“¿Cree usted que hay que restablecer la pena de muerte? Sí”. Preguntas y respuestas de este tipo han resurgido en los últimos días, a raíz de la indignación nacional que ha suscitado el caso de Lyhanna y las deficiencias del sistema judicial que condujeron a esta tragedia.
Cuarenta y cinco años después de la abolición de la pena capital en Francia, menos de un año después de la incorporación al Panteón de quien lo hizo posible, Robert Badinter, periodistas y políticos se reúnen en los platós de televisión para hablar de la pena de muerte como una sanción más que, de un plumazo, se podría volver a poner de actualidad mediante referéndum.
En Radio Courtoisie, que lleva años difundiendo los peores exabruptos racistas y antisemitas de todas las facciones de la extrema derecha, fue un diputado de la Unión de la Derecha por la República (UDR), aliada de la Agrupación Nacional (RN), quien se posicionó el 31 de mayo. Ese día, Alexandre Allegret-Pilot, acostumbrado a la desmesura, se mostró a favor del retorno de la pena de muerte, que ni siquiera la RN defiende ya oficialmente desde hace varios años.
“Estamos en un país donde hasta ahora no hay ningún problema en matar. Tenemos el aborto, tenemos la eutanasia, tenemos los asesinatos ordenados por el presidente en el extranjero...”, justificó el diputado de extrema derecha, considerando así que la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) sería un asesinato. Allegret-Pilot pidió el retorno de la pena capital “para los delitos más graves”.
El miércoles 10 de junio, en CNews, fue Nicolas Dupont-Aignan, líder del movimiento Debout la France (Francia en pie) y candidato declarado a las elecciones presidenciales, el que se pronunció a favor de reabrir el debate sobre el restablecimiento de la pena de muerte. Una cuestión, sin embargo, zanjada y grabada en la Constitución. “Hay un problema de escala de penas. Hay que reabrir el debate, mediante referéndum, sobre la pena de muerte. Para los delitos que afectan a los niños, la cadena perpetua efectiva que propone el primer ministro es un engaño”, argumentó así el diputado.
Desdemonización y giros programáticos
Al día siguiente, en la misma emisora, el alcalde de Béziers (Hérault), Robert Ménard, también se pronunció sobre el tema, mostrándose a favor de que se “abra el debate” sobre la pena de muerte, aunque a título personal se pronunció en contra de su reinstauración.
Un referéndum sobre el tema figuró durante mucho tiempo en el programa de la RN. Como reivindicación histórica del Frente Nacional, el restablecimiento de la pena capital iba entonces de la mano, igual que en las palabras de Alexandre Allegret-Pilot, con la abolición de la ley Veil que autoriza el aborto. Marine Le Pen lo defendió de nuevo en 2012, durante su primera candidatura a las elecciones presidenciales. En su “proyecto para Francia” se leía entonces: “Restablecimiento de la pena de muerte o instauración de la cadena perpetua efectiva”.
En el marco de su proyecto de normalización, la líder de RN eliminó primero ese punto de su programa, al tiempo que proponía un referéndum sobre el tema para que los franceses decidieran. Finalmente renunciaría en 2022 a este referéndum alegando que sería inconstitucional, llegando incluso a declararse “en contra” de esta perspectiva a título personal. En 2023, Jordan Bardella explicaba aún que “la supresión de la pena de muerte ha desmoronado la escala de penas en nuestra sociedad”, al tiempo que aseguraba no estar a favor de su reinstauración.
Hay un cierto número de franceses que nos han hablado sobre la pena de muerte, así que esta noche la tratamos
Los cambios programáticos de la RN, que ahora prefiere insistir en su voluntad de instaurar “una cadena perpetua real” para los delitos más graves, no impiden, sin embargo, las iniciativas personales. Con motivo de la incorporación de Robert Badinter al Panteón, Marion Maréchal reivindicó no plegarse al “unanimismo” de los homenajes, al considerar que estos equivalían a “santificar una visión de la justicia que ha desarmado a la sociedad frente a los delincuentes”.
Hervé de Lépinau, actual alcalde RN de Carpentras (Vaucluse), también había expresado un punto de vista discordante en X. Al compartir la información de una noticia de sucesos que implicaba a “un inmigrante rumano”, había comentado: “Hasta ahora me había mostrado muy reservado respecto al restablecimiento de la pena de muerte. Pero en este caso…”
En los platós, “ojo por ojo, diente por diente”
Los pocos defensores de que se reavive el debate sobre la pena de muerte en Francia pueden, en cualquier caso, contar con una caja de resonancia mediática. Con el pretexto de transmitir “las preocupaciones de los franceses”, la cuestión se ha convertido en los últimos días en un tema ineludible de las entrevistas políticas, marcadas por el caso Lyhanna y la ira de la población contra la justicia. “¿Llegaría usted a la pena de muerte para los pederastas?”, preguntó un periodista de TF1 al eurodiputado de Los Republicanos (LR) François-Xavier Bellamy, el 8 de junio.
“La pena de muerte, perdón por utilizar ese término esta noche, pero hay un cierto número de franceses que nos han hablado de ello, así que lo hablamos esta noche”, dijo también un periodista en BFMTV antes de entrevistar a Sarah Knafo. Esta eurodiputada de Reconquista se declaró contraria al retorno de la pena capital, a pesar de que el líder de su partido, Éric Zemmour, se muestra “filosóficamente a favor” y lamenta que haya sido abolida.
Dos días antes, en la misma cadena de televisión, Maxime Switek presentaba un programa dedicado al caso Lyhanna, en su formato “Le Forum”: una decena de personas fueron invitadas a debatir con el ministro de Justicia, Gérald Darmanin.
En el plató, Maximilien, supervisor en la gran distribución, insistió en que si le pasaba algo a su hija, él mismo “se encargaría del problema”. “Si le pasa a mi hija, lo perseguiré, y os perseguiré a todos”, espetó el hombre. Y dirigiéndose directamente al ministro de Justicia, le dijo: “En las más altas esferas del Estado tienen miedo de celebrar un referéndum sobre la pena de muerte”.
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Poco después, un agente de seguridad abogó por “la pena de muerte para los terroristas, para los pedófilos, para los violadores, para todos esos cabrones”. Gérald Darmanin se mostró en contra por “convicción personal”, aunque, en respuesta a Maximilien, reconoció: “Si yo fuera ciudadano y me pasara este tipo de cosas, sin duda tendría la misma reacción que usted”.
Traducción de Miguel López
“¿Cree usted que hay que restablecer la pena de muerte? Sí”. Preguntas y respuestas de este tipo han resurgido en los últimos días, a raíz de la indignación nacional que ha suscitado el caso de Lyhanna y las deficiencias del sistema judicial que condujeron a esta tragedia.