Orbán activa su maquinaria de bulos y mentiras con vistas a amañar las próximas elecciones en Hungría

Corentin Léotard (Mediapart)

El 26 de febrero de 2022, dos días después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, en el influyente canal de YouTube de izquierdas Partizán, el candidato de la oposición unida contra Viktor Orbán, Péter Márki-Zay, se posiciona: “En el marco de la OTAN, Hungría puede proporcionar la asistencia necesaria a Ucrania […]. Incluso en el ámbito militar, si la OTAN así lo decide, pero por ahora no se plantea”.

El Fidesz, sacudido por la agresión de su aliado Vladimir Putin, aprovecha la ocasión para presentarse como el partido de la paz frente a los belicistas que arrastrarían al país a la espiral de la guerra. El argumento da en el blanco y el desafortunado Márki-Zay solo tiene derecho a sus cinco minutos reglamentarios en la televisión pública para desmentirlo. Unas semanas más tarde, en las elecciones legislativas, será aplastado, con un 34% frente a un 54%, a pesar de la difícil situación económica y de una inflación ya elevada.

Cuatro años más tarde, a las puertas de las elecciones legislativas del próximo 12 de abril, sigue utilizándose la retórica de la paz, pero el poder ha añadido una cuerda más a su arco. A principios del otoño pasado, Index, medio de comunicación independiente de referencia hasta su “orbanización” en 2020, reveló que “el partido Tisza [el Partido Respeto y Libertad de Péter Magyar, ndr] prepara una subida brutal del impuesto sobre la renta”. Se basaba en la misteriosa filtración de un documento del partido... que resultó ser falso.

Para difundir esa información falsa, se despliegan grandes medios. La agencia de comunicación en el centro de la campaña del Fidesz, el “Movimiento de Resistencia”, cubre el país con grandes carteles: “¿Y a ti, cuánto te quitaría de impuestos Tisza?”. Estos carteles incluyen un código QR que remite a una página web ad hoc, en la que cualquiera puede introducir su salario y descubrir la supuesta pérdida de ingresos si el poder cambiara de manos.

Polémicas totalmente inventadas

Dado que Fidesz tiene a su servicio los recursos del Estado, las cosas no se quedan ahí. El 1 de octubre, el Gobierno lanza otra “consulta nacional”, titulada “¡Protesta contra el aumento de los impuestos!” y encarga a su empresa favorita la impresión de 7,8 millones de ejemplares. Así puede esgrimir los 1,6 millones de respuestas —recogidas únicamente entre sus partidarios— como expresión de la voluntad popular.

“Los húngaros rechazan la austeridad de la izquierda, no quieren que su dinero se envíe a Ucrania y no quieren subidas de impuestos debido a los planes bélicos de Bruselas. La opinión del pueblo húngaro es vinculante para el Gobierno húngaro”, dice el Gobierno. El coste de este falso plebiscito es de 37 millones de euros de dinero público. En total, las quince consultas nacionales organizadas desde 2011 han costado a los contribuyentes 372 millones de euros, según los cálculos del medio de comunicación 24.hu.

Para que incluso las personas que escapan al bombardeo informativo en las calles y en los medios de comunicación públicos se queden con el mensaje del Gobierno grabado a fuego, el Fidesz ha decidido imprimir y distribuir en todos los hogares un número especial gratuito del tabloide Bors.

Así, al acercarse las fiestas de fin de año, los 4,1 millones de hogares húngaros reciben gratuitamente el periódico sensacionalista que promete revelar “lo que realmente contiene el paquete Tisza”. Dieciséis angustiosas páginas revelan cómo la oposición está tramando un vasto plan de austeridad que arruinará al país y vaciará los bolsillos de los ciudadanos.

La propaganda se difunde a través de medios de comunicación privados totalmente dependientes de las subvenciones públicas

Pero eso es totalmente ilegal. El tribunal metropolitano de Budapest había prohibido, de forma inesperada, la difusión de ese panfleto, una decisión que el poder ha ignorado. A posteriori, el 14 de enero, el mismo tribunal dictaminó en primera instancia que el documento filtrado sobre los supuestos planes económicos de Tisza, en el que se basa toda la maniobra, no puede en ningún caso vincularse al partido.

“Mentiras descaradas impresas en 4 millones de ejemplares y distribuidas por todo el país a costa del contribuyente”, resumió Péter Magyar, el extecnócrata del Fidesz que se ha erigido en hombre providencial contra el poder y lidera las encuestas a dos meses de las elecciones.

Esa operación ilegal de propaganda “no es más que un ejemplo entre muchos otros de la movilización masiva de los recursos del Estado al servicio exclusivo del Fidesz y del uso de fondos públicos para difundir las mentiras del Gobierno”, constata Sándor Léderer, director de la organización anticorrupción K-Monitor. “La propaganda se difunde a través de medios de comunicación privados totalmente dependientes de las subvenciones públicas”.

“El mercado de los medios de comunicación está masivamente alimentado por fondos públicos y la UE no ha hecho nada contra esta completa distorsión del mercado en beneficio del poder”, añade Léderer. Según un estudio realizado por quien fue economista jefe de la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea, Kai-Uwe Kühn, el Estado ha concedido a los medios de comunicación progubernamentales alrededor de 1.100 millones de euros en subvenciones camufladas como publicidad desde 2015.

Batalla desigual

Viktor Orbán siempre da la nota, generalmente durante su intervención semanal en la radio pública. Su sistema mediático hegemónico (excepto en Internet) se pone en marcha invitando a la cohorte de expertos procedentes de la miríada de nuevos think tanks vinculados al partido. A continuación, el Gobierno lanza una campaña publicitaria (carteles en la calle, anuncios en la radio, la televisión e Internet) a la que se suman sus organizaciones satélites.

“Los mensajes del Estado y del Fidesz están tan entrelazados que la gente ya no es capaz de distinguirlos”, constata Sándor Léderer. La organización K-Monitor, que él dirige, impugna ante los tribunales los cientos de millones de euros que gasta el Estado para alabar los logros del Fidesz y denigrar a sus adversarios. Un ejemplo de ello es la campaña que proclama que el Gobierno protege la decimotercera mensualidad de las pensiones frente a los ataques conjuntos de la UE y la oposición húngara, a pesar de las negativas públicas de estas últimas.

Es sorprendente la asimetría entre un Fidesz visualmente omnipresente y una oposición ausente

Así es como el Fidesz se presenta ante los dos millones de jubilados, el sector social más afectado por la fuerte inflación, pero también el más permeable a la desinformación. Constituye el último bastión de su electorado y el principal objetivo de su campaña.

Nadie sabe con certeza de qué presupuesto dispone la Oficina Nacional de Comunicaciones (NKOH), que centraliza la comunicación del Estado bajo la autoridad del gabinete del primer ministro. Transparency International ha calculado que se han adjudicado contratos públicos por valor de 900 millones de euros durante tres años, de 2021 a 2024, a un puñado de empresas afines. El Tribunal de Cuentas mantiene la opacidad y los datos son muy fragmentarios para ilustrar la desigualdad de recursos y medios empleados entre Fidesz y sus competidores.

Sobre el terreno, es sorprendente la asimetría entre un Fidesz visualmente omnipresente y una oposición ausente. Según las ONG K-Monitor, Political Capital y Transparency International, en el mes anterior a las últimas elecciones, en 2022, Fidesz gastó ocho veces más que la oposición en carteles y ocupó el 84% de los soportes en el espacio público, totalmente saturado.

Ante tal apisonadora, el partido Tisza solo puede contar con los ingresos generados por las donaciones de particulares y el merchandising, es decir, 8,3 millones de euros en 2025. Según los informes financieros de los partidos, en 2024, Fidesz obtuvo unos ingresos siete veces superiores a los de Tisza. Pero esto es solo la punta del iceberg, ya que todas las fronteras entre el Estado, el partido en el poder y sus oligarcas, a quienes Fidesz externaliza gran parte de su campaña, son difusas.

En 2022, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) señaló “el sesgo mediático y la opacidad de la financiación de la campaña” y “la omnipresente superposición de los mensajes del Gobierno y de la coalición en el poder, que ha difuminado la frontera entre el Estado y el partido”. Cuatro años después, la situación ha empeorado aún más y enfrentarse al Fidesz equivale a correr una carrera de cien metros con una desventaja de entre diez y treinta metros en la salida.

El secretario de Estado americano visita Hungría para apoyar a Orbán

Viktor Orbán es uno de los políticos europeos mimados por la Administración Trump, que desea explícitamente tratar con gobiernos ideológicamente alineados del Viejo Continente.

La visita del secretario de Estado Marco Rubio a Budapest la noche del domingo 15 de febrero se inscribe en este apoyo a largo plazo al primer ministro húngaro. Según un responsable del Departamento de Estado, que habló desde el anonimato, este católico practicante asistió inmediatamente a una misa en la famosa basílica de San Esteban, sin presencia de la prensa. Marco Rubio procedía de Bratislava, donde se reunió con el primer ministro eslovaco Robert Fico, otro líder nacionalista y conservador cercano a Donald Trump. Tenía previsto reunirse con el ejecutivo húngaro en la mañana del lunes 16 de febrero antes de volver a Washington

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La elección de estos dos países de Europa Central completa el mensaje enviado por el secretario de Estado en la Conferencia de Múnich sobre Seguridad. En un discurso pronunciado el sábado, Marco Rubio pidió a los europeos que defendieran la civilización occidental, amenazada, entre otras cosas, según la administración Trump, por la inmigración masiva.

El domingo, el opositor de Viktor Orbán, Péter Magyar, celebró un mitin en la capital del país. Criticó duramente el balance económico del poder y prometió luchar contra la corrupción. Si sale elegido, su partido garantizará la “total transparencia de los contratos relacionados con los fondos públicos” y aseguró que “recuperará” todo lo que Hungría “ha perdido durante dieciséis años”.

Traducción de Miguel López

El 26 de febrero de 2022, dos días después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, en el influyente canal de YouTube de izquierdas Partizán, el candidato de la oposición unida contra Viktor Orbán, Péter Márki-Zay, se posiciona: “En el marco de la OTAN, Hungría puede proporcionar la asistencia necesaria a Ucrania […]. Incluso en el ámbito militar, si la OTAN así lo decide, pero por ahora no se plantea”.

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