El escándalo Epstein alcanza al banco suizo Edmond de Rothschild e implica a su presidenta

Martine Orange (Mediapart)

Su posición es insostenible. Y Ariane de Rothschild lo sabe bien. Desde la publicación de los nuevos documentos del caso Epstein, toda su línea de defensa se ha desmoronado. Tras negar en un primer momento cualquier contacto con el financiero criminal y presentar posteriormente esas relaciones como meramente profesionales, la presidenta y principal accionista del grupo Edmond de Rothschild ha tenido que reconocer que, con el tiempo, se habían establecido “relaciones más personales” con Jeffrey Epstein. Ahora se enfrenta a una dura realidad.

Más de 5.500 documentos —ella es una de las personas con las que más se comunicaba Epstein, según The Economist—, recopilados en la base de datos del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, atestiguan las relaciones continuas, a veces diarias, entre Jeffrey Epstein y Ariane de Rothschild entre 2013 y 2019.

Desde que se publicaron esos documentos hay un silencio sepulcral en el banco privado suizo. El consejo de administración no ha publicado ningún comunicado para tranquilizar a los clientes y no parece haber encargado ninguna auditoría externa para evaluar los riesgos relacionados con el caso Epstein. Tampoco ha tomado ninguna medida para pedir a Ariane de Rothschild que se retire de sus funciones, al menos mientras dure la investigación.

El banco se mantiene fiel a su línea oficial: “La Sra. de Rothschild no tenía conocimiento alguno de la conducta y el comportamiento personal de J. Epstein. Descubrió la magnitud y la naturaleza de estos delitos cuando el estalló el caso Epstein a nivel internacional tras su detención. […] Quiere hacer saber una vez más que condena sin ambigüedades esos comportamientos y los delitos de los que es culpable. Por supuesto, lamenta profundamente no haber sabido nada de todo eso”. Y añade: “Los documentos publicados por el DOJ [Departamento de Justicia, ndr] no revelan ningún elemento que pueda poner en duda la integridad de las actividades del Grupo o la probidad de su accionista”.

Sin embargo, tras la lectura de una serie de documentos, la gente empieza a dudar y ha desaparecido la confianza tanto dentro como fuera del banco. ¿Hasta dónde llevará este asunto al grupo Edmond de Rothschild? ¿Podía Ariane de Rothschild ignorar por completo los delitos sexuales de este banquero tóxico con redes tentaculares durante tantos años? Más allá de eso, ¿qué le contó ella? ¿Qué información le proporcionó, qué negocios montó con Jeffrey Epstein, tan diligente en utilizar cualquier información en beneficio propio y de sus amigos cercanos? “El secreto es la regla de oro de nuestra profesión. En él se basa la confianza. Ariane de Rothschild ha pisoteado todos esos principios”, sentencia con severidad un exbanquero de negocios.

Edmond de Rothschild es ella

Pero Ariane de Rothschild conoce esas leyes, como banquera y como miembro de la familia Rothschild: la discreción debe ser absoluta. Cuando conoció a Jeffrey Epstein en 2013, llevaba más de cinco años al frente de la Compañía Edmond de Rothschild —que mientras se había convertido en “grupo”— como vicepresidenta, sustituyendo cada vez más a su marido, Benjamín, presidente titular del banco pero incapaz de asumir sus funciones debido a sus problemas de dependencia del alcohol y las drogas.

Desde la muerte de Edmond de Rothschild en 1997, Ariane de Rothschild, que comenzó su carrera en la Société Générale de Nueva York, se fue erigiendo poco a poco como su heredera legítima y albacea testamentaria. El Grupo Edmond de Rothschild es ella.

Se propuso como misión “retomar la gran tradición Rothschild en el mundo de la política, los negocios y las finanzas”, como explicó a Le Monde Olivier Colom, que fue secretario general del grupo.

Eso la llevó a reavivar viejas disputas familiares, que habían llevado a la escisión y a la creación de la Compañía Edmond de Rothschild en 1953. “Pase lo que pase, respetaré las últimas voluntades escritas de Edmond, nunca dejaré vendidos a los primos”, asegura en sus conversaciones con Jeffrey Epstein.

A Donald Trump le encanta el apellido Rothschild

Pero esta mujer está sola. Dentro del banco, se ha rodeado de personas que apenas se atreven a contradecirla. Fuera, no forma parte de ese establishment financiero, esencialmente estadounidense, con el que sueña codearse. A pesar de su apellido, siguen estando muchas puertas cerradas para ella. En sus conversaciones, Jeffrey Epstein nunca deja de citar nombres de importantes financieros y gestores de fondos para mostrar el alcance de sus relaciones y su red de contactos. “A Donald Trump le encanta el apellido Rothschild”, le escribe para halagarla en febrero de 2017.

Cuando el diplomático noruego Terje Rød-Larsen propone a Ariane de Rothschild reunirse con Jeffrey Epstein, éste ya sabe todo eso. En el primer mensaje que le envía tras un primer encuentro y cuyo borrador envía al diplomático noruego para que lo revise, el financiero tóxico hace referencia inmediatamente a Edmond de Rothschild. “Sus principios han guiado mis negocios durante treinta años”, llega a escribir.

La maquinaria de manipulación se pone en marcha. Porque integrar a un miembro de la familia Rothschild en su red es tan importante para Epstein como aparecer junto a Andrew Mountbatten y llevarlo a sus saraos delictivos. En el mundo financiero —y más allá—, el nombre de Rothschild sigue siendo mítico, rodeado de poder, con una capacidad de fascinación poco común, con su horrible reverso de concentrar en él un antisemitismo abyecto. Eso puede permitir al financiero americano acceder a personas, información y negocios a los que antes no podía aspirar (ver último apartado).

El grupo Edmond de Rothschild indica que su presidenta no tenía motivos para desconfiar. Rød-Larsen era entonces un diplomático reconocido, relacionado con los acuerdos de Oslo. Al igual que Ariane de Rothschild, frecuentaba las estructuras de la ONU financiadas en parte por las fundaciones familiares. Al igual que Ariane, era miembro de la Comisión Trilateral. Los documentos que se han publicado muestran el papel que el noruego desempeñaba junto al financiero.

Dentro de una de nuestras anteriores investigaciones sobre su papel en el caso Espstein, Olivier Colom, entonces secretario general del banco tras haber sido asesor de Nicolas Sarkozy, respondió por escrito a nuestras preguntas: “Desde el principio, [Terje Rød-Larsen] nos indicó que el Sr. Epstein había cometido ‘una falta’ en la década de 2000 por la que había ‘pagado’ con un año de prisión, y que podía tener derecho a una segunda oportunidad.” Por su parte, el grupo comenta: “Con la publicación de los documentos por parte del Departamento de Justicia, hemos descubierto la turbia naturaleza de las relaciones que Olivier Colom —quien inició el encuentro entre la Sra. de Rothschild y Terje Rød-Larsen— mantenía con J. Epstein.”

¿Realmente Ariane de Rothschild ignoró durante todo ese tiempo los delitos y abusos sexuales cometidos por Jeffrey Epstein? ¿Es posible que no se enterara del escándalo que sacudió a la familia real británica en 2015? Varios correos electrónicos parecen insinuar que ella tenía información, aunque fuera parcial. En uno de ellos, ella le aconseja “ignorar los rumores”.

Bajo su influencia

Jeffrey Epstein no tardó mucho en entrometerse en la vida, incluso en la privada, de Ariane de Rothschild. En pocos meses, se convirtió en su consejero, su confidente para todo. Cada día reforzaba su influencia, aislándola cada vez más, hasta llegar a ser su único recurso. “Apoyo cualquier camino que elijas que te dé seguridad, no el banco, ni Benj, ni tus primos, ni el vino. Me duele verte desperdiciar tu increíble talento formando parte de la clase trabajadora. Soy sensible a las obligaciones familiares, pero necesitas AYUDA”, le escribe, asegurándole en varias ocasiones su total apoyo.

El menosprecio y los insultos son sus armas favoritas. Califica a Cynthia Tobiano, que hoy dirige el grupo, de simple “contable” que dirige “un equipo sin experiencia”. Emmanuel Fievet, entonces responsable de la actividad de gestión patrimonial, al igual que Hervé Orion, director general de la banca privada, le parecen carecer de la experiencia y la reputación necesarias, y la empuja a deshacerse de ellos. Ambos acabarán abandonando el banco.

Pero es a la familia a quien reserva sus dardos más afilados. Primero a Benjamín, el marido, entonces presidente y principal accionista del banco: “Es un verdadero peligro”, “está fuera de control”. Le sugiere a Ariane varios planes para destituir a Benjamín de Rothschild y hacerse con todo el poder: “Debes tener el dinero bajo tu único control”.

En 2015, Benjamín de Rothschild dimite de la presidencia. A continuación se produce una reorganización capitalista que permite apartar tanto a Benjamín como a Nadine de Rothschild, su madre. Desde el principio, Jeffrey Epstein maneja todo, sin perderse ni un ápice de las negociaciones familiares.

Epstein temía que los primos se interpusieran en su intento de acaparar el grupo y el nombre de Rothschild. Sorprendentemente, Ariane de Rothschild le mantenía informado, a veces a diario, de las disputas familiares, en particular en torno al nombre. Con esa información, hizo todo lo posible por avivar las disensiones y crear divisiones.

“Tengo entendido que alguien ha contratado a una empresa del tipo Jules Kroll [agencia especializada en inteligencia económica, ndr], insinuando que eres tú quien necesita una cura de desintoxicación. Alcohol, drogas. No lo sé. Podría ser David [entonces director del grupo Rothschild en Francia, ndr], el gordo o el chico de Nadine. El otro bando se está preparando. Tú debes hacer lo mismo”, le escribe en lo que parece una amplia campaña de desestabilización.

Contactada la familia Rothschild, se niegan a hacer comentarios. Por principio, ella nunca habla de las disputas familiares en público. Y menos aún cuando están en juego los sutiles equilibrios de poder y financieros de la casa.

Un contrato fuera de lo común

El control de Jeffrey Epstein sobre Ariane de Rothschild es tan eficaz porque su relación se construye en un momento en que la compañía, como todos los bancos suizos, ve su entorno totalmente trastocado: bajo presión, el Gobierno suizo ha decidido levantar el secreto bancario. Las autoridades judiciales suizas aceptan cooperar con las administraciones judiciales y fiscales de otros países. En primer lugar Estados Unidos, que ha emprendido una campaña masiva contra la evasión fiscal.

Para los bancos suizos, que durante décadas han hecho de la evasión fiscal y las cuentas numeradas su principal fuente de ingresos, este cambio supone todo un terremoto. Todos los grandes grupos bancarios suizos se encuentran en el punto de mira de las autoridades fiscales estadounidenses y la compañía Edmond de Rothschild no es una excepción. El fisco le reclama 86 millones de dólares en multas.

Aunque el banco tiene una posición sólida, Jeffrey Epstein siembra la duda y luego el miedo en la cabeza de Ariane de Rothschild. Es cierto que el banco atraviesa una crisis de gobernanza y de modelo pero, según él, la situación es muy grave, está al borde del colapso. Y los 86 millones de dólares en sanciones reclamados por el fisco estadounidense podrían ser fatales. Se presenta como el salvador. Primero le presenta a una de sus personas más cercanas, la abogada Kathryn Ruemmler, que se convierte en la asesora oficial de la empresa. Luego dice que él mismo se involucrará en las negociaciones con las autoridades americanas.

¿Hizo todo lo posible la presidenta del grupo para ocultar su nombre? ¿Era consciente de que las sumas pagadas eran exorbitantes e injustificables, incluso para el mundo bancario?

“¿Te parece bien 45 millones?”, le escribe. ¿Intervino realmente para conseguir una reducción de casi la mitad de las sanciones? ¿Tenía conocimiento antes de que se hiciera público del resultado de las negociaciones para apropiarse del resultado? En cualquier caso, esa es la cifra definitiva propuesta por las autoridades americanas.

En agradecimiento por sus consejos al grupo, Epstein consigue un contrato excepcional: recibe 25 millones de dólares, es decir, más de la mitad de la reducción obtenida de las autoridades judiciales. Por cierto, el contrato que se firma entre Ariane de Rothschild y el banquero es muy extraño. Existen dos versiones: la primera, redactada el 5 de octubre de 2015, designa explícitamente a Jeffrey Epstein como beneficiario a través de uno de sus fideicomisos, Southern Trust Company. En la segunda, redactada a principios de noviembre, el nombre de Jeffrey Epstein desaparece por completo y es sustituido por el de Darren Indyke, presentado como vicepresidente del fideicomiso. Esta es la versión firmada por Ariane de Rothschild.

¿Tenía la presidenta del grupo, diga lo que diga, conocimiento de la reputación tóxica y escandalosa del banquero e hizo todo lo posible por ocultar su nombre? ¿Era consciente de que las sumas pagadas eran exorbitantes e injustificables, incluso para el mundo bancario?

Según nuestra información, este contrato nunca se presentó al consejo de administración del banco. En respuesta a nuestras preguntas, el grupo nos indicó: “El Sr. Epstein era solo un proveedor de servicios para el grupo. Acompañó al grupo Edmond de Rothschild en diferentes misiones de asesoramiento estratégico y acompañamiento en el desarrollo de los negocios del banco. Se aplicaron plenamente las normas de gobernanza”.

Dirigente oficioso del banco

Gracias a estos primeros éxitos, Epstein se convirtió casi en un dirigente oficioso del banco. Multiplica los consejos para la reorganización y reestructuración de las actividades bancarias o la reconfiguración del consejo. Intenta colocar a su gente más cercana junto a Ariane de Rothschild, recomendándole en particular que incorpore a Larry Summers y Tom Prizker a su consejo o que contrate a Jes Staley para dirigir su banco. Propone reuniones con Leon Black para establecer relaciones comerciales con su fondo Apollo.

Pero su principal preocupación parece ser vender el banco. No deja de escribir que la empresa es demasiado pequeña, que no puede sobrevivir en el competitivo mundo bancario. Se estudia un primer plan de cesión con UBS y, a continuación, organiza conversaciones con los Rockefeller. Finalmente, piensa en una fusión con el banco Julius Baer, haciendo ver a Ariane de Rothschild la perspectiva de asumir la presidencia del conjunto. “Como siempre he pensado, la familia está perdida. No han establecido una cláusula de no competencia”, escribe. Porque, más allá de las comisiones que podría obtener de tales operaciones, lo que parece motivarle es la perspectiva de apoderarse del nombre y del legado de esta mítica casa con la esperanza de enriquecerse inmensamente.

Ninguna de las operaciones imaginadas por Jeffrey Epstein pasó de las conversaciones exploratorias. En 2018, la familia cerró un acuerdo sobre el uso del nombre por parte de las diferentes ramas, poniendo fin al juicio iniciado por Ariane de Rothschild contra los primos. Se deshacen los vínculos de capital que subsistían entre las diferentes ramas de la familia y el grupo Edmond de Rothschild se retira de la Bolsa. Este será el tema de una de las últimas conversaciones entre Ariane de Rothschild y Jeffrey Epstein antes de su detención.

Crisis de confianza

Tras la lectura, aunque sea parcial, de los documentos publicados, el grupo Edmond de Rothschild sale con su reputación tocada. Algunos clientes, que se niegan a verse involucrados en este asunto ni siquiera de lejos, o que temen por el futuro del banco, parecen haber comenzado a retirar sus activos, según indiscreciones —no siempre desinteresadas— recabadas de otros banqueros suizos que están al acecho.

Aunque no hay comparación posible entre los dos bancos, el precedente del Crédit Suisse en 2023 quedó grabado en la memoria: en pocas semanas se evaporó la confianza en el banco. Al borde del colapso, el segundo banco suizo tuvo que ser rescatado de urgencia por el Gobierno federal suizo y su competidor UBS.

Según nuestra información, las autoridades federales de los mercados financieros (FinMa) parecen estar siguiendo de cerca el caso. “Todo responsable bancario debe ser fit and proper (apto y competente)”, recuerda un observador. Lo que la ley bancaria francesa denomina “honorabilidad”. En el mundo bancario y financiero, algunos predicen que Ariane de Rothschild no tendrá más remedio que vender lo antes posible.

Los reyes de China

“Cuando era pequeño, cuando en casa se hablaba de los Rothschild, creía que se referían a los reyes de China”, contaba el exministro de Justicia Robert Badinter, que fue muy amigo de David de Rothschild. Esta anécdota infantil resume por sí sola el poder mítico de este apellido, universalmente conocido. Eran los banqueros de las familias reales europeas en el siglo XIX y están relacionados con todos los momentos de la historia de ese siglo, financiando las guerras contra Napoleón, desarrollando los ferrocarriles, las minas, la revolución industrial en Europa, pudiendo hacer y deshacer poderes o detener conflictos si se negaban a financiarlos.

Su influencia no dejó de disminuir en el siglo XX, cuando se separaron las ramas inglesa, francesa y suiza de la familia. En Francia, la nacionalización del banco en 1982 lo salvó de un humillante colapso. David y Éric de Rothschild partieron de cero para reconstruir un banco de negocios y luego un grupo financiero. Sigue siendo una de las únicas casas europeas controladas por una familia.

Pero aunque su poder financiero es insignificante en comparación con los gigantes bancarios internacionales, la magia del nombre perdura: atrae a toda una clientela que desea beneficiarse del aura de la casa y afirmar su estatus privilegiado. Nicolas Sarkozy parece ser uno de ellos: tiene una cuenta en el banco Edmond de Rothschild por la que han transitado 500.000 euros procedentes de Rusia.

La familia es muy consciente de este poder de atracción. Por eso, cuando David y Éric de Rothschild quisieron renombrar en 2014 la sociedad matriz de su grupo, Paris-Orléans, como “Rothschild & Co”, se desató una pelea, ya que las ramas inglesa y suiza de la familia temían que la rama francesa utilizara la marca en su propio beneficio. La disputa se resolvió en 2018, y cada parte tiene derecho a utilizarla, salvo que la actividad pase a estar bajo el control de un socio externo.

Pero la contrapartida de este mito es abrumadora. A lo largo de las trágicas pruebas de la historia, la familia carga con una pesada mochila. El nombre de Rothschild concentró en sí mismo las campañas y los actos antisemitas más abyectos durante el auge y la llegada del nazismo. Los recientes atropellos antisemitas de la extrema derecha en París demuestran que nada ha cambiado.

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Contactado Olivier Colom para saber si confirmaba las respuestas que nos había dado por escrito durante la investigación sobre su implicación en el caso Epstein, no nos ha respondido.

 

Traducción de Miguel López

Su posición es insostenible. Y Ariane de Rothschild lo sabe bien. Desde la publicación de los nuevos documentos del caso Epstein, toda su línea de defensa se ha desmoronado. Tras negar en un primer momento cualquier contacto con el financiero criminal y presentar posteriormente esas relaciones como meramente profesionales, la presidenta y principal accionista del grupo Edmond de Rothschild ha tenido que reconocer que, con el tiempo, se habían establecido “relaciones más personales” con Jeffrey Epstein. Ahora se enfrenta a una dura realidad.

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