El dueño del emporio de marcas de lujo como Louis Vuitton adquiere otro yate a través de paraísos fiscales
Bernard Arnault, director de LVMH, líder mundial del sector del lujo, es el séptimo hombre más rico del mundo, con un patrimonio de unos 150.000 millones de euros, según la revista Forbes. Pero, según él mismo afirma, el hombre más rico de Francia es también un patriota fiscal. En una comparecencia ante el Senado en mayo de 2025, Bernard Arnault afirmó que es “sin duda el principal contribuyente” de Francia, y que LVMH es el grupo “más patriota” del índice bursátil CAC 40 en materia de impuestos.
Pero para comprar barcos, Bernard Arnault prefiere los paraísos fiscales. Según documentos consultados por Mediapart, el multimillonario ha optado por comprarse un nuevo gran yate a través de una discreta sociedad registrada en Malta, de la que es propietario a través de un testaferro y una estructura con sede en Luxemburgo. Ya había utilizado el mismo montaje para adquirir su barco actual, el Symphony. La isla mediterránea de Malta es uno de los principales paraísos fiscales para yates en Europa, tal y como documentó la investigación Malta Files realizada por Mediapart y la red de medios europeos EIC.
Se trata de una operación de optimización fiscal legal y, por otra parte, muy habitual en el mundo de la navegación de recreo de lujo. Pero es sintomática de la facilidad con la que los multimillonarios pagan muchos menos impuestos que el común de los mortales.
Gracias a un nicho fiscal francés sobre las sociedades holding, Bernard Arnault paga menos del 2% de impuestos sobre los cerca de 3.000 millones de euros de dividendos que LVMH le abona cada año. Durante el debate del presupuesto en octubre de 2025, los diputados de Los Republicanos (LR) y los macronistas se negaron a gravar esas sociedades holding. Prefirieron crear un impuesto sobre los bienes de ultralujo, como los yates. Pero el texto está redactado de forma tan restrictiva que el impuesto no se aplicará a los barcos de Bernard Arnault.
Un precio estimado en más de 500 millones de euros
Es ese dinero, en gran medida libre de impuestos, el que el multimillonario utiliza para comprar sus barcos. Según un vídeo difundido en febrero por The Yacht Report, Bernard Arnault ha encargado al astillero neerlandés Royal Van Lent, filial de su grupo LVMH, un nuevo yate de la marca Feadship de 143 metros, aún más grande que el Koru (127 metros) de Jeff Bezos, director de Amazon, o el Dragonfly (142 metros) del cofundador de Google, Sergey Brin.
Según la web especializada Luxury Launches, un barco de este tipo costaría más de 500 millones de euros. En la actualidad solo existen diecisiete yates de más de 140 metros. Cuando se entregue, el de Bernard Arnault será el duodécimo más largo del mundo, superado únicamente por los barcos de los emires del Golfo y de un puñado de oligarcas rusos.
Pero el director de LVMH apenas lo necesitaba porque ya posee un yate de 101 metros, el Symphony, también construido por el astillero neerlandés del grupo LVMH. Este palacio flotante, dotado de seis cubiertas y un helipuerto, ofrece prestaciones de gran lujo: ocho suites con capacidad para veinte invitados, jacuzzi, piscina con fondo transparente, zona de playa en la popa, cine al aire libre y un piano de cola en el salón —Bernard Arnault toca este instrumento a un nivel muy alto y su esposa es pianista profesional—.
El Symphony es también una aberración ecológica, con 5.173 toneladas de CO2 emitidas en 2023, es decir, tanto como 2.500 coches, según una investigación del programa “Cash Investigation” y del colectivo Yacht Co2 Tracker. El balance de carbono de su sucesor, mucho más grande, será, por tanto, aún más catastrófico.
Testaferro
Según nuestra información, el nuevo yate de Bernard Arnault fue encargado por la empresa maltesa Concerto Yachting Limited el 11 de abril de 2025. Los documentos que hemos consultado no mencionan el precio del barco, pero indican que Concerto Yachting ya ha abonado 288 millones de euros en anticipos al astillero. Es decir, más que el precio total del Symphony, que costó 228 millones en 2015.
Al ser consultado por Mediapart, Bernard Arnault se negó a hacer comentarios sobre la compra del barco. Su portavoz sospecha que hemos “consultado ciertos documentos contractuales” que considera “protegidos por el secreto comercial”. “Dado que la fuente no ofrece dudas a la vista de los elementos mencionados, nos reservamos todos nuestros derechos al respecto”, añadió (ver la respuesta completa en caja negra).
Al consultar el registro mercantil maltés, el propietario de Concerto Yachting es oficialmente Döhle Corporate and Trust Services, una firma especializada en la administración de sociedades offshore, la optimización fiscal y la gestión de yates. Esta firma fue contratada por Bernard Arnault para actuar como accionista ficticio, es decir, como testaferro. Concerto Yachting pertenece en realidad a una empresa buzón luxemburguesa, Semyrh-Europe, controlada a su vez por Agache (antes Groupe Arnault), principal holding francés de la familia Arnault, que también posee una participación del 50% en LVMH.
Bernard Arnault no ha querido explicarnos por qué ha recurrido a un testaferro. La firma Döhle tampoco ha respondido a nuestras preguntas.
Dada su fortuna, Bernard Arnault tendría los medios para matricular sus yates en Francia, pagar un IVA reducido y cotizar a la Seguridad Social por sus marineros
El director de LVMH conoce bien las ventajas de Malta en materia de yates. Tal y como reveló Le Monde, Bernard Arnault ya había comprado su actual embarcación, el Symphony, a través de otra sociedad local, Sonata Yachting Limited, también gestionada por el bufete Döhle. Las autoridades de Malta han situado a su país en el segundo puesto europeo en cuanto a matriculaciones de yates, en particular ofreciendo reducciones del IVA, primero en la compra del barco y luego cuando se alquila.
En la página web de Döhle, la exdirectora de operaciones del bufete, que hasta diciembre de 2025 fue una de las gestoras de Concerto Yachting en nombre de Bernard Arnault, alaba además la “eficiencia fiscal” de la que se benefician las sociedades maltesas creadas para poseer yates. Eficacia que se basa, entre otras cosas, en la ausencia de impuesto sobre los beneficios y en “la exención del IVA” para los buques de uso comercial, es decir, destinados a ser alquilados a turistas muy adinerados.
Es precisamente este estatus el que Bernard Arnault ha elegido para sus palacios flotantes, ya que permite tanto reducir los impuestos como financiar, gracias a los alquileres, una parte de los costes del barco. La única restricción es que cuando Bernard Arnault utiliza su barco debe alquilarlo a su propia empresa.
Al ser preguntado sobre las ventajas fiscales maltesas, el portavoz de Bernard Arnault se limitó a indicar que “el recurso a una sociedad de derecho maltés para poseer y explotar comercialmente un buque es una práctica habitual en la industria náutica”, ya que “Malta es un Estado miembro de la Unión Europea de reconocida experiencia marítima”.
En 2018, el mismo portavoz había afirmado en el programa Pièces à conviction que el Symphony no se beneficia de “ningún régimen fiscal ventajoso propio de Malta”, alegando que “la recuperación del IVA es la misma […] en Francia o en Malta”.
Esta afirmación es rebatida por el director de una empresa francesa de gestión de yates, que ha pedido el anonimato. Para intentar frenar la fuga de yates hacia los paraísos fiscales, Francia ha creado un nuevo régimen más ventajoso, el Registro Internacional Francés (RIF). A pesar de sus esfuerzos, Francia sigue siendo, según nuestro experto, “en general menos atractiva que Malta”, sobre todo debido a la “fiscalidad más clara y controlada en Malta”, a su “aplicación más flexible de las normas europeas” en materia de IVA y a “una mayor flexibilidad y capacidad de respuesta administrativa”.
No es el único truco empleado por Bernard Arnault. Aunque su yate actual, el Symphony, es propiedad de una sociedad maltesa, enarbola pabellón de las Islas Caimán, un territorio británico de ultramar, lo que determina el régimen jurídico de los contratos de trabajo y le permite contratar a la tripulación sin pagar cotizaciones sociales. Su tripulación debe pagar pues de su propio bolsillo sus seguros de cobertura sanitaria y de jubilación, aunque sean franceses y naveguen frente a la mansión de Bernard Arnault en Saint-Tropez.
El multimillonario podría haber optado por el régimen RIF de pabellón francés, que ofrece importantes reducciones de las cotizaciones sociales, así como exenciones parciales según la nacionalidad y la situación de los marineros. “Pero no se trata de un régimen de ‘carga cero’ como el de algunos pabellones extranjeros, ya que se mantiene una base de protección social francesa”, explica nuestro experto en gestión de yates. En definitiva, dada su fortuna, Bernard Arnault tendría los medios para matricular sus yates en Francia, pagar allí un IVA rebajado y cotizar a la Seguridad Social por sus marineros.
Gracias a los ingresos por alquileres, pero también a las ventajas fiscales de Malta y las Islas Caimán, Sonata Yachting Limited, propietaria y operadora del Symphony, ha obtenido un excedente bruto de explotación acumulado de 7,8 millones de euros entre 2019 y 2024, según las cuentas de la empresa analizadas por Mediapart.
Durante el mismo periodo, Sonata transfirió 3,6 millones de euros a uno de los holdings de Bernard Arnault, en concepto de intereses de préstamo. Es poco comparado con los 228 millones gastados en la compra del buque. Incluso cuando se es multimillonario, no hay pequeños ahorros.
Cuando Bernard Arnault hizo que LVMH comprara su yate
Si dejamos de lado el recurso a sociedades con sede en paraísos fiscales, Bernard Arnault compró su nuevo superyate de forma sencilla, con su propio dinero. En 2015, la operación fue más complicada: el Symphony fue adquirido por 228 millones de euros por una sociedad maltesa perteneciente a LVMH, que fue revendida a Bernard Arnault dos años más tarde.
La operación era jurídicamente arriesgada, ya que LVMH no tenía, a priori, ningún interés en comprar el yate de su jefe. Aunque el barco tenía estatus comercial, es decir, estaba alquilado a Bernard Arnault y a otros clientes, es imposible rentabilizar una inversión de tal envergadura únicamente con los ingresos de los alquileres.
Las motivaciones de Bernard Arnault siguen siendo un misterio. ¿Quería evitar gastar 228 millones ya en 2015? ¿Evitar pagar el impuesto de solidaridad sobre el patrimonio por el barco? No nos ha respondido a este respecto.
La venta en 2017 a Bernard Arnault de la sociedad Sonata Yachting, propietaria del Symphony, plantea además un problema. La ley exige que toda sociedad que haga negocios con su director general debe celebrar un “acuerdo regulado”, que debe ser aprobado por el consejo de administración y luego sometido a votación de los accionistas en junta general.
LVMH no lo hizo para la venta del Symphony y no ha querido explicarnos por qué. El grupo optó por otro procedimiento menos restrictivo, que consiste en revelar la existencia de transacciones entre “partes vinculadas”: en julio de 2017 se incluyó una nota minimalista en el informe semestral de LVMH y, posteriormente, en su informe anual.
LVMH respondió a Mediapart que “la operación de venta de Sonata Yachting se llevó a cabo de conformidad con las normas”, se presentó al “comité de auditoría del consejo de administración” y se realizó “de conformidad con las obligaciones vigentes para las transacciones entre partes vinculadas” (véase caja negra).
Caja negra
Contactada por correo electrónico, la sucursal maltesa del bufete Döhle acusó recibo de nuestras preguntas, pero no respondió. Contactada a través de LinkedIn, la exdirectora de operaciones de Döhle en Malta, en el cargo hasta diciembre de 2025, no dio ninguna respuesta.
Bernard Arnault envió a Mediapart la siguiente respuesta, a través del responsable de comunicación del grupo LVMH:
“Sus preguntas no dejan lugar a dudas sobre el enfoque que ha elegido para su artículo. Pero le contesto. En el preámbulo, mencionan un artículo de prensa sobre un buque mercante encargado a un astillero neerlandés de la marca Feadship y del que indican haber consultado ciertos documentos contractuales, así como los relativos a Sonata en 2017 que detallan. Estos elementos están sujetos al secreto comercial y nos sorprende que hayan podido acceder a ellos. Dado que la fuente no ofrece dudas a la vista de los elementos mencionados, nos reservamos todos nuestros derechos al respecto.
No obstante, en la medida en que algunas de sus preguntas se refieren a la gobernanza de una sociedad cotizada, nos parece útil aportar algunas precisiones fácticas.
La operación de venta de Sonata Yachting se llevó a cabo de conformidad con las normas. Los auditores participaron en todo el proceso, los miembros del Comité de Auditoría del Consejo de Administración fueron informados periódicamente —en particular, se realizó una presentación ante dicho Comité y se entregó una nota detallada— y, como usted indica, la transacción se mencionó en los anexos a las cuentas consolidadas de LVMH, de conformidad con las obligaciones vigentes para las transacciones entre partes vinculadas. La calificación jurídica y contable adoptada fue validada por los auditores y la operación de cesión se tradujo en la extinción de los vínculos con el Grupo LVMH, incluidos los préstamos, por lo que sus suposiciones son, por tanto, falsas.
El recurso a una sociedad de derecho maltés para poseer y explotar comercialmente un buque es una práctica habitual en el sector náutico. Malta es un Estado miembro de la Unión Europea de reconocida experiencia marítima y, por ello, suele ser elegida para este tipo de actividades. Por último, estas operaciones se realizan dentro del mercado del alquiler de yates, en pleno auge, como demuestra la multiplicación de proyectos de yates de crucero en todo el mundo.
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Como ya indicábamos anteriormente, sus insinuaciones sobre el cumplimiento de la normativa aplicable son inaceptables, tanto en lo que respecta a la operación pasada, tal y como se ha precisado anteriormente, como al conjunto de operaciones presentes y futuras.
Traducción de Miguel López