Miles de habitantes de Groenlandia se manifestaron el sábado 17 de enero en la ciudad de Nuuk para proclamar que Groenlandia no está en venta. En otras partes de Dinamarca —de la que la isla ártica es un territorio “constituyente”, pero autónomo y en busca de la independencia— se celebraron otras concentraciones en solidaridad, al igual que en la ciudad inuit de Iqaluit (Nunavut), en Canadá.
Apenas había concluido esta movilización histórica en la capital groenlandesa cuando Donald Trump, que desea apoderarse de la isla para añadirla al territorio de los Estados Unidos, lanzó una amenaza a las naciones europeas que quisieran impedirlo. Con su característica y confusa logorrea, invocó los “intereses de seguridad nacional” de su país y la “paz global” para criticar la solidaridad europea con un territorio supuestamente codiciado por China y Rusia.
El reino de Dinamarca y otros siete países (entre ellos Francia), todos miembros de la OTAN, que anunciaron el envío de personal militar para una misión de reconocimiento, se han visto amenazados con la imposición de más aranceles como represalia.
A partir del próximo 1 de febrero, sus exportaciones a Estados Unidos deberían encarecerse un 10 %, que se sumaría a los aranceles ya vigentes. Actualmente, el tipo máximo aplicable a los productos de la Unión Europea (UE) es del 15 %. “El 1 de junio, ese arancel se incrementará hasta el 25 %”, añadió el inquilino de la Casa Blanca, refiriéndose a Alemania, Dinamarca, Francia, los Países Bajos y Suecia, que forman parte de la UE además de la Alianza Atlántica, así como al Reino Unido y Noruega.
Un chantaje histórico
Donald Trump, cada vez más desinhibido debido a sus dificultades internas, relacionadas en particular con los reveses electorales atribuibles al coste de la vida, y a la espera de una decisión muy esperada del Tribunal Supremo sobre los aranceles que ha decidido sin el acuerdo del Congreso, tiene la intención de concluir “una compra completa y total” de Groenlandia, una “transacción que lleva intentando desde hace ciento cincuenta años” y que ahora se propone llevar a cabo.
La amenaza es histórica. Si bien no es la primera vez que el presidente americano maneja el arma de los aranceles aduaneros, en este caso lo hace con aliados históricos desde hace ocho décadas, en nombre de un objetivo muy particular: la anexión forzosa de un territorio independiente, contraria a la Carta de las Naciones Unidas adoptada en 1945. La operación daría lugar a un desmembramiento de las fronteras europeas, que se sumaría al que Vladimir Putin está intentando llevar a cabo en Ucrania.
“No hay ningún equivalente en la historia de la alianza transatlántica desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, afirma el profesor de ciencias políticas Christophe Bouillaud, especialista en estudios europeos. “Es el propio concepto de derecho internacional lo que está en juego. Al menos, en 2003, George W. Bush invocó un motivo plausible antes de entrar en guerra contra Irak. El único nivel de desestabilización de la alianza comparable me parece ser la crisis de Suez en 1956, cuando Estados Unidos abandonó a Francia y al Reino Unido, que se habían unido contra el líder egipcio Nasser.”
Donald Trump se presenta más como un padrino mafioso con métodos brutales e ilegales que como el jefe de Estado de una potencia hegemónica del sistema internacional. Esos métodos, recientemente empleados en Venezuela, proporcionan una espectacular distracción exterior al público estadounidense, ofrecida por quien se presenta como el artífice de un retorno a la “edad de oro” imperialista de finales del siglo XIX. El control de un “hemisferio occidental” sometido a los Estados Unidos, con el fin de garantizarles el acceso a los recursos y las rutas comerciales que les permitan hacer frente a su gran rival chino, forman parte de su obsesión.
A raíz de las declaraciones de Donald Trump, que tienen el objetivo específico de dividir a los Estados europeos y asustarlos, las reacciones en Europa han sido vivas y numerosas.
El primer ministro británico, Keir Starmer, aunque muy alineado con Trump, afirmó que su decisión era “completamente errónea”. “Nuestra posición sobre Groenlandia es clara. Forma parte del reino de Dinamarca y su futuro corresponde decidirlo a los groenlandeses y los daneses”, añadió. Incluso Giorgia Meloni, presidenta del Consejo italiano de extrema derecha, habló de un “error” tras mantener conversaciones con el presidente estadounidense.
Ninguna intimidación ni amenaza nos influirá ni en Ucrania ni en Groenlandia
Emmanuel Macron aseguró que Francia seguía estando “comprometida con la soberanía y la independencia de las naciones, tanto en Europa como en el resto del mundo”. “Por ello", continuó en un largo mensaje publicado también en inglés en X, "hemos decidido sumarnos a la iniciativa de Dinamarca en Groenlandia. […] Ninguna intimidación ni amenaza nos influirá, ni en Ucrania, ni en Groenlandia, ni en ningún otro lugar del mundo cuando nos enfrentemos a situaciones de este tipo.”
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reafirmó el compromiso con los mismos principios y la “plena solidaridad” de la UE con Dinamarca y Groenlandia. “Europa permanecerá unida y coordinada”, prometió, advirtiendo contra una “peligrosa espiral” de aranceles aduaneros. Este domingo se celebró una reunión extraordinaria de los embajadores de la UE.
Los tres grupos políticos que componen su mayoría en el Parlamento Europeo —conservadores, socialdemócratas y liberales— han anunciado que están dispuestos a bloquear la ratificación comercial del acuerdo firmado este verano entre Von der Leyen y Trump, considerado por muchos como una capitulación ante sus amenazas. Aunque en aquel momento no había sido cedido ningún territorio europeo, lo que marca la diferencia con la crisis actual.
Los límites de la estrategia de apaciguamiento
En los próximos meses se verá si los Estados europeos logran mantener su unidad ante la creciente presión de la administración Trump, más descontrolada que nunca desde el secuestro del líder venezolano Nicolás Maduro hace dos semanas. En retrospectiva, la debilidad de sus comunicados en respuesta a lo que fue una flagrante violación del derecho parece aún más fuera de lugar.
El episodio actual pone de manifiesto la falta de resultados de la estrategia de apaciguamiento intentada por la mayoría de los dirigentes del Viejo Continente hacia el presidente estadounidense. La adulación al líder del Maga (Make America Great Again), a pesar del odio manifiesto de este hacia los valores proclamados por las democracias europeas, no ha servido de mucho en el caso de Ucrania.
A modo de recordatorio de los episodios anteriores, Donald Trump y su vicepresidente maltrataron al presidente Zelensky en el Despacho Oval en febrero de 2025. Todo el mundo puso buena cara para permitir una reconciliación, pero seis meses después, Vladimir Putin fue recibido con honores en Alaska, con vistas a una paz que, sin embargo, solo quiere bajo sus condiciones.
Varios jefes de Estado y de Gobierno se dirigieron entonces directamente a la Casa Blanca para un control de daños provisional, antes de que los emisarios de Washington y Moscú sacaran de la chistera un plan de paz de 18 puntos que se ajustaba de manera desmesurada a los dictados rusos.
Es imposible apaciguar a alguien que ha sido elegido para golpearte
Desde entonces, las negociaciones se han estancado aún más, sin que nadie sepa en qué punto se encuentra la versión del acuerdo que las capitales europeas y Kiev han intentado modificar, basándose en las diferentes líneas que coexisten en la administración Trump sobre este tema.
Entretanto, la misma administración ha publicado una estrategia de seguridad nacional que teoriza sobre la injerencia de Estados Unidos en la política europea y desmiente los principios que se supone son la base de la Alianza Atlántica. Y ahora, Trump y su clan insisten en su deseo de anexionar Groenlandia.
En Francia, frente a un Emmanuel Macron al que le gusta imaginar una relación privilegiada con el presidente americano, esos pésimos resultados no han pasado desapercibidos. “Esto es lo que conlleva el servilismo hacia Donald Trump”, declaró toda indignada la líder europea de La France Insumisa, Manon Aubry. “Es imposible apaciguar a alguien que ha sido elegido para golpearte”, afirma la eurodiputada de Plaza Pública Aurore Lalucq a Mediapart. “Fue un grave error estratégico pensar eso. Trump sigue una lógica de extorsión.”
Escaso margen de maniobra
¿Fue acertado, a pesar de todo, tomarlo en serio en lo que respecta a las necesidades de seguridad en Groenlandia, como hicieron los países europeos al lanzar un ejercicio en el lugar, cuando las amenazas de las flotas china y rusa aún no se han materializado en las proximidades?
El consultor en riesgos internacionales Stéphane Audrand cree que sí: “Adoptar una postura demasiado marcial puede dar argumentos a Trump. Mostrar que se escuchan sus preocupaciones tiene más como objetivo apelar a los republicanos ’razonables’, a los demócratas y a otros ‘adultos en la sala’ [en Estados Unidos] que convencerlo a él.” De hecho, en el propio bando de Donald Trump, mayoritario en la Cámara de Representantes y en el Senado, algunos responsables de peso han alertado sobre una postura demasiado aventurera en Groenlandia.
Ciertamente, el continente europeo lleva ochenta años dependiendo de Washington en materia de seguridad, y solo desde hace poco tiempo está tratando de liberarse parcialmente de esa dependencia. E incluso si Europa se convierte en el verdadero proveedor de ayuda a Ucrania, Kiev difícilmente puede prescindir de la ayuda de Estados Unidos y de su información de inteligencia. “Hay que ganar tiempo con la esperanza de que los propios estadounidenses acaben destituyendo a Trump”, opina Christophe Bouillaud.
No obstante, como mercado de 450 millones de habitantes, la UE dispone de medios de presión económica reales y podría utilizar su reciente "instrumento contra la coerción" destinado a “luchar contra las amenazas económicas y las restricciones comerciales injustas impuestas por terceros países”. “Debemos ser estratégicos y golpear donde más duele: las grandes tecnológicas, cuya cuarta parte de la facturación se genera en territorio europeo, los servicios financieros, pero también las criptomonedas y las stablecoins”, afirma Aurore Lalucq, presidenta de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo.
Ese paso no se dio el verano pasado para no arriesgarse a una escalada arancelaria, pero podría darse ahora que el chantaje estadounidense se aventura en el terreno de la hard politics, el de la soberanía política y territorial. Según la AFP, citando al entorno de Emmanuel Macron, el presidente francés estaría a favor en caso de que se aplicaran efectivamente nuevos aranceles, y abogaría por una respuesta de ese tipo ante sus homólogos.
“Es importante que la UE active rápidamente este instrumento de represalias colectivas”, opina Stéphane Audrand. “Se creó para eso, tras las presiones de China sobre Estonia en 2019. Ahora hay que utilizarlo contra Estados Unidos, haciendo notar al electorado estadounidense y a los representantes republicanos que los precios van a subir ‘aún más’ en su país.”
La UE se juega su futuro, la OTAN se juega su futuro. Todo ello en seis meses
Aunque algunos expertos imaginan respuestas simbólicamente aún más contundentes, Stéphane Audrand apela a la prudencia y la proporcionalidad, teniendo en cuenta no solo el poderío estadounidense, sino también la heterogeneidad política de los Estados miembros, ya que Giorgia Meloni en Italia y Viktor Orbán en Hungría mantienen cierta proximidad ideológica con Donald Trump.
“La respuesta europea debe ser comedida, con el objetivo principal de preservar la unidad, al menos en apariencia, de los europeos”, afirma el consultor. En cualquier caso, está convencido de que “la UE se juega su futuro, la OTAN se juega su futuro. Todo ello en seis meses. La alternativa será la preservación de un Occidente democrático o la sumisión al desmembramiento [deseado por] los imperios.”
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Durante mucho tiempo, los dirigentes europeos parecieron adoptar un estribillo de Alain Chamfort ante las presiones trumpistas: “Cuando se pone demasiado difícil, puedo apoyarme en / esa idea que me tranquiliza: al final, todo se arregla”. Pero la ilusión no deja de desmoronarse. Hoy en día, los Estados europeos son sus víctimas directas. Si tuvieran que abandonar Groenlandia, se perdería el sentido mismo de su unión. Y su desintegración colectiva estaría al final del camino.
Traducción de Miguel López
Miles de habitantes de Groenlandia se manifestaron el sábado 17 de enero en la ciudad de Nuuk para proclamar que Groenlandia no está en venta. En otras partes de Dinamarca —de la que la isla ártica es un territorio “constituyente”, pero autónomo y en busca de la independencia— se celebraron otras concentraciones en solidaridad, al igual que en la ciudad inuit de Iqaluit (Nunavut), en Canadá.