Los independentistas abren una nueva etapa histórica en el Reino Unido

Marie Billon (Mediapart)

Londres (Reino Unido) —

Por primera vez, un independentista juró el cargo de primer ministro de Gales. Fue el 12 de mayo, en Cardiff, capital de esta pequeña nación situada al oeste del Reino Unido. Rhun ap Iorwerth prometió “solemne y sinceramente […]servir […]a Su Majestad el rey Carlos III”, aunque su proyecto político pasa precisamente por romper el reino que encabeza el monarca. 

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Su partido, Plaid Cymru, obtuvo una mayoría relativa en las elecciones municipales y autonómicas del 7 de mayo y puso fin a décadas de hegemonía del Partido Laborista. Es el inicio de una nueva etapa, que el propio Ap Iorwerth quiso subrayar minutos después, en las escaleras de Cathay Park, sede del Gobierno galés, al afirmar que su lealtad estaría, ante todo, “con el pueblo de Gales”.

Dijo que se esforzará por “colaborar de manera constructiva con el Gobierno británico”, y trabajará con “otros actores de estas islas cuando compartan puntos en común”. Al decir esto, Ap Iorwerth miraba hacia el norte, a 600 kilómetros, hacia Escocia. En Edimburgo, John Swinney también juró el cargo para seguir como primer ministro, tras la mayoría cualificada obtenida por el independentista Partido Nacional Escocés (SNP), también el 7 de mayo.

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Ap Iorwerth aludía también a la situación política en Belfast. Michelle O’Neill es primera ministra de Irlanda del Norte desde febrero de 2024 y codirige el Sinn Féin, formación republicana a favor de la reunificación de Irlanda, hoy dividida entre la República de Irlanda, al sur, e Irlanda del Norte, integrada en el Reino Unido. Es la primera vez que el Sinn Féin ocupa la posición principal en el Ejecutivo norirlandés.

Aunque cuenta con mayoría en el Parlamento de Stormont, O’Neill comparte el poder en igualdad de condiciones con Emma Little-Pengelly, viceprimera ministra del partido de derecha DUP, el Partido Unionista Democrático. El Acuerdo del Viernes Santo de 1998, que puso fin al conflicto en Irlanda del Norte, prevé precisamente un ejecutivo bicéfalo que incorpora de forma automática a republicanos y unionistas. Tras las elecciones del 7 de mayo en Gran Bretaña, O’Neill habló de una nueva “dinámica” que conviene que cultivar.

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“Partidos hermanos”

Plaid Cymru, el SNP y el Sinn Féin “son tres partidos progresistas, de centroizquierda y socialmente liberales, que aspiran a una transformación profunda de la gobernanza de las islas británicas”, resume Richard Wyn Jones, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Cardiff. “Se consideran partidos hermanos”.

El SNP nació en 1935, diez años después de Plaid Cymru. Ambas formaciones encontraron pronto puntos en común. Además de invitarse mutuamente a sus congresos anuales, “cooperan muy estrechamente en el Parlamento de Westminster”, señala Wyn Jones. En 2022, por ejemplo, coordinaron sus intervenciones y su voto durante el debate sobre el límite máximo de los precios de la energía. También en los debates sobre la gestión del Brexit, estos dos partidos proeuropeos han hablado con una sola voz.

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La relación que mantienen con el Sinn Féin es “muy diferente”, precisa Wyn Jones, aunque solo sea porque los diputados del partido republicano norirlandés se niegan a ocupar sus escaños en Westminster. Los vínculos establecidos por Plaid Cymru y el SNP con el Sinn Féin son más recientes. Durante mucho tiempo, el partido fue considerado la rama política de un grupo paramilitar, el IRA, el Ejército Republicano Irlandés. La llegada de Michelle O’Neill, que nunca tuvo vínculos personales con el IRA, a la dirección del partido en 2017 lo cambió todo.

Los tres partidos llevan, por tanto, años conviviendo. Pero, por primera vez, en la próxima reunión con Keir Starmer, dentro del marco de relaciones intergubernamentales del Reino Unido, serán tres jefes de Gobierno independentistas quienes se sienten frente al primer ministro británico. Estas reuniones se celebran aproximadamente cada dos meses. Según la web del Gobierno, su objetivo es “fomentar la colaboración y evitar desacuerdos”.

Pero el sistema sigue siendo “vertical”, como explica Bettina Petersohn, de la Universidad galesa de Swansea: es el primer ministro quien convoca esas reuniones y propone los temas de debate, que solo pueden dar lugar a declaraciones de intenciones. Starmer, políticamente debilitado, se encontrará en una situación de uno contra tres (si se omite a la viceprimera ministra norirlandesa del DUP, que estará presente), pero aún puede contar con una amplia mayoría en el Parlamento de Westminster. Ninguno de los tres dirigentes de las naciones periféricas, recuerda Petersohn, dispone de mayoría absoluta en sus respectivos parlamentos.

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Una extrema derecha muy inglesa

Otra baza que Starmer puede jugar, según la politóloga, reside en el carácter asimétrico de la descentralización británica, la devolución. Aunque Escocia, Gales e Irlanda del Norte cuentan con gobiernos propios para defender sus intereses, no es el caso de Inglaterra. Ni siquiera Reform UK, el partido de extrema derecha cuyos miembros  exhiben con más frecuencia la bandera inglesa que la británica y que obtuvo una amplia mayoría en Inglaterra el 7 de mayo, propone la creación de un Parlamento inglés.

Nigel Farage, líder de Reform UK, ha abandonado una idea que le era muy querida: la restauración del sistema English vote for English Laws (Evel, un voto inglés para las leyes inglesas), que consistía en restringir el derecho de voto de los diputados no ingleses sobre proyectos de ley que solo afectaran a Inglaterra. Establecido en 2015 por los conservadores, el mecanismo fue abolido por ellos mismos en 2021 debido a su complejidad.

En realidad, Inglaterra no necesita necesariamente un Parlamento propio. Incluso sin el sistema Evel, la nación domina en Westminster en cuanto a superficie, población y poder: 533 de los 650 diputados son ingleses. El Parlamento y el Gobierno de Londres “conservan la soberanía”, recuerda Murray Leith, profesor de ciencias políticas en la Universidad de West Scotland. “Técnicamente”, añade, “Westminster podría abolir los gobiernos descentralizados de Escocia y Gales”.

La perspectiva de una mayoría de Reform UK —muy poco favorable a la descentralización— tras las próximas elecciones generales, previstas como muy tarde para 2029, es una de las razones que empujan a las tres naciones a estrechar lazos. Pueden colaborar porque “no son competidoras”, subraya Leith. Todas quieren “reforzar la autoridad y el poder” de sus gobiernos dentro del Reino Unido antes de, en última instancia, desvincularse de Londres.

Partidos proeuropeos

Aunque Gales votó mayoritariamente a favor de la salida de la Unión Europea en 2016, los tres partidos comparten también una orientación proeuropea. Y, sobre todo, rechazan la ley sobre el mercado interior aprobada en 2020, como consecuencia del Brexit. Esa norma busca evitar barreras comerciales internas, en particular con Irlanda del Norte, que permanece de facto dentro del mercado único europeo para no levantar fronteras aduaneras en la isla de Irlanda (la República de Irlanda es miembro de la UE) y reavivar un conflicto histórico.

Además, esta ley limita las competencias de los gobiernos descentralizados. Escocia, por ejemplo, quiere regular el precio de los alimentos básicos para combatir el aumento del coste de la vida. Pero Londres, en nombre de la armonización del mercado interior, podría impedir la aplicación de esta medida, incluso si fuera aprobada por la mayoría del Parlamento escocés.

En ausencia del Sinn Féin en Westminster, el SNP y Plaid Cymru cooperan con los diputados norirlandeses del DUP. Estos no desean la independencia, pero quieren que la descentralización funcione, y para ello están dispuestos a apoyar mociones parlamentarias iniciadas por los nacionalistas galeses o escoceses. En la década de 2010, todos ellos formaron así un frente común contra el proyecto de la línea ferroviaria de alta velocidad HS2 en Inglaterra, cuyos costes se dispararon.

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Pero los intereses compartidos del DUP con los partidos independentistas llegan hasta ahí. Si el primer ministro británico rechaza las demandas comunes de las naciones que gobiernan, estas podrían convertir ese bloqueo en un nuevo argumento a favor de su emancipación.

 

Traducción de Miguel López

Por primera vez, un independentista juró el cargo de primer ministro de Gales. Fue el 12 de mayo, en Cardiff, capital de esta pequeña nación situada al oeste del Reino Unido. Rhun ap Iorwerth prometió “solemne y sinceramente […]servir […]a Su Majestad el rey Carlos III”, aunque su proyecto político pasa precisamente por romper el reino que encabeza el monarca. 

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