La extrema derecha amenaza y la izquierda no se decide en las elecciones municipales en Francia

Ellen Salvi (Mediapart)

Las “felicitaciones” que Jordan Bardella repartió el domingo por la noche, apenas conocidos los primeros resultados, deben tomarse, evidentemente, con todas las precauciones habituales, ya que la campaña electoral aún se prolongará una semana más. Pero, sean cuales sean los resultados de la segunda vuelta del próximo domingo, no podemos sino constatar ya con preocupación las numerosas ciudades en las que la Agrupación Nacional (RN) y sus aliados han registrado porcentajes récord.

El domingo 15 de marzo fueron reelegidos varios alcaldes de extrema derecha salientes, con resultados que en algunos casos superaron el 70%, e incluso el 80%. Los partidos de Marine Le Pen y Éric Ciotti también se impusieron en la primera vuelta en al menos una decena de municipios más. Y sus candidatos y candidatas se han clasificado, sobre todo, en un número incalculable —a estas horas— de ciudades, dejando de paso fuera de juego a la derecha tradicional.

Unos resultados que dan vértigo a un año de las elecciones presidenciales y dejan entrever con bastante claridad el cambio de rumbo de una sociedad que se está acostumbrando a lo peor. Porque ahora está claro: el voto contestatario se ha convertido en un voto de adhesión. Como si la extrema derecha fuera una fuerza política como cualquier otra. Como si la RN hubiera cambiado y hubiera que creer lo que afirman sus dirigentes, con el apoyo tácito de quienes han transformado las barreras en pasarelas.

Destrucción de los servicios públicos, autoritarismo, obsesión por la seguridad, xenofobia… El balance del partido de Jordan Bardella en los municipios que ya administra habla por sí solo. La composición de sus listas para las municipales también, con decenas de candidatas y candidatos que han proferido comentarios racistas, antisemitas u homófobos, sin que nunca se les haya llamado la atención. Uno de ellos, Romain Lopez, incluso fue reelegido en la primera vuelta en Moissac (Tarn-et-Garonne) con más del 60 % de los votos emitidos.

En Niza, una ciudad donde la mezcla de la derecha y la extrema derecha se ha convertido en una tradición, Éric Ciotti se situó el domingo por la noche muy por delante del alcalde saliente de Horizons, Christian Estrosi. Y en Marsella, el candidato de la RN, Franck Allisio, está bastante igualado con el socialista Benoît Payan. Una situación que debería alarmar a todos, empezando por las fuerzas de izquierda, que ahora se ven obligadas a asumir sus responsabilidades.

La división de la izquierda

Poco después de los resultados de la primera vuelta, como viene ocurriendo desde hace semanas, por no decir meses, la izquierda ha vuelto a mostrarse dividida. Habrá que estar atentos, por supuesto, a las negociaciones que sin duda se llevarán a cabo de aquí al martes por la noche, día en que se cierran las listas para la segunda vuelta. Pero las declaraciones que han inundado nuestras pantallas a lo largo de la noche parecen ya no estar a la altura de lo que está en juego en el momento político que atravesamos.

Durante la campaña municipal, el Partido Socialista (PS) se sumó a la campaña de demonización de La Francia Insumisa (LFI), cuyos candidatos y candidatas han sido sistemáticamente asociados a las declaraciones y excesos de Jean-Luc Mélenchon. Los socialistas lo han repetido durante semanas, sin preocuparse por la dinámica de la extrema derecha: ni hablar, aseguraba su líder Olivier Faure, de imaginar la más mínima unión con el movimiento insumiso entre las dos vueltas.

En toda Francia, la extrema derecha se ha alimentado del descontento ciudadano ignorado, del cinismo de la derecha y de la irresponsabilidad de la izquierda

El domingo por la noche quedó demostrado que esta competición en las izquierdas no tiene salida electoral. El PS se ha aupado, sin duda, al primer puesto en varios municipios, pero también ha perdido algunas de sus ciudades, como Saint-Denis, arrebatada por el insumiso Bally Bagayoko. En muchos lugares, como Lyon o Marsella, no podrá prescindir de LFI si pretende ganar.

“Esta noche, la extrema derecha sigue avanzando con mucha fuerza e inyecta su veneno hasta el corazón de una derecha cada vez menos republicana”, declaró acertadamente Olivier Faure poco después de los primeros resultados. Cabría imaginar que el primer secretario del PS sacaría las conclusiones pertinentes, sin embargo, se apresuró a anunciar, tras volver a atacar a Jean-Luc Mélenchon, que “ni en la primera ni en la segunda vuelta habrá acuerdo nacional entre el PS y LFI.”

Por su parte, el líder de LFI respondió en la red social X escribiendo: “Las acusaciones personales, los ucases combinados con las intrigas locales deben cesar. Por su parte, La Francia Insumisa trabaja para formar un frente único y derrotar a la derecha y a la extrema derecha. Hay que agarrar la mano tendida”. Las próximas horas darán lugar sin duda a negociaciones locales, entre equipos que a veces se entienden mucho mejor que los caciques nacionales, incapaces de crear las condiciones para una verdadera unión.

La situación está tan deteriorada que, a corto plazo, solo los acuerdos “técnicos” podrán servir de fachada unitaria. Se cederán sin duda algunos escaños y se conservarán algunos ayuntamientos, pero eso no cambiará nada del problema de fondo. Porque, frente a la extrema derecha, la lucha política no puede ser cosmética. Necesita apoyarse en proyectos y alianzas sinceras. Y es que, a un año de las elecciones presidenciales, hay que constatar que las izquierdas siguen siendo incapaces de proponer un discurso común para contrarrestar la catástrofe.

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Por eso los resultados de la primera vuelta dejan un regusto especialmente amargo y arrojan una cruda luz sobre las campañas hostiles que se han llevado a cabo entre socialistas, ecologistas, comunistas e insumisos. Mientras concentraban la mayor parte de sus energías en insultarse mutuamente, la extrema derecha ha seguido tranquilamente su camino por toda Francia, alimentándose del enfado ciudadano ignorado, del cinismo de la derecha y de la irresponsabilidad de la izquierda. Los votantes del Nuevo Frente Popular (NFP) aún se preguntan cómo se ha llegado a esta situación.

 

Traducción de Miguel López

Las “felicitaciones” que Jordan Bardella repartió el domingo por la noche, apenas conocidos los primeros resultados, deben tomarse, evidentemente, con todas las precauciones habituales, ya que la campaña electoral aún se prolongará una semana más. Pero, sean cuales sean los resultados de la segunda vuelta del próximo domingo, no podemos sino constatar ya con preocupación las numerosas ciudades en las que la Agrupación Nacional (RN) y sus aliados han registrado porcentajes récord.

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