enviar dick pics (fotos de penes) a una adolescente de 15 años, de la que intentaba conseguir fotos desnuda: “Ella sabía exactamente lo que hacía y lo vulnerable que era [Weiner], y lo atrajo como un pez al anzuelo. ¿Qué excusa tiene para no ser una persona despreciable y repugnante?”
Consejos de todo tipo
Epstein, condenado en 2008 y encarcelado durante trece meses por solicitar los servicios de prostitutas menores de edad, pero que en ese momento se libró de los procesos federales, no se limita a opinar, sino que llega a aconsejar a sus allegados que se enfrentan a acusaciones de violencia sexista y sexual. Cuando comienza el movimiento #MeToo, intercambia emails con otro de sus conocidos, Joichi Ito, director de un famoso laboratorio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el Media Lab, situado cerca de Boston. “#MeToo es realmente increíble”, comenta el científico. Epstein le responde con sorna: “Con todos esos tipos arrestados por acoso, mi reputación ha mejorado ligeramente y me piden consejo todos los días.”
Entre los que consultan a Epstein se encuentra otro científico, el astrofísico Lawrence Krauss. A raíz de un artículo de la web BuzzFeed en el que se informaba de las acusaciones de acoso sexual contra él, este se dirigió en varias ocasiones a Epstein a partir del verano de 2017 para que le diera recomendaciones sobre cómo afrontar la situación. “Consulta a un abogado de antemano, si es posible, pero de momento sé cooperativo y cortés”, le respondió.
A finales de 2017, el periodista de BuzzFeed se puso de nuevo en contacto con Krauss con nuevas acusaciones. El científico volvió a llamar a su amigo Epstein, quien le dijo que publicara una breve declaración general indicando que las acusaciones “son falsas. O bien han sido investigadas y resultaron insuficientes, o bien han sido ignoradas”.
A principios de 2019, cuando se intensifica la presión sobre su persona, es él quien recurre a un amigo en busca de consejo. Y no a cualquiera, sino al lingüista Noam Chomsky. “Me gustaría mucho conocer tu opinión sobre cómo gestionar la nauseabunda cobertura mediática, que se está descontrolando por completo”, escribe Epstein.
Chomsky le recomendó que mantuviera un perfil bajo, lamentando “la horrible forma en que [Epstein] está siendo tratado por la prensa y la opinión pública”. Y añadió: “Y sobre todo ahora, con la histeria que se ha extendido en torno a la explotación de las mujeres, que ha llegado a un punto en el que el simple hecho de cuestionar una acusación es un delito peor que el asesinato.”
Fascinación por el caso DSK
Jeffrey Epstein también se interesa mucho por casos emblemáticos, como los de Roman Polanski o Dominique Strauss-Kahn, conocido como DSK.
El multimillonario estadounidense parece seguir de cerca los vaivenes del caso del cineasta franco-polaco, que ha sido acusado por seis adolescentes a lo largo de los años. Roman Polanski, acusado de drogar y violar a una niña de 13 años en 1977, huyó de Estados Unidos y desde entonces es objeto de una orden de detención internacional por parte de la justicia estadounidense.
En septiembre de 2009, cuando el director fue detenido en Suiza y amenazado con ser extraditado a Estados Unidos, Epstein escribió a un conocido: “Han detenido a Roman Polanski en Suiza por sus antiguas acusaciones... veintiocho años después.” En mayo de 2016, cuando Polanski se enfrentaba de nuevo a un proceso de extradición, esta vez en Polonia, Epstein envió el artículo del New York Times a la compañera de Woody Allen y añadió: “Enséñaselo a Woody.”
El multimillonario envía o recibe artículos referidos tanto la situación del cineasta franco-polaco como la suya propia. Así, en octubre de 2009, uno de sus allegados, el corredor de bolsa británico Mark Lloyd, le señala una crónica del periodista de Spectator Taki Theodoracopulos —él mismo condenado por intento de violación— en la que lamenta que Polanski sea “perseguido hasta el final” cuando ya había “pagado íntegramente” por “un delito cometido hace treinta y dos años”, “mientras que Jeffrey Epstein, amigo de los poderosos y multimillonario, solo cumple doce meses en una lujosa prisión de Palm Beach”. “¡Otra vez Taki con lo mismo!”, comenta Lloyd en el correo electrónico.
Epstein también parece literalmente fascinado por el “caso DSK”, cuando, en mayo de 2011, Dominique Strauss-Kahn es detenido en Nueva York, acusado de agresión sexual, lo que le obliga a dimitir del FMI y pone fin a sus ambiciones presidenciales en Francia.
A finales de 2012, el multimillonario no solo encarga un libro sobre la caída de DSK, sino que se reúne con un periodista estadounidense cuya tesis es que el gran favorito de las primarias socialistas para las elecciones presidenciales francesas del año siguiente fue víctima de una conspiración. Ya en 2012, parece querer conocerlo.
En París, su amiga Caroline Lang le propone presentarle al hombre que tanto despierta su curiosidad. El 3 de mayo de 2014, le envía un mensaje: “Jeffrey, ya puedes llamarle para concertar una cita. Mi padre acaba de hablar con él. Besos”. En la agenda que prepara su equipo, se anota para el 30 de junio una cita en el hotel Royal Monceau con DSK, a pesar de que éste se ha retirado ya de la vida pública y sigue siendo investigado en el caso Carlton de Lille por proxenetismo agravado en reunión (será absuelto un año más tarde). En la agenda, entre paréntesis, alguien escribió en mayúsculas y en negrita: “¿Va JE [por Jeffrey Epstein, ndr] a hacerlo ?”. No se sabe si los dos hombres se vieron finalmente.
Jeffrey Epstein fue detenido en julio de 2019 en el aeropuerto a su regreso de un viaje a París. Al referirse a este caso, el New York Times consideró entonces que el movimiento #MeToo podía explicar este desenlace. Al final, Jeffrey Epstein, cercano a Trump y a Clinton, no se libró del #MeToo, pero sus víctimas nunca obtuvieron justicia. Murió en prisión poco después de su detención, según las autoridades, tras suicidarse.
Caso Epstein en el Reino Unido: registradas dos direcciones relacionadas con Peter Mandelson
La policía británica registró el viernes 6 de febrero dos direcciones en el marco de la investigación sobre el exministro Peter Mandelson, sospechoso de haber transmitido información sensible al delincuente sexual Jeffrey Epstein y en el centro de un escándalo que sacude al Gobierno de Keir Starmer. La policía abrió una investigación el martes después de que los documentos del caso Epstein, hechos públicos por el departamento de Justicia de Estados Unidos, parecieran indicar que Peter Mandelson había transmitido al financiero estadounidense información susceptible de influir en los mercados, en particular cuando era ministro en el Gobierno laborista de Gordon Brown entre 2008 y 2010.
Los registros se centran en una dirección en Wiltshire (suroeste de Inglaterra) y otra en el elegante barrio de Regent's Park, en el distrito londinense de Camden, según ha anunciado la Policía Metropolitana en un comunicado. Estas operaciones están relacionadas con “la investigación en curso de un hombre de 72 años por delitos relacionados con una falta en el ejercicio de un cargo público”, precisó la “Met”, sin nombrar explícitamente a Peter Mandelson. “No ha sido detenido y la investigación continúa”, añadió la policía.
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Las últimas revelaciones sobre los vínculos entre Peter Mandelson y Jeffrey Epstein tienen repercusiones hasta en las altas esferas del actual Gobierno laborista. Keir Starmer, ya debilitado y muy impopular, se enfrenta a una creciente contestación dentro del Partido Laborista, donde algunos —aunque todavía pocos— hablan ya de que tiene que abandonar Downing Street.
Traducción de Miguel López
En octubre de 2017 se propagó la onda expansiva #MeToo provocada por el caso Weinstein, llamado así por el productor acusado de múltiples agresiones sexuales en el mundo del cine. Unos meses más tarde, uno de sus amigos, el financiero Jeffrey Epstein, compartió por email con varios de sus contactos un artículo del Daily Beast.