Cuéntame un cuento hasta sangrar
Oxford Circus - Gerardo Rodríguez Salas
Visor. 2025.
III Premio Internacional de Poesía Marpoética
“Yo soy el monstruo que os habla”, anuncia Gerardo Rodríguez Salas en la voz de Paul Preciado con una afirmación de identidad, o quizá sería más exacto decir de identidades, “somos sí somos” que reivindica a lo largo del poemario “sin etiquetas”, identidades queer que, a menudo, una sociedad normativa ha calificado de monstruosas. La paradoja es que, tras sumergirnos en su tercer poemario, Oxford Circus —ese cruce de caminos—, somos nosotros, lectores, el monstruo que escucha. Tal es su poder de revelación de las diferentes identidades que pueblan sus versos y tal es el poder de convicción de una voz poética que yendo de lo personal a lo colectivo nos atrapa en su universo “Uníos a este rito del amor”.
Rodríguez Salas se vale de una metáfora poderosa en torno a la cual estructura todo el poemario: el circo, la máscara, el carnaval, la fiesta. Parapetado tras esta sólida construcción dinamita la percepción de una sociedad normativa que no contempla la disidencia “saber que no/ nos querrán/ aunque vengan a vernos”, para iluminar esas identidades periféricas o disidentes, reclamando el derecho a ocupar su lugar: “sentirnos deseadas/ sin ser vuestros fetiches”.
Todos y cada uno de los elementos del poemario han sido concebidos con este fin. Este es el caso de la ilustración de Remedios Varo en la portada. Un prestidigitador que hace malabarismos con estrellas —como el poeta hace malabarismos con palabras— frente a un público uniformado es ya el anuncio de que nos adentramos en el universo performativo donde habitarán sus versos, en el “mundo invertido” que, tomado de uno de sus versos, menciona Sara Torres en la contracubierta.
Gerardo Rodríguez Salas no necesita un solo punto ni una sola coma para hacerse entender. No necesita mayúsculas para componer la música de su voz poética. Es capaz de permitirse incluso romper las palabras en mil pedazos para resignificarlas o desestructurar la sintaxis para lograr una nueva construcción, para ofrecer al poema la complejidad que necesita trasmitir, para dejarnos perplejos, como hace en “Somos cuerpos opacos” o “No hay respuesta”. O de solicitar la ayuda de Machado en “Mi infancia son recuerdos” o Idea Vilariño, releída ya por Yolanda Castaño en “No (ser)”, dialogando con ellos para discutir una idea que le atormenta o para pergeñar una realidad alternativa a la que no pudo ser.
Cabalga con audacia a lomos de la experimentación pertrechado con un extraordinario dominio de materiales procedentes de la historia de la literatura, una historia de la literatura multicultural, multiétnica y cosmopolita que le proporciona un potente armazón de recursos y referencias teóricas fuertemente vinculados a su condición de Catedrático de Literatura Inglesa de la Universidad de Granada. Así, Oxford Circus emana del abrazo entre el académico de formación clásica y el creador provocador y rupturista. Nos acerca lo que está fuera de la norma, lo que puebla los márgenes, con todos los recursos e instrumentos que la norma le ofrece, generando así una tensión en la que estalla la dicotomía forma/contenido.
Gerardo Rodríguez Salas dibuja sus versos, diseñados con pericia de arquitecto y eficacia de cirujano, para sacudir certezas sembrando dudas en nuestra mirada del entorno social, político, afectivo, erótico. Se vale de diferentes registros ensamblados en una estructura perfectamente calculada de todo el poemario para inocular en nosotros, por una parte el desconcierto frente a identidades y universos que han permanecido ocultos y por otra, el orgullo de sabernos parte de ellos, porque él nos adentra, nos hace partícipes, con un discurso tan reivindicativo como generoso, de su esplendorosa fiesta de la diversidad donde dialogan una pluralidad de voces diluyendo el marco normativo que define cada identidad.
Encontramos entreverada en la reflexión implacable, en la denuncia explícita y demoledora de una sociedad hipócrita y despiadada que ha perseguido al diferente, la ternura del recuerdo de sus padres perdidos en una ciudad desconocida. Bajo una sencilla anécdota familiar late un grito de solidaridad con otros extranjeros aterrados ante “la misma mirada en otros ojos, muchos ojos/ mucho frío”, con otras personas también perdidas en una ciudad que no los acoge, otros “hijos del frío” donde “suenan las fieras consonantes de un idioma plomizo, tintinean/ cristales afilados/ la lengua madre/ con sus letras de piel/ que ya no abrigan”.
Oxford Circus es en sí mismo una puesta en abismo, pues refleja las preocupaciones que el poeta viene manifestando libro tras libro. Sin embargo, es en el poema “Mise en abyme” donde se concentra con mayor crudeza la búsqueda del amor, la satisfacción del deseo, la conciencia brutal de la soledad.
En “Teatro de sombras”, la tercera parte del libro, abierta con una cita muy elocuente de Juan Ramón Jiménez: “Si veis un hombre distinto,/ matadlo” estremece el grito que acusa a una sociedad capaz de infringir un dolor insoportable cuando no comprende “viviremos en paz/ ¿algún día?” y que culmina en una crítica abierta a la religión tantas veces adalid de castigar lo diferente.
No escatima recursos por muy experimentales que estos sean para hacernos estremecer. Destacaría en este aspecto “Pentecostés/ Corpus Cristi” que aborda los silencios y violencias a las que han de enfrentarse las infancias queer. Tras el dolor que puebla cada poema se alza también una determinación: “no será nunca vuestro este lugar/ arderemos por siempre en nuestras llamas”. La determinación que nace de la aceptación y la renuncia a ser comprendidos, ¿dónde encajáis/ vosotros/ en nuestro puzle?”.
Libro a libro Gerardo Rodríguez Salas, con registros vitales y literarios muy diferentes, está construyendo una voz fuertemente comprometida atravesada por esa constante que recorrerá todos sus libros: el pasado y la escritura como espacio de reparación y reconciliación.
En su primer libro, Hijas de un sueño, encontramos ya junto al narrador intimista que nos entrega sus historias como testimonio personal y subjetivo, al narrador comprometido con el ser humano y su momento histórico. En Anacronía, su primer libro de poemas, nos conduce a visitar puntos estratégicos de su cartografía vital, desvelando una tragedia que delimita su destino. Su memoria convoca en cada uno de nosotros nuestra propia pérdida. Nos entrega su dolor —y aún más, sus herramientas de reparación— para que lo hagamos nuestro.
En su segundo libro de poemas, hilos de la infamia una voz coral de referencias mitológicas se rebelan contra la diosa retando su autoridad, un séquito de mujeres que, como Aracne, se enfrentan al poder.
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Reconocemos, por tanto, una deriva vitalista y comunitaria que desemboca en su último poemario, Oxford Circus, con poemas que señalan, que reivindican, que denuncian sin perder jamás la esperanza.
Muchas veces hemos creído que la poesía puede salvarnos. Gerardo Rodríguez Salas va más allá: “Escribir/ urdir la gran mentira/ sobrevivir”. Oxford Circus se cierra dialogando con el primer poema del libro, “Escribir”, y no nos sorprende porque a lo largo del poemario nos ha parecido que de eso se trataba, de revelar la capacidad transformadora de la escritura poética, la posibilidad de relectura que representa, su poder de reparación, de resistencia y su capacidad para revelar universos plurales: “es vuestro el fuego. Arded”.
*Teresa Gómez es licenciada en filología hispánica y poeta. Autora de La espalda de la violinista; (2018) y Plaza de abastos (2022), ambas en la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara.