Sangre y puñal en el PP del Madrid D.F. Víctor Guillot
¿Alguien duda de la necesidad de unidad de la izquierda? Faltaría clarificar de qué izquierda hablamos, pero no quisiera adjetivar ni colocar la opción “a la izquierda del…” porque seguramente alguien no se reconoce en la denominación. Así somos.
Estamos leyendo artículos y opiniones todos los días, con largas fundamentaciones, donde lo más obvio es la respuesta a la ultraderecha, pero donde asistimos a multitud de razones desde todos los derechos, conquistas, democracia, igualdades, etc. que se pueden perder. Excelentes y completísimas razones económicas, sociales, culturales, presentes y futuras por las cuales sería terrible no poder reeditar el gobierno de coalición. Se podría editar un programa electoral o varias plataformas reivindicativas con todos los elementos aportados en esos textos.
Me pregunto si tienen alguna resonancia en quienes tienen que actuar para que esa unidad sea una realidad. Si los lee la gente que tiene que votar pero que está alejada de la vida política, que no realiza un seguimiento de las posiciones de los grupos minoritarios ni se entera de las rencillas, más o menos enconadas, que sufrimos a menudo quienes permanecemos en el hastío de soportar unas posturas encontradas sólo por la necesidad, precisamente, de diferenciarse.
Ya no aguanto las polémicas que llegan al insulto en los comentarios en los medios digitales (y eso que no tengo “redes”), es doloroso presenciar absurdas críticas que de tan radicales sobrepasan lo razonable, como si fuera necesaria una acérrima defensa de una u otra opción defenestrando la otra, al estilo de lo que se oye en boca del PP o de Vox contra el Gobierno. ¿Algunas de esas personas creen innecesaria la unidad? ¿Es imprescindible personalizar los aciertos o los errores, elogiando a unas personas o insultado a otras? Me refiero a aquello que se expresa públicamente, porque por pena o por indignación podemos soltar barbaridades entre gente de confianza.
¿No está suficientemente demostrado que el sistema electoral penaliza la división?
No se admite ni la más mínima reflexión crítica, aunque se exprese como la pena de ver cómo se equivocan, cuando desearíamos que nadie cometiese errores. ¿Para qué sirven algunas posturas muy radicales si se quedan para regocijo de una minoría? ¿No está suficientemente demostrado que el sistema electoral penaliza la división? ¿Ha quedado claro que gente muy valiosa pero desconocida no es suficiente, sigue ganando la prioridad de disputar puesto a puesto en repartos que nunca satisfacen a todo el mundo? Hay algunas claves que ya son muy evidentes, al menos para quienes no nos encuadramos ni llevamos mochilas sectarias, que ni siquiera son por grandes diferencias ideológicas.
Es una desgracia que los grupos políticos de izquierda se muevan por tacticismos electorales, porque generan la duda sobre la ausencia de proyecto estratégico, no se consolidan y tienden a desaparecer del panorama político en el momento en que no aciertan con la consigna o con el liderazgo.
Lo peor es el alejamiento de la gente que tiene que votarles, que ocurre también con analistas de los que están pidiendo la unidad. Ojalá escuchen quienes tienen que decidir, porque el conjunto de votantes no creo que accedan a tan exquisitos comentarios. Me parece que el presidente ha iniciado una senda oportuna apelando al modelo de sociedad, la defensa de lo público, pero habrá que acercar mucho más a la ciudadanía a sus problemas reales, concretos, que se sufren todos los días.
La complicidad de una gran mayoría de los medios de comunicación es muy difícil de neutralizar, sus mensajes calan mucho más y precisamente no favorecen la unidad de la izquierda. Es cómodo buscar la culpa en las campañas en contra, que, aunque han tenido efecto, no son el 100% del abandono de la confianza en algunas organizaciones de izquierda. Es imposible competir con el poder solo con las redes, se ha perdido la participación presencial que crea vínculos más sólidos que un clic. Nadie puede negar el papel de las redes sociales, pero las opciones frente al poder económico de la derecha son escasas.
Otro hándicap difícil de solventar han sido los hiperliderazgos, aunque me temo que quienes lo critican van a caer en lo mismo, porque estamos ante unas relaciones sociales individualistas e incluso narcisistas y cuando se reclaman primarias la pugna no va de diferencias estratégicas. Aun en esa perspectiva, lo más perjudicial es no ser capaces o no tener la generosidad de sopesar quién o qué agrupación tiene más opciones en cada circunscripción electoral.
¿Todavía existen personajes que piensan en el cuanto peor mejor? ¿Piensan en poder gobernar sin el PSOE? ¿Es de sentido común aislarse por mantener posturas radicales o puras, a riesgo de quedarse fuera de los parlamentos? La atomización de la izquierda genera gobiernos de derecha y ante los peligros actuales para la democracia, la justicia social y los derechos humanos, es condenable permitirse divisiones estériles.
Sin un proyecto que produzca una mínima ilusión de sostenimiento de los valores de la izquierda, con unos ejes claves que son ampliamente compartidos: la defensa de lo público, la redistribución económica, el respeto de los derechos humanos, la defensa de los derechos sociales y laborales, las medidas contra el cambio climático o la lucha contra la violencia de género, el reconocimiento de las diversidades culturales sin abandonar los principios democráticos, el respeto de las diferencias sexuales, sin postergar necesidades humanas como la vivienda o las condiciones laborales dignas…
Ahora los tiempos y el contexto aprietan, no se puede pensar en crear un partido, pero existen fórmulas válidas para concurrir unidos a las elecciones que quedan
¿No es posible aparcar las diferencias para construir un futuro sin autoritarismos, ni negacionismos, ni machismos? Acordar las prioridades para la mayoría de la ciudadanía, para el futuro del país y de Europa, para no perder derechos ni generar desigualdades, sería hacerse responsables colectivamente. Así se podría pedir compromiso al electorado, de lo contrario vendrán tiempos nefastos, con una parte de responsabilidad de las fuerzas de izquierda.
Sin un proyecto para el bien común, el llamamiento al voto útil no funciona, sin realismo para sopesar dónde funciona mejor una u otra organización, sin generosidad para pensar más en la ciudadanía, dejando los intereses personales aparcados, sin generar conciencia responsable sin demagogias, no se construye una alternativa creíble.
Ahora los tiempos y el contexto aprietan, no se puede pensar en crear un partido, pero existen fórmulas válidas para concurrir unidos a las elecciones que quedan. No obstante, el desbarajuste también es el resultado de la ausencia de estrategia organizativa o de los errores de los modelos ensayados. Confluyendo con las diferencias en las valoraciones en temas cruciales, la diversidad en el papel a jugar en un gobierno progresista, la atomización es una muerte anunciada. A pesar de todo, desde la alta complejidad de la situación política hasta los múltiples obstáculos reales o inventados, no es nada fácil crear una alternativa. El reconocimiento de la dificultad debería ser un acicate para la búsqueda humilde de una confluencia electoral, que represente a toda la ciudadanía que, siendo progresista, no votaría al PSOE. Esa ciudadanía es más numerosa y más heterogénea que los actuales militantes de las formaciones minoritarias existentes.
Esperemos que las personas que están trabajando para la unidad tengan la claridad y los apoyos necesarios para crear un proyecto válido capaz de parar la influencia del populismo ultra. Sin dejar de reflexionar sobre la opción de votar al PSOE para el Senado. Los mejores deseos de éxito, que nos jugamos el futuro democrático, la justicia social y los derechos humanos, en tiempos en que hay cierta política que admira a Trump o a Milei.
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Estella Acosta es orientadora y profesora asociada de la UAM, jubilada.
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